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20 de Abril de 2017

De un corazón en luto a un corazón gozoso de amor

Salmos 139: 13-16: “Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.”

El nacimiento de un hijo es motivo de gozo y alegría para una madre y la familia de ese bebé. Es un momento ansiado por todo lo que representa ese nuevo ser para sus padres, para su familia y para la comunidad y entorno donde crecerá. El bebé representa esperanza, continuidad, crecimiento. Pero ¿qué pasa en el corazón de una madre que debe enfrentarse a una realidad muy distinta a la esperada? Mi hijo “ideal había muerto” y me estaban entregando a un niño del cual no tenía ni la más mínima idea quien era ni cómo debía cuidar. Mucho menos podía comprender qué era ese intruso, en forma de síndrome de Down, que estaba a punto de echar a perder su vida y la de nosotros.  Fueron meses de luto, de luchar por aceptación de ésta nueva realidad tan ajena y extraña. Pero Dios, en Su infinito amor y providencia, tomó mi corazón y lo fue transformando para llevarlo del luto al gozo. ¿Cómo lo hizo? Este fue el proceso:

Arrepentimiento

Noté cómo mi realidad hacía oídos sordos a mis palabras y quejas constantes.  Llegué a sentirme muy cansada por resistirme a Su Plan y a Su Propósito en nuestras vidas. Ese cansancio me llevó a un profundo arrepentimiento por dudar sobre Su amor hacia mí y hacia mi hijo. Primero pedí perdón. Perdón por la duda, perdón por la rebeldía, perdón por la falta de agradecimiento. En fin, por esa gran falta de confianza total.

Esperanza

Si Salmos 139 dice que Tus obras son maravillosas, ¿por qué creía que la condición genética de mi hijo sería diferente? Si mi embrión fue visto por los ojos de Dios, ¿por qué el de mi hijo sería diferente? Los ojos de Su Creador también lo vieron a él. Y así nació una esperanza fundamentada en: “ …tu libro estaban escritas todas aquellas cosas[…] sin faltar una de ellas”

Confianza

Si Su obra de creación es completa desde su concepción hasta la formación ¿en qué fundaba mi falta de confianza? Dios tiene un propósito superior a nosotros mismos en cada acto de creación y en cada respiro de Sus obras: los hijos con una capacidad distinta vienen llenos de propósitos y en estos hijos se reflejarán los frutos que habitan en nuestro interior. Debemos confiar en que Dios nos irá guiando en el camino de criar y dar lo mejor de nosotras mismas a nuestros hijos. 

Gozo

Descansando en la confianza hacia el Señor y en todos Sus propósitos viene el gozo. La ansiedad cede su espacio al disfrute de cada logro diario, de cada mirada y cada sonrisa de tu hijo. Este es el camino que Dios usará para transformarte día a día, para hacerte más a la imagen de Jesús. Es un camino gozoso y muy presente, donde la mano del Señor te lleva día a día.

Amor

Ver la maravillosa creación de nuestro Dios, entender el alcance de la perfección de Sus obras y verlo reflejado en tu hijo que requiere más apoyos, más trabajo intencional como madre y recursos emocionales y materiales adicionales es un privilegio. Te inunda Su amor reflejado en los ojos de felicidad y agradecimiento de ese niño que sacas adelante. 

Este intruso, en forma de síndrome de Down, no vino de pecado alguno, llegó para la gloria de Dios “para que todos puedan ver el poder de Dios en él” (Juan 9:10 )

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