IBI top movil

 

29 de Mayo de 2017

La obediencia y una crianza centrada en el Evangelio

Por  Nicole Whitacre

Como madres, podríamos llegar a estar tan atemorizadas de criar pequeños no creyentes con auto-justicia y legalistas, que corremos el riesgo de ser negligentes en enseñarles a obedecer. 

Quizás crecimos en un hogar sin amor y autoritario, o tal vez has conocido niños que cumplen con estándares externos mientras que al mismo tiempo son arrogantes y groseros. O podríamos temer que, al ser firmes con nuestros hijos, lo hagamos sin gracia y de una manera no amorosa. 

Pero debemos ser cuidadosas para que no terminemos botando el niño junto el agua que quedó sucia después de bañarlo. Es decir, que al tratar (¡correctamente!) de deshacernos de la motivación errónea de criar hijos que cumplan ciertos estándares externos para nuestra comodidad o reputación, tengamos cuidado de no deshacernos del mandato bíblico de criar hijos que conozcan lo que significa obedecer, que puedan entender el Evangelio y vivir en sumisión las exigencias de éste, en sus vidas.

A través de la Palabra, desde Pentateuco a Proverbios y hasta las cartas de Pablo (Deuteronomio 5:16, 6:1-9, Proverbios 6:20, Efesios 6:1-4) Dios no podría ser más claro sobre la prioridad de la crianza: debemos enseñar a nuestros hijos a someterse a la autoridad de la Palabra de Dios, mientras se someten a nuestra autoridad amorosa. Es lo que Ted Tripp describe como “el círculo de la bendición de Dios.”

Enseñar de una manera amorosa a nuestros hijos que obedezcan “de inmediato, siempre y con un corazón gozoso” no es legalista ni moralista. Es obediencia a la Palabra de Dios, siempre y solo cuando lo hagamos para agradar a Dios y no a las personas. La obediencia es la puerta para entender el Evangelio.

La vida de Elizabeth Prentiss, autora del conocido himno “Más amor para Ti” es modelo de una maternidad centrada en el Evangelio. Una amiga observó: 

“Fue un modelo de disciplina con sus hijos, muy estricta, una creadora sabia de reglas; pero eso no impedía que fuera una madre sacrificada, muy tierna y dedicada. Nunca había visto que se requiriera (¡y cumpliera!) una obediencia tan precisa ni tampoco una madre tan amada. La palabra de mamá, definitivamente era “ley” – pero qué hermosa combinación que también lo era la palabra “Evangelio” (tomado de “The Life and Letters of Elizabeth Prentiss” escrito por George Lewis Prentiss)

Ésta era una madre espléndida en muestras de afectos, pero a la vez apremiante con la obediencia de sus hijos. En el amor y receptividad de sus hijos a las palabras del Evangelio, se encontraron los frutos de su labor.  Que nuestra “palabra de mamá” para nuestros hijos sea la amorosa ley pero también el Evangelio de la gracia. ¡Feliz combinación!

 

Nicole Whitacre

*Traducido con permiso de girltalkhome.com

Visto 2225 veces