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06 de Junio de 2020

Un pacto nuevo, superior y de verdadera libertad

“Pero ahora Él ha obtenido un ministerio tanto mejor, por cuanto es también un mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas”

(Hebreos 8:6)

 

El libro a los Hebreos fue escrito para aquellos Judíos conversos al cristianismo, paraadvertirles de los peligros de no continuar progresando en su vida cristiana y animarlos a no abandonar su Fe. Por motivo de las aflicciones que sufrían, las persecuciones que enfrentaban, y por la aparente demora de la venida del Señor, ellos fueron tentados a volver al judaísmo, a la adoración en el templo por medio de los sacerdotes, sacrificios de animales, quema de incienso, y otros rituales, es decir, estaban retomando el viejo pacto basado en la Ley y las obras de los hombres para la limpieza y expiación de los pecados. Era un sistema incompleto y defectuoso, resultado de la incapacidad del pueblo de cumplir con su parte del pacto. Debido a Su amor y Su promesa de reemplazar estas demandas del pacto mosaico, Dios eliminó el antiguo pacto e hizo el "nuevo pacto”, basado en Gracia y Fe en Su Hijo y Su sacrificio en la Cruz.

Entonces podemos ver que en capitulo 8 de la epístola se destaca la superioridad de Jesús: "Pero ahora Él ha obtenido un ministerio tanto mejor, por cuanto es también un mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas" (Hebreos 8:6).

En otras palabras, tenemos un mejor sacerdote, “el Gran Sumo Sacerdote”, mejor que los ángeles y profetas, mejor que Moisés y Aarón, pues Él está vivo y habita en el verdadero santuario celestial donde intercede por nosotras continuamente. Es un sacrificio mejor, porque siendo perfecto, sin pecado se ofreció a Sí mismo una vez y para siempre. Su sangre es mejor que la sangre de toros y machos cabríos, que nunca podría quitar el pecado. El Padre lo envió en propiciación por nuestros pecados; al derramar Su sangre, quitó el pecado de una vez por todas, sentándose a la diestra de Dios (Juan 1:29; 1 Juan 2:2; 4:10b; Hebreos  9:11-12, 26b; 10:12). Según los términos del nuevo pacto, nos prometió redención por nuestros pecados y recibir el don de la salvación. El antiguo pacto fue escrito en tablas de piedra. El nuevo pacto está escrito en nuestros corazones, siendo posible por la venida del Espíritu Santo, como fue profetizado que moraría en todos los que tienen fe, enseñándoles y ayudándoles a seguir sus mandamientos. (Ezequiel 36:27, Joel 2:28-29; Hebreos 8:7-12).

En base a esta superioridad es que somos exhortadas como a los Hebreos, a la fiel perseverancia. Jesús es la revelación final de Dios, de la cual apuntaba el Antiguo Testamento, siendo como una sombra del nuevo pacto y sus promesas.

¡En Cristo tenemos Verdadera Libertad!

“Entonces, hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús, por un camino nuevo y vivo que Él inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, su carne, puesto que tenemos un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificadode mala conciencia y nuestro cuerpo lavado con agua pura” (Hebreos 10:19-22).

Ciertamente, nosotras como creyentes del nuevo pacto tenemos más libertad que los creyentes del antiguo para acceder a la presencia de Dios, por cuanto Cristo es mediador de un mejor pacto fundamentado en mejores promesas.

En el Antiguo Testamento, solo el Sumo Sacerdote tenía acceso al lugar más sagrado del tabernáculo. Allí hacía expiación por sus pecados y por los del pueblo. La muerte de Jesús cambió todo eso. Por su sacrificio se rasgó el velo que dividía el Lugar Santo del Lugar Santísimo (Mt 27: 50-51a). Él derramó su propia sangre en expiación por nuestros pecados. Él mismo cargó nuestra culpa y nos abrió el camino para poder acceder libre y directamente a Dios Padre. Ya no necesitamos hacer más sacrificios o ritos.

Tanto para judíos como para gentiles, Cristo, el Cordero de Dios, ¡es suficiente! “…conforme al propósito eternoque llevó a cabo en Cristo Jesús nuestro Señor, en quien tenemos libertad y acceso a Dios con confianza por medio de la fe en Él." (Efesios 3:11-12).

¡Vivamos en la libertad que Cristo ganó por nosotras!

En Jesús tenemos libertad tanto del yugo del pecado como de tener que cumplir con toda la ley del Antiguo Testamento. No hay nada que podamos hacer para ganar el favor ni el perdón de Dios. Somos salvas solo por Su gracia (Efesios 2:8-9) y solo el sacrificio de Cristo nos trae verdadera libertad. Juan 8:36 dice: "Así que, si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres.”

Sólo Cristo traspasó los cielos, humillándose, tomando forma humana para hacerse sacrificio, el mejor de todos, entregando su propio cuerpo como ofrenda hecha una vez y para siempre, para librarnos de la condenación y hacernos herederas de una nación eterna y santa. Jesús es el Sumo Sacerdote, el mejor de ellos, haciendo un mejor pacto, otorgándonos mejores promesas, intercediendo a favor de nosotras ante el Padre.

Demos gracias a Dios porque por Él es que somos realmente libres. Ninguna otra libertad se compara con la que él nos concede. ¡Vivamos vidas que reflejen esa gratitud! Aprovechemos este gran privilegio, y acerquémonos a su trono. Dejemos que su gozo y amor se reflejen en nuestras vidas para que podamos impactar a otras, animándolas   a buscar la verdadera libertad en Jesús.

 

 

Odrys Quéliz

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