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Nuestra historia

14 de Enero de 2020

¿Buscamos entender la historia a través del plan de Dios?

Acordaos de las cosas anteriores ya pasadas, porque yo soy Dios, y no hay otro; Yo soy Dios, y no hay ninguno como yo, que declaro el fin desde el principio y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho. Yo digo: «Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré;» (Isaías 46:9-10).

Podemos afirmar que definitivamente para entender la historia es necesario conocer, o por lo menos tratar de entender, a pesar de nuestra mente finita, el plan de Dios. Si seguimos la historia que Dios nos dejó revelada, podríamos entender el plan redentor con la ayuda del Espíritu Santo, que, gracias a la obra de Cristo en la cruz, ahora mora en todos los que somos creyentes.

Dios mismo, desde el principio nos da pruebas indubitables, las cuales nadie puede negar, de que Él es Dios: “Acordaos de las cosas anteriores ya pasadas, porque yo soy Dios, y no hay otro; yo soy Dios, y no hay ninguno como yo,” (Isaías 46:9). Esto es refiriéndose a lo que Él hizo por su pueblo Israel desde el comienzo. Dios es el único que puede declarar el fin antes del principio.

Muchas de las profecías de la Escritura que fueron proferidas hace muchos siglos, es cierto que faltan aún muchas por cumplir, pero el cumplimiento de las ya realizadas es una garantía de que también las demás se cumplirán a su debido tiempo.

Para entender la historia del plan de Dios, creemos, que debemos ir a lo que está escrito desde el principio.  En el libro de Génesis capitulo 1, verso 31ª, leemos: “Dios vio todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera…” Esto significa que cada elemento creado era funcional, no había ninguna inexactitud, todo excelente, todo el entorno en el cual Dios puso a los primeros seres humanos era perfecto, había de todo lo bueno y diverso en la expansión de arriba, en las aguas abajo y en la tierra para deleitarse y vivir una buena vida, en completa paz y en gozo. Además, no era algo estático y aburrido, Dios le dio tareas al hombre:

“Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre” (Génesis 2:19).

Dios estableció la primera familia al crear una ayuda idónea para Adán, alguien que lo complementará y que contribuyera a la reproducción de toda la humanidad: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (Génesis 2:24).

Una de las cosas más perfectas de que gozaron nuestros primeros padres fue la de una comunicación íntima con Dios, hasta que, lamentablemente, decidieron desobedecer al mandato de Dios, y entró el pecado, “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto” (Génesis 3:8).

He leído y releído estas porciones del libro de Génesis por muchos años, y siempre me lleno de nostalgia al pensar en ese hermoso y perfecto lugar creado por Dios para vivir una buena vida; se llena mi imaginación de la belleza perfecta y de la excelencia de nuestro Dios; pienso que, a usted, mi hermana, de seguro le pasa igual. ¿Por qué? Por lo que leemos en esta porción en Eclesiastés 3:11: “Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin”

Otra vez leemos que Dios hizo todo correcto en el tiempo apropiado, nada sucede por el azar o un destino ciego, sino por la voluntad y perfecto plan de nuestro sabio y eterno Dios

En cada corazón humano Dios ha puesto el sentido de que hay una eternidad, esta es la clave para entender que las cosas temporales no pueden traernos satisfacción en modo alguno. Todos los hombres somos mortales debajo del sol, y aunque muchos lo quisieran negar, en su corazón hay un entendimiento, si se puede decir así, de que hay algo mucho mejor de lo que vivimos en este mundo caído, con tanta corrupción y maldad, y que además vivirá para siempre en algún lugar.

Toda la corrupción se inició en Génesis 3; ya la vida de los seres humanos nunca más sería igual, ni hermosa ni perfecta, y con ello todo el planeta se corrompió igualmente; vergüenza, miedo y terror es lo que se vive; ya la tierra no produce esos árboles frutales, plantas comestibles para personas y animales, ahora la tierra les da cardos y espinas; ya el hombre no puede sojuzgar a los animales, estos se devoran unos a otros, y los mismos humanos se destrozan unos a otros igualmente, no hay respeto a la imagen y semejanza de Dios, porque la humanidad completa se atestó de toda injusticia, maldad, avaricia, de malicia; se colmaron de envidia, homicidios, pleitos y engaños, son chismosos y la lista es bien extensa (Romanos 1:29)

Ahora bien, Dios no nos deja ahí; en su plan perfecto había ya determinado un salvador, “el segundo Adán, el hombre perfecto” Dios mismo encarnado. Leemos por primera vez acerca de la promesa del Salvador en Génesis 3:15 “Y pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; él te herirá en la cabeza, y tu lo herirás en el calcañar.”  

Definitivamente no podemos entender la historia, a menos que nos centremos en el plan de redención de nuestro Dios en plena certidumbre de fe, es la única forma.  

Yo soy el Señor, y no hay ningún otro; fuera de mí no hay Dios. Yo te ceñiré, aunque no me has conocido, (Isaías 45:5).

Desde el capítulo 41 al 46, Isaías está profetizando, 100 años antes, acerca Ciro de quien se dice fue escogido por Dios para liberar a Israel del cautiverio de Babilonia.

Podemos concluir con lo siguiente:

No hay otro Dios, como el creador de todas las cosas, esa es la verdad fundamental a la cual todos los creyentes debemos aferrarnos; Dios nos escoge desde antes de nacer; Jehová Dios es el Señor de todo y de todos y nada es ni ha sido hecho sin Él.

Toda la Biblia es la narración de la historia de la redención, de ese plan perfecto de Dios que es difícil de entender; solo por fe es posible discernir lo que Dios nos ha dejado escrito (Deuteronomio 29:29). Gracias a Dios por su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que vino en carne para revelarnos a Dios. ¡Él es sin duda el MESÍAS o el UNGIDO prometido y muy esperado! (Is. 61: 1-3; Lc 4: 16-21; Jn 4: 25- 26; Mt 16: 13- 17).

Leamos, justamente, lo que nos dice el escritor de Hebreos sobre el Hijo de Dios encarnado, enviado por el Padre para nuestra salvación:

“Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, 2 en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo. 3 Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra de su poder. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”, (Hebreos 1:1-3).

¡La historia de la redención es maravillosa!

 

¡Dios les bendiga!

 

María del Carmen Tavárez

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