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28 de Octubre de 2019

Aprendiendo de la misericordia de Dios

"Para siempre es su misericordia"

(Salmo 118:3) 

Estoy segura de que muchas de nosotras, por no decir todas, en algún momento de nuestras vidas hemos clamado a Dios por MISERICORDIA. Usamos mucho esta palabra en nuestras oraciones, una y otra vez decimos: “¡Señor ten misericordia!”, cuando hacemos nuestras peticiones, devocionales por “cualquier situación personal, enfermedad, parientes, amigos, pecado” e incluso, la pedimos e invocamos ante un problema en el cual queremos recibir una transformación o milagro ante algo que nos esté afectando.

Podemos decir, además, que un gran número de nosotras desconoce la profundidad de la palabra “Misericordia” y su verdadero significado. ¿Cómo puedo saber si una persona es o no es misericordiosa? Nosotras, las hijas de Dios, poseemos esa gracia en alguna medida, aunque es bueno definirla de forma precisa, para que podamos evaluarnos a nosotras mismas.

Entonces, ¿qué es Misericordia? Es una acción movida por la compasión o el acto de compadecerse del mal ajeno; ésta no constituye un sentimiento de pena por el que sufre o se encuentra en aflicción, sino que opera como un deseo genuino por aliviar al prójimo de algún sufrimiento.

En el Salmo 118 el salmista alaba al Señor por su amor eterno hacia su pueblo y revela que no es limitada su misericordia, sino que será “Para Siempre”. En Éxodo 34:6 leemos: y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad”; éstas son sólo algunas de las características de nuestro Dios; pero notemos lo que dice sobre la misericordia: que es “grande”; “de ella está llena la tierra” (Salmos 33:5), “es mejor que la vida” (Salmos 63:3), “es benigna” (Salmos 69:16), “es nueva cada mañana” (Lamentaciones 3:23).Su definición abarca todo, no se limita, siempre estará presente en nuestra vida hasta que nos encontremos con Él en gloria. ¡Qué bendición es tener un Dios, que a través de su misericordia nos muestra cuánto nos ama, y se compadece de los que le aman!

¿Reconocemos la Misericordia de Dios en Nuestras Vidas?

Aquellas que hemos nacido de nuevo podemos disfrutar de esta gran bendición, pues Dios nos da la gracia y la virtud de ser misericordiosas, ya que, al ser creadas a su imagen y semejanza, Él nos imparte esta característica esencial que es la MISERICORDIA, sobre todo si se la pedimos en oración. Es importante destacar que no nacemos siendo misericordiosas, ni la traemos desde el vientre, pues está escrito: “No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Romanos 3:12b). Fue a través de la Cruz de Cristo, que Dios movido a compasión, no nos dejó muertas en delitos y pecados, sino que por su inmensa gracia nos rescató y nos dio nueva vida en Él

A continuación, desarrollaremos algunas acciones que evidencian el corazón misericordioso de nuestro Dios para con nosotras, y por qué sus misericordias son nuevas cada mañana:

1. A Través de la Muerte de su Hijo Jesucristo. En Efesios 2.4-6 nos dice: “pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo y fuimos libres y nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús”.Dios entregó lo más importante en su vida, su HIJO, para que a través de Él fuéramos salvas y alcanzáramos misericordia, dándonos vida en abundancia.

2. Su Corazón Compasivo y Tierno hacia nosotras. Jesús tuvo compasión de la multitud, porque eran como ovejas sin pastor, llenas de confusión, y les enseñaba el camino con mucha compasión y amor (Marcos 6:34). Jesús se afligió cuando vio a la multitud sin rumbo, sin dirección, sin conocimiento de que a través de Él podían tener salvación y vida eterna. ¡Qué amor tan bello!, que, a pesar de nuestra confusión, Él nos muestra a través de su Palabra el camino que debemos andar, alumbrándonos para que nuestra mente y corazón se alineen a su perfecta y soberana voluntad.

3. Es un Dios con un corazón perdonador. Sólo por la misericordia de Dios he sido perdonada, puedo ir a Él humillada y arrepentida, con todas mis debilidades y defectos, y en Dios encontraré perdón; y con amor y compasión seré perfeccionada en Él.

4. Está presto a escucharnos en todo momento. “He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen, sobre los que esperan en Su misericordia, para librar sus almas de la muerte, y para darles vida en tiempo de hambre” (Salmos 33:18-19). Esperar en Él a veces se torna difícil, pero descansamos en su promesa de que sus ojos y oídos siempre estarán prestos a escucharnos y atentos al clamor de nosotras.

No es fácil ser misericordiosas, compasivas, y amorosas cuando nuestro “YO” se quiere imponer, cuando muchas veces estamos heridas, hemos sido ofendidas, maltratadas y defraudadas. La naturaleza de nuestra carne es actuar contra los preceptos y mandamientos de nuestro Dios; pero qué bueno es Dios, que a través de Jesús y la ayuda de su Espíritu Santo, quien nos instruye, nos capacita e intercede por nosotras con gemidos indecibles ante Él, nos acompaña en cada etapa de la vida, y más aún cuando el deseo de nuestro corazón es hacer su voluntad y agradarle.

Debemos ser intencionales y tener la capacidad de compadecernos ante el sufrimiento de los demás, aliviándoles dentro de nuestras posibilidades, ayudando a vendar las heridas del afligido sin importar qué me hizo, quién es o cómo se ve, teniendo siempre un corazón perdonador y misericordioso, ya que seremos bienaventuradas, y por su gracia y favor alcanzaremos misericordia (Mateo 5:7).

Sigamos el consejo dado por un padre a su hijo:

“Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón; y hallarás gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de los hombres” (Proverbios 3:3-4).

Julissa García

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