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05 de Noviembre de 2019

Decisiones económicas empujadas por mi corazón

Por  Magdalena Enez de Núñez

¡Decisiones económicas empujadas por mi corazón! ¡Qué tema de tanto peso y envergadura!

El hombre natural, como lo llama la Biblia en 1 Corintios 2:14, al leer este título, diría: “¡Wao! ¡Qué hermoso! ¡De seguro que esto se corresponde con un buen corazón, noble y dadivoso!”

¡Puede que sí!   ¡Puede que no! Porque en toda decisión, sea económica o de cualquier otra índole, debemos tomar en cuenta lo que la Palabra de Dios establece y afirma.

Veamos cuáles son algunas de las directrices o principios dados para el creyente en Cristo y su Palabra:

✔    ¿Qué nos viene a la mente al hablar de decisiones económicas? ¿Grandes transacciones e inversiones, o las pequeñas del día a día?

Sea cual sea, no es cosa simple, pues todo cuanto hagamos tiene que estar sometido al señorío de Cristo y a Su Palabra. Debemos preguntarnos, entonces: ¿El Señor las aprueba?, ¿Las cuestiona?, ¿Las prohíbe totalmente?

Recordemos que todo lo que hagamos debe ser para su gloria y honra (1 Corintios 10:31), y en su nombre, dándole gracias (Colosenses 3:17). Cada decisión debe ser tomada con sabiduría, aplicando correctamente la Verdad de Su Palabra.

Suponiendo que decidamos invertir en una casa nueva, una finca u otra cosa de gran alcance, lo pertinente sería que antes de hacerlo, hayamos reflexionado mucho, orado lo suficiente ante el Padre (Mateo 7:7-8), buscado el consejo oportuno (Proverbios 11:14), y haber evaluado los recursos disponibles a mediano y a largo plazo, hasta preguntarse si se tendría la capacidad y la seguridad de hacerle frente a dicha transacción o compra. En una oportunidad, el Señor Jesús hablando sobre el costo del discipulado, dijo: “porque, ¿quién de vosotros deseando edificar una torre, no se sienta primero y calcula el costo, para ver si tiene lo suficiente para terminarla? No sea que cuando haya echado los cimientos y no pueda terminar, todos los que lo vean comiencen a burlarse de él” (Lucas 14:28-29). Creo que esta enseñanza es válida; no podemos decidir a la ligera. Ahora bien, ¿podemos incluir también en esto a las decisiones más pequeñas, del cotidiano vivir? ¡Por supuesto! Hay personas que no pueden contraer deudas, ya que su presupuesto no se lo permite. Cada quien debe ajustarse a su posibilidad, para no quedar en vergüenza ante Dios, y ante los hombres.

✔    ¿Estás “empujada por tu corazón?”

El corazón es de vital importancia en todo y para todo; se ha hablado tanto del corazón: “el centro de la naturaleza humana, el asiento de las emociones y la voluntad”. Debemos someter nuestro corazón al señorío de Cristo para evaluarlo. Leemos en Jer.17:9 “es engañoso y sin remedio; ¿quién lo comprenderá? Partiendo de esta premisa ya estamos mal, pues no hay la certeza de que tomaremos las decisiones correctas en cuanto a lo económico en este caso.

Debemos hacernos las siguientes preguntas:

¿Qué hay en el corazón, que nos empuja a decidirnos incorrectamente en esta área? Cristo no está en el trono de nuestras vidas! De primer plano, aunque seamos creyentes, domina nuestra carne o no nos hemos rendido a Su Señorío (Romanos 8:1-8).

¿Qué nos mueve entonces?:

  • El orgullo, el egoísmo, el egocentrismo; somos idólatras de nuestro Yo; estamos sentadas en el trono de nuestras vidas y buscamos gratificarnos, exaltarnos; levantarnos por encima de los demás, dejando a Dios de lado. (Salmo 138:6; Isaías 57:15; Salmo 101:5b; Santiago 4:6). Buscamos nuestra propia gloria y perdemos la cabeza embarcándonos en cosas que no podemos sobrellevar.
  • La envidia: “sentimiento de molestia por el bien ajeno, porque otro tiene algo que deseamos nosotros”. Esta lleva a la “competencia” por todo y en todo, a sobrepasar al otro a como dé lugar. Trae consigo el odio, la simulación, el deseo de destruir, de cualquier manera y en cualquier área. La Palabra la define como “carcoma a los huesos o podredumbre de los huesos” (Proverbios 14:30). ¡Es mortal y asesina! ¡Tiene que anular al otro, y tener más que él!
  • La autoestima baja: Nos sentimos inferiores y queremos alcanzar algún estatus, cayendo en decisiones económicas difíciles de cumplir luego, para hacer creer que somos importantes. Se nos olvida el lugar y las bendiciones que tenemos en Cristo (Efesios 1:3-6; Romanos 8:16-17).
  • La ostentación, la opulencia, la vanidad, la vanagloria de la vida, el amor al mundo y lo que está en él; estar en la palestra, brillar (1 Juan 2:15-17).

¿Qué buscamos?

  • Aprobación, aceptación, reconocimiento social, valoración; fomentar relaciones que pertenecen a otro nivel; seguridad. Por todo esto somos capaces de perder nuestra paz y nuestra vida; ¡nos olvidamos que, con Cristo y en Cristo lo tenemos todo! (Tito 2:11-14; 3:4-7; 1 Pedro 2:9-10).

¿Qué nos falta?:

  • Contentamiento, gratitud por lo que Dios nos ha dado y nos ha permitido tener en su soberanía. Él sabe qué nos da, y qué no nos da, y el por qué y el para qué. Todo coopera para bien (Romanos 8:28; Filipenses 4:11-12; 1 Timoteo 6:6-8); Proverbios 30:7-9 (La oración de Agur).
  • Mayordomía: Un mayordomo es “la persona que tiene la responsabilidad de administrar los asuntos de una casa que pertenece a otro. Pero por lo general, se habla entre cristianos para referirse a la buena administración de bienes materiales, el tiempo y los dones recibidos por el Señor”. Debemos disponer correctamente de lo que el Señor nos ha otorgado, pues todo le pertenece (Salmos 89:11; 1 Crónicas 29:11); y, además, estar pendiente de que algún día tendremos que rendir cuentas de lo que hicimos con ello (Mateo 25:14-30). Siempre habrá que hacer las cosas para el Señor y no para los hombres (Colosenses 3:23).

¿Qué debemos hacer?:

  • Rendirnos completamente al Señor. Sumergirnos en su Palabra. Renovar nuestras mentes por medio de ella para transformación (Romanos 12:1-2).
  • Pedir sabiduría de lo alto (Santiago 1:5; 3:17). Con un corazón rendido al Señor, nuestras decisiones económicas serán correctas, bien vistas por Dios mismo:
  • Ofrendar, diezmar; colaborar e invertir en la obra de Dios (2 Corintios 9:7-9). Ayudar a los pobres, a los necesitados, las misiones etc.

Magdalena de Núñez

Por la gran bondad y misericordia de Dios, su gracia me alcanzó y soy su hija desde el año 1983. Esposa de pastor, madre de tres hijos y abuela de seis nietos hermosos. Sirvo como diaconisa en la IBI; pertenezco al equipo de intercesión y colaboro con el programa “Mujer para la gloria de Dios”.

Recursos:

La Biblia de Estudio de las Américas; Nuevo Diccionario de la Biblia (Unilit).

“Vivir con Integridad y Sabiduría” escrito por el Pastor Miguel Núñez.

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