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21 de Abril de 2017

El vestir de una mujer consagrada

Igual como el Padre cubrió la vergüenza de la desnudez de Adán y Eva con vestiduras de piel, sacrificando un animal, así mismo hizo con Su Hijo Jesucristo, el Cordero de Dios, inocente y sin pecado, cuando lo envió al mundo para derramar Su sangre, y así cubrir el pecado del injusto (Heb. 9:12), dándonos una nueva vestimenta en Cristo Jesús, la cual es aceptable al Padre (Jn. 3:16; Ro. 13:14). 

Por eso hoy nos vestimos cubriendo nuestra desnudez, como recordatorio de aquello que paso en el Edén. Como bien dice Mary Kassian en su libro “Mujeres Sabias en un Mundo Salvaje: “Dios ordena la ropa para testificar sobre la gloria que perdimos y de Su solución a nuestra vergüenza". 

Amada hermana, cuando decidimos no cubrir nuestro cuerpo, o no cubrirlo apropiadamente, estamos ignorando lo que pasó en el Edén. Es un acto de rebelión y de irrespeto a Dios y a Su Palabra, quien por medio de ésta ha establecido las normas adecuadas de la vestimenta. Nuestra forma de vestir no debe ser cultural. En otras palabras, no son las normas de nuestra época las que deben dictar la forma como me visto. 

En Cristo todas pertenecemos a una misma cultura dictada por la Palabra de Dios, que nos manda claramente en 1ª Timoteo 2:9, a que todo atuendo debe de pasar por el filtro del decoro, del pudor y la modestia. De acuerdo con esto, ¿qué tan largo o que tan corto debe ser mí vestido? Ciertamente los cuerpos no son iguales; lo que a ti te quede decente, en mí se puede ver indecente; por eso Dios nos ha puesto Su Espíritu Santo a morar dentro de nosotras, dándonos convicción de pecado, ayudándonos a discernir lo que es agradable a Él. 

No te confundas; largo y feo no es igual a santidad. Puedes pecar con lo ostentoso e indecoroso de tu atuendo, pero puedes también pecar con las motivaciones no santas que dirigen tus acciones. Cada vez que te vistas, pasa tu atuendo y tus motivaciones por el filtro de la Palabra, estoy segura de que si es apropiado, el Espíritu Santo te dará la paz para salir de tu casa y mostrar a Cristo con tu andar. 

Charbela ElHage de Salcedo

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