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Héctor Salcedo

Héctor Salcedo

Economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos en el tradicional Moody Bible Institute de Chicago. Como economista, cursó estudios de Maestría en Macroeconomía Aplicada en Chile a mediados de los 90's para ejercer dicha profesión durante casi 15 años en el medio económico-empresarial.

Ha laborado desde los inicios de la IBI, pasando por diversas asignaciones conforme el crecimiento lo requirió. Desde 2006 es uno de los pastores de la IBI, y desde 2009 lo ha sido a tiempo completo. Su mayor pasión es la enseñanza de la Palabra de Dios y sobretodo su aplicación práctica a la vida. Está casado con Chárbela El Hage y tiene dos hijos: Elías y Daniel.

 

Este Domingo en La IBI, el pastor Héctor Salcedo predicó el sermón Dios me salvó, ¿y para qué? (Parte II) basado en Efesios 2:1-10.

El título que seleccioné para este sermón de dos partes fue “Dios me salvó, ¿y para qué?” porque quería meditar acerca del propósito de nuestra salvación, para qué nos salvó Dios. Pero cuando comencé a estudiar el texto, Efesios 2:1-10, fue evidente para mi que no era un mensaje sino dos, los que tendría que compartir. En primer lugar, “Dios me salvó” y en segundo lugar “¿Y para qué?”. El para qué me salvó Dios será más apreciado cuando entendamos cómo nos salvó.

Decíamos la semana pasada que la primera parte de Efesios 2:10 se entiende a partir de los 9 versos anteriores; esta dice, “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús…” Lo que se produce en aquel que Dios salva no es un cambio estético a nivel espiritual, no es un simple cambio de prioridades, ni una recapacitación. Lo que se produce en nosotros al ser “regenerados”, al “nacer de nuevo”, por el poder de Dios, es un cambio tan profundo, radical y vital que el equivalente físico sería la resurrección de un muerto. Es en ese sentido que hemos sido “creados en Cristo Jesús…”

Esto es algo humanamente inexplicable...por misericordia, amor, bondad y gracia, ¡nos dio vida! “En Cristo…” Es algo que emana de Dios, de la perfección de Su Ser, de la excelencia de Su Carácter. Esto viene a nosotros cuando por un acto de fe, que Él mismo nos da, pues creemos.

Pero, ¿para qué? ¿Cuál es el propósito? ¿Para qué Dios nos regenera espiritualmente y nos da vida en Cristo? ¿Para qué nos salva? El texto es claro en este sentido; Efesios 2:10 dice, “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.”

El propósito de nuestra salvación es “hacer buenas obras”; para esto fuimos “creados en Cristo Jesús”, según el texto. ¿A partir de este pasaje y de otros, qué podemos decir de las “buenas obras” a las que el Apóstol Pablo hace referencia aquí? Lo primero es, y es algo que hemos dicho en el mensaje de hoy y en el anterior, las “buenas obras” NO SALVAN (Efesios 2:8-9; Romanos 3:28; 2 Timoteo 1:9; Tito 3:5). Segundo, cómo ya dijimos, aunque no somos salvos por obras, si lo somos PARA hacer “buenas obras”. Las buenas obras son el fruto, el resultado, la consecuencia de nuestra salvación; son la evidencia de que Dios me ha hecho pasar de muerte a vida (Mateo 7:16).

06 de Octubre de 2019

Dios me salvó, ¿y para qué?

Este domingo, el pastor Héctor Salcedo predicó la primera parte de una serie de dos sermones titulada, Dios me salvó, ¿y para qué? basado en Efesios 2:1-10.

¿Para qué una empresa contrata un determinado empleado? ¿Para qué el ejército alista cierto soldado? ¿Para qué un equipo deportivo adquiere un jugador específico? Tanto el empleado, el soldado como el jugador, han sido convocados con un propósito específico que se tiene con ellos. De la misma manera y, con cierto cuidado al emplear esto como analogía, podríamos decir que Dios, al salvarnos y hacernos sus hijos, lo hace con propósitos específicos en mente. ¡Nuestra salvación fue para algo!

La realidad es que Dios no ha hecho algo tan extraordinario con nosotros con el mero propósito de hacernos la vida más fácil o feliz, aunque ciertamente su salvación es motivo de gran felicidad. Nuestra salvación no sólo tiene el propósito eterno de llevarnos a su presencia, sino que tiene propósito aquí y ahora, en mi vida práctica.

08 de Septiembre de 2019

Fe en la tormenta

Este domingo, el pastor Héctor Salcedo predicó el sermón Fe en la Tormenta basado en Marcos 4:35-41.

Cada año, desde el 1ro de junio hasta el 30 de noviembre, el atlántico tiene una temporada ciclónica. Cada año se predicen alrededor de 12 a 15 tormentas, algunas de las cuales pueden convertirse en huracanes. Este año se esperan 13 tormentas con nombre y, aunque es algo “normal”, no es del agrado de nadie, y hay que estar preparados.

Podemos hacer una analogía de esta realidad con las tormentas de la vida. De hecho, hay temporadas que son más “activas” que otras y hemos de estar preparados. Hay una historia en particular que nos puede servir de instrucción para entender mejor las tormentas de la vida y cómo responder a ellas: Marcos 4:35-41.

Las tormentas de la vida en algún momento llegarán—no sabemos cuándo, pero llegarán.

Es impresionante el paralelo que tiene este incidente con la forma en que las situaciones “tormentosas” de la vida llegan. En el versículo 35, se nos dice que “caída ya la tarde, [Jesús] dijo: Pasemos al otro lado”. Había sido un día intenso; en Marcos 4:1, vemos que Jesús había estado enseñando junto al mar, y fue una multitud tan grande que tuvo que subirse a una barca. En el mismo capítulo 4 se presentan tres parábolas expuestas por Jesús ese día: una “del sembrador”, otra del “crecimiento de la semilla” y otra de la “semilla de mostaza”. Además de eso, muy posiblemente Jesús estuvo atendiendo a la gente que llegaba con distintas necesidades. Por eso, en el versículo 35, Jesús termina su tiempo de compartir y sin hacer otra cosa, sin cambiarse, sin haber comido primero, sin haber hecho ningún otro arreglo para partir en la barca(Marcos 4:36).

Después de este tiempo, Jesús estaba cansado, pero basta decir que, si hay un momento en que la humanidad de Cristo fue clara, fue este momento. En el versículo 37 se nos dice que, “Pero se levantó una violenta tempestad, y las olas se lanzaban sobre la barca de tal manera que ya se anegaba la barca.” 

Tres cosas sorprenden:

1. Lo inesperado de la tormenta

2. Lo violento de la tormenta

3. ¡Que ocurre con Jesús presente!

Es una falacia pensar que Dios con nosotros es garantía de una vida exenta de tormentas. Lo increíble de este incidente es que no sólo ocurre con Jesús “en la barca” sino que fue “orquestado” por El mismo cuando les dice “pasemos al otro lado”. ¿O alguno duda que este Jesús que al final de esta historia pudo controlar los elementos de la naturaleza, también conocía lo que pasaría desde el antes de entrar en la barca lo que ocurriría? Esto pudo sorprender a los discípulos, pero NO a Jesús.

Aunque nos impacten lo inesperado de las tormentas en la vida e incluso su intensidad y violencia, el que ocurran no debe sorprendernos en lo absoluto. Porqué, ¿qué podemos esperar de este mundo caído? Los discípulos mismos no podían sorprenderse porque era “normal” que este tipo de tormentas ocurrieran en el Mar de Galilea (1 Pedro 4:12). Martyn Loyd Jones dijo en su libro “Depresión Espiritual”, “Si tenemos un concepto mágico de la vida cristiana, con toda seguridad nos veremos en problemas, pues cuando lleguen las dificultades nos sentiremos llevados a preguntar, ¿por qué permite Dios que pase esto?”

En las tormentas, tememos por nosotros y dudamos de Dios.

Llega el momento en que ellos entienden que la situación es de preocupación… entonces despertaron a Jesús (Marcos 4:38; Mateo 8:24-25; Lucas 8:24). Algunos pueden poner en dudas en relato por el hecho de que Jesús estaba dormido. ¿Cómo es que Jesús pudo mantener el sueño en tales circunstancias? Pero tres evangelios de cuatro—Mateo, Marcos y Lucas—hacen referencia a la misma escena e indican que Jesús dormía mientras esto se producía. La explicación más lógica es que Jesús estaba exhausto fruto de un día de actividad extrema de enseñanza y ministración.

¡Pero lo despertaron! En su llamado, vemos su desesperación y su temor—vemos su duda. Marcos y Lucas dicen “Maestro” y en Mateo “Señor”, sálvanos, que perecemos. Más dramático es lo que dice Marcos después: “no te importa que perezcamos?” En Mateo 8:26, vemos que cuando Jesús despierta, lo primero que les dice es “¿Por qué estáis amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?” (Marcos 4:40)

No quiero relajar este momento, pero me imagino el ciclón y el movimiento de la barca, la lluvia intensa, barca llenándose de agua y entonces Jesús pregunta “¿por qué tienen miedo?” La razón del miedo de los discípulos puede tener dos explicaciones—y por igual, es la explicación de nuestros temores en las tormentas de la vida. Por un lado, quizás dudaban del poder de Jesús para hacer algo con relación a la tormenta (Juan 11:21). O, quizás dudaban del amor de Jesús por ellos, es decir, del interés de Jesús de protegerles. La pregunta que ellos le hacen al despertar a Jesús, según Marcos 4:38 es “Maestro, ¿no te importa que perezcamos?” Su duda era claramente el interés de Jesús por ellos, su amor hacia ellos (1 Juan 4:18).

Esta es la más frecuente de las dudas del cristiano en medio de sus dificultades. Nos cuesta aceptar que nuestras tormentas son las mejores maneras. Combinado con esta duda sobre el amor, va de la mano la duda sobre la sabiduría de Dios. Nuestra actitud de resistencia hacia los propósitos de Dios es no sólo un cuestionamiento a su amor sino un desacuerdo con su sabio accionar. En nuestra pequeñez, deberíamos caer postrados ante aquel que todo lo sabe, que todo lo puede y que ¡nos ha amado hasta el fin!

Según Jesús, la fe es lo que nos mantiene a “flote” en las tormentas de la vida.

Jesús se levanta y muestra Su total control de la situación (Marcos 4:39; Mateo 8:26; Lucas 8:25). No toma control de la situación porque en realidad en ningún momento estuvo fuera de Su control. Al levantarse, reprendió al viento y al mar por su agitación (Marcos 4:39), y reprendió a los discípulos por su “falta de fe” (Marcos 4:40).

La primera reprensión, a los elementos de la naturaleza es impresionante. Hasta ese momento, los discípulos habían sido testigos de múltiples milagros de Jesús. Pero, ¿Este milagro y extraordinario despliegue de poder? ¡Habla a los vientos, habla al mar y estos se aquietan! Marcos 4:41 dice que al ver esto, “se llenaron de gran temor, y se decían unos a otros: ¿Quién, pues, es éste que aun el viento y el mar le obedecen?” Es una pregunta retórica porque es evidente que sólo Dios tiene bajo Su autoridad los elementos de la naturaleza. ¡Sólo Dios!

La segunda reprensión, más que impresionante es lamentable. El hecho de que Jesús les haya cuestionado indica que había una actuación que Él esperaba de ellos que no se manifestó. Lucas 8:25 recoge la reprensión como “¿dónde esta vuestra fe?"

La vida cristiana inicia cuando nacemos de nuevo gracias a la misericordia de Dios que nos regala el “don de la fe” (2 Corintios 5:7). Así nos arrepentimos y venimos a Cristo, pero luego de ese inicio en la vida cristiana, tenemos que recorrerla “por fe”. Como ya dijimos, la vida en este mundo caído es tormentosa; eso no nos debe sorprender. Ante dichas situaciones, tendemos a temer y a dudar de nuestro Dios, Su poder, amor o sabiduría. En cualquier caso, la duda sobre nuestro Dios nos lleva al temor, al pánico y a la falta de gozo en nuestras vidas. Es aquí donde debemos poner nuestra fe a funcionar.

28 de Julio de 2019

#MéteteConTusHijos

Este domingo 26 julio 2019 en La IBI, el pastor Héctor Salcedo predicó el sermón #MéteteConTusHijos basado en Efesios 6:1-4. Este sermón fue predicado no solo en conmemoración del día del padre en la República Dominicana, pero también como respuesta al movimiento social #ConMisHijosNoTeMetas el cual surgió como la oposición de la iniciativa gubernamental de implementar una educación con enfoque de ideología de género en las escuelas.

Antes de iniciar, revisemos algunas estadísticas y saquemos nuestras propias conclusiones.

  • En el 2009, la Universidad de Michigan publicó un estudio que demostraba que, en promedio, niños de las edades de 2 a 5 años se pasan 32 horas a la semana frente a una televisión, ya sea viendo TV, un DVD, DVR o usando una consola de videojuegos.
  • Niños de 6 a 11 años se pasan alrededor de 28 horas frente a una TV—97% de este tiempo se pasa viendo TV en vivo.
  • 71% de niños de 8 a 18 años tienen televisores en sus habitaciones y, en 2 de 3 viviendas, la televisión usualmente está encendida durante las comidas.
  • No existen reglas relacionadas a la televisión en 53% de las viviendas americanas con niños en bachillerato.
  • Pew Research publicó en el 2018 que el 95% de los adolescentes tienen acceso a un celular “smart” y, de ese porcentaje, 45% dice que se pasan casi el día entero conectados a las redes—YouTube, Instagram y Snapchat siendo las redes más populares entre ellos.
  • Las madres americanas estimaron que se pasan 15 horas con sus hijos a la semana en promedio, mientras que los padres se pasan solo 9 horas con ellos (Pew Research 2015).

En conclusión, por si no nos habíamos dado cuenta, el mundo se está metiendo con nuestros hijos hace tiempo, no en nuestras escuelas sino en nuestras mismas casas, bajo nuestra “autorización”, aprovechándose de nuestra “ingenuidad”, o “negligencia” o “comodidad”. Han entrado a nuestras casas y a las mentes de nuestros hijos, no sólo con la “ideología de género” que está tan presente en series, películas y hasta comerciales, sino que han introducido la violencia, el materialismo, la promiscuidad e impureza sexual—la ridiculización de la fe y de Dios, y la obsolescencia de la familia. Hermanos, el énfasis bíblico no es tanto que evitemos que otros se “metan” con nuestros hijos—aunque eso es importante. La Biblia es más enfática en decirnos a nosotros, los padres, que nos “metamos con ellos”. Creo firmemente que hijos con padres “metidos”—no metiches—no serán presa fácil para el mundo y sus ideologías.

¿Qué significa “meternos con nuestros hijos”? Efesios 6:1-4 nos puede responder esa pregunta bíblicamente—es un texto “insignia” en la crianza de nuestros hijos.

Tanto en Colosenses 3:18-25 como en Efesios 5:22-6:9, Pablo habla del efecto que debe producir el Evangelio en nuestras relaciones más cercanas. En el caso de Colosenses 3, esta porción viene luego de hablar de que hemos resucitado con Cristo (v.1) por tanto, hemos de poner la mirada en las cosas de arriba (v.2) porque hemos muerto (v.3) y, por este motivo, debemos considerarnos muertos al pecado (v.5) entonces, debemos revestirnos de todo aquello nuevo que Cristo provee (v.12). A partir del versículo 18, inicia su exhortación de que las mujeres estén sujetas a sus maridos (v.18), y los maridos que amen a sus mujeres (v.19), e hijos que obedezcan a sus padres (v. 20) y padres que se inviertan en sus hijos (v. 21) de una manera “que no se desalienten.”

En el caso de Efesios 6, la porción de cómo deben lucir las nuestras relaciones más cercanas luego de convertirnos viene inmediatamente después del mandato “sed llenos del Espíritu” (Efesios 5:18).En otras palabras, la presencia y llenura del Espíritu ha de producir un cambio en la forma como los esposos se tratan y como estos, a su vez, tratan a sus hijos. La crianza cristiana, hermanos, es una tarea profundamente espiritual; tu relación con Dios, tu cercanía a Él es determinante en la “calidad” de tu crianza. A partir de este texto me atrevería a decir que la condición más importante en la crianza de nuestros hijos es qué tan llenos estamos del Espíritu de Dios.

Dicho esto, ¿qué podemos aprender de Efesios 6:1-4 en cuanto a “meternos con nuestros hijos”?

1. “Meternos” bíblicamente con nuestros hijos implica ejercer autoridad sobre ellos. Esto parece obvio, pero para la forma de pensar de nuestros días no lo es. Es claro que a partir de Efesios 6:1-3, a los hijos no se les pide, sino que se les manda a obedecer a sus padres. De hecho, no es un mandato arbitrario, sino que es explicado. Se les dan tres razones a los hijos para obedecer a los padres: “...porque esto es justo” (v.1), “...para que te vaya bien...” (v.3) y “...para que tengas larga vida sobre la tierra.”Es interesante observar que cuando Dios manda a los hijos a obedecer, explica razones y da incentivos—qué buen principio para ejercer autoridad.

Dios ha puesto a los padres como autoridad sobre sus hijos. Cuando Dios establece 10 normas para regir una nación (Éxodo 20:3-17; Deuteronomio 5:6-21), la quinta tiene que ver con “honrar padre y madre”. En un sentido, nuestros hijos son nuestros “pares”, nuestros “iguales”, pero no debemos olvidar que nuestros hijos primero necesitan ser “guiados” no sólo “acompañados”. La “crianza democrática” no es bíblica y no es buena, a menos que por ella nos refiramos a ser sensibles a cómo se sienten nuestros hijos.

2. “Meternos” bíblicamente con nuestros hijos implica ejercer nuestra autoridad de manera firme y benevolente. Efesios 6:4 dice, “Yvosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en la disciplina e instrucción del Señor.” ¡Qué balance! Dios sabe que cuando un ser humano recibe autoridad, su principal tentación es a abusar de ella. Si bien es cierto que los padres son autoridad de sus hijos, también tienen la responsabilidad de tomar los sentimientos de sus hijos en cuenta.

Para el tiempo de Pablo, esto fue algo revolucionario. En la cultura romana, el padre tenía todo el derecho de hacer con su familia lo que le pareciera. Aquí, Pablo contradice la cultura del momento y les dice a los padres, “autoridad son, pero no abusen”.

Colosenses 3:21 ofrece una razón de por qué la autoridad de los padres debe ser ejercida de manera “benevolente y considerada”: “Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten.” En un ambiente de desaliento y desánimo, la obediencia no florece—por el contrario, ese es el perfecto caldo de cultivo para la rebeldía.

Ahora bien, ¡esto no es fácil! Lo más fácil es perder la paciencia y descargar nuestra ira contra aquellos que no tiene la fuerza ni los recursos para enfrentarnos. El ejercicio de una autoridad benevolente como padres requiere que nos “parezcamos a Dios” y eso sólo se consigue procurando Su presencia por medio de Su Palabra y teniendo una clara consciencia de que le necesitamos “para criar”.

También vamos a necesitar a mucha humildad porque nos vamos a equivocar a veces. Cuando eso ocurra, no hay forma de resolver esa equivocación que no sea pidiendo perdón a nuestros hijos por nuestro desvío porque no hay regalo material que “sane una herida emocional”.

3. “Meternos” bíblicamente con nuestros hijos implica entender que nuestra autoridad ha de estar al servicio de nuestro Señor. Nosotros no somos la autoridad última de nuestros hijos, sino Dios; ellos no nos pertenecen, sino a Dios. Nuestra autoridad es temporal con el propósito específico de “guiarlos a Dios”. El final de Efesios 6:4 dice, “…sino criadlos en la disciplina e instrucción del Señor.”Si bien es cierto que la formación académica es importante y necesaria, el foco principal de la crianza no es hacer a nuestros hijos productivos, sino enfocados en Dios. Resumiendo, el versículo 4b, diríamos que la tarea es “criar”, los formatos para llevar a cabo son la “disciplina e instrucción” y el contenido es “del Señor”.

¡Eso es “meternos” con nuestros hijos! “Meternos” bíblicamente con nuestros hijos implica ejercer autoridad sobre ellos, ejercer nuestra autoridad de manera firme y benevolente y entender que nuestra autoridad ha de estar al servicio de nuestro Señor.

Padres, si se han dado cuenta de no han hecho bien su labor, pidan perdón a Dios y a sus hijos. Hijos que fueron víctimas de padres autoritarios y no comprometidos, perdónenles. Esto es lo que la gracia que hemos recibido nos manda a hacer.

Este domingo, el pastor Héctor Salcedo predicó el sermón “La Resurrección de la Esperanza” basado el Lucas 24:13-35.

Hoy es un día, ciertamente, muy especial, quizás el día más importante del calendario cristiano. Toda la historia cristiana depende del día de resurrección. Si Cristo no hubiese resucitado, todo lo que Cristo dijo no hubiese tenido valor; pero como sí ocurrió, el venció y todas Sus promesas eran ciertas. Meditemos estas cosas juntos.

En Lucas 24:13-35 vemos a Jesús, luego de Su resurrección, abordar y conversar con sus seguidores por varias horas acerca de las verdades que tienen que ver con Él en la Biblia. Es un pasaje que comienza con una nota deprimente, triste, típica de la desilusión y el fracaso y termina en una alta nota de gozo y entusiasmo.

En Lucas 24:13-17 primero vemos la muerte de la esperanza.

El versículo 13 hace referencia a Lucas 24:1 que dice “el primer día de la semana, al rayar el alba, las mujeres vinieron al sepulcro”; esto era el domingo luego de Jesús haber sido crucificado. Lucas 24:8-9 dice que las mujeres le contaron lo que vieron y lo que no vieron en el sepulcro a “los once y a todos los demás” lo cual nos deja saber que estos “dos” mencionados aquí no eran de los once, sino que eran discípulos de Jesús que habían escuchado el testimonio de las mujeres que fueron al sepulcro pero que “no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.” (Lucas 24:3)

Es evidente que estos dos no iban caminando con gran ánimo ni entusiasmo; estaban saliendo desde Jerusalén, posiblemente porque no había “nada que hacer” luego de la pascua. Ellos “conversaban entre sí acerca de todas estas cosas” que, según Lucas 24:19, eran “las referentes a Jesús el nazareno”. Mientras caminaban, “...Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos. Pero sus ojos estaban velados para que no le reconocieran.”  (v.15) El Nuevo Testamento menciona al menos 11 apariciones de Jesús luego de su resurrección y, extrañamente, en todos los casos, nunca fue reconocido de inmediato. No era que pareciera un ser celestial; sólo cuando se apareció a Pablo se podría decir que fue evidente Su divinidad. Incluso, Jesús se veía tan humano que cuando se le apareció a María Magdalena cerca del sepulcro (Juan 20:15), ella lo confundió con el jardinero.

En Lucas 24:17 comienza el intercambio con el “extraño” quién les pregunta sobre las discusiones que ellos están teniendo. “Ellos se detuvieron, con semblante triste.” (v.17) y “respondiendo, uno llamado Cleofas le dijo: ¿Eres tú el único visitante en Jerusalén que no sabe las cosas que en ella han acontecido en estos días?” (v.18). Sin duda, los seguidores de Cristo estaba irritados, decepcionados, confundidos, y en un estado de profunda incredulidad. ¿Cómo es posible que haya pasado lo que pasó? Ellos no lo podían entender. Tenían claro que Jesús era “un profeta poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el todo el pueblo” (v.19) y todo indicaba que era el Mesías al punto tal que decían, “nosotros esperábamos [pasado] que era El era el que iba a redimir a Israel.” (v.21) El problema que ellos veían era que todo parecía indicar que todo se había acabado ahí porque “ya es el tercer día desde que estas cosas acontecieron” (v.21) y nada había pasado, acorde a ellos. Algunas mujeres dijeron que vieron ángeles (Lucas 24:23) que decían que Él vivía, “pero a El no le vieron.” (Lucas 24:24) La reacción de estos discípulos demostraba que ellos sabían lo que había ocurrido sin saber por qué habían ocurrido. Tenían una lectura humana de eventos de trascendencia divina; con razón su esperanza había muerto.

En Lucas 24:25-35, Jesús hace que la esperanza vuelva a la vida.

Jesús comienza a hablar, haciéndolos reflexionar sobre lo que ellos sentían y pensaban. Teniéndolos ahí, Jesús empieza a hablarles a estos discípulos, aún sin revelar su identidad (Lucas 24:25-27). Las primeras palabras de Jesús son de reprensión—los llama “insensatos y tardos de corazón” o despistados y torpes, no porque son estúpidos sino porque están espiritualmente indispuestos a entender “todo lo que los profetas han dicho” (Lucas 24:25). En otras palabras, estos discípulos se encontraban en esta condición porque no concebían ciertas verdades sobre el Mesías que habían sido reveladas por los profetas. Y Jesús, con una paciencia típica de Él y muy diferente a la nuestra, usando lo que Moisés y “todos los profetas” habían escrito, procedió a explicarles por qué “era necesario que el Cristo padeciera todas estas cosas y entrara en su gloria” (v.26). La verdad es que todo el Antiguo Testamento apunta hacia Jesús como Salvador; Jesús es el Mesías y el cumplimiento de la profecía.

Es sorprendente el camino que Jesús toma para encender en estos discípulos el fuego de la esperanza. Aunque la evidencia es importante, El decide irse por el camino de la instrucción más que de la evidencia. Este camino sería más provechoso para su fe; Jesús quería no sólo emocionarlos, sino fortalecerlos.

Finalmente, en Lucas 24:28-35, vemos el resultado de la esperanza. A lo largo de estos versos hay una clara indicación que el estado emocional de estos discípulos era totalmente diferente a como era al inicio del relato (Lucas 24:13). Ellos “le instaron...quédate con nosotros…” (Lucas 24:29), evidencia de su disposición de compartir. Aún antes de que sus ojos “fueran abiertos” (Lucas 24:31), ellos reportan que sentían como “ardía nuestro corazón dentro de nosotros mientras nos hablaba en el camino, cuando nos abría las Escrituras.” (v.32) Este “fuego” venía de ver al Mesías en los pasajes expuestos por Jesús. Surgía un nuevo vigor, un ánimo, un entusiasmo, una esperanza que vino por la fe más que por la evidencia. Y entonces, “levantándose en esa misma hora, regresaron a Jerusalén…” (Lucas 24:34) para encontrarse con los once “que decían: Es verdad que el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón. Y ellos contaban sus experiencias en el camino, y cómo le habían reconocido en el partir del pan.” (vv.34-35)

¡Jesús resucitó!

Esta historia nos muestra que Dios tiene gloriosos propósitos en las más extrañas circunstancias de nuestras vidas. Ciertamente, Dios se glorifica aún cuándo en nosotros exista una sensación de, ¿“y cómo puede ser esto posible”? No ver a Dios en un momento dado, no significa que El no está presente, a nuestro lado. Aún aquellos momentos donde sentimos a Dios “ausente”, Él trabaja en aumentar nuestra confianza y fe. La Palabra de Dios es la más segura fuente de fe, confianza, plenitud y cercanía con Dios.

El corazón del cristiano ha de “arder” al ver su glorioso Dios revelarse en Su Palabra. Si así no ocurre, busquemos el problema no en el fuego, sino en la “leña” de nuestro corazón. ¿Qué es más característico en tu caminar cristiano? ¿Un sentido de desilusión y derrota, típico del que viene de “un entierro”, o uno de victoria y gozo, propio del que está lleno de esperanza y gloriosa anticipación?

10 de Febrero de 2019

El perdonado que no perdona

El domingo 10 de febrero, el pastor Héctor Salcedo predicó el sermón “El perdonado que no perdona” basado en Mateo 18:21-35.

Este versículo trata un tema fundamental en el cristianismo, “el perdón”. Los discípulos cercanos a Jesús lo habían escuchado enseñar sobre el perdón en múltiples ocasiones, pero no necesariamente entendían todas las implicaciones de Sus enseñanzas. De hecho, la pregunta que hace Pedro en Mateo 8:21, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?”, es una indicación de algunas de su falta de entendimiento en cuanto al tema del perdón. La razón por la cual Pedro pregunta esto aquí, es porque, sólo unos versos atrás, Jesús instruyó sobre el proceso de confrontar a un hermano cuando peca (Mateo 18:15-17).

Los rabinos entendían el perdón como algo opcional en algunos casos, y cuando se daba, estaba limitado a solo algunas ocasiones. Lo sorprendente de la respuesta de Jesús fue que dijo, “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”, refiriéndose a la necesidad de que perdonemos indefinidamente. El énfasis no está en el número de veces que se debe perdonar sino en el desprendimiento en nuestra actitud de perdón. Esto es algo chocante para la mente carnal. Jesús está indicando que Sus seguidores no llevan cuenta de las veces que perdonan y que aman como está descrito en 1 Corintios 13:5. Humanamente hablando, esto es casi inconcebible y hasta injusto. ¿Por qué tendría yo que perdonar a una persona que de manera reiterada me ha herido? Y la respuesta de Jesús fue, ¡Por qué esa es la forma como Dios los ha perdonado a ustedes! Frente a Dios pecamos, expresamos pena por nuestro pecado y buscamos el perdón de Dios, luego nos damos la vuelta y cometemos exactamente el mismo pecado. De ahí entonces la parábola de Mateo18:23-35 donde Jesús comunica de manera magistral que Dios tratará duramente con aquellos de Sus hijos que no muestren el mismo tipo de perdón que ellos han recibido de parte de Dios.

Analicemos esta parábola dividiéndola en tres “escenas”:

(1) Escena del Perdón del Rey (Mateo 18:23-27)

Pensemos en como es que Dios opera en lo que respecto al perdón. La parábola comienza diciendo, el reino de los cielos puede compararse a cierto rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Y al comenzar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos.” Esta parábola, posiblemente hace referencia la dinámica de los reyes con sus gobernadores de provincias, o sátrapas. Cada cierto tiempo, dicho sátrapas tenían que traer impuestos recolectados; en la situación descrita parece ser una en la que el gobernador cobró pero gastó lo cobrado, poniéndolo en una deuda impagable. Ante la insolvencia del siervo, aún sin juzgarle por su malversación, el rey procedió según la ley de venderlo junto a su familia, algo que no pagaría su deuda ni ínfimamente, pero era lo que correspondía legalmente. El siervo, sabiendo que no tenía justificación alguna ni los medios para pagar lo que debía, “cayó postrado” y apela a la paciencia y promete pagar la deuda. El rey típico de la época, se hubiese indignado con la promesa insensata de pagar tal deuda… pero este no era un rey típico. El rey no sólo perdona la deuda, sino que perdona la maldad y corrupción que condujo a este individuo a esta situación (Mateo 18:27). Dios, en su gracia y misericordia por nosotros, perdona ciertamente la deuda del pecado, pero no sólo eso, es que nos coloca como sus hijos amados.

(2) La Escena del Rencor del Siervo Perdonado (Mateo 18:28-31)

El siervo perdonado sale de su reunión con el rey habiendo recibido “tal alivio” y se encuentra con alguien que le debe a el. La deuda del siervo hacia el rey es incomparablemente mayor que la deuda del siervo con cualquier consiervo. Pero a pesar de que la deuda perdonada a él era incomparablemente menor, “lo echó en la cárcel hasta que pagara lo que debía” (Mateo 18:30). Esta fue una decisión propia; su consiervo le hizo la misma petición que él hizo al rey y, “sin embargo, él no quiso”. La falta de perdón es eso, una decisión que se toma de mantener al otro como nuestro deudor. Cuando vemos el perdón del rey concedido, al lado del perdón del siervo retenido, hay una especie de “repulsión” al ver tal actitud, de tristeza. Eso fue lo que experimentaron los consiervos en Mateo 18:31 y se lo dijeron a su señor, el rey.

(3) La Escena del Juicio al Siervo Rencoroso (Mateo 18:32-35)

“Entonces”, al enterarse el señor, lo manda a llamar, a rendir cuentas de su actitud hostil hacia su consiervo. Las primeras palabras del rey fueron “siervo malvado”. Esto es lo que Dios piensa de la falta de perdón: es algo malvado y perverso. En Mateo 18:33, hay una poderosa “lógica divina”: ¿No deberías tú también haberte compadecido de tu consiervo, así como yo me compadecí de ti?” La evidente respuesta es “claro que debí dar a mi hermano, el mismo trato que yo pedí para mi, de misericordia y paciencia.” Jesús presenta al rey como “enfurecido” (v.34) ante la falta de perdón del siervo, y con razón. El rey [Dios] se dispone ahora a lidiar con la maldad de su siervo “lo entrega a los verdugos hasta que pague todo lo que le debía.”

En el versículo 35, Jesús agrega, “Así también mi Padre celestial hará con vosotros, si no perdonáis de corazón cada uno a su hermano.” Esto es lo que Dios hará con todos los que nos rehusemos a perdonar a los que pecan contra nosotros. El trato del rey [Dios] con el siervo rencoroso es una indicación de que Dios no dejará sin disciplina a aquellos que se nieguen a perdonar. Los cristianos que se niegan a perdonar a otros serán sometidos al tipo más severo de disciplina, hasta que aprendan a perdonar, así como han sido perdonados.

Este domingo, el pastor Héctor Salcedo predicó la segunda parte del sermón El engaño del dinero basado en Lucas 12:13-21.

En el Lucas 12:16-21, Jesús usa una parábola para ilustrar y aclarar Su enseñanza del verso 15. Más específicamente, Lucas 12:21 expone con claridad que el problema de la avaricia, de la que Jesús quiere que nos cuidemos, tiene que ver con un “enfoque de vida”. El mensaje no es que disfrutar de lo que Dios nos provee tenga algo de perverso; el problema fue que el rico de la parábola acumuló tesoros terrenales a expensas de los celestiales. Su problema fue que la relación con su riqueza suplantó la relación con Dios; hizo de lo material su “tesoro” y su dios. Mateo 6:24 dice, “Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.”

¿Cómo evitamos eso en nuestras vidas? En la parábola hay por lo menos tres aspectos que este individuo olvidó o no tuvo en cuenta y que lamentablemente lo llevaron a acumular tesoro “aquí para él” y no “allá para Dios”.

1. Dios es el dador de todo (v.16). Contrario a lo que pasa comúnmente, la riqueza debe llevarme a la gratitud más que al orgullo. En esta parábola, es interesante que Jesús tomara como ejemplo de este hombre rico, a un agricultor quien, de todos los empresarios, debería ser el más consciente de que su riqueza no procede sólo de sus habilidades sino de la mano bondadosa de Dios. Pero a pesar de esto, ante lo abundante de su cosecha, este hombre no eleva sus ojos al cielo para atribuírselo a Dios ni emite palabra alguna de gratitud. Esta es la razón por la que se dice en Proverbios 28:11, “El rico es sabio ante sus propios ojos...” El que siente que se ha “hecho a sí mismo” y que ha logrado “el éxito” por su sola destreza llega a pensar que está bien casi en todo lo que piensa y hace. Creer esto crea un verdadero obstáculo para pensar que necesito de Dios. La riqueza más que al orgullo debe conducir mi corazón a la gratitud y a la humildad delante de Dios quién ha concedido favor. Pero se debe mencionar algo que parece paradójico: si es Dios quién da, asimismo en Dios quien quita o retiene. De la mano bondadosa de Dios proviene tanto la riqueza como la pobreza. Así como el rico tiende a olvidarse de la bondad de Dios en su progreso y eso lo enorgullece, de la misma manera el pobre tiende a olvidarse de la bondad de Dios en su pobreza y eso lo irrita.

2. Las riquezas no nos son dadas sólo para nosotros. Contrario a lo que pasa, la abundancia debería aumentar mi nivel del dar, no sólo mi nivel de vida. Ante la abundante cosecha se le presenta un “buen problema”: tiene tanto que no sabe dónde lo va a guardar; es típica la “ansiedad de la conservación” de la riqueza. En su auto-conversación, notamos un hombre enfocado en sí mismo. El avaricioso, el materialista, la persona que cuyo tesoro está aquí y no allá, vive de manera egoísta, centrado en sus deseos más que en las necesidades de los demás. De la misma forma que no vemos gratitud hacia Dios para la abundante cosecha que recibió, tampoco vemos sensibilidad y disposición a compartir hacia los necesitados.

La palabra “generosidad” en la Biblia puede traducirse como “mano abierta”; implica dar libremente, sin ser obligado. Dios es generoso (Mateo 5:43-45) y abundante (Santiago 1:5; Tito 3:6); Su mayor acto y muestra de generosidad es la cruz. Pero la generosidad no sólo es mostrada por Dios mismo en Su trato hacia nosotros sino exhortada para que la practiquemos. Él espera que Sus hijos sean “intencionalmente y gozosamente” generosos en todo y en especial con esto de los recursos materiales.

3. El que acumula tesoros en la tierra y no es rico para con Dios olvidó fue lo corta que es la vida aquí. La realidad de la muerte le quita el sentido a vivir sólo para aquí y para el ahora (Lucas 12:20). Este es el hombre que ha alcanzado “el éxito”, ha trabajado y acumulado lo suficiente para decirse a sí mismo: disfruta, descansa, come, bebe. Humanamente hablando, al menos en la historia, no vemos indicio de problema mayor. Pero hay un problema que nadie pudo anticipar: morirá el mismo día que se dispone a disfrutar de “su riqueza”. Ante la realidad de la muerte, ha quedado expuesta su pobreza; a pesar de ser un hombre materialmente “previsor” no lo fue espiritualmente. Dios lo confronta con su falta de previsión y le llama “necio” o tonto, ignorante, simple, sin sentido común, no sabio. La Palabra nos dice en Eclesiastés 7:2;4, “Mejor es ir a una casa de luto que ir a una casa de banquete, porque aquello es el fin de todo hombre, y al que vivelohará reflexionar en su corazón. El corazón de los sabios está en la casa del luto, mientras que el corazón de los necios está en la casa del placer.” Es de sabios pensar en que somos temporales, finitos y, para Dios, vive mejor el que sabe que va a morir ya que saber que nuestro tiempo es limitado nos enfoca en lo importante.

14 de Octubre de 2018

El engaño del dinero

Este domingo, el pastor Héctor Salcedo predicó el sermón El engaño del dinero basado el Lucas 12:13-15.

El dinero y las posesiones siempre han tenido un rol vital en el desarrollo de las civilizaciones a través de la historia. Se podría decir que la “motivación” de conseguir riquezas ha sido el principal motor del avance del mundo. Visto así, el dinero y el avance material es bueno. No obstante, en vista de la presencia de pecado en el corazón humano, el deseo de lucro se desborda y termina produciendo todo tipo de problemas. Tal y como pasa con todos los temas de nuestra existencia, la Palabra de Dios es nuestra lámpara, y cuando de dinero y posesiones se trata, la Biblia tiene mucho que decir. De hecho, Jesús habló en diversas ocasiones acerca de los bienes materiales y quizás resulte curioso para muchos saber que su enseñanza más frecuente implícita o explícitamente con relación al dinero y las posesiones fue “¡cuidado!”

En Lucas 12:13-15, Jesús está enseñando a una gran multitud y en medio de su discurso, es interrumpido por un hombre que le habla de una herencia diciendo, “maestro, dile a mi hermano que divida la herencia conmigo.” Llama la atención lo “inoportuno” que fue este individuo. En medio de un discurso ante miles de personas, trae un tema personal a ser mediado por Jesús. Claramente, el interés por su herencia le distrajo del hecho de que tenía enfrente a Dios mismo, enseñando asuntos que trascienden lo material (Lucas 12:12). Esta interrupción ilustra de manera precisa lo que las posesiones tienden a producir en el corazón humano; capturan nuestra atención al punto de desviarnos de Dios.

Jesús, al ser interrumpido, “pone distancia” y no pierde tiempo con asuntos que no tenían que ver con Su misión diciendo “hombre!, ¿quién me ha puesto por juez o árbitro sobre vosotros?” (Lucas 12:14). El individuo quería usar a Jesús para sus fines y Jesús no se lo permite y se mantiene al margen de la discusión. No obstante, al percatarse Jesús de lo que hay en el corazón de este individuo, aprovecha la ocasión para dejar una enseñanza de valor eterno. Lucas 12:15 dice, “Y les dijo: Estad atentos y guardaos de toda forma de avaricia; porque aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes.” No sabemos si el individuo entendió que Jesús decía esto primero por él, pero lo cierto es que la enseñanza no fue sólo para el inoportuno sino para todos.

La selección de palabras que Jesús usa en esta enseñanza es extremadamente importante; los términos apuntan a que la avaricia se mueve con sutileza, es subrepticia, es decir, que actúa de manera oculta, de forma imperceptible. Jesús nos advierte de esta inclinación de nuestro corazón, en vista de que como dice la segunda parte del verso 15: “...porque aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes.” En otras palabras, la vida plena, significativa y valiosa que el ser humano busca no se encuentra en la acumulación de posesiones de este mundo. Que tremendo error sería enfocar nuestras vidas en cosas materiales que al final no producen en nosotros los resultados deseados.

Nada de esto significa que ser rico es malo, pecaminoso o perverso. El problema no es la cantidad sino nuestra actitud hacia lo material; cuando pienso que lo que necesito para sentirme satisfecho es tener más cosas o cuando mi contentamiento depende de algo que no es Dios. Contra esto es que Jesús está advirtiendo. Lamentablemente, el mundo en el que vivimos opera otorgando a lo material un nivel de importancia que está muy por encima al que la Palabra de Dios le da y nosotros no estamos ajenos a esta influencia. Si nos exponemos, aunque sea mínimamente, a los medios de comunicación es fácil percibir que el mensaje claro y alto que se escucha es que “más es mejor”. Es por esta fuerza que tienen las ideas avariciosas y materialistas en el corazón humano y la naturaleza sutil de este pecado que Jesús advierte enfáticamente de que estemos atentos y en guardia para no ser seducidos (1 Timoteo 6:9-10; Mateo 13:22; Lucas 18:18-24; Proverbios 30:7-9).

 

23 de Septiembre de 2018

Padres controlados por el Espíritu

Este domingo el pastor Héctor Salcedo predicó el sermón “Padres controlados por el Espíritu” basado en Efesios 5:18-6:4.

Sin duda, la familia es vital, fundamental en el orden divino. Pero lamentablemente, el pecado hace que las familias, incluso las “cristianas”, mal funcionen. Por un lado, las esposas luchan con someterse a sus maridos como al Señor y en lugar de ser ayudas idóneas, introducen pesar, cuestionamiento, crítica y manipulación a la relación matrimonial. Por su parte, los esposos no aman de manera servicial a sus esposas. Se nota un desdén para liderar, una negligencia para involucrarnos en los asuntos emocionales de nuestras familias. En este ambiente, los hijos tampoco funcionan bien ya que esposos que no funcionan según el diseño de Dios, difícilmente ejercen su paternidad según el diseño de Dios.

Efesios 6:4es quizás el versículo más específico con respecto a la crianza de toda la Biblia y el más completo en cuanto a lo que nos corresponde hacer como padres. Iremos frase por frase y “desempacando” todo lo que encontramos aquí con relación a la crianza.

Primero, debemos determinar el quien de la crianza (Efesios 6:4). En el original, la palabra para “padres” está en masculino. No obstante, esta palabra también era usada para referirse a ambos padres (Hebreos 11:23). Pablo convoca a Papá y Mamá a involucrarse en la tarea de criar a sus hijos. En varios pasajes, la Biblia asume que la formación de los hijos recae en ambos padres, no es la iglesia, ni el colegio, ni el terapeuta. Según el diseño bíblico para la familia la mujer será la que más tiempo pase con sus hijos, pero esto no implica que ella es la responsable de la crianza de los hijos. Es decir, el hombre, aunque quizás esté menos tiempo en la casa, está llamado a estar pendiente y a participar de las decisiones de crianza. Ambos padres involucrados, el hombre como cabeza, responsable de los asuntos de la crianza, ayudado cercanamente y proactivamente por su esposa. Esta dinámica incluye todo tipo de decisiones, grandes y pequeñas.

Un aspecto de vital importancia es que el primer aporte que haga los padres a una buena crianza es un matrimonio que funcione según el diseño de Dios. No es casual que antes de este verso de crianza, Pablo se habló sobre el funcionamiento de la relación matrimonial (Efesios 5:22-5:33). Les habló a las esposas de su sometimiento en todo a sus maridos como al Señor. Les habló a los esposos de su amor entregado y sacrificado como Cristo lo hizo por su iglesia. En otras palabras, un matrimonio malo boicotea una crianza saludable.

Segundo, se habla de la forma de la crianza en Efesios 6:4 donde dice, sean sensibles a como se sienten sus hijos, consideren el efecto emocional que tiene su método de crianza. Esto era algo extremadamente chocante para la cultura a la que Pablo le escribe donde los padres romanos tenían la total autoridad sobre sus y podían hacer lo que ellos quisieran. El mandato es contracultural y, de hecho, todo el contexto en el que este pasaje se encuentra, resulta transformador para las relaciones de subordinación de la familia y de la sociedad del momento. Dios quiere que en todas nuestras relaciones prime el trato humilde los unos con los otros. En el caso específico de los padres, se le llama a un trato tal que no genere ira en sus hijos (Colosenses 3:21).

La idea es que los padres pueden crear un ambiente de tanta exigencia, tan demandante, tan crítico, que los hijos sientan que es imposible agradar a los padres o que agradarlos no hace ninguna diferencia o que, de hecho, que disgustar a los padres es divertido.El espíritu del mandato de Pablo es prevenir que provoquemos una ira que no es necesaria producir y que pudimos haber evitado con el simple hecho de cambiar la forma como procedemos con nuestros hijos.

El tercer aspecto qué hacer de la crianza es el que hacer de la crianza (Efesios 6:4). En sentido general, hoy en día se entiende que criar a nuestros hijos es proveerles económicamente, educarlos académicamente y divertirlos lo más que se pueda. Pero a partir de este pasaje, es claro que la crianza para los padres cristianos es algo que tiene un contenido muy específico. Fíjense que estamos llamados a criar [levantar] a nuestros hijos en la disciplina [“entrenamiento”] e instrucción [“enseñanza”] [“que proviene”]del Señor.

Nuestro rol fundamental es conducir a nuestros hijos de tal forma que conozcan y amen al Señor. El problema es que, como padres, no podremos hacer esto bien y de manera consistente a menos que no estemos llenos del Espíritu. La llenura del Espíritu produce en el creyente un estado de sujeción mutua que incluye padres dispuestos a criar a sus hijos de la forma amorosa y comprometida que Pablo instruye. Una buena crianza bíblica comienza con mi santificación como padre y mi rendición al control de Dios en mi vida por medio de Su Palabra.

22 de Abril de 2018

El propósito del matrimonio

Esta semana, el pastor Héctor Salcedo predicó el sermón “El propósito del matrimonio” basado en Génesis 2:24-25.

El tema del matrimonio es uno que siempre genera enorme interés; es como si la gente siempre está buscando respuesta a sus problemas con su conyugue. Lo más importante en saber es que el matrimonio es mucho más significativo, sublime, e importante de lo que nosotros suponemos. Es una institución que nace en la mente de Dios (Gen. 2:18), con el objetivo de crear de dos seres una unidad relacional que reflejara la imagen misma del Dios trino (Gen. 1:27), que le permitiera al ser humano completar los propósitos para los cuales Dios lo creó (Gen. 2:18) y que sea el hermoso reflejo de la relación que existe entre Cristo y su iglesia (Ef. 5:32).

¿Cómo entiende Dios, que el matrimonio debe funcionar? Génesis 2:24 es el pasaje por excelencia sobre el matrimonio. Si queremos saber lo que se supone debe ocurrir en la relación matrimonial debemos ir a Génesis 2:24 y su contexto. Ahí hay al menos cuatro condiciones que deben cumplirse para que un matrimonio funcione como Dios quiere.

1. Debe ser una relación complementaria (Génesis 2:18)

Dios crea una “ayuda idónea” así creando una estructura de funciones. La mujer fue creada para ayudar al hombre a hacer lo que Dios le ha llamado a hacer (1 Cor.11:9; 1 Tim. 2:13). La mujer, creada del ADN masculino, a imagen de Dios, se coloca por diseño de Dios debajo de la autoridad de su esposo en la relación matrimonial.  Es posible que esto le sea chocante a la mujer, sobre todo en nuestros días, pero es importante recordar que el matrimonio no se trata de nosotros como de reflejar una realidad más grande.

En el caso del hombre, esto puede inflar su orgullo y “darle licencia” para el autoritarismo dentro de la casa; pero recuerda, Dios creó a la mujer porque el hombre necesita ayuda. Además, en el rol de cabeza no se trata del hombre; él está llamado a reflejar a Cristo mismo en su trato hacia su iglesia, su novia (Ef. 5:25; Ef. 5:28-29).

2. Debe ser una relación autónoma y prioritaria (Génesis 1:24a)

A menos que los casados no dejen a sus padres, no hay forma de que la nueva estructura familiar se afiance. El nuevo esposo debe ser autoridad; el padre no puede seguir siendo autoridad ni sobre su hijo(a), pues boicotearía la autoridad del nuevo esposo. La nueva esposa debe ser ayuda idónea y la madre no puede seguir siendo ayuda idónea de su hijo ni hacerlo por su hija, pues boicotearía el rol de la nueva esposa. El matrimonio refleja a Cristo en Su unión con Su iglesia, y para Cristo unirse a la iglesia el padre lo tuvo que entregar y el hijo dejar su gloria en aras de unirse.

Además de autónoma, el matrimonio ha de ser una relación prioritaria por encima de todas las demás relaciones humanas. El matrimonio implica “dejará el hombre...” lo cual conlleva que mi conyugue es ahora la relación en la que debe invertirme de manera más intensa.

3. Debe ser una relación de unidad total (Génesis 2:24b)

La palabra “unirá” implica literalmente “se pegará a su mujer” así produciendo “una sola carne”. Esta implicación va mucho más allá del aspecto físico-sexual: la unidad ha de producirse en todos los aspectos de nuestras vidas. Dios quiere comunicar esto de una manera tan clara, que crea a la mujer precisamente del mismo cuerpo de Adán.

En Efesios 5:28-29, Pablo le dice al hombre que debe cuidar a la mujer como si fuera "su propio cuerpo...". Una vez más, esto puede parecerme radical, pero es la mejor forma de reflejar adecuadamente lo que el matrimonio está supuesto a reflejar, que es la unión de Cristo con su iglesia.

4. Debe ser una relación segura y por ende transparente (Génesis 2:25)

“Y estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban.”

Antes de la caída en pecado de Génesis 3, no había nada que esconder y por tanto nada que temer. La razón para no sentir vergüenza NO era porque tenían cuerpos perfectos; la no vergüenza era una evidencia de esa seguridad que da la conciencia tranquila y una relación segura.

Mantener la transparencia requerirá disposición a confesar, reconocer nuestras faltas y tener una disposición a perdonar.

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