IBI top movil

bienvenido

donde estamos

En vivo

Sermones

Clases y Recursos

Vida en la IBI

La IBI ora

vision

Lo que ensenamos

Equipo Ministerial

Nuestra historia

05 de Noviembre de 2019

Tú no estás sola, ¡Cristo es tu Defensor y Guardador!

“Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como no sois del mundo, sino que yo os escogí de entre el mundo, por eso el mundo os odia” (Juan 15:19)

Nuestro versículo base del día de hoy nos habla de una realidad que cada vez está tomando más fuerza en nuestras vidas como cristianas. Si notas, en cada testimonio de un nuevo creyente, siempre encontrarás que una de las primeras cosas que pasan en su nueva vida es que sus amigos, familiares y cercanos se alejan de él. Esto no debe tomarnos por sorpresa a ninguna de nosotras en cualquier etapa de nuestra vida en que nos encontremos, pues como nos lo dice el versículo citado, el mundo nos odia porque no somos del mundo y hemos sido escogidas de entre el mundo. De hecho, creo que si llevas algún tiempo caminando con el Señor, habrás podido notar que a medida en que la imagen de Cristo va siendo más evidente en tu vida, estas luchas se van tornando más fuertes.

Se te hará familiar la situación de que muchas veces al llegar a lugares en los que nunca antes habías estado, y en donde no conoces a nadie, el solo hecho de tu presencia allí, causa incomodidad y rechazo hacia ti por parte de los presentes. Amadas, esto se debe a que eres portadora de la imagen de Cristo, apartada para Él y luz en medio de las tinieblas, cumpliéndose así lo que nos dice el Señor en Juan 15:19.

Pero hoy tengo buenas noticias para ti, las cuales ya conoces, pero que creo necesario que tú y yo las recordemos a diario, cuando nos enfrentemos al rechazo, ataque y burlas de quienes nos rodean. Ya hubo uno que vivió todo eso por nosotras en carne propia, experimentando incluso el abandono de su Padre Celestial: ¡Nuestro Señor Jesucristo!

Marcos 15:29-31 nos explica muy bien sobre el trato que recibió Jesús cuando estaba en la cruz: “Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: ¡Bah! Tú que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, ¡sálvate a ti mismo descendiendo de la cruz! De igual manera, también los principales sacerdotes junto con los escribas, burlándose de El entre ellos, decían: A otros salvó, a sí mismo no puede salvarse.”

Jesús experimentó, además de su angustia, soledad, abandono y desamparo. Mateo 27:46 nos dice que “alrededor de la hora novena, Jesús exclamó a gran voz, diciendo: ELI, ELI, ¿LEMA SABACTANI? Esto es: DIOS MIO, DIOS MIO, ¿POR QUE ME HAS ABANDONADO?” Las buenas noticias son que Jesús sabe lo que estamos pasando, Él conoce nuestro dolor, Él ve nuestras lágrimas, Él sabe lo que es el dolor de ser rechazado. Él, por amor a nosotras, pagó el precio más alto, que fue sentirse abandonado por su padre. Y todo esto para que tú y yo no tengamos que pasar ese dolor, y para que tú y yo nunca, nunca, nunca tengamos que estar solas en nuestras batallas.

Amadas, muchas veces nosotras podemos ver que nuestros angustiadores nos están venciendo, podemos sentir que las fuerzas no nos dan, podemos vernos tentadas a claudicar; nos encontramos desgastadas, cansadas y agobiadas al pensar que la ayuda no llega, que la prueba se prolonga por semanas, meses o años. Pero, aunque aún podamos sentirnos así, no olvidemos quién pelea por nosotras, quién dio su vida para rescatar la nuestra y quién nos amó tanto que pagó con su sangre el precio para ponernos en libertad.

La segunda cosa que nosotras debemos recordar en esos momentos difíciles es que en la Biblia podemos encontrar la dirección para saber cómo orar en todo tiempo. Un ejemplo de oración para momentos como esos en que se han levantado enemigos injustamente, lo podemos encontrar en la oración de David en el salmo 35. Y te invito a que lo leas completo varias veces y lo hagas tuyo.

David, al igual que tú y yo, fue perseguido injustamente, y en un momento de tanta desesperación en que se encontraba, como bien pudimos darnos cuenta al leer el salmo, él pide ayuda al único que podía ayudarlo y que había prometido hacerlo. En los versículos del 1 al 3, David clama a Dios para que luche contra los que pelean contra él: ¡Y ese es Jesús! Y le pide que le recuerde a su alma de donde viene su salvación. Y puedo decir que muchas veces en mi propia vida, necesito que se me recuerde precisamente de dónde y de quién viene mi salvación, y en quién está puesta mi confianza. Amadas, recordémosle a nuestra alma la maravillosa verdad de que no estamos solas, y en quien está nuestra esperanza.

En los versículos 4 al 8, David pide que sus enemigos sean confundidos, avergonzados y que el ángel del Señor los acose. Hermanas, al leer estos versículos nuestro corazón es recordado de que esta lucha no es tuya ni mía: ¡Es del Señor!, y que él pelea por nosotras; por eso David pide que sea el ángel del Señor quien los persiga. ¡No tomes la lucha en tus manos! ¡Apela tu defensa al Señor! Tu arma más poderosa en tiempos así es la oración; una Oración confiada en que tu defensor vendrá al rescate y que peleará por ti. También podemos ver como David no pedía castigos más grandes que la ofensa recibida. No dejes que tu corazón se llene con deseos de venganza, o que tu propio pecado te lleve a llenarte de odio (Romanos 12:19). Permite que el Señor obre de acuerdo con su justicia, la cual es realmente justa.

En los versículos 11 al 17, se nos dice que se levantaron testigos falsos, y cuando los leemos podemos sentir que David estaba viviendo lo que estamos pasando en este momento. Y qué grato es saber que nuestro amado Dios que conoce todas las cosas, permitió que el sufrimiento de alguien de la antigüedad nos ministre en nuestro propio dolor. Y es así, que al estar pasando por lo mismo que David vivió, me ha permitido en este momento estar escribiendo estas palabras, entendiendo lo que él pasó, y quizás tú que lees esta reflexión, al igual que yo, también estés viviendo la misma experiencia, o posiblemente la podrías vivir en un futuro. Todas estas cosas nos sirven de ejemplo y enseñanza, como dice la Palabra en 1 Corintios 10:11.

Amadas, lo más bello de todo esto es saber que nuestro Salvador murió en la cruz por nosotras, pasando por todos estos sufrimientos en su propia carne. Y que Él conoce nuestro dolor, Él lo sabe y Él lo ve. Y sobre todo Él responde por amor a Su nombre, por amor a Su Palabra y para Su Gloria, para que, al verlo obrar, seamos afianzadas en nuestra fe y para que muchos al ver su cuidado hacia nosotras, puedan venir a sus pies. Quizás no lo veas en este momento, pero tu vida está siendo de testimonio a esos que te persiguen.

En los versículos 20 al 28, seguimos viendo el clamor de David pidiendo la justicia divina. Y podemos ver cómo él pide que sea mirada su propia justicia, ya que él sabe que él ha sido justo, y que ha sido fiel al Señor en medio de su situación.

Amadas hermanas, este clamor va a ser una realidad en nuestra vida siempre, y cuando nuestra causa sea justa. Por lo cual debemos evaluar nuestras propias acciones. Debemos ser totalmente sinceras, no solo con el Señor, sino con nosotras mismas. Debemos estar seguras de que lo que nos está sucediendo no sea consecuencia por nuestro propio pecado, ya que Dios es justo, y no sólo va a juzgar las intenciones de los impíos, sino las nuestras también.

Algo que puedo testificarte, que ha sido siempre una fuente de fortaleza en mi propia vida, y lo pudimos ver en David en el versículo 28, es cantar y alabar a nuestro Señor (Hebreos 13:15). ¡Exaltemos el nombre del Señor en todo tiempo, aun en medio de la prueba! ¡Alabemos, allí cuando no ves las respuestas, y cuando las fuerzas se agotan, ¡porque recibiremos respuesta, y fuerza nueva cada día!

Una vez más mis amadas hermanas, la imagen de Cristo en la cruz, muriendo el justo por los injustos, dejando toda su Gloria para pagar el precio por pecadores indignos, debe hacernos recordar que Él es fiel, y nos ama; que dio todo para salvarnos, para justificarnos. Que esta verdad nos anime en los momentos de aflicción y nos lleve a analizar nuestras propias vidas, así como nuestro proceder en las pruebas.

Preguntémonos: ¿Demuestran nuestras acciones que confiamos en un Dios justo?

Aurita Gómez

Visto 322 veces