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12 de Noviembre de 2020

La información que remueve el temor

“He aquí.

Yo soy el SEÑOR, el Dios de toda carne,

¿habrá algo difícil para mí?”

(Jeremías 32:27)

 

Hace algunos años tuve la oportunidad de conocer una parte del Gran Cañón del Colorado. En el lado que pude visitar, hay construido un Skywalk (una pasarela suspendida en el aire), que te permite dar un paseo de unos 21 metros caminando sobre una especie de anillo con pasillo de vidrio, que mientras caminas, te permite percatarte de que lo estás haciendo a unos 4000 pies de alturas del fondo del cañón. 

A mi parecer, el costo de entrar a la atracción no sólo incluía la hermosa visita y la experiencia de “caminar en las nubes”, como ellos le llaman, sino también el poder presenciar las diferentes personalidades que se animaron a entrar. Algunos súper valientes, que hasta corren por la pasarela, se acuestan en ella, se quedan perplejos parados, mirando el paisaje, disfrutando del momento. Otros, igualmente paralizados, pero no por la belleza del paisaje, sino por el miedo, por el terror de ver que lo que los separa del fondo del cañón, es decir del precipicio, es sólo un vidrio. Algunos de ellos, minutos después, dan pasitos; poco a poco van perdiendo el miedo y se les ve caminar con más confianza. Otros, de los paralizados, deciden caminar agarrados del pasamanos porque le da la sensación de que no se van a caer. El resto de los que entraron se paralizaron; decidieron seguir paralizados, y unos con lágrimas, y otros con risa nerviosa, le dicen a su acompañante que no van a caminar.

¿Que si sentí miedo? ¡Claro!  Los que me conocen bien saben que las alturas no es lo mío. Pero la razón venció el temor; decidí caminar confiada en la información que se me había dado. Se me dijo que ese anillo soportaba unas 700 personas, y apenas había unas 50; es decir, que el peligro del peso no existía. Y entre otras cosas importantes que se me dijeron, se me informó que la construcción estaba diseñada para soportar un terremoto de magnitud de 8.0, vientos huracanados y lo más importante, que el grosor del vidrio era lo suficientemente grueso para no quebrarse. ¡La información educó mi mente y venció el temor!

Experimentar el temor es real, es de humanos, pero como dijo una vez mi pastor, “El temor es real, pero es irracional,” y si es real, es probable que en tiempos de pandemia o de pruebas, de inestabilidad económica, de fragilidad física, podamos sentir temor; humanamente es posible, y de seguro que en algún momento lo sentirás; de hecho, la Biblia tiene más de 365 referencias a la palabra temor o miedo. Dios conoce nuestra humanidad y nuestros sentimientos, pero a la luz de lo revelado en la Palabra, ese sentimiento es irracional. La Biblia nos informa acerca de Dios, de Su naturaleza, de Su carácter, de Sus propósitos para con nosotras y todas esas verdades informan nuestra mente y nos ayudan a caminar confiadas. 

¿Que nos dice la Biblia acerca de nuestro Dios?

• Que El Gobierna todo (Salmos 103:19).

• Que para Él no hay nada imposible (Jeremías 32:27).

• Que Él es el autor y consumador de nuestra fe (Hebreos 12:2).

• Que Él es quien sostiene el universo por la palabra de su poder (Hebreos 1:3)

• Que Él está en control de su creación, y por supuesto, en control de nuestras vidas (Mateo 6:24-34)

• Que todo lo que Él orquesta es para nuestro bien (Romanos 8:28).

• Que Nada nos podrá separar de su amor (Romanos 8:35).

Si leíste todo esto, te cuento que son solo porciones que han llegado a mi mente, en este breve momento, al detenerme y pensar en Dios, en su control y poder; por lo que te aseguro, que hay muchísima más información que La Biblia nos da, y esa Información educa la razón y nos ayuda a vencer el temor. 

La Palabra en 2 Corintios 5:7, nos dice que “por fe andamos y no por vista”. Si sientes temor o miedo en tu vida, pregúntate: ¿Qué tanto ha informado la Biblia mi mente? Leemos en Romanos 10:17, que “la fe viene del oír, y el oír, por la Palabra de Cristo”.  ¿Perseveras en la lectura de la Palabra?, ¿Te has preguntado qué tanto crees en esa información adquirida?, ¿Qué tan dispuesta está tu voluntad a caminar creyéndola?

Te animo a evaluar tu caminar; y si estás paralizada, te invito a dar pasos para vencer en Cristo. Quizás, al principio, tengas que agarrarte del pasamano; quizás tiembles un poco, pero da pasos hasta que puedas caminar valientemente; no te paralices, hay un vidrio grueso y fuerte debajo de tus pies que te sostiene. Puede que el terreno que vas a transitar luzca peligroso, pero tu Dios te sostiene; la presencia del Espíritu Santo en la vida del creyente lo sostiene, Él te tiene agarrada de Su mano, Su Palabra te guía por el camino seguro, y su amor, cuya máxima expresión fue desplegada en la cruz, te llevará salva al puerto.  ¡A nosotras solo nos queda confiar y caminar!

¿No has leído Hebreos 11?  Allí se nos habla sobre la fe y sus grandes héroes, por cuyo testimonio, fueron hallados dignos de pertenecer a esta Gran Galería, como ejemplo para la posteridad: “Ahora bien, la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella recibieron aprobación los antiguos” (Hebreos 11:1-2).

El escritor resalta en el mismo capítulo, que el tiempo le faltaría para contar sobre cada uno de ellos y de todo lo que hicieron por la fe (Hebreos 11:32-34).

Entre ese grupo está Barac, que ejemplifica precisamente al hombre que por su fe supera el miedo o como titulé mi reflexión “La información que remueve el temor”. Su historia está plasmada en Jueces 4 y 5, cuando Débora la profetisa juzgaba a Israel. Como el pueblo había vuelto a hacer lo malo ante los ojos del SEÑOR, lo vendió en manos de Jabín, rey de Canaán, quien lo oprimió por 20 años, Su poderío era grande. El pueblo clamó a su Dios por liberación. Por la palabra profética dada a Débora, Barac es llamado para llevarla a cabo. Ella le compartió todo el consejo de Dios, quien le aseguró que le entregaría en sus manos a Sísara, comandante del ejército de Jabín (v.1-7).

Al principio demostró temor cuando le respondió que él iría, si ella iba con él; pero que, si ella no iba con él, no iría (v.8). Su compañía le fue asegurada, pero le aclaró que el honor no sería para él, sino para la mujer a manos de quien Sísara sería vendido por el SEÑOR (v.9). Ella lo animó a levantarse, afirmada por la palabra recibida (v.14). Y él, luego de tener toda la información, se llenó de fe y de valor, cumpliendo con lo encomendado por Dios. El enemigo fue derrotado. El pueblo fue liberado. Ellos creyeron la Palabra del SEÑOR y actuaron en pos de ella. Y era Dios mismo quien iba delante en la batalla, poderoso; fue Él, el que lo hizo: “derrotó a Sísara con todos sus carros y todo su ejército, a filo de espada delante de Barac; y Sísara bajó de su carro, y huyó a pie” (v.15). Barac los persiguió, y todo el ejército de Sísara cayó a filo de espada; no quedó ni uno (v.16). ¡Dios es fiel a su Palabra! Se cumplió lo dicho en Jueces 4:9; Sísara murió en manos de una mujer llamadas Jael; se refugió en su tienda, y ella, con una estaca le traspasó las sienes (v.17-21). “Y el país tuvo descanso por cuarenta años” (Jueces 5:31). ¡Wao!

La grandeza de Débora y Barac queda demostrada al reconocer que todo fue obra de Dios; no se atribuyeron la gloria, sino que exaltaron su acción sobrenatural, portentosa, para darles la victoria, ¡entonando su cántico de alabanza! (Jueces 5).

“Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos” (Hebreos 13:8).

¡Confiar en la Palabra dicha por el SEÑOR remueve el temor!

¿Existe algo imposible para Dios? ¡No!

¡Camina de su mano!

 

 

Charbela El Hage de Salcedo

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