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05 de Julio de 2019

La belleza de un espíritu sereno

Por  Aurora Almánzar de Crespo

“ Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.” 

1ra de Pedro 3:3-4

La palabra “apacible” (en griego, hesuchios: imperturbable, tranquilo, quieto, silencioso) también es sinónimo de sereno y se describe en la RAE como una persona calmada que reacciona y actúa con serenidad ante cualquier circunstancia. Contrario a serena es alguien que manifiesta inquietud, nerviosismo, desasosiego, sobresalto, turbación, etc. 

En el evangelio de Lucas, capítulo 10:38-42, encontramos la historia de Jesús visitando a Marta y María. Ellas tuvieron el privilegio de recibir la visita de Jesús, el Hijo de Dios, el Redentor, el Maestro; el único ser capaz de transformar el caos en orden, y sólo María aprovechó la oportunidad para sentarse a los pies de Jesús a escuchar Sus enseñanzas. En cambio, Marta se preocupaba con sus quehaceres y con un espíritu quejoso le preguntaba al Señor si no le importaba que su hermana María la dejara servir sola, a lo que Jesús le contestó: “Marta, Marta, afanada y turbada estas con muchas cosas, pero solo una cosa es necesaria y María ha escogido la buena parte la cual no le será quitada”. 

Cuando leemos este relato, vemos la gran diferencia de actitud entre las hermanas. Marta estaba turbada, María se sentaba a los pies de Jesús, oyendo atentamente lo que este decía, sin afanarse por otra cosa que no fuera aprender del Mesías. Es la misma actitud que debe gobernar nuestros corazones si queremos tener un espíritu sereno. A los pies de Cristo toda preocupación adquiere una dimensión ínfima, y su sola presencia trae calma ante la peor tempestad (Lucas 8:22-25). Es a sus pies que debemos traer nuestras cargas cuando sentimos que son tan pesadas que nos derrumbarán (Mateo 11:28-29). Cuando nuestra vida gire en torno a Cristo y sus enseñanzas, entonces gozaremos de un espíritu sereno. 

Mientras el mundo y sus preocupaciones gobiernen nuestra agenda, al igual que Marta, sentiremos turbación, y aunque al igual que ella hayamos estado en algún momento en la presencia de Jesús, solo le veremos como un invitado más y no como el Señor de nuestras vidas, quien es digno de toda nuestra atención y quien debe regir nuestra vida.

Un espíritu sereno debe estar totalmente respaldado por una disciplina de oración, devoción a Dios y a Su Palabra, permitiendo que ella moldee cada aspecto de nuestra vida, y transforme nuestra mente caída, la cual viene con estructuras mundanas, pensamientos humanistas y en muchas ocasiones, enseñanzas de nuestros hogares con patrones totalmente fuera de los establecidos en la Palabra de Dios.

2 Cor. 10:5 nos dice que debemos derribar argumentos y toda altivez que se levante contra el conocimiento de Dios, llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo. Romanos 12:2 nos dice que no debemos conformarnos a este siglo, sino que debemos ser transformados por medio de la renovación de nuestro entendimiento, para que comprobemos la buena voluntad de Dios que es agradable y perfecta. De este versículo inferimos que, si vivimos alineados a la voluntad de Dios, su rostro será favorable a nosotros y esto traerá paz y serenidad a nuestras vidas. 

Un espíritu sereno, ha sido probado con aflicciones y está consciente de que al final esta fe probada con fuego será hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Cristo (1 Pe. 1:6-7). 

Dios nos ayude cada día a vivir en dependencia de Él, aprendiendo de Jesús la obediencia y la mansedumbre, cultivando un carácter sereno que es de gran estima a sus ojos, para que podamos glorificarlo y testificar de Cristo, no solo con nuestros labios, sino con nuestros hechos, reflejando que nuestro corazón está confiado en Él aun en las circunstancias más adversas que pudiéramos estar atravesando en este peregrinar, porque Él nos dice en 1 Pedro 5:7 “echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.”. Y leemos también en Filipenses 4:6-7 “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.

Aurora Almánzar de Crespo

Tiene 38 años como cristiana, y 30 años de matrimonio con Enrique Crespo quien es Pastor de Misiones de la Iglesia Bautista Internacional (IBI), es madre de Aldo (28), Iván (24) y Javier (24), es Doctora en medicina con 30 años de ejercicio, y miembro de la Red de Cuidado Integral del Misionero (CIM) de la Cooperación Misionera Latinoamericana (COMIBAN), ha participado en viajes misioneros cortos en operativos médicos, discipulando y evangelizando mujeres en la selva del Amazonas en Perú, Colombia, Ecuador y Haití.

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