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19 de Abril de 2017

¿Qué dice la Biblia sobre lo que hacemos cada día?

Colosenses 3:23-24 LBLA.

Y todo los que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia. Es a Cristo el Señor a quien servís. 

Efesios 6:7-8 LBLA

Servid de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que cualquier cosa buena que cada uno haga, esto recibirá del Señor, sea siervo o sea libre. 

Al finalizar mis conferencias, siempre buscaba un versículo que reflejara dos cosas: 

  1. Mi nueva condición; y,
  2. Lo bueno de dicha condición. 

Así fue creándose en mí, un hábito, una costumbre de finalizar con un versículo o cita bíblica que en momentos parecía exaltarme más a mí, que a Aquel que debe ser exaltado. 

Y, en un momento de aridez espiritual, los versículos de Colosenses me arroparon como una ola y centraron mi mirada en Cristo. Recuerdo que al finalizar mi conferencia y leer el pasaje antes de dar gracias, mis ojos se llenaron de lágrimas y a duras penas, pude finalizar, ante la mirada de todos, justo ahí fue el momento en que esa ola me cubrió; justo ahí, fue donde mi pecado y la Palabra se enfrentaron y yo pude ver mi vergüenza “todo lo que estaba haciendo era para mi gloria”.

Ese evento me ha llevado a reflexionar en esos versículos por varios meses, el cómo nos enfocamos en lo que hacemos y perdemos el norte de mirar a Cristo. 

Por la condición caída de la humanidad, nosotras las mujeres hemos tenido que añadir funciones a nuestro rol principal, pero estos roles secundarios (como podrían ser un trabajo, una profesión), no deben verse como una carga y mucho menos como una excusa para descuidar nuestro rol principal “ser ayuda idónea en nuestro hogar, con nuestros esposos e hijos”,  tampoco aquellas que tenemos que desempeñar dichos roles, debemos mirar con menosprecio a quienes han decidido dejarlos a un lado y dedicarse solamente al hogar y viceversa. 

Es muy gratificante llegar a casa luego de un día largo de trabajo, preparar una deliciosa cena, degustarla en familia (sin aparatos electrónicos alrededor), conversar, reír, hacer anécdotas y experiencias del día, tener un tiempo devocional en familia, orar por tus hijos de  forma individual al acostarlos, luego inspeccionar tu hogar, no ser una extraña en él, saber qué falta, qué sobra; al final experimentamos el gozo de saber que cada una de esas cosas que tenemos son una gracia inmerecida, un regalo de parte de Quien se merece todo el honor y toda la gloria, que es Cristo y dar gracias por ello con gozo. 

Cuando buscamos dar la gloria a Dios, hacemos todo de buena voluntad como para el Señor, el gozo retributivo supera cualquier aplauso, halago o gesto, aún más si estamos conscientes de que nuestra realidad es la siguiente “debemos procurar mostrar el amor de Cristo en todo momento”, no solo en el trabajo donde los elogios, la sed de reconocimiento y el ego están esperando por nosotras, sino más aún en el hogar, al lavar los platos, la ropa, preparar los alimentos, cuidar los niños. Podemos pecar al realizar esas tareas cuando entendemos que somos super-mujeres y miramos con desprecio en nuestro corazón a quienes no son tan hábiles ni diestras. 

Debemos reconocer que toda labor que realizamos tanto fuera del hogar, como las que realizan aquellas que se quedan en casa deben ser hechas para exaltar y glorificar a Quien lo merece todo, Cristo, y no para con ello menospreciar, desobedecer y muchas veces hasta humillar a un esposo que quizás no trae los mismos ingresos al hogar, o en el caso de aquellas que permanecen en el hogar, cuando ellos no ayudan como quisiéramos.

Nuestro trabajo tanto en el hogar como fuera de él, es un hermoso campo para mostrar el carácter cristiano y el poder de transformación de la Palabra en nosotras, es una excelente oportunidad para ejercitar el fruto del Espíritu para que crezca más y más. 

Cuando decidimos poner el amor de Cristo en todo lo que hacemos, por muy insignificante que consideremos que sea la tarea, experimentamos el gozo de servir a otros, así cada noche al descansar tendremos miles de razones para dar gracias a Dios por sostenernos, por lo que nos ha dado, y seremos más efectivas en nuestros trabajos y en el hogar, pero lo mejor… viviremos con la santa paz que da el obedecer a Dios y Su Palabra. 

Mi exhortación es la siguiente: Que en cada cosa que hagamos, nos preguntemos: 

¿Estoy haciendo las cosas como para el Señor? 

¿Es mi motivación ser halagada por los demás?

¿Cuál es la recompensa que quiero recibir del Señor? 

¿Estoy sirviéndole a Cristo? 

Mi oración es que cada mañana podamos pedir al Padre que examine las motivaciones de nuestro corazón. 

Salmo 139:23-24 LBLA

Escudríñame, Oh Dios, y conoce mi Corazón, presérvame y conoce mis inquietudes. Y ve si hay en mi camino malo, y guíame en el camino eterno. 

Sharmille Fabián de Ariza

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