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09 de Agosto de 2019

Madres e hijas

Por  Viola Núñez de López

Uno de los problemas que tenemos las madres es que no conocemos a nuestras hijas, porque cuando comenzamos la maternidad, ignoramos la ciencia de la crianza. Las jóvenes hoy tienen más información porque ahora hay muchos recursos que pueden utilizar para prepararse. Pero por más que busquen, estudien y se preparen no van a encontrar nada que le diga cómo es su hija ni cómo funciona.

En el momento que las traemos al mundo no se nos entrega un manual de funcionamiento. Comenzamos haciendo lo que creemos correcto: Repetir patrones: si lo que nuestros padres hicieron nos pareció adecuado, repetimos ese patrón; pero si nos pareció incorrecto hacemos lo contrario, bajo el pretexto de: "no quiero que mis hijas pasen lo que yo pasé". Pero, ese no es el problema. El verdadero problema es QUE USAMOS EL MISMO PATRÓN DE EDUCACIÓN Y DISCIPLINA PARA TODAS, sin tener en cuenta que cada hija es diferente. Cada una es un original salido de las manos de Dios. Usted ha sido el instrumento utilizado, pero EL es quien tiene los derechos de autor. Dice el Salmos 139:13 "Tu formaste mis entrañas, me hiciste en el vientre de mi madre". Cada una viene con un temperamento propio; es un modelo exclusivo. DIOS no repite patrones.

Las dos primeras actas de nacimiento que registra la historia. 1ra: Génesis 4:1 "Y conoció Adán a Eva y nació Caín". 2da: Génesis 4:2 "Después nació Abel". ¿Se parecían Caín y Abel? No. A Abel le gustaba criar ovejas. A Caín le gustaba labrar la tierra. Era egoísta y desafiante. El mismo vientre, los mismos padres y dos hijos completamente diferentes.

Lo que tenemos que hacer para saber cómo fueron “ensambladas” las hijas es recurrir al Diseñador, al que tiene el derecho de autor. Cada una viene al mundo con un temperamento propio, pero los padres son los encargados de ayudarles a modelar el carácter. Temperamento y carácter no es lo mismo. El temperamento lo traen de fábrica, pero el carácter se desarrolla dependiendo de la educación que reciban y el modelaje que perciban en el ambiente familiar. La cultura también influye, sobre todo en este tiempo con todas esas informaciones y desinformaciones a través de las redes sociales, pero las hijas hacen mucho lo que le ven hacer a su madre, sobre todo en la edad del crecimiento. Por eso las madres tenemos que ser evangelios vivientes porque ellas van a imitar lo que ven que nosotras hacemos.

¿Cómo recurrir al diseñador? Leyendo la Biblia. Proverbios 22:6 “Instruye al niño en su camino y aun cuando fuere viejo no se apartará de él". Por mucho tiempo ese fue mi versículo preferido. Creía que, si lo aplicaba, que, si las instruía de acuerdo con ese versículo, seguro todo iba a salir bien. Les hablaba a mis hijas siempre de Dios, de Jesús y me las llevaba a la iglesia todos los domingos. Pero el libro de Proverbios es un Libro de sabiduría, y los libros de sabiduría son consejos sabios. Si usted los aplica, es casi seguro que han de cumplirse, pero no son promesas. En ese renglón Dios no da ninguna seguridad de que será así.

Cada hija viene al mundo con un camino, un propósito, con una trayectoria de vida, que Dios le ha trazado desde la eternidad. Dentro de esa trayectoria es que debemos de educarlas. Cada una trae su modo de ser. Cuando vamos a instruir o a disciplinar a nuestras hijas tenemos que hacerlo teniéndolo en cuenta. No podemos tratarlas a todas por igual, porque

unas suelen ser fuertes, otras suelen ser débiles.

unas son muy seguras de sí mismas; otras son indecisas.

algunas son influenciables; otras tienen temperamento firme.

algunas son torpes; otras muy inteligentes;

A una hija torpe no podemos exigirle lo mismo que a otra que es inteligente; y a la que es atrevida y malcriada hay que imponerle disciplina diferente de la que se le impone a la que solo de vez en cuando desobedece. ¿Ustedes han oído esta frase? "no hay nada más desigual que tratar como iguales a dos que no son iguales." A dos hijas desiguales en su modo de ser, cuando se le exige el mismo rendimiento y se le disciplina de la misma manera, una de las dos termina frustrándose. Pero, debemos amarlas a todas por igual independientemente de cómo sean. Dice el Salmos 127:3 "He aquí don del Señor son los hijos". Un don es un regalo. Cuando a usted le regalan algo no lo valora porque le sea útil o porque le guste, sino por quien se lo regaló. Entonces, si el Señor nos las ha regalado tenemos que aceptarlas, amarlas y valorarlas independientemente de cómo sean.

Estudien a sus hijas, traten de saber lo que le gusta, lo que no le gusta, potencien sus capacidades, ayúdenlas con sus debilidades, y sobre todo cómo reaccionan ante las presiones del mundo, porque ahí es donde usted va a tener que invertirse enteramente. Romanos 12:2 dice "...no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cual es la voluntad de Dios; lo que es bueno, agradable y perfecto". Este versículo es maravilloso para analizar con sus hijas, cuando ya están en la edad de la pubertad o la adolescencia, cuando están capacitadas para entenderlo.

Pero desde pequeñas enséñenles a diferenciar lo que le agrada a Dios de lo que le desagrada, a distinguir lo bueno de lo malo, y muéstrenles la diferencia entre el predicamento de Dios y lo que la cultura establece como bueno. Tienen que transformar su mente porque la mente es el campo de batalla donde luchan las ideas que en un futuro pueden determinar su triunfo o su fracaso. Una mente con convicciones cristianas no se deja arropar fácilmente por la cultura.

Háblele a su hija de Jesús desde pequeña. Cuéntele la historia de la redención; de como estábamos perdidos en el pecado y Él nos rescató. Explíquele que eso lo hizo por ella. Personalice en ella el evangelio. Haga de Jesús el superhéroe de su casa. A ellas les encantan los superhéroes. Promueva a Jesús. ¿Usted se ha fijado como la juventud sigue con tanta pasión a esas artistas que están de moda? Es por la promoción. Cuando conocen a alguien en todas sus facetas, comienzan a admirar a esa persona y terminan queriendo imitar al original. Promocione a Jesús con apasionamiento. "Predica la palabra. Insiste a tiempo y a destiempo, redarguye, reprende, exhorta con mucha paciencia..." (Timoteo 4:2). Promociona a tu redentor Jesús. Habla del evangelio a tus hijas a tiempo y a destiempo. Estos no son tiempos para callarnos. La guerra espiritual arrecia cada vez más, y si usted, no se invierte en enseñar a sus hijas la Palabra, el mundo se las traga. "El diablo que anda como león rugiente buscando a quien devorar" (1 Pedro 5:8). No deje que el diablo, vestido con esas nuevas corrientes liberales devore a sus hijas.

El problema de muchas de nosotras es que, aunque llevamos nuestras hijas a la iglesia, muchas veces Jesús es el gran ausente en nuestros hogares. Una oración en la mañana, en la mesa y ya, pero Jesús..., eso se deja para los domingos. Y si la madre trabaja fuera del hogar, peor, porque quien los está educando; o maleducando, es el mundo y las redes sociales. Haga su parte y no se desanime, porque, aunque no vea el fruto en el momento preciso, siembre la semilla. El mejor ejemplo puedo dárselo yo que sufrí muchas decepciones, pero hoy tengo la tranquilidad de ver a mis tres hijas cobijadas bajo la sombrilla del evangelio. No se rinda. Usted y Dios son mayoría.

HIJA, AHORA TE HABLO A TI.

Cuando Dios le da al pueblo diez leyes para que se gobiernen, dentro de ellas incluyó el mandamiento: "Honrar Padre y madre" (Éxodo 20:12). El término "honrar se deriva de un vocablo hebreo - kabod -. Significa dar peso pesado. La honra a los padres involucra dar a los padres un reconocimiento de peso, de valor. Es el único mandamiento que contiene una promesa: "para que te vaya bien". La primera razón por la que debes honrar a tu madre es porque Dios fue quien te la dio, tu no la elegiste. Si ella no cumple con su deber, deja que Dios la juzgue. No te corresponde a ti hacerlo. El mandato no dice: "hónralos si son buenos", dice simplemente: "hónralos".

Ahora, no es lo mismo obedecer que honrar: puedes obedecer sin honrar, lo que no puedes es honrar sin obedecer. Puedes obedecer por miedo, por conveniencia o cualquier otra razón, pero la honra involucra amar, valorizar, reverenciar. Es decir, querer el bienestar de la otra persona. Y por favor no la utilices solamente para que te resuelva tus problemas, o para que te cuide los hijos. No es que no lo hagas. A los abuelos les encanta cuidar a los nietos, pero cuando ese cuidado se excede, se convierte en abuso.

Y, para terminar, si tienes la dicha de verlos llegar a la vejez, no los ridiculices. Es muy duro cuando las hijas critican a la madre viejita por cosas que olvida, o que hace por tener una edad avanzada; o por no estar al día con las últimas tecnologías. Esas costumbres que tu madre ha ido perdiendo con los años, si tú las tienes hoy probablemente es porque tu madre te las inculcó. Y, por otro lado, si no te toca morir joven, un día tu estarás atravesando por las mismas circunstancias. 

 

Viola Núñez de López

Su mayor anhelo es poder servirle al Señor hasta el último de sus días.  Es educadora de profesión y por vocación.  Miembro y diaconisa de la Iglesia Bautista Internacional, IBI, donde pertenece al equipo de consejería y ofrece servicios como mentora de mujeres.  Es madre de cuatro, abuela de catorce y bisabuela de trece.

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