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25 de Octubre de 2019

¿Cómo tomar una buena decisión al elegir pareja?

Por  Cornelia Hernández de Matos

En el último mes y medio mi pasión por la cocina ha aumentado un poco, he estado descubriendo como hornear panes y bizcochos, la verdad es que lo disfruto mucho. Hay una receta de un bizcocho en especial que me ha dado muchísimo trabajo, y no por que sea complicada, sino por que he cometido errores al elegir los ingredientes. ¡Y me acaba de ocurrir de nuevo! No sé si has estado ahí, pero experimento un sentido de frustración ante lo obvio, ¿cómo es posible?, ¡¡¡usé la harina equivocada!!! Terminé molesta conmigo misma. ¿Te ha pasado que tienes toda la información y cómo quiera escoges mal? ¿Cómo saldrá el bizcocho?

La mayoría de las mujeres casadas, sino todas, cuando eran solteras tenían un criterio básico para escoger la pareja con la cual se casarían. Recibimos mucha información desde muy temprano en nuestras vidas, ya sea de manera indirecta a través de nuestras vivencias en el seno familiar, o de manera explícita a través de libros, charlas o conversaciones con otras personas de más experiencia, sin embargo, la tasa de divorcio sigue en aumento, la insatisfacción marital es muy frecuente. Escoger la pareja adecuada es importante para el disfrute de una relación matrimonial sana, aunque no es el único elemento para tomar en cuenta al momento de casarse.

Entonces, ¿qué criterio debe tomar en cuenta una soltera creyente para elegir una pareja? ¿cuáles son los ingredientes de esta receta?

1- Evaluarte a ti misma. Necesitas dar un viaje hacia dentro, revisar tu corazón. Santiago. 4:1-2 habla de cómo las pasiones nos generan problemas, nuestro corazón no es tan tierno y hermoso como quisiéramos pensar, sino que es “engañoso más que todas las cosas…quien lo conocerá?” (Jeremías 17:9) Así que tomar una buena decisión al elegir pareja requiere una revisión profunda de las intenciones de tu corazón. Buscar pareja con la motivación inadecuada no es sólo negativo, sino pecaminoso. Hazte preguntas: ¿porqué quiero casarme? ¿Para qué? ¿Estoy tratando de llenar las expectativas sociales o familiares? ¿Cuál es mi actitud frente a este tema?, ¿desesperada, confiada, molesta, tranquila o triste? ¿Es tu mayor meta en la vida casarte o agradar a Dios? ¿Qué piensas de Dios con respecto al tema?: “Se olvidó de mí”, “me está castigando por algo malo que hice”, o “Me está preparando para ser la mujer que ÉL sabe que mi futuro esposo necesita”. Es imprescindible evaluar tus motivaciones, ya que para unirte en una relación de pareja debes aportar algo: tu vida. No evalúes sólo al otro, debes evaluarte a ti misma.

2- Alinear tu mente con la Palabra de Dios. Si, ya sé, estabas esperando que te hablara del chico y no de ti, pero si no tienes claro el objetivo, vas a elegir mal. Necesitas entender de qué trata el matrimonio y qué debe reflejar el mismo, mucho antes de elegir pareja. El matrimonio no se trata de ti ni de tu futuro esposo, es más bien una parábola de la unión de Cristo y su iglesia. ¡Es un asunto profundo que trasciende al presente y que Dios está muy interesado en que dicho propósito se cumpla! Estudia la teología del matrimonio y ora mucho para que el Señor te permita pensar acerca del matrimonio como Él piensa.

3- Conoce un poco el mundo masculino. No me refiero que te rodees sólo de varones, lo que quiero decir es a que seas reflexiva, trata de analizar cómo piensan y sienten los hombres, los que ya conoces, los que están a tu alrededor, no estés criticándolos todo el tiempo. Debemos aceptar la realidad, por si no sabías, son diferentes a nosotras por diseño de Dios, y eso es bueno. Si conoces un poco el mundo masculino serás más objetiva al evaluar al hombre que se te acerque.

Veamos algunas características a tomar en cuenta acerca del pretendiente:

• Debe ser cristiano, lo sabes, pero siempre es bueno recordarlo. La biblia nos manda que no debemos unirnos con alguien que es desigual a nosotras, que no sea de la familia de Dios (2 Corintios 6:14) que su corazón no anhele agradar a Dios, sino otras cosas, quizás buenas, pero no eternas. Que sea cristiano es un factor innegociable, y no cualquier cristiano, sino uno maduro.

Madurez espiritual es vital para que este hombre sea el líder que Dios espera en tu matrimonio y que tú necesitas por el resto de la vida en esta tierra. No cualquier cristiano con buenas intenciones está listo para afrontar los retos que traerá la vida matrimonial. Debe ser un cristiano maduro espiritualmente, que ame a Dios mas que a ti. La madurez espiritual se expresa por el carácter cristiano de la persona y eso toma tiempo en poder ser evaluado a través del comportamiento en las interacciones del día a día. Observa: ¿Es responsable, cumple con sus compromisos, laborales, económicos, ministeriales, etc.? ¿Es un hombre sometido a la Palabra, honesto, humilde o se justifica constantemente culpando a otros de sus problemas? ¿Respeta los límites físicos para preservar la pureza que debe reflejar un noviazgo cristiano o centra la relación contigo en el placer físico? Tu futuro esposo debe ser un hombre que te motive a crecer en santidad a Dios y no a satisfacer sus deseos egoístas.

Madurez emocional: Es difícil que una persona madura espiritualmente no lo sea desde el punto de vista emocional, sin embargo, no debemos dejar de lado esta área del carácter de una futura pareja. Muy frecuentemente, la vida matrimonial trae consigo la necesidad de tomar decisiones difíciles, en dependencia de Dios y no necesariamente de la aprobación de las personas. Muchos jóvenes solteros aún presentan mucha dependencia emocional de su familia de origen, lo que no les permite madurar y desarrollar el potencial para llenar el rol al que Dios le ha llamado. Esto no significa que no honren a sus padres, sino que puedan discernir donde Dios espera que pongan los límites en la medida en que entran a la etapa adulta de sus vidas.

Independencia económica. No es imprescindible que tu novio tenga mucho dinero, pero sí que muestre cierta independencia económica. En su rol de hombre debe proveer las necesidades de la familia que formará contigo. Deberá mostrar diligencia, proactividad y satisfacción ante la idea de trabajar para llenar dichas necesidades.

Escucha la opinión de los demás. La Palabra de Dios dice: “en la abundancia de consejeros está la victoria” y que: “no te apoyes en tu entendimiento”. (Proverbios 24:6 y (Proverbios 3:5)). No cierres tus oídos a la opinión de los demás, de las personas que te conocen y te quieren, aquellas que han caminado en la vida contigo; tu familia, tus hermanas en Cristo, tu mentora, tus líderes espirituales. Esas personas tienen una condición que necesitas: objetividad, te quieren mucho, ven tu relación de cerca, pero no están tan ilusionados como tú. Busca, escucha, evalúa los consejos de la gente que te quiere.

Tiempo. Descubrir el carácter de una persona que te hace sentir bien, toma tiempo. Asegurarte de que esa es la persona que Dios planificó para que se uniera a ti para siempre, requiere tiempo. No te saltes los pasos, no te desesperes, no hay razones para casarse de prisa. Es una decisión para toda la vida, no apuestes el resto de tu vida a unos cuantos meses de relación.

En este artículo hay sólo algunos ingredientes que te pueden ayudar a elegir bien una pareja; la mayoría, sino todos, me imagino que los conocías. Lo importante no es tener la información, sino aplicarla en el momento oportuno. Oro para que el Señor te guíe el proceso de elegir pareja y puedas reflejar la Gloria de Dios.

 

 

Cornelia Hernández de Matos

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