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18 de Febrero de 2021

Su plan perfecto

"Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad"
(1 Juan 1:9)

Es maravilloso saber que Dios tiene un plan perfecto para nosotras, pero por momentos nuestro pecado no nos deja ver esta gran verdad con claridad, la cual nos permitiría descansar al internalizar y aceptar que todo lo que sucede en nuestras vidas responde a Su plan.

Al ver el análisis sobre la vida de Moisés que las hermanas realizaron en el programa “Mujer para la Gloria de Dios”, me gustaría sacar algunas cosas puntuales que nosotras podemos aprender de la vida de este hombre:

1. Cuando Moisés pudo tener un encuentro con Dios y rendirse a Él, este tiempo le enseñó a oír bien la voz del Señor, y lo más importante es que le ayudó a desarrollar una vida de intimidad con Él.    

2. Dios le permitió experimentar las consecuencias de sus pecados para moldearlo a Su imagen.

3. Moisés adquirió muchos conocimientos en su juventud al pertenecer a la familia del Faraón de Egipto, sin embargo, es Dios quien nos da la sabiduría que necesitamos para vivir en Su presencia.

4. Moisés aprendió que el conocimiento no es suficiente, sino que es necesario el discernimiento para saber, no solamente lo que se debe hacer, sino también definir el cómo y cuándo podemos hacer lo que hay que hacer en cualquier situación; esto es… sabiduría, saber aplicar las verdades y directrices que el Señor nos da en su Palabra.

5. La consecuencia de su pecado lo llevó a salir de esa ciudad que le brindaba todas las comodidades y seguridad que él entendía eran las mejores, pero la realidad es que la única seguridad que tenemos está en el Dios eterno, un Dios que nunca cambia, un Dios que está a nuestro favor. Como un ejemplo, valoremos el cuidado y la Gracia Divina que acompañó a Moisés en su huida. El haber actuado correctamente y haber defendido de unos pastores a las siete hijas de Jetro sacerdote de Madián, le permitió ser reconocido por éste, quien a pesar de ser Moisés un extranjero y un desconocido, le recibió, le hizo parte de su familia, y más aún, le concedió su hija Séfora como esposa (Éxodo 2:16-21).

6. Moisés aprendió que el esconder un error no lo borra. Si escondemos la verdad, caminamos con Satanás y entonces hay muy poca esperanza de salir de la situación con bien. Esto quedó demostrado cuando su homicidio quedó descubierto y Faraón lo buscaba para matarlo, por lo cual tuvo que huir, y se fue a la tierra de Madián (Éxodo 2:11-15).

7. Moisés necesitaba tiempo para crecer, madurar y aprender a ser manso y humilde ante Dios, y esto lo fue alcanzando en el desierto por todo lo que tuvo que vivir y enfrentar. En Números 12:3 se le reconoce este cambio: “Moisés era un hombre muy humilde, más que cualquier otro hombre sobre la faz de la tierra.”

8. Dios, como el Alfarero, tomó un hombre impulsivo, con un temperamento fuerte, y comenzó el proceso de moldearlo y transformarlo en el instrumento perfecto que Él iba a usar según su plan (Jeremías 18:2-6; Romanos 9:21; 2 Timoteo 2:20-21; 2 Corintios 3:18; Hebreos 3:5).

Aplicaciones para nosotras:

1. Necesitamos confesar ante Dios nuestro pecado. Debemos ir ante el Señor y renovar nuestra relación con Él (1 Juan 1:9; Isaías 1:16-18; 43:25-26).

2. Nuestro amado Dios es capaz de perdonarnos, redimir nuestro pecado y usarnos de nuevo como lo hizo con Moisés; esto es si dejamos atrás el mundo y comenzamos a caminar en obediencia con Él (1 Juan 2:15-17; Santiago 4:4).

3. No dejemos que la vorágine de nuestros días nos arrope y nos frustre al ver que no hemos logrado todas nuestras metas; ¡hagamos una pausa y meditemos! ¡Si Dios está en control y tiene un plan para cada una de nosotras, busquemos cuál es Su voluntad personal para nuestras vidas y rindámonos a Él, para que Él pueda utilizarnos para Su gloria!

4. Recordemos que no podemos escondernos de Dios (Salmos 139:7; Jeremías 23:24). ¡La vida de pecado es como estar en un lugar sin salida y Dios está esperándonos, no para castigarnos, sino para perdonarnos! ¡Abogado tenemos en el cielo, a Jesucristo, nuestro Gran Sumo Sacerdote! (1 Juan 2:1-2; Hebreos 4:14-16).

Ahora me gustaría que nos preguntemos: ¿Vemos a Dios como el Dios de las segundas oportunidades? ¡Definitivamente sí! Cuando nos levantamos nuevamente, Dios utiliza estas caídas para mostrarnos que necesitamos de Él, que fuera de Él no somos nada, que nuestras vidas dependen absolutamente de Él, pero, sobre todo, que Su inmenso amor está ahí para guiarnos de la mano en esta nueva oportunidad que nos brinda para vivir una vida conforme a Su plan y no al nuestro.

Recordemos que Su plan es mayor, es mejor, es perfecto, pero sobre todo que es para nuestro bien y para que Su nombre sea glorificado (Efesios 1:3-6; 2:10; 1 Corintios 10:31; 1 Pedro 4:11).

¡Dios les guarde sin caída!

 

 

Katerine Genao

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