IBI top movil

bienvenido

donde estamos

En vivo

Sermones

Clases y Recursos

Vida en la IBI

La IBI ora

vision

Lo que ensenamos

Equipo Ministerial

Nuestra historia

20 de Julio de 2020

¿Dejarías TODO por seguir a Cristo?

"¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad hacia Dios? por tanto el que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios" 

(Santiago 4:4)

En mis años de colegio solía tener amigas muy cercanas, pero siempre había una a la cual era muy unida, era como la más afín conmigo y con la que más me identificaba. Una vez estando en la iglesia una persona me preguntó si tenía una mejor amiga, y le dije que sí; luego me preguntó si era cristiana, y le dije que no. Por esto me cuestionó, y me dijo: ¿“Cómo es que siendo cristiana tienes una mejor amiga que no lo sea?; que eso era yugo desigual”. Esas palabras me dejaron pensando y me impulsaron a buscar entender qué sería “el yugo desigual,” y a qué se refiere nuestro Dios cuando habla de “la amistad con el mundo”.

¿Qué es yugo desigual? En 2 Corintios 6:14 se nos dice: “no estéis unidos en yugo desigual con los incrédulos, pues ¿qué asociación tienen la justicia y la iniquidad? ¿o qué comunión la luz con las tinieblas?  ¿o qué armonía tiene Cristo con Belial? ¿o qué tiene en común un creyente con un incrédulo?”.

Es bueno establecer que hay dos tipos de personas: Los que están en Cristo (que han nacido de nuevo) y los que no (incrédulos), aquellos que no creen y que tienen falta de fe. De acuerdo al versículo, su palabra nos dice “no estéis unidos en yugo desigual con los incrédulos; en ese sentido los creyentes no deben asociarse voluntariamente ni estar en intimidad con los incrédulos, porque tales compañías pueden influenciar negativamente su relación con Dios.  Eso incluiría sociedad en los negocios, citas amorosas, matrimonio y amistades íntimas. Más bien, debemos unirnos con ellos principalmente para mostrarles el camino de salvación.

Sin darnos cuenta en nuestro transitar por el mundo, nos involucramos en tantas cosas en el día a día, que perdemos el verdadero enfoque del para qué fuimos creados los hijos de Dios y nuestra misión y finalidad en esta tierra. Nos apegamos tan rápido a las cosas materiales, a lo que hemos logrado; nos hacemos esclavas del físico, de la vanidad de la vida, que se nos dificulta entregarle el 100% de nuestra vida a Dios. En Marcos 10:17-31 Jesús se encontró con el joven rico, y éste le pregunta: ¿Qué haré para heredar la vida eterna? A lo que Jesús le responde: “Tú sabes los mandamientos”, y el joven rico dice: “Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud”. Entonces Jesús ya conociendo cuál era su debilidad, lo que estaba constituyendo el primer lugar en su vida y a lo que se había aferrado, le dice: Una cosa te falta: “ve y vende cuanto tienes y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; entonces vienes y me sigues”, pero él afligido por estas palabras, se fue triste, porque era dueño de muchos bienes.

Esta es una historia en la Biblia, donde Jesús destaca un ejemplo que refleja el sentir de la carne en relación a dejarlo todo por Él. Lo del joven rico eran las riquezas, ¿pero a qué nos estamos aferrando nosotras?, ¿cuáles serán los ídolos de nuestro corazón?; ¿qué es eso a lo que todavía no estamos dispuestas a renunciar para seguir a Cristo?

¿Estamos dispuestas a dejarlo todo para servir a Cristo?

En Santiago 4:4, la Palabra nos dice “No sabéis que la amistad del mundo es enemistad hacia Dios? por tanto el que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios." Me gustaría explicar a qué se refiere el versículo con la palabra “mundo”. Con frecuencia esta palabra hace alusión al sistema de esta época que Satanás promueve y que existe independiente de Dios. Se evidencia en los placeres malos, inmorales y pecaminosos, en la relación con toda empresa humana que no se ha sometido al señorío de Cristo. La amistad con el mundo comprende la aceptación del pecado, de los valores y de los placeres carnales (Gálatas 5:19-21). Dios no acepta esa amistad; es imposible amar al mundo y al Padre al mismo tiempo (Mateo 6:24). Amar al mundo significa estar en íntima comunión con los valores, intereses, métodos y placeres del mundo y estar entregados a ellos, complacerse en lo que ofende a Dios y se opone a Él, a tal punto que nos constituimos en sus enemigos.  Dios es un Dios celoso y no admite competencia alguna; exige fidelidad y lealtad (Santiago 4:5; Éxodo 20:4-6; 34:14).

Pregúntate a manera de reflexión: ¿En qué áreas de mi vida puedo identificar que estoy amando más las cosas del mundo que a Dios? ¿Qué es aquello a lo que sin darme cuenta recurro y dedico más tiempo, y se ha convertido en mi prioridad? Enumeraré una lista de algunas áreas:

a) Amistades: Me he dado cuenta de que tengo amistades que no me llevan a Cristo, y me llevan hacer cosas que no agradan a Dios. Debo considerar alejarme de ellas.

b) Sitios a los que frequento: Sitios a los que frecuento. Esos lugares, a los que asisto, ¿prima la exaltación a Dios o alimenta mis deseos carnales de inmoralidad, sensualidad y borracheras?

c) Conversaciones: ¿Si Dios estuviera escuchando lo que hablo se sentiría honrado?  ¿O nuestras conversaciones están llenas de chisme, murmuración y palabras deshonestas?

d) Trabajo: ¿En mi trabajo doy testimonio de que Cristo vive en mí o soy igual que los no-cristianos? ¿Hago todo por conservarlo no importando lo que me cueste?  

e) Hábitos: ¿Los hobbies, deportes, hábitos alimenticios van en consonancia con lo que Dios nos ha establecido en su palabra?  ¡Debemos adoptar aquello que le da honra, ya que mi cuerpo es templo del Espíritu Santo! (1 Corintios 6:19).

f) Redes sociales: ¿A quiénes sigo en mi Instagram y Facebook? ¿Personas que publican contenidos que me edifican? ¿Hermanos en Cristo cuyo trabajo da testimonio de que en cualquier profesión o talento pueden ser puestos para la gloria de Dios?  ¿O personas cuyo contenido va en contra de los principios y valores cristianos? 

Amadas, pidamos al Señor para que  su Espíritu Santo  nos  ayude  a despojarnos de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, poniendo los ojos en Jesús (Hebreos 12:1-2), y que  ilumine aquellas áreas que no hemos podido rendir a Cristo, que están interfiriendo en nuestra relación con Él, que no nos dejan seguirlo a plenitud;  dejando que su Palabra que es viva y eficaz, penetre el alma y el espíritu y sea poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones  de nuestro corazón (Hebreos 4:12), renunciando a nuestros propios  intereses y ambiciones, metas e ideas, y ponerlas a los pies de Cristo. Que nuestro deleite sea su presencia, buscando la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Hebreos 12:14). No olvidemos que No somos de este mundo y que en el mundo somos extranjeras y peregrinas (1 Pedro 2:11).

Reconozcamos la obra grandiosa que Jesús hizo a nuestro favor, ofreciéndose a sí mismo como sacrificio vivo, derramando su sangre en la cruz del calvario, quitando  nuestros pecados de una vez y para siempre, obteniendo así eterna redención; constituyéndose en el mediador del nuevo pacto, el definitivo, y con su propia sangre entró al cielo mismo, para presentarse en la presencia de Dios por nosotras, y  desde allí, como nuestro único y eterno Sumo Sacerdote intercede ante el Padre por nosotras y nuestras necesidades. Además, tenemos la promesa de su segunda venida “sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan” (Hebreos 7:25, 27; 4:14-16; 9:14-15, 23-28; 10:10, 14; 1 Juan 3:2).

Por la gracia de Dios y por la fe disfrutamos de las bendiciones del nuevo pacto, pero asimismo, somos llamadas a vivir radicalmente bajo el señorío de Cristo, sin ambigüedades, separadas del mundo, creciendo y caminando en santidad, por la esperanza que tenemos en Él de su regreso por su pueblo escogido, para llevarlo a morar junto a Él por la eternidad. (Efesios 2:8-9; 1 Juan 3:3; 2:15-17; Tito 2:11-14; Filipenses 3:20-21).   

“Por tanto, ceñid vuestro entendimiento para la acción; sed sobrios en espíritu, poned vuestra esperanza completamente en la gracia que se os traerá en la revelación de Jesucristo” (1 Pedro 1:13).

Julissa García

Visto 384 veces