IBI top movil

bienvenido

donde estamos

En vivo

Sermones

Clases y Recursos

Vida en la IBI

La IBI ora

vision

Lo que ensenamos

Equipo Ministerial

Nuestra historia

06 de Agosto de 2019

Alineando tu corazón con Dios

Por  Jenny Thompson de Logroño

 

¿Qué es la belleza? Cualidad de alguien o algo, que provoca en quien lo contempla o escucha un placer sensorial, intelectual o espiritual.

Ser mujer cristiana en este siglo es un reto grande. Hemos comprado la idea de que ser físicamente bella es necesario para conseguir lo que queremos y así alcanzar la felicidad ¡Qué error!

Los estándares de belleza están determinados principalmente por los medios de comunicación, los cuales venden una imagen de perfección alterada, ilusoria y difícil de lograr para muchas de nosotras…

Si nos dejamos arrastrar por la promesa de la belleza, perderemos… es una carrera contra el tiempo, y el tiempo es implacable. En contraposición, debemos ponderar lo más importante: un corazón consagrado, que teme al Señor.

Vayamos al origen de la belleza misma para conocer cómo podemos alinear nuestro estándar con el de Dios a través de Su Palabra.

El ÚNICO LUGAR donde encontraremos la fuente de la verdadera belleza, inmutable y perfecta, es en DIOS. La belleza de Dios:

  • Es ETERNA.
  • Es INDESCRIPTIBLE.
  • SE REFLEJA EN SU PODER.
  • SE EVIDENCIA EN SU SABIDURIA.
  • NO SE CORROMPE.
  • SE VE EN SU BONDAD.
  • SE REFLEJA EN SU JUSTICIA.

Pero… ¿Qué tiene que ver la hermosura de Dios con mi cuerpo, forma de vestir o peinarme? Al contemplar la belleza de Dios, nuestra visión, que está siendo sido influenciada por el mundo, va a ser transformada.

Dios desplegó toda Su belleza en el instante de la creación. Al terminar, vio que todo era “BUENO EN GRAN MANERA”. Nada imperfecto ha salido de Dios. Toda cosa y sustancia apareció por Su voluntad creadora y todopoderosa … incluyéndonos a nosotras, que fuimos creadas a Su imagen.

Esto cambia radicalmente el concepto de belleza que pudiéramos tener. Quita nuestros ojos de nosotras y los pone en nuestro hermoso creador.

Con la entrada del pecado al mundo, apartamos la vista de Su esplendor adquiriendo un concepto torcido de la belleza, y desde ese momento buscamos el placer en el lugar equivocado.

¡PERO DIOS…! En el acto más extraordinario y puro de belleza, demostró Su amor al enviar a Su hijo a la cruz para redimirnos de nuestros pecados, exhibiendo al mundo Su desbordante amor.

Al convertirnos, el Espíritu Santo empieza a reenfocar y alinear nuestra visión con los estándares de Dios.

Si revisamos nuestros gustos… ¿éstos reflejarían y honrarían la belleza de Dios? Tomemos como medida el carácter de Dios y seamos sinceras con Dios y con nosotras mismas. Sus atributos serán el referente inconmovible en medio de tantos cambios. ¿Cómo hacemos esto? Romanos 12:2 dice:

“Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente...”

No os adaptéis: Da pasos intencionales para limitar las influencias mundanas, que no toman en cuenta a Dios…

Transformaos: Estudia los atributos de Dios en las Escrituras. Identifica ilustraciones de Su belleza. Ora para poder reflejarlo en tu vida.

La mujer verdaderamente hermosa contempla la hermosura de Dios, y mientras le adora es transformada por el Espíritu Santo, dando testimonio del Evangelio en su vida.

¿Por qué entonces me siento poco atractiva o este tema me causa ansiedad? ¿por qué esta sensación de insuficiencia?

Dios nos creó con el fin único de adorarle. Nuestro propósito supremo es glorificarle y gozarnos en El para siempre. Cuando queremos llamar la atención hacia nosotras mismas, dejamos de darle la gloria a Dios.

Paul David Tripp dice de manera contundente:

“Fuimos hechos para Su gloria, y somos llamados a reflejar Su gloria en todo lo que hacemos… El pecado nos hace ladrones de gloria. Probablemente no hay un día en el que no planeamos robar la gloria que le pertenece legítimamente al Señor…”

¿Ladronas de la gloria de Dios? ¿En serio?

Cuando buscamos acaparar la atención por nuestra apariencia, estamos robándole a Dios la gloria que El se merece.

Nuestros motivos egoístas nos quitan la mirada de Aquel que merece toda admiración… Entonces, ¿cómo discernimos esas motivaciones infiltradas en nuestro corazón?

J. I. Packer dice: “La prueba consiste en preguntarte qué tanto te agrada si Dios recibe la alabanza y tú no, o si eres tú quien la recibe y Dios no”.

Necesitamos CONTENTAMIENTO. Cuando tenemos contentamiento, no buscamos la atención de los demás y nuestro interés es que la belleza de Dios sea reconocida.

Este es el verdadero antídoto para olvidarnos de nosotras mismas:

“Una cosa he pedido al Señor, y ésa buscaré: que habite yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor...” Salmos 27:4

¿Cómo quitamos nuestros ojos de nosotras y nos enfocamos en Dios?

1) FIJEMOS nuestros ojos en Dios para librarnos de compararnos o vivir manteniendo nuestra imagen para los demás.

2) MANTENGAMOS una relación personal con El, así seremos transformadas a Su imagen.

3) CONFIEMOS en el poder del Espíritu Santo, el cual nos fortalece para vencer al pecado.

Cuando usemos este antídoto, más grande se hace Dios en nuestras mentes y más pequeñas nos volvemos nosotras…

“El encanto es engañoso, y la belleza no perdura, pero la mujer que teme al Señor será sumamente alabada.” Proverbios 31:30

“La mujer que teme al Señor” implica un corazón recto hacia Dios, que se consagra a El para agradarle de todo corazón.

No es ser la más hermosa, ni la más delgada, ni la mejor vestida… esto no solucionará nada. Lo importante es que tengamos la motivación correcta en nuestros corazones delante del Señor.

Las Escrituras no nos prohíbe embellecernos, sino que dice COMO HACERLO para la gloria de Dios. Debemos considerar en oración nuestras motivaciones:

  • ¿Se trata de cómo me ven?
  • ¿Deseo conseguir aprobación?
  • ¿Me desanimo si no recibo halagos?

Estas preguntas nos ayudan a considerar nuestras decisiones para quitar nuestros ojos de nosotras y devolver, con el poder del Evangelio, la gloria a Dios.

¿Y mi manera de vestir? ¿Glorifica al Señor?

“Asimismo, que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos; sino con buenas obras, como corresponde a las mujeres que profesan la piedad.” 1 Timoteo 2:9-10

“Y que vuestro adorno no sea externo: peinados ostentosos, joyas de oro o vestidos lujosos, sino que sea el yo interno, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios.” 1 Pedro 3:3-4

La Biblia nos dice como NO debemos vestirnos…

Al hablar sobre peinados ostentosos y vestidos costosos, los autores se refieren a la forma de vestir de la alta sociedad y las prostitutas en aquellos tiempos: excesiva (fastuosa) y provocativa (sensual). Estos son los parámetros que debemos utilizar al vestirnos…

Las Escrituras nos dicen que debemos ser intencionales adornándonos… pero de la manera adecuada y con la motivación correcta.

El pudor y la modestia son las virtudes que determinarán mi forma de vestir.

Pudor significa sentido de vergüenza. Modestia es una medida de decencia y humildad, con dominio propio.

Dominio propio significa refrenarse. Una mujer con dominio propio al vestir no utiliza su imagen para despertar pasiones en los demás o coquetear entre lo modesto o inmodesto.

Al momento de vestirnos pensemos en el estándar del Señor y no solamente en cómo nos vemos.

La modestia y el dominio propio nos liberan de la necesidad de la atención de los demás, a la vez de que son una hermosa muestra de amor hacia nuestros hermanos. Honremos a Dios y valoremos la santidad de nuestros hermanos en Cristo por encima de satisfacer nuestros deseos de ser admiradas o aceptadas.

Antes de salir de tu casa, obsérvate y pregunta a alguien que pueda darte una opinión piadosa si tu apariencia refleja a Cristo... ¡Tus hermanos te los van a agradecer!

John Stott dice: “… no hay nada que indique en estos versículos que las mujeres deban descuidar su apariencia o andar desaliñadas. El asunto está en COMO se van a adornar”… y esto lo lograremos reflejando los atributos de Dios en nuestros cuerpos, rituales de belleza, etc.

Para finalizar, unos pensamientos:

Madre: Enseña a tu hija qué es la verdadera belleza y cómo conseguirla. Modélale con tu closet, tu alimentación, tus compras… a través de tu devoción a Dios.

Hija: Atiende el consejo de tus padres sobre tu apariencia. Tu obediencia hermoseará tu rostro.

Abuela: Exhibe con dignidad tus años… son un reflejo de experiencia y sabiduría.

Esposa: Adórnate para honrar al Señor agradando a tu esposo. Modela a otras cómo ser bellas, para Dios, para nuestros esposos y para los demás.

Amiga: No juzgues a tu hermana según tu propio estándar. Da de gracia lo que por gracia recibiste… misericordia y perdón.

Soltera: Eres una mujer hermosa hecha perfectamente por Dios. Desarrolla un espíritu afable y apacible que te haga cada día más bella delante de El. No uses la belleza para atraer a otros, ¡eso hacen en el mundo!

Alineemos nuestro corazón con Dios, poniéndolo en el lugar que le corresponde y démosle gloria a El, ¡que para eso fuimos creadas!

 

 

Jenny Thompson de Logroño

Hija de Dios por Su gracia y misericordia. Casada desde hace 26 años con Reynaldo Logroño y madre de Celso, Sebastián y Reynaldo. Licenciada en Administración de Empresas con más de 14 años de experiencia en el sector escolar. Miembro de la Iglesia Bautista Internacional desde al año 2007, donde sirve junto a su esposo como diáconos, en el Ministerio de Escuela Bíblica Dominical y de Consejería Bíblica.

Visto 1156 veces