IBI top movil

bienvenido

donde estamos

En vivo

Sermones

Clases y Recursos

Vida en la IBI

La IBI ora

vision

Lo que ensenamos

Equipo Ministerial

Nuestra historia

02 de Agosto de 2019

Cuando la comida se vuelve mi enemiga

Por  Erma Rudert y Sydel Pérez

Para muchas de nosotras la comida se ha convertido en una gran enemiga. Caemos en hábitos alimenticios que nos llevan a tener problemas de salud o en nuestro peso. Comemos sin sentir hambre, sin que nuestro cuerpo necesite combustible para lidiar con las tareas cotidianas, a esto se le llama “hambre emocional”: comer para satisfacer nuestras emociones.

Le llamamos así pues no vamos a la despensa porque el cuerpo necesita nutrientes sino, simplemente porque necesitas sentirte saciada en las emociones.

Una persona puede comer en exceso:

• como un tranquilizante

• para castigarse a sí misma

• para rebelarse contra otros

• para superar los sentimientos de depresión

• como una forma inconsciente de protegerse de las relaciones de intimidad

• cuando estás cansada, enojada o estresada.

Comer para saciar las emociones nos hace sentir aliviadas. La lengua tiene papilas gustativas que envían un mensaje directo al cerebro diciéndonos: estoy saciada, luego se activan en nuestro cerebro los circuitos del placer, elevándose la serotonina haciéndonos sentir más tranquilas y la dopamina que se asocia al placer. Quedamos atrapadas en este circuito de recompensa.

La comida llega a ser nuestra enemiga porque nos domina a nosotras y no nosotras a ella.

 

¿La comida es mi enemiga?

1. ¿Comes cuando estás enojada?

2. ¿Comes para calmarte en momentos de tensión?

3. ¿Comes para ahuyentar el aburrimiento?

4. ¿Te mientes a ti misma o a otros sobre cuánto y cuándo has comido y cuándo?

5. ¿Escondes comida para ti misma?

6. ¿Te sientes incómoda con tu figura?

7. ¿Estás pesando un 20% más de lo que te recomienda tu médico?

8. ¿Alguna persona significativa te ha expresado preocupación por tu forma de comer?

9. ¿Has fluctuado tu peso en más de diez libras durante los últimos seis meses?

10. ¿Temes que tus normas alimentarias están fuera de control?

 

El auto engaño de la auto imagen

• Hay un sobre enfoque en la belleza exterior.

• ¡Dios no nos manda a ser delgadas! Dios no tiene una talla específica. El simple deseo de bajar de peso por encajar en una talla deseable no es un motivo piadoso para cuidar nuestra alimentación.

• No hay una talla correcta para TODAS las mujeres. Cada una de nosotras es única y diferente; debemos cuidarnos de la comparación.

• La cultura y los medios proponen unos estándares insanos de belleza. Debemos resistir la tentación de entrar en los moldes que el mundo quiere imponer.

• ¿Quién define los estándares de belleza, de lo que es aceptable o deseable?

Trastorno Dismórfico Corporal: la preocupación por los defectos percibidos en la apariencia física, los cuales no son evidentes a otras personas. Provoca angustia y deterioro en el desempeño social, laboral o académico. Genera conductas repetitivas como mirarse al espejo o compararse.

Debemos cuidarnos de tener un corazón mal agradecido que no ha aprendido a sentirse satisfecha con el cuerpo que Dios le ha dado.

Algunos motivos que sí son piadosos:

1. Cuidar nuestros cuerpos como templo del Espíritu Santo.

2. Tener limitaciones alimenticias por razones de salud o una etapa específica de la vida (Diabetes Mellitus, hipertensión, problemas renales, lactancia, embarazo).

3. El cuerpo de una mujer casada no le pertenece a ella sola, también es de su esposo. Aun el de una mujer soltera le pertenece al Señor para servirle en lo que Él le encomiende.

4. Mantener la energía o agilidad.

 

Tipos de Trastornos alimenticios  

El descontrol con la comida nos puede conducir a trastornos alimenticios, son formas de comer irregulares que te llevan a problemas en la salud física o en el funcionamiento de tus relaciones. Algunos nombres de trastornos alimenticios, que se manifiestan mayormente en mujeres adultas: Anorexia, Bulimia y el Trastorno por atracón.

Todos estos trastornos tienen algo en común:  reflejan una falta de autocontrol.

Vivimos en una sociedad que tiene todo de forma abundante, las cosas las obtenemos rápido. Nuestros paladares se han acostumbrado a comer de manera glotona. No queremos cosas simples, queremos lo bueno y que sepa bien.

Ese deseo desmedido por comer y beber se llama glotonería. Buscamos la satisfacción de nuestro cuerpo desmedidamente.

Cuando estamos atrapadas en un hábito compulsivo, nos sentimos obligadas a darnos un atracón, ni siquiera degustamos la comida, no pensamos conscientemente mientras nos atiborramos ese bote de helado de chocolate. Perdemos la noción del tiempo o la velocidad con la que ingerimos la comida.

Usualmente cuando a alguien le cuesta controlar sus impulsos con la comida, esa falta de control se refleja también en otros aspectos de su vida (ira, lujuria, chisme).

El dominio propio surge de cultivar la relación con Cristo, es una característica del fruto del Espíritu Santo. La batalla contra la compulsión a la comida no se libra sola, necesitas el Espíritu Santo, a su fuerza, que Él se haga vivo en ti dándote el poder para permanecer firme.

Aún para llevar algo tan terrenal como una dieta necesitas a Cristo.

Esta compulsión responde a un corazón avaricioso: con un deseo intenso por más de lo que uno necesita o merece.  Nos lleva a sentirnos descontentas o amargadas con lo que tenemos.

Los problemas de comida, tanto en exceso como en restricción, reflejar los problemas del corazón.

El pueblo de Israel (números 11) tenía un deseo insaciable por la comida, había olvidado todo el sufrimiento vivido en Egipto, los malos tratos y las muertes. Tenían un corazón insatisfecho, quejumbroso que no lograba entender que Dios es la fuente primaria para satisfacer sus necesidades.

Dios les puso una consecuencia porque le rechazaron a El (Jeremías 2:13).  Se nos olvida, como al pueblo de Israel, que Dios es quien satisface nuestras necesidades, que Él es la fuente de agua viva, si tomamos diariamente de El no tendremos sed jamás (Juan 4:14).

 

Ciclo de la adicción a la comida

• Cualquier sustancia o conducta que me produzca placer puede crear una dependencia. Podemos sentirnos dependientes y adictas a comidas especificas a las que recurrimos para calmar la ansiedad y provocar una sensación de bienestar artificial.

• Los Carbohidratos (CHOS) son los alimentos adictivos por preferencia ya que afectan de manera rápida y efectiva la química cerebral e inciden sobre el estado de ánimo.

• Cuando comemos CHOS aumenta la Glicemia (azúcar en sangre) y se estimula la producción de insulina, hormona que los degrada para su absorción y acumulación en las células. Creando así un círculo vicioso de hambre desmedida, síndrome de abstinencia, atracones y aumento de peso que puede devenir en múltiples enfermedades metabólicas y cardiovasculares (Diabetes Mellitus II, Síndrome metabólico, enfermedades cardiovasculares, riesgo aumentado para cáncer).

Picture1.png

La palabra de Dios nos dice que nuestro cuerpo es “Templo del Espíritu Santo” y que nuestras vidas le pertenecen al Señor (1Cor 6:19), entonces no solo me afecta a mí, sino al Señorío de Cristo en mi vida y a la comunidad a la que pertenezco.

 

Principios Bíblicos acerca de los alimentos

• Dios a propósito creó la comida buena, para generarnos placer y nutrirnos. Forma parte de los eventos de la vida tanto de gozo como de pesar.  (Gen. 1:29)

Comer en sí mismo no es pecado, se convierte en pecado cuando se hace sin moderación, de manera desordenada o con las motivaciones incorrectas, como un reflejo de rebeldía o de un corazón mal agradecido.

• Es un placer que Dios nos ha dado para disfrutarla de forma prudente y regulada (1 Tim. 4:3-5). Aún en el Edén Dios puso restricciones respecto a un alimento.

• Satanás confunde y distorsiona las regulaciones que Dios ha puesto. Él nos tienta con la comida, lo hizo con Jesús en el desierto mientras ayunaba y con Eva en el huerto del Edén (Gen. 3:1-6)

 

Consejos para superar el hambre emocional / Glotonería

1. Crece en el conocimiento general de los alimentos y su función.  

2. Conoce tu historia familiar y predisposición genética a enfermedades.

3. ¡Agradece a Dios por cada alimento que entra a tu boca! ¡Si! ¡Cada vez que vas a ingerir cualquier alimento, detente y ora dando gracias! Puede ser que luego te des cuenta de que no lo necesitas en ese momento.

4. Cada vez que sientas la compulsión de comer, pregúntate:

a. ¿Qué estoy sintiendo en este momento?

b. ¿Qué estoy pensando?

c. ¿Necesita mi cuerpo físico nutrirse en este momento?

5. Planificación sabia ente tus comidas para hacer un buen uso de la nutrición y la economía.

6. No restrinjas alimentos con un fin no piadoso, pídele al Señor que escudriñe tú corazón y busque si hay motivaciones pecaminosas en tu manera de comer.

7. Disfruta con orden de todo lo que el Señor ha provisto para ti en el momento en que estás.

8. Acepta quién eres y cómo fuiste creada. No hay nadie como tú en la tierra, eres una creación primorosa de tu Padre Celestial.

9. No te compares a nadie, resiste la tentación a querer parecerte a un estereotipo que esté de moda. ¡Las modas vienen y van, pero el amor del Señor permanece para siempre!

10. Te dejamos estos pasajes para meditar y memorizar:

• Romanos 12:1-2

• Salmos 16:7-11

Erma Rudert

Conoce al Señor desde hace más de veinte años.  Actualmente sirve en la Iglesia Bautista Internacional (IBI) junto a su esposo, José Denawer González, en el ministerio de Discipulado Matrimonial y en Consejería.  Tiene 2 hijos, Ana Paula y José Denawer.  Es psicóloga clínica y ejerce la terapia familiar a tiempo parcial.

Sydel Pérez

Vino al Señor Jesús en octubre del 1998.  Está casada con Erick Dorrejo desde el año 2002 y juntos tienen 3 hijos, Melinda, Joel David y Mariela.  Sydel es médico de profesión con especialidad en terapia de familia y adicciones.  Actualmente dirige un club de lectura abierto para mujeres.

Visto 998 veces