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03 de Septiembre de 2019

Como ser de testimonio a los no creyentes en mi trabajo

Por  Janet Adames de Lantigua

“La Biblia no es la luz del mundo, es la luz de la iglesia. Pero, el mundo no lee la Biblia, el mundo lee cristianos. Tú eres la luz del mundo.” Charles Spurgeon

Esta afirmación se le atribuye al predicador Charles Spurgeon y ciertamente como cristianos debemos reconocer que somos las biblias que muchos seres humanos leerán de primera mano. De ahí la importancia de que exista una correspondencia o coherencia entre la fe cristiana que profesamos y cómo esta fe es puesta en práctica en nuestras propias vidas.

En este tenor, considero que la mejor manera de ser de testimonio a los no creyentes en nuestro lugar de trabajo resulta simple. Se trata de modelar una fe genuina y verdadera que inspira a otros a seguir a Cristo. Tal y como afirma su palabra en 1 de Juan 2:6, “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.” Este es el reto de toda mujer cristiana en todas las esferas de su vida pública y privada, lo cual incluye tanto su hogar como su lugar de trabajo y todos los círculos en los que ella desarrolla su vida.

Su palabra nos ofrece consejos muy prácticos que podemos tomar en consideración.

1. Trabaja con excelencia como para Dios. Como cristianas estamos llamadas a trabajar, no para ser vistas por nuestros jefes ni para buscar su agrado, sino en primer lugar para agradar a nuestro Dios. (Colosenses 3:23)

2. Busquemos la aprobación de Dios. Jesús reconoció que nosotras normalmente buscamos ser aprobadas por los demás, en vez de buscar la honra que proviene de Dios. (Juan 5:41-42). En la medida en que nos enfoquemos en nuestro Dios y persigamos su aprobación, llevaremos a cabo su voluntad y estaremos dando un testimonio coherente de nuestra fe.

3. Reflejar la paz de Cristo. Es posible reflejar la paz de Cristo cuando nuestra identidad no está arraigada en la posición que ocupamos en nuestro trabajo, en un proyecto determinado, en una nueva oportunidad laboral, etc, sino en nuestro Salvador y Redentor. Mientras algunos son capaces de mentir, entrar en pánico, traicionar y actuar de manera impulsiva cuando se tambalea su vida laboral, la mujer cristiana que practica una fe genuina no caerá en desesperación pues sabe dónde ha puesto su identidad, confianza y fe. Nuestra respuesta ante esos eventos no solo revela donde está puesta nuestra identidad y esperanza, sino que ministra las vidas de quienes nos rodean y nos permite ser de testimonio a otros.

4. Di no al pecado. Como mujeres redimidas por la sangre de Cristo debemos ser firmes en decir “no” a involucrarnos en actividades pecaminosas, aún sean estas ordenadas por nuestros jefes terrenales. A fin de cuentas, nuestro principal jefe es Dios. El no se complace en la maldad; el aborrece al que hace iniquidad y destruye a los mentirosos, abomina al hombre engañador. (Salmos 5:4-6).

5. Mansedumbre y humidad. El Señor nos advierte en múltiples ocasiones a soportarnos con paciencia los unos a los otros en mansedumbre y humildad (Efesios 4:2), a no hacer nada por contienda ni por vanagloria, sino más bien con humildad, estimando a los demás como superiores (Filipenses 2:3); nos advierte que la soberbia del hombre le abate, mientras que la humildad de espiritu sustenta su honra. (Proverbios 29:23); El nos invita a aprender de El quien nos dio el mejor ejemplo de mansedumbre y humildad en esta tierra (Mateo 11:29).

6. Seamos generosoa como nuestro padre Celestial. Su palabra nos asegura que hay mayor bendición en dar que en recibir (Hechos 20:35). Existen múltiples maneras en las que podemos reflejar a Cristo en nuestro lugar de trabajo a través de este atributo. En 2 Corintios 9:13 su palabra expresa que “como resultado del ministerio de ustedes ellos darán gloria a Dios. Pues la generosidad de ustedes tanto hacia ellos como a todos los creyentes demostrará que son obedientes al evangelio que hemos recibido.” Es decir que cuando practicamos la generosidad en nuestro lugar de trabajo además de emular a Cristo, quien en su generosidad nos otorgó vida, el universo y todo cuanto existe, nos dio la Salvación y en su fidelidad satisface todas nuestras necesidades. Por medio de nuestra generosidad otras vidas podrán glorificar y honrar a Dios.

7. Demos a conocer el nombre de nuestro Dios siendo justas, imparciales y entregadas a las causas de los demás. El haber sido rescatadas de las profundidades de nuestros pecados y habiendo recibido la gracia abundante que solo Dios puede otorgarnos al reconciliarnos con él (Mateo 6:12; Efesios 4:32), debemos ser impulsadas de manera natural a ser misericordiosas, justas y entregadas a las causas ajenas, dando a conocer de esta manera el amor de Dios por el prójimo.

En síntesis, podemos ser de testimonio en nuestro lugar de trabajo en la medida en que irradiamos la plenitud que provienen de vivir una fe genuina, una fe que se respalda con una vida que da gloria y honra a Jesucristo. Es ahí cuando el evangelio se vuelve eficaz para iluminar el corazón de todos aquellos que nos rodean.

 

 

Janet Adames de Lantigua

Tiene 12 años como cristiana. Casada hace 15 años con Miguel Lantigua, madre de Miguel Esteban (13), Esther Marie (7) y Hosanna (5). Licenciada en Derecho con especialidad en derecho de la propiedad intelectual con más de 20 años de ejercicio. Miembro de la Iglesia Bautista Internacional (IBI) donde sirve junto a su esposo en el ministerio de discipulado matrimonial.

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