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15 de Diciembre de 2020

¿Tu vida se caracteriza por el temor a Dios o al hombre?

“No vale sabiduría, ni entendimiento, ni consejo, frente al SEÑOR”

(Proverbios 21:30)

Mientras reflexiono sobre este pasaje de proverbios que acabo de escribir, a mi mente viene la idea de que lo que significa: ¡Lo que el Señor ha determinado que suceda, va a suceder! No importa la oposición que se presente; no importa lo difícil que parezcan las situaciones o cuánto tú misma quieras negarte a hacer algo que el Señor te esté pidiendo. Si Dios determinó que algo suceda en tu vida, nada ni nadie podrá evitar que así suceda.

Y esto lo podemos ver de manera evidente y clara en la vida de Moisés. Nosotras sabemos por la Palabra, que el Señor eligió a Moisés para sacar a su pueblo de Egipto; Éxodo 3:1-10 nos lo relata. También sabemos por la Palabra, que antes de que llegara este momento, ocurrieron muchos acontecimientos en su vida, iniciando antes de su nacimiento. Sus padres vivían en Egipto, lo cual nos presenta el primer acontecimiento que podemos resaltar de su vida; su familia vivía en servidumbre en una tierra extraña. Los judíos habían llegado a ser tan numerosos que el Faraón dictaminó matar a todos los bebés varones que nacieran; de lo cual podemos destacar el segundo acontecimiento de su vida: Estar sentenciado a muerte mucho antes de su nacimiento. Luego de su nacimiento, su madre, al ver que era hermoso, lo escondió por tres meses; y como no podía ocultarlo por más tiempo, tuvo una idea para salvar su vida. Lo puso en una canasta calafateada con asfalto y brea, y lo colocó entre los juncos a la orilla del Nilo, observado por su hermana. Es rescatado de las aguas por la hija del Faraón, creciendo en el palacio del Faraón como su nieto (Éxodo 2:1-10). Luego debe huir de Egipto a Madián, al ser descubierto, cuando mató a un egipcio defendiendo a un judío (Éxodo 2:11-15). Después de pasar 40 años en el desierto apacentando el rebaño de su suegro Jetro, recibe el llamado del Señor para liberar a los hijos de Israel, de Egipto (Éxodo 3:1-10).

Dios en su infinita misericordia había elegido a Moisés, y su plan soberano se llevaría a cabo, aunque el mismo Faraón se opusiera. Faraón era en ese momento histórico la persona con más poder que existía sobre la tierra y ni aun él pudo lograr desviar el plan de Dios. ¡Y así mismo sucede en nuestras vidas! El Señor tiene un plan diseñado para tu vida y la mía. Y amada mía, en la vida se presentan momentos en los que Dios pone delante de ti tareas para las que tú no crees estar capacitada, para las cuales te sientes indigna, incompetente, inadecuada, o situaciones en las que tienes y recibes tanta oposición, aun, quizás, de personas con toda la influencia para hacerte fallar. O pueden ser momentos en los que has sido calumniada, y todos a tu alrededor parecen verte a ti como la culpable, siendo inocente. O circunstancias en las que batallas con la idea de que al obedecer a lo que Dios te está pidiendo hacer, te va a hacer quedar mal ante los ojos de los demás. Mi amada hermana, es en estos momentos en los que debemos detenernos y analizar nuestro comportamiento, y preguntarnos: ¿A quién le temo más? ¿A Dios o al hombre? ¿Me importa más quedar bien delante de los ojos de los hombres que honrar a Dios? ¿En quién estoy creyendo más? ¿En Dios o en mis propias fuerzas? ¿En lo que el hombre me puede hacer o en el Dios que me creó y tiene toda mi vida bajo su control?

En la situación específica que estés, ya sea que el temor te esté paralizando para obedecer al Señor, o que ese mismo temor te haga sentirte inadecuada, o que el temor al hombre está siendo más fuerte que tu fe, puedo recordarte algo: Los planes soberanos de Dios se cumplirán en tu vida sin importar los obstáculos que se interpongan. Nos lo dice la Palabra en Isaías 14:27: “Si el Señor de los ejércitos lo ha determinado, ¿quién puede frustrarlo? Y en cuanto a su mano extendida, ¿quién puede volverla atrás?” No hay nada ni nadie en este mundo que pueda frustrar los planes que Dios ha determinado para ti.

En Éxodo 1:15-17, lee lo que dijo el faraón a las parteras judías: “Y el rey de Egipto habló a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra, y la otra Puá, y les dijo: Cuando estéis asistiendo a las hebreas a dar a luz, y las veáis sobre el lecho del parto, si es un hijo, le daréis muerte, pero si es una hija, entonces vivirá. Pero las parteras temían a Dios, y no hicieron como el rey de Egipto les había mandado, sino que dejaron con vida a los niños”. Fue el mismo Faraón quien dio la orden a las parteras. ¿te puedes imaginar? La orden vino de la persona que tenía en su mano el poder de quitar la vida a todo aquel que le desobedeciera. Pero debemos resaltar aquí un acto de suma importancia: ¡Las parteas temían a Dios!

A ellas no les importó que su vida corriera peligro ni las consecuencias que pudieran sufrir por su desobediencia. Ellas temieron a Dios, y decidieron preservar la vida de los niños, en lugar de cometer el pecado de asesinato. En la vida se nos van a presentar grandes retos, grandes decisiones que tomar, pero ante todas ellas debemos hablar a nuestra mente y corazón, de que es más importante temer a Dios que a cualquier hombre o circunstancia. No importa lo que tengas que pasar, Dios tiene control de todo lo que deba suceder en tu vida; Él tiene control de lo que los demás puedan pensar de ti.  Si te han pedido algo que va contra la ley del Señor, no dudes hermana, ¡obedece a Dios y descansa en su amor! No dejes que el temor te paralice para llevar a cabo aquello que Dios te ha pedido hacer, y recuerda que sus planes soberanos se van a cumplir en tu vida porque nadie, ni siquiera tú misma puedes impedir que la voluntad de Dios se cumpla en ti.

 Reflexionemos a la luz de la vida de Moisés: Su vida fue preservada porque Dios lo iba a usar para llevar a cabo sus planes divinos. Y aunque en un momento él mismo se sintió inadecuado para la tarea que se le encomendó, al final de la historia fue usado por Dios de una manera especial, porque no dependía de él o de sus capacidades, sino del Dios en quien él había creído.

En nuestras vidas, ¿somos realmente mujeres con temor a Dios?  Si no estás viviendo en el temor de Dios, te invito a que vengas a sus pies y rindas ese pecado, te humilles ante Él y pidas su ayuda para caminar en Su temor.

“La conclusión, cuando todo se ha oído, es ésta: teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto concierne a toda persona” (Eclesiastés 12:13).

“El temor del SEÑOR es el principio de la sabiduría;” (Proverbios 1:7).

Aurita Gómez

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