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03 de Febrero de 2020

¡De la pascua a la Cruz!

“puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios.” (Hebreos 12:2)

La Biblia es una historia grande sobre el reino de Dios con su culminación en la persona y obras de Jesucristo; entonces cuando leemos cualquier pasaje, estamos buscando donde se encuentra Jesús o qué lo representa. Desde Génesis 3:15, cuando Adán y Eva pecaron en el huerto del Edén por oír a satanás y desobedecer la voz de Dios y su mandato, el SEÑOR puso en marcha su gran plan de redención para el hombre, el cual desde ese momento es considerado separado de Dios y muerto espiritualmente. Dios Maldice la serpiente, pero de una vez decreta la victoria de un Redentor sobre ella y que la vencería: ”Y pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; él te herirá en la cabeza, y tú lo herirás en el calcañar” Luego, siguiendo con los hechos de Génesis 3, y después de decir a Adán y a Eva lo que les correspondía por haber pecado, y antes de echarlos del huerto, leemos en el versículo 21: "Y el SEÑOR Dios hizo vestiduras de piel para Adán y su mujer, y los vistió” Esto nos indica que hubo sacrificio de un animal para poder vestirlos, y además derramamiento de sangre para cubrir su pecado. ¡Esto simboliza desde ya al Cordero sustituto que nos redimiría!

Dios sigue su trato con en el hombre de tantas maneras y en diferentes circunstancias, haciendo pacto con él, y llega el turno del llamado a Abram, padre de la fe; lo saca de una nación idólatra, y le promete llevarle a una nueva tierra, que Él le mostraría, que haría de él una nación grande, le bendeciría, engrandecería su nombre y sería de bendición (Génesis 12:1-2). De los lomos de Abraham, después de tantos portentos, milagros y maravillas de parte de Dios, nace un pueblo grande como le fue dicho por el SEÑOR, el pueblo hebreo. “…el SEÑOR tu Dios te ha escogido para ser pueblo suyo de entre todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra. El SEÑOR no puso su amor en vosotros ni os escogió por ser vosotros más numerosos que otro pueblo, pues erais el más pequeño de todos los pueblos;” (Deuteronomio 7:6-7). Como vemos, Dios escogió este pueblo para glorificarse en él.

Con el pasar del tiempo, Jacob hijo de Isaac, nieto de Abraham, tuvo 12 hijos, los patriarcas de Israel, y por celos entre estos hermanos, José es vendido como esclavo por veinte piezas de plata, y es llevado a Egipto. Allí pasó por tantas tragedias, pruebas fuertes, hasta la cárcel sufrió, pero Dios estaba con él, y le daba gracia. Hasta que llegó el día en que pudo descifrar los sueños de Faraón, pues Dios le otorgó esa facultad, y fue eso lo que lo llevó de la prisión al palacio. Fue puesto en eminencia. Se le nombró gobernador de todo Egipto por su prudencia y sabiduría, dadas estas por Dios mismo. Siendo previsor libró a Egipto de una gran hambruna.  Es en ese momento histórico del hambre extendida sobre la faz de la tierra que su familia hebrea es llevada a Egipto. Pero luego de la muerte de José, todos sus hermanos, y toda aquella generación, “se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no había conocido a José” y tuvo temor de él por ser fuerte y numeroso, y lo oprimió, buscó destruirlo, hasta mandar a las parteras que asistían a las hebreas a que mataran a los bebés que fueran varones (Éxodo 1). Fue en esas circunstancias que nació Moisés.

Como sabemos el pueblo hebreo estuvo más de 400 años como esclavo en Egipto. Ellos gemían a causa de su servidumbre y Dios oyó su gemido; se acordó del pacto que hizo con Abraham, Isaac y Jacob; quiso librarlos de manos de los egipcios. Es así que Él decide comisionar a Moisés para que los sacara de allí. Moisés, hijo de hebreos, quienes ante la persecución del Faraón tuvieron que lanzarlo en una canasta al río Nilo para salvarlo, fue rescatado precisamente por la hija de Faraón; ésta, por insinuación de Miriam la hermana de Moisés que vigilaba el paradero del niño, lo entrega a su propia madre para que se lo criara; después que creció fue llevado al palacio, fue recibido como su hijo y lo educó conforme a toda la cultura y sabiduría de los egipcios. Moisés ya grande, conociendo sus orígenes, no se avergonzó de su pueblo, y un día tuvo que defender a un hebreo que era maltratado por un egipcio y lo mató. Este hecho fue descubierto, y al enterarse faraón, lo quiso matar a su vez, y Moisés huyó a la tierra de Madián. Después de tantos años el SEÑOR lo llama para que cumpla su propósito de liberar a su pueblo. Luego de tantas conversaciones entre Dios y él, excusas, argumentos, y manifestaciones de poder de parte de Dios, Moisés decide obedecer al SEÑOR para ir a enfrentar al Faraón en compañía de su hermano Aarón, quien sería su boca, ya que había aludido que no sabía hablar (Éxodo 2-4). El mandato del SEÑOR era: “Deja ir a mi pueblo para que me celebre fiesta en el desierto” (Éxodo 5:1b).

Faraón no quiso oír la voz de Dios; cada vez más su corazón se endurecía y Dios tuvo que enviar juicio a través de plagas; luego de ocurrir nueve plagas sin ningún resultado, Dios anuncia a Moisés que la décima plaga sería la definitiva, y que después de esa los dejaría ir, y que los echaría, y así se cumplió (Éxodo 11:1). Esta sería la plaga de la muerte de todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el del Faraón hasta el de la sierva, y del ganado (Éxodo 11:4-7).

Es justo en el capítulo 12 de Éxodo donde encontramos las instrucciones que Moisés recibió de parte de YAHWEH sobre lo que tenían que hacer antes de que pasara el ángel de la muerte, para protegerlos, y que este ángel no tocara ninguna de las casas de los hebreos. Este pasaría “por encima”, pero los primogénitos de los hebreos estarían a salvo. Es aquí donde se instituye la Pascua. Pascua en hebreo se dice “PESAJ”, y significa “PASAR SOBRE”. El día diez de ese mes se tomaría un cordero, según sus casas paternas; guardarlo hasta el día catorce; debía ser macho sin defecto, de un año; sacrificarlo al anochecer; luego tomar parte de su sangre y ponerla en los dos postes y en el dintel de las casas donde lo comieran. Debían comerse la carne esa misma noche, asada al fuego, con pan sin levadura y con hierbas amargas; con los lomos ceñidos, las sandalias en los pies y el cayado en la mano, “lo comeréis apresuradamente. Es la pascua del SEÑOR” (Éxodo 12:1-8, 11).

Las instrucciones fueron bien especificas porque tenían significados divinos: “El cordero será un macho sin defecto, de un año” (Éxodo 12:5), significando la juventud y pureza de Jesús al morir; “toda la asamblea de la congregación de Israel lo matará al anochecer” (Éxodo 12:6), significando que todos hemos pecado y necesitamos un intercesor; “Y tomarán parte de la sangre y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas donde lo coman” (Éxodo 12:7), significando que tenemos que hacer una decisión y aplicar la sangre de Cristo a nuestra vida para que la salvación será efectiva, “porque esa noche pasaré por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, tanto de hombre como de animal; y ejecutaré juicios contra todos los dioses de Egipto. Yo, el SEÑOR," significando que nuestra salvación es una decisión de Dios y exclusiva a aquellos que ponen su fe en Jesucristo, "Y la sangre os será por señal en las casas donde estéis; y cuando yo vea la sangre pasaré sobre vosotros, y ninguna plaga vendrá sobre vosotros para destruiros cuando yo hiera la tierra de Egipto." (Éxodo 12:12-13), significando que Dios ha provisto solamente un camino hacia la salvación, exclusivamente a través de la sangre de nuestro Redentor. Aunque antes de la cruz el significado de Génesis 3 fue velado, con la culminación de Su muerte, resurrección, y la morada del Espíritu Santo, el plan divino, formado antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4) fue revelado. La Pascua apuntaba hacia una gloriosa realidad, como no hay perdón sin derramamiento de sangre (Hebreos 9:22), Jesucristo, El Cordero de Dios y nuestro Gran Salvador hizo lo que fue imposible por nosotras, vivió una vida perfecta y luego murió en nuestro lugar. “Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El” (2 Corintios 5:21). Como la deuda fue saldada, el velo que separaba El Lugar Santísimo del resto del templo fue rasgado en dos, de arriba abajo, significando que la separación ente Dios y el hombre terminó, y por tanto podemos acercarnos “al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna” (Hebreos 4:16).

¿Qué haremos entonces con esta gran verdad? ¿Estamos viviendo conscientes de la bondad de Dios en nuestras vidas? Jesús derramó Su sangre no solamente por nuestros pecados pasados, sino por los presentes y los futuros (1 Pedro 1:18-19). Debemos venir a Su presencia todos los días estudiando y meditando en Su Palabra; orar y pedir perdón por el pecado que nos asedia cada día (1 Corintios 5:7; Hebreos 12:1-2).

¡Que El Señor nos ayude a vivir vidas que le honren, y a ver qué bondad tan hermosa tenemos de parte de Él, al tener asegurada la vida eterna, porque por Su gracia y misericordia nos escogió como Sus hijas sin merecerlo!

Liliana Llambés

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