IBI top movil

bienvenido

donde estamos

En vivo

Sermones

Clases y Recursos

Vida en la IBI

La IBI ora

vision

Lo que ensenamos

Equipo Ministerial

Nuestra historia

16 de Marzo de 2017

Dios es luz, y en Él no hay tiniebla alguna; ¡guardemos nuestro caminar!

Dios es luz, y en  Él no hay tiniebla alguna; ¡guardemos nuestro caminar!
“Y este es el mensaje que hemos oído de Él y que os anunciamos: Dios es luz, y en Él  no hay tiniebla alguna. Si decimos que tenemos comunión  con El, pero andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad; mas si andamos en la luz tenemos comunión los unos con los otros y la sangre de Jesús su hijo nos limpia de todo pecado”  (1 Juan 1:5-7). 
Cuando leo estos versículos, hay algo que me llama mucho la atención, específicamente la segunda parte versículo 5, que dice: “Dios es luz, y en Él no hay tiniebla alguna.” La  palabra tiniebla, según el diccionario “El Pequeño Larousse Ilustrado” significa  falta de luz o insuficiencia de luz en un lugar, oscuridad, ignorancia que se tiene de algo, ofuscamiento del entendimiento. También se usa para definir el infierno. Por tanto, cuando el apóstol Pablo  dice que en Dios no hay tiniebla alguna,  quiere  hacernos entender que nada  que proceda del mundo de las tinieblas  está relacionado con Él.
Santiago 1:17 nos define muy claramente que es lo que procede de Dios, y dice así: “Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, en el cual, no hay cambio ni sombra de variación.”  Santiago llama a Dios, “El Padre de las Luces”; lo que quiere decir que de Él procede toda fuente de luz.

A modo de reflexión me llega una pregunta: si Dios es luz, y nosotros somos criaturas suyas, creadas a su imagen y semejanza  según (Génesis 1:27), ¿Por qué nuestros anhelos y deseos están más inclinados a la oscuridad del mundo que a la luz de Dios?  La respuesta está en Génesis 3; Adán y Eva pecaron, y el pecado entró en el  hombre, y como consecuencia de este, nuestra naturaleza pecaminosa nos lleva amar más las tinieblas que la luz. Todos nacemos en pecado;  por eso desde muy temprana edad comienza a verse en nuestras vidas una inclinación hacia las cosas que son contrarias a Dios. El pecado de Adán y Eva separó al hombre de Dios. En Romanos 3:23 leemos: “Pues todos hemos pecado; nadie puede alcanzar la meta gloriosa establecida por Dios” (NTV).
 
También el apóstol Juan nos confronta  en su primera carta, capítulo  1, verso 6, cuando  nos dice que “si decimos que tenemos comunión con Él (Dios), pero andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad.” ¿Cómo podemos andar en la luz si el pecado en nosotros nos  guía a las tinieblas?   ¡Jesús es nuestro refugio, nuestra respuesta, nuestra solución!  El mismo nos lo dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12). Jesús vino al mundo a reconciliar al hombre con Dios; solo a través de Él podemos llegar a tener comunión con Dios y llamarnos sus hijos.
 
Dice la Palabra de Dios que aquellos que hemos entregado nuestra vida a Cristo, debemos dar  “gracias al Padre que nos ha capacitado para compartir  la herencia de los santos en luz. Porque Él nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado, en quien tenemos redención: el perdón de los pecados (Colosenses 1:12-14). El Señor nos “llamó de las tinieblas a su luz admirable,” y somos para Él linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión suya, a fin  de anunciar sus virtudes (1 Pedro 2:9).  Ahora brillamos con la luz de Cristo. No solo eso, sino que él mismo nos llama “la luz del mundo” (Mateo 5:14).
¿Cómo podemos ser luz en medio de la oscuridad?
 
Teniendo comunión los unos con los otros, y la sangre de Jesús su Hijo nos limpia de todo pecado (1 Juan  1:7).
 
Caminando en obediencia al Señor y  a su Palabra.
Creciendo en santidad, lejos de toda impureza, inmoralidad, avaricia; desechando  las necedades, obscenidades, la vulgaridad y las groserías, mentiras, engaños, la simulación, el fraude, el hurto etc. 
Dando ejemplo de buen testimonio a los demás, y no ser  piedra de tropiezo a nuestros hermanos e inconversos. 
 
Como dice el apóstol  Pablo en Filipenses 2, siendo de un mismo sentir los unos con los otros, en amor, unidos en el espíritu; libres de egoísmo, de vanagloria, caminando en humildad; no buscando lo suyo propio sino los intereses de los demás, imitando a Jesús en su humillación haciéndose siervo a pesar  de ser Dios. Ocupándonos de nuestra salvación con temor y temblor, haciéndolo todo sin murmuraciones ni discusiones, sino de buena gana, sabiendo que es Dios quien pone en nosotros el querer como el  hacer, para su beneplácito.
 
Y todo esto, ¿para  qué?
 
Para que seáis irreprensible y sencillos, sin tacha en medio de una generación torcida y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo,  sosteniendo firmemente la Palabra de  vida…” (Filipenses 2:15-16ª). 
 
Este es el mismo sentir del Señor  Jesús para que con nuestra buena conducta  glorifiquemos al Padre; así nos lo manda en Mateo 5:16::  “Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” 
 
Reflexionemos en lo que se nos dice en Romanos13:12-14: “La noche está muy avanzada, y el día se acerca. Por tanto, desechemos las obras de las tinieblas y vistámonos con las armas de la luz. Andemos decentemente, como de día, no en orgías y borracheras, no en pleitos y envidias; antes bien, vestíos del Señor Jesucristo, y no penséis en proveer para las lujurias de la carne”
 
Hay un recordatorio y un mandato a tomar en cuenta  en Efesios 5: 8-10: “porque antes erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz. ( porque  el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad), examinando qué es lo que agrada al Señor.
 
¡Sigue a Jesús, la luz del mundo, para no andar en tinieblas, y para que tengas la luz de la vida! (juan 8:12).
Que Dios nos ayude a ser luz donde quiera que Él nos haya colocado en esta tierra, para que nuestro vivir le glorifique.
 
Escrito por Janet Acevedo.
  
Visto 590 veces