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26 de Febrero de 2021

Vivir por fe y no por ver

“Porque por fe andamos, no por vista”
(2 Corintios 5:7)

Si nos preguntamos qué es la fe, podemos encontrar muchas definiciones, pero sin duda alguna, la mejor definiciónnos la enseña la Palabra del Señor; ésta la define como “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). En el mismo capítulo 11 de Hebreos, en el versículo 6, dice: “Y sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe, y que es remunerador de los que le buscan”. Por fe creemos las promesas del Señor, aunque todo el panorama a nuestro alrededor dicte lo contrario.

Hoy quiero hablarles de una familia que tuvo una fe impresionante, y es la familia de Moisés. Sus padres, Jocabed y Amram, dieron ejemplo de fe. En Éxodo 2, leemos sobre su nacimiento. Él nació en el tiempo que los israelitas eran esclavos en Egipto.  En el capítulo 1:22 de Éxodo se nos dice que Faraón había ordenado que echaran al rio Nilo todo varón que naciera de los hijos de Israel, o sea, que había decretado la muerte para ellos.  Esto así porque el rey de Egipto tuvo temor, pues mientras más oprimían a los israelitas, más se multiplicaban (Éxodo 1:12). Ante esta ordenanza macabra del Faraón, Jocabed, la madre de Moisés tuvo un plan para preservar la vida de su hijo, el cual Dios permitió que tuviera éxito. Alguien podría leer lo que ella pensó, y parecerle no sólo una idea descabellada, sino además peligrosa, pero la fe no le presta atención a lo que otros dirán, o si le criticarán, sino que está enfocada en lo que el Señor ya ha dicho, y cree. De seguro Jocabed ya había oído de la fe de sus antepasados, de Noé, Abraham, Jacob, José, y movida por esta fe, obró en amor para la preservación de su hijo.

¿Y cuál era la idea de Jocabed?  Leyendo Éxodo 2:1-8, vemos como ella al verlo hermoso, lo escondió por tres meses, pero como no podía ocultarlo más tiempo, tomó una cestilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea, y puso al niño en ella, y lo colocó entre los juncos a la orilla del río Nilo; y la hermana de Moisés se puso a lo lejos para ver qué le sucedía. ¡Wao! Aunque todo esto es muy riesgoso, no dejo de pensar en la fe de esta mujer, y de cómo pensó todo esto con la esperanza de que el niño se salvase, y nuestro Señor honró esa fe, pues providencialmente la hija del faraón bajó al Nilo a bañarse con sus doncellas, y leemos como Dios la usó, aun sabiendo que era un niño hebreo, para prevalecer sobre el decreto de su padre y para proteger la vida de quien el Señor escogió para guiar a Su pueblo Israel a su liberación de la esclavitud. El Señor hizo que la hija del Faraón se compadeciera al ver el niño llorando, y no sólo eso, Miriam la hermana del niño se ofreció para buscarle una nodriza para que lo criase, y ella estuvo de acuerdo. Obviamente Miriam buscó a su propia madre; hasta en este hecho vemos la grandeza y fidelidad del Señor, no sólo lo salvó, sino que permitió que continuara siendo criado, amado, y formado según sus costumbres y creencias, por la que lo trajo al mundo hasta que llegó el tiempo de llevarlo a la hija del Faraón (Éxodo 2:9-10). ¿No es esto maravilloso?

Viendo este ejemplo de fe en Jocabed y su familia, me surge la pregunta:¿Caminamos nosotras por fe incluso cuando la situación parece imposible?

La verdad es que esta historia de fe, a mí me parece maravillosa y hermosa; también me recuerda que, así como los discípulos, caminando con nuestro amado Señor pidieron que su fe fuera aumentada (Lucas 17:5), así necesitamos nosotras pedir a diario que el Señor aumente nuestra fe.  Hay un área específicamente donde particularmente necesito esto; ésta área está muy ligada a mi corazón, y es, la salvación de mi familia. Les cuento:   He orado muchos años por eso; algunas veces he sentido mucha esperanza de verlos rendidos a Cristo, otras veces he querido tirar la toalla, pues me he sentido cansada de no ver realizado lo que tanto he esperado y anhelado. En otras ocasiones, me he cuestionado, y le he preguntado al Señor si no le soy de testimonio, si no están viendo a Cristo en mí; otras, los he cuestionado a ellos, y digo: Señor, ¿y es que su corazón está tan duro?    Tú que estás leyendo está publicación, ¿Te identificas conmigo?, ¿Esperas que un esposo, un hijo, padres, hermanos, amigos inconversos, vengan a los pies de Cristo? Quiero que sepas que tus oraciones no son en vano, que tu espera vale la pena, que tu fe en el Señor tendrá su recompensa, que por más que tú ames a aquellos que quieres que sean salvos, el Señor los ama más que tú; sigue perseverando en fe y con oración, sigue yendo al trono de la gracia;  sigue intercediendo por ellos para que el Señor tenga misericordia, y aunque los veas  a ellos y te parezca imposible que se salven, Dios es especialista en imposibles (Lucas 1:37; Mateo 19:26);  Él puede hacer un milagro, te salvó a ti, me salvó a mí, Él puede salvarlos también a ellos. Oremos para que oigan su llamado y respondan a ese llamado en fe. Estamos llamadas a caminar por fe, no por vista (2 Corintios 5:7), sólo cree; si le creemos, veremos la gloria de Dios (Juan 11:40).

La salvación física de Moisés nos hace pensar en una salvación aún más grande y gloriosa, que es la salvación de nuestras almas.  Si ya eres salva por medio de la fe en Jesús, agradece al Señor por tu salvación y por la fe, que es un regalo del Señor;  si no lo eres, y el Espíritu Santo te da convicción de pecado,  haz una pausa, y pídele al Señor en este momento, que te dé arrepentimiento, que te perdone tus pecados, y que te haga Su hija, aceptando a Jesús como tu Salvador y Señor, “Porque por la gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). Nuestro Dios salva, sólo Él puede hacerlo, y lo hace no por las obras de la ley, sino por la fe en Cristo Jesús.  Amada hermana, es mi oración que esta reflexión sobre la fe de la familia de Moisés sea de estímulo para ti, y que ores al Señor para que aumente tu fe, para que puedas caminar creyendo, aunque no veas.

Luz Tavárez

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