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15 de Octubre de 2020

Moisés, un ejemplo de la fe bíblica

“Desde entonces no ha vuelto a surgir en Israel un profeta como Moisés, a quien el SEÑOR conocía cara a cara, nadie como él por todas las señales y prodigios que el SEÑOR le mandó hacer en la tierra de Egipto, contra Faraón, contra todos sus siervos y contra toda su tierra, y por la mano poderosa y por todos los hechos grandiosos y terribles que Moisés realizó ante los ojos de todo Israel” (Deuteronomio 34:10-12).

Hace unos días tuve la oportunidad de ver por segunda vez la historia de George Müller, quien fue un predicador y misionero ingles que vivió por los 1800s. Él dedicó su vida a ayudar a los huérfanos, construyendo hogares que los albergaban. Lo interesante de su historia es que él decidió vivir confiando en la providencia de Dios. Él creía que Dios podía proveerle absolutamente todo lo que necesitaran sus huérfanos sin tener que pedirle ni un centavo a ninguna persona o institución. Él dijo que sólo presentaría sus peticiones ante Dios y confiaría en que Él proveería. Y en la película narran cómo efectivamente él vivió así, y Dios lo honró contestando cada una de sus peticiones de manera sobreabundante, con lo cual pudo ayudar a miles de huérfanos hasta el último de sus días.

La vida de Müller fue un claro ejemplo de lo que nos dice la Biblia en Hebreos 11:1, “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Él vivió poniendo su fe en El Dios que sustentaba su fe. Él sabía que Dios es fiel y que podía caminar confiadamente por fe, aunque lo que vieran sus ojos fuera contrario y adverso.

 En la Biblia tenemos muchos ejemplos de hombres y mujeres que vivieron de esta manera, entre ellos tenemos a Moisés. Sabemos por la palabra, que, desde su nacimiento, Moisés recibió un legado de fe de sus padres al salvar su vida, ocultándolo durante tres meses, a causa del edicto del rey, quien había mandado a matar a todo varón hebreo que naciera, para evitar la multiplicación del pueblo, por temor a que se hiciera más fuerte, y prevaleciera sobre los egipcios.  Fue así que lo pusieron en una canasta bien calafateada y la colocaron entre los juncos a la orilla del río Nilo, vigilada por su hermana; y siendo encontrada por la hija del Faraón, que se bañaba en ese momento, lo rescató para sí, decidiendo criarlo como hijo suyo, poniéndole por nombre Moisés porque lo había sacado de las aguas (Hebreos 11:23; Éxodo 1:8-10, 15-16; 2:1- 10).

Moisés creció bajo las enseñanzas y costumbres egipcias, y cierto día vio a un egipcio golpeando a un hebreo, lo mató y lo escondió en la arena.  Al día siguiente presenció una riña entre hebreos y los reprendió, pero el culpable lo enfrentó, echándole en cara su crimen del día anterior. Y por temor porque Faraón lo iba a matar, huyó de su presencia y se fue a la tierra de Madián (Éxodo 2:11-15). Fueron muchos años vividos en esa tierra apacentando el rebaño de su suegro.

Y fue esa fe en el Dios Todopoderoso y eterno de la que hablamos al principio, la que le dio la fortaleza de carácter para caminar a través de las pruebas de su vida. En Hebreos 11:24-26ª leemos que Moisés tuvo que enfrentarse a una decisión trascendental en su vida, renunciar a todos los privilegios de los que hasta el momento había gozado en su vida. Pero anclado en su fe no le importó el precio que debía pagar. Muchas de nosotras cada día enfrentamos situaciones como éstas. Quizás no con las implicaciones que tuvo Moisés, pero en nuestras propias circunstancias puede que se sientan de la misma manera. Quizás en este mismo momento estés frente a decisiones en las que te sientes como que debes saltar al vacío, ver derrumbarse el castillo que te había costado tanto construir. No sé que forma tenga tu situación, pero lo que, si sé, es que, si tu confianza está puesta en Dios, ese salto será seguro y te llevará directo a sus brazos. El te sostendrá y no te dejará sola en ningún momento. No importa el precio, no importa que tan segura creas estar con lo que tienes frente a tus ojos. Si Dios te está pidiendo dejar algo, puedo decirte por experiencia propia y por el testimonio de la Palabra, que el Señor te llevará a puerto seguro. Quizás lo que obtengas no es lo que esperas; quizás lo que Dios tiene para ti tome tiempo en llegar, pero lo que si es cierto es que será lo mejor de Dios para tu vida.

La mayoría de las veces, tomar decisiones en nuestra vida no será tan fácil, como pensarlo y hacerlo. Llegar a este nivel de fe requiere primordialmente conocer al Dios en quien vamos a depositar nuestra confianza. Y esto solo se logra a través de la oración y la lectura de la Palabra. Solo a través de una relación cercana y profunda con Dios podemos aprender a vivir seguras en que sus promesas son fieles y verdaderas. Juan 16:33 nos recuerda que en el mundo tendríamos tribulación, pero que Él venció al mundo, que confiemos; en Él tendríamos paz. El sacrificio de Cristo en la cruz nos da la confianza y la certeza de que estamos en las manos del Dios que nos ama tanto, que no escatimó ni a su propio hijo. Hebreos 10:23 nos dice que Él es Fiel.

Sólo conociendo su Palabra podremos conocerle a Él; ver su actuar a nuestro favor producirá en nosotros la fe que movió a Moisés y a Müller a vivir por fe y no por vista. Por fe estos hombres cambiaron su manera de pensar y de actuar. Por su fe aprendieron a discernir la voluntad de Dios para sus vidas.  Su fe los movía: Hebreos 11:27 nos señala que Moisés, “Por la fe salió sin temor a la ira del rey, porque se mantuvo firme como viendo al invisible”. En tu situación actual quizás puedes sentir que el peso de las circunstancias te aplasta o que la prueba que enfrentas es más grande que tus capacidades. Posiblemente es una persona que te quiere hacer daño y que posee mayor influencia que tú. Recuerda que no importa quién esté contra ti, si Dios está contigo. El venció la muerte, Él pagó el precio por tu libertad; no te dejará batallando sola y te dará las herramientas para salir adelante, te mostrará cada paso que debes dar. En el versículo 28 vemos que Moisés “por la fe celebró la pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no los tocara.” El actuó confiado en que Dios los salvaría y así sucedió. Dios es el Dios de lo imposible. Y aunque nuestras situaciones nos parezcan tan difíciles, no son imposibles de solucionar para Dios. Reposa en su amor, deja tu carga en sus manos; con tu fe puesta en Él, y tú y los que te rodean podrán ver las maravillas del Dios en quien has creído.

Muchas veces nuestra fe, y el actuar de Dios en nuestra vida van a ser el testimonio que traiga a otros a los pies de Cristo. En el versículo 29 de Hebreos 11, tenemos un ejemplo de esto al ver cómo Moisés y el pueblo pasaron el mar Rojo como por tierra seca. Moisés siguió con su fe puesta en el Señor y pudo ver el mar abrirse en frente de sus ojos. Los mares abiertos para ti son testimonio a otros de que Dios es real y que nuestra fe tiene una base sólida, que es la palabra de quien nos ha prometido estar con nosotras cada día hasta el fin del mundo.

Pero como nuestra lucha no es contra sangre y carne, la mayoría de las veces nuestra naturaleza pecaminosa nos lleva a dudar, nos lleva a hacer cosas totalmente contrarias a lo que por fe creemos. Algunas veces, por ejemplo, tenemos todo el deseo de ir a la iglesia, pero cuando llega el momento decidimos mejor quedarnos en casa durmiendo, o quizás deseamos ir a predicarle a un vecino, y miles de pensamientos nublan nuestra mente, y terminamos no haciendo nada. Recordemos que la Biblia nos habla al respecto, en Gálatas 5:17, donde nos dice: “porque el deseo de la carne es contra el espíritu, y el del espíritu es contra la carne, pues estos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseas”. Sigue orando y pidiendo a Dios que aumente tu fe y tu dependencia de Él, y que tú mengües para que Él crezca.

Te invito a que reflexiones a la luz de los pasajes bíblicos que hemos estudiado: ¿Estás viviendo por fe o te mueve lo que ven tus ojos?, ¿qué tan dispuesta estás a sacrificar aquellas cosas que el Señor te está pidiendo?, ¿es tu vida un testimonio para otros del Dios en quién crees?, ¿está tu fe cambiando tu manera de pensar?

Y, por último, si te encuentras en una situación en la cual no sabes qué debes hacer. Ora y espera en Dios, mientras buscas en la Biblia el discernimiento y la fe para enfrentar y solucionar tus circunstancias actuales.

Imitemos a Moisés como ejemplo de fe bíblica: Actuó con carácter, con certeza y convicción, enfocado en la verdad de Dios; haciendo según su mandato y viviendo para Él. Tuvo el discernimiento para ver lo espiritual, lo que no se ve, esperar en ello; y no lo terrenal. Se movió por fe y no por vista.

Dio un buen testimonio de su fe. Su caminar fue diferente delante de los hombres, pero bien aceptado por Dios; tan aceptado, que forma parte de “La Galería de los Héroes de la Fe” de Hebreos 11.

Aurita Gómez

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