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06 de Agosto de 2019

Adoración en medio de las pruebas

“Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; Y su grandeza es inescrutable”

(Salmos 145:3)

 

No puedo negar que hay momentos en la vida que nos paralizan, que sacan a flote todos los miedos y preocupaciones que existen dentro de nosotros, tiempos que llamamos (Grises, Negros, Difíciles, Duros). No obstante, hacemos un ídolo en nuestra mente, dedicando más tiempo de nuestros pensamientos a esas denominadas “SITUACIONES” que hacen que nos descontrolemos a nivel emocional, y que no podemos, ni podremos solucionar por nuestras propias fuerzas. Pero ¿Para qué fui creada? ¿En qué consiste mi propósito en esta vida? Isaías 43:7 y 21, nos recuerda: 7“a todo el que es llamado por mi nombre y a quien es llamado para mi gloria, a quien he formado y a quien he hecho” 21“El pueblo que yo he formado para mí, proclamará mi alabanza”. Hemos sido creadas para alabanza y adoración de su nombre. Porque como nos dice su palabra: “…El Señor es Dios; Él nos hizo y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos y ovejas de su prado” (Salmos 100:3).

En el Salmos 145:3 arriba mencionado, podemos notar lo maravillado que estaba David del Dios al cual servía, ya que no solo mencionó que Jehová es grande, sino que era digno de alabanza y que su grandeza es inescrutable, adjetivo que es usado cuando algo o alguien es tan profundo que no encontramos comparación ni definición que sobrepase dicha palabra; “que no se puede saber ni averiguar”. David había conocido a profundidad al Dios que adoraba y tenía una sed insaciable de su Dios y disfrutaba de una comunión íntima con Él. Se nota que su corazón estaba tan agradecido, que no encontraba palabra alguna que definiera la soberanía y el Poder de su Dios.

Pero antes de seguir, sería bueno definir ¿qué es Adoración? De acuerdo con lo que establece el Nuevo Diccionario de la Biblia, es el acto mediante el cual se expresa reverencia, respeto, honor, amor y obediencia a Dios. La Biblia, en el evangelio de Juan 4:23-24, dice: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”.

Cuando Dios en su palabra habla de adoradores que adoren en espíritu y verdad significa que debe ser una adoración continua, que forme parte de un estilo de vida, donde la obediencia a su palabra se produzca de forma natural, haciendo en todo tiempo su voluntad. Él busca esos adoradores que no son dominados por sus conceptos, parámetros, tradiciones y concupiscencias; son aquellos que se someten al Poder de Dios y se sujetan a su Palabra sin cuestionar. ¿Por qué habla de un Espíritu? Porque Dios es Espíritu y como el Espíritu Santo uno es con Él, y está dentro de nosotras, Él conecta todo nuestro ser para que salga de nosotras una adoración verdadera, genuina e integra, que fluya desde nuestro propio espíritu. Que lo que hablo esté de acuerdo con lo que vivo, conforme a lo que dicen las Escrituras.

Encontramos un ejemplo de adoración en la palabra de Dios en Pablo y Silas, cuando fueron encarcelados en Filipos (Hechos 16.16-26). Mientras ellos predicaban la palabra de Dios, una joven con espíritu de adivinación comenzó a repetir: “Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación”; lo hizo por muchos días, lo que pasó a ser algo molestoso. Pablo se volvió a ella y dijo al espíritu que en el nombre de Jesucristo saliera de ella, y salió. Luego de esto, los prendieron y los llevaron a las autoridades diciendo un sinnúmero de calumnias contra ellos. Después de haberlos azotado los echaron a la cárcel. A media noche Pablo y Silas oraban a Dios y cantaban himnos. Es increíble ver como luego de rasgarles sus ropas y azotarlos con vara, estar encadenados, golpeados, heridos, y en medio de su dolor y aflicción, sin saber que iba a pasarles, decidieron no enfocar su mirada en lo que estaba pasando ni en el dolor que estaban experimentando en sus cuerpos físicos, sino en glorificar el nombre de Dios en medio de la prueba y echar sobre el SEÑOR sus cargas, y confiando que Él les sustentaría (Salmos 55:22). ¡SU ADORACIÓN A DIOS NO CAMBIO, NI FLUCTUÓ!

¿Estamos buscando los propósitos de Dios en los acontecimientos de la vida?

Debemos estar buscando la voluntad de Dios en las situaciones que se presentan día a día en nuestras vidas; detallo algunas a continuación:

- En medio del dolor, traición, burlas.

- Enfermedad

- Hijos, cuyo corazón este lejos de Dios o están en vicios de drogas o alcohol.

- Depresión-Ansiedad

- Muerte de un ser querido

- Soledad

- Esposo inconverso

- Maltrato físico y verbal. Etc.

Permitamos que el Espíritu de Dios trabaje en nuestros corazones a través de su obra redentora, y no dejemos que se apague nuestra adoración. Activemos nuestros sentidos para ver qué quiere Dios enseñarnos en ese proceso, preguntándonos si lo que estoy haciendo agrada a Dios, ya que Él es Digno de adoración a tiempo y a destiempo (Salmos 63:3-4). Sé que a veces es difícil levantar nuestra voz en medio del dolor, que en muchas ocasiones se van las fuerzas y las ganas de clamar y descansar en la providencia de Dios. Pero hay esperanza, tenemos promesa, Él es fiel a su palabra que dice: “Porque no abandonará Jehová a su pueblo, ni desamparará su heredad” (Salmos 94:14). Él está con nosotras y nunca nos dejará derrotadas ni vencidas. El escuchará nuestro clamor (Salmos 145:18-19) y nos dará juntamente con la prueba la salida (1 Corintios 10:13). Nadie dijo que sería fácil el camino y que siempre iba a estar lleno de flores, pero se nos dijo esto en la Palabra: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.” (Santiago 1:2-4). Luego de la tormenta nuestro carácter se asemejará más al de Él, y seremos más como Él y menos como nosotras.

Amada hermana, oro para que, ante cualquier circunstancia o situación, no dejemos de alabar el nombre de nuestro Dios; alabemos y cantemos himnos, lo cual también es una forma de adorar; que nuestra adoración a Dios no mengüe, que sea una respuesta sincera, genuina, de un corazón agradecido y entregado a Él; que suba como olor grato ante su presencia, y que nuestro Padre se sienta complacido. A veces no vemos respuesta, y notamos su silencio; eso no significa que no nos escucha, todo lo contrario, es porque está trabajando. “Descansemos, echando nuestras cargas sobre Él; Creamos en su Palabra y sus promesas, y Adoremos en todo tiempo con acción de gracias”.

 

 

Julissa García

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