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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es médico de profesión y pastor de vocación, con una maestría en Teología del Southern Baptist School for Biblical Studies. Desde el año 1998 ha sido pastor titular de la Iglesia Bautista Internacional de Santo Domingo, República Dominicana, y en la actualidad dirige su cuerpo de pastores. Adicionalmente es fundador y presidente de Ministerios Integridad Sabiduría®, una organización sin fines de lucro que tiene la visión de contribuir a cambiar la sociedad de nuestros días sembrando la Palabra de Dios por medio de recursos audiovisuales y literarios.

El Dr. Núñez es presidente y fundador del Instituto Integridad y Sabiduría, donde también es profesor de diferentes materias que componen el programa de estudios. También dirige y participa en la conducción del programa televisivo semanal Respuestas, Verdades absolutas para un mundo relativo®. Está casado con la Dra. Catherine Scheraldi.

 

01 de Septiembre de 2019

El hombre y su resistencia a Dios

Este domingo, el pastor Miguel Núñez continuó la serie Hasta los confines de la tierra predicando el sermón El hombre y su resistencia a Dios basado en Hechos 26.

 

En el último mensaje, vimos a Pablo siendo acusado ante el gobernador Félix, quien no encontró faltas con él, pero no tuvo el coraje para dejarlo libre y decidió mantenerlo en prisión. En la espera transcurrieron dos años y, al final de ese período, Félix fue llamado a Roma para rendir cuentas y fue sustituido por Festo. Las autoridades judías no se hicieron esperar y tan pronto Festo ocupó su posición como gobernador, volvieron a presentar sus cargos.

Festo había querido trasladar a Pablo a Jerusalén para que este fuera enjuiciado allí, pero como Pablo conocía que los judíos estaban prejuiciados contra él, decidió apelar al César. Ahora Pablo tenía que esperar la próxima oportunidad para viajar hasta la ciudad de Roma y ser juzgado por el Emperador. En el ínterin, el rey Agripa y su hermana Berenice deciden visitar al gobernador para presentar sus respetos (Hechos 25:23-26). Al día siguiente de su llegada, “Agripa y Berenice entraron al auditorio en medio de gran pompa, acompañados por los comandantes y los hombres importantes de la ciudad, por orden de Festo, fue traído Pablo.” Pablo está frente al gobernador Festo, el rey Agripa, autoridades religiosas y oficiales romanos. Las autoridades judías estaban allí en su afán de perseguir a Pablo para hacerlo desaparecer del mapa y hacer desaparecer el movimiento cristiano.

Agripa era de descendencia judía y pertenecía a la dinastía de los Herodes. El fundador de la dinastía fue Herodes el grande, quien trato eliminar a Jesús cuando tenía unos dos años edad, causando la gran masacre de la que nos hablan los evangelios. Su hijo fue Herodes Anticipas, tetrarca de Galilea quien decapitó a Juan el Bautista. El nieto de Herodes el grande fue Agripa I, quién mató a Jacobo el hermano de Juan a espadas (Hechos 12). El bisnieto de Herodes el grande fue el Agripa II, el que aparece en este relato, que también fue un degenerado. Por otro lado, Berenice, la compañera de Agripa II en este relato era hermana de Agripa II. Ella se casó a la edad de 11 o 12 años y luego se volvió a casar a la edad de 13 con su tío. De acuerdo con algunos escritores romanos de la época, a partir de ese momento, ella comenzó a vivir una relación incestuosa con su propio hermano Agripa II, el mismo que estaba supuesto a dar una opinión al gobernador Festo con relación al caso de Pablo.

Imagínense presentar un caso ante personas tan moralmente corruptas como estas. Sin embargo, al final de la historia, Agripa no encontró ninguna falta en el apóstol Pablo—Félix, Festo y Agripa concluyeron que Pablo era inocente. Ya Pablo había apelado al César, por tanto, ya tenía que viajar a Roma a presentar su caso. Así comienza el relato de este capítulo 26. Pablo hace una breve introducción (Hechos 26:1-3) donde menciona que se siente afortunado de presentar su defensa ante el rey Agripa. Más que una defensa personal de su caso, esto es más bien un testimonio de su conversión. Pablo pide paciencia a Agripa para ser escuchado y luego pasa a dar testimonio.

En esta ocasión, la defensa de Pablo puede ser dividida en 4 partes:

1. Su pasado como fariseo

2. Su conversión

3. La respuesta de Pablo a su llamado

4. La resistencia a Dios en las respuestas de Festo y Agripa

 

1. Su pasado como fariseo (Hechos 26:4-11)

Al dar nuestro testimonio, nuestro pasado es importante porque este se puede contrastar con nuestro presente lo cual ilustra el poder de Dios en nuestras vidas. Como enseñanza, recuerda que al testificar, tu testimonio no es tanto acerca de ti sino de la gracia de Dios que te alcanzó y del poder de Dios que te cambió. Tu testimonio debe ilustrar el evangelio de Cristo.

Cuando Pablo recuenta su pasado, podemos ver que, aparentemente, él fue muy conocido desde su juventud en Jerusalén ya que fue alumno de Gamaliel, uno de los maestros mas conocidos en esa época. Pablo también perteneció al grupo de los fariseos, conocedores de la ley para juzgar a los demás sin gracia ni misericordia. De ellos dijo Jesús en Mateo 23:3, “De modo que haced y observad todo lo que os digan; pero no hagáis conforme a sus obras, porque ellos dicen y no hacen.” Pablo era de ese grupo.

Esa ausencia de gracia y misericordia en los fariseos se vio reflejada en la vida religiosa que Pablo llevaba. En esa época, Pablo no llevaba una vida de creyente, sino una vida religiosa. El corazón de Pablo se había endurecido con pecado sin arrepentimiento. En el versículo 9 y 10 él dice, “Yo ciertamente había creído que debía hacer muchos males en contra del nombre de Jesús de Nazaret. Y esto es precisamente lo que hice en Jerusalén”. Cuando Pablo acusó y persiguió a los cristianos, pensaba que estaba sirviendo a Dios cuando en realidad estaba resistiendo a Dios.

Mientras su corazón se endurecía durante la persecución, Pablo encerró en cárceles a muchos de los santos con la aprobación de las autoridades religiosas, dio su voto para dar muerte a cristianos y los sometió a castigos, obligó a muchos a blasfemar y fue hasta ciudades extranjeras persiguiéndolos. Pablo y las autoridades judías estaban resistiendo a Dios, oponiéndose a lo que Dios estaba haciendo. Ahora, hay otra manera como Pablo se opuso a la acción de Dios; después de que Pablo habla de su pasado como fariseo, entonces el habla acerca de…

2. Su conversión (Hechos 26:12-18)

En esta tercera ocasión, al presentar su testimonio, Pablo nos da algunos detalles no dados en las dos ocasiones anteriores. Cuando Cristo interceptó a Pablo llegando a la ciudad de Damasco, él no sólo cayó al suelo, como parecería indicar en las narraciones anteriores, sino que todo los que andaban con Pablo también cayeron. También nos dice que la voz que Pablo escuchó decir, “Saulo, Saulo ¿por que me persigues?”, la escuchó en hebreo. Además, Saulo escuchó la voz decir también, “Dura cosa te es dar coces contra el aguijón,” una expresión que aparentemente era muy conocida en el mundo greco-romano para hacer referencia a oposición a la divinidad. En este caso, el animal de carga estaba representado por Pablo y el aguijón, no era otro que Cristo mismo que aparentemente había estado cargando la conciencia de Pablo mientras este perseguía a los cristianos, buscando su arrepentimiento, pero sin resultados. Pablo resistió a Dios por lo menos de dos maneras: resistió el movimiento cristiano persiguiéndolo y resistió la acción de Dios en su propia vida. Cristo probablemente venía hablando a la conciencia de Pablo desde que él dio su aprobación para matar a Esteban a pedradas como vimos al inicio del capítulo 8.

En este recuento de su conversión no se dice nada de que Pablo había quedado ciego y qué Ananías había ido a orar por él para quitar su ceguera y encomendarlo a la obra del ministerio (Hechos 9). En el primer relato de su testimonio, vimos que Dios advirtió a Pablo a través de Ananías que el sufriría mucho a causa de su nombre. Pero ahora se nos dice algo mas que Cristo le dijo: “Pero levántate y ponte en pie; porque te he aparecido con el fin de designarte como ministro y testigo, no sólo de las cosas que has visto, sino también de aquellas en que me apareceré a ti; librándote del pueblo judío y de los gentiles, a los cuales yo te envío.” (v.16-17)

Con esto Pablo entendió su responsabilidad: ser ministro y testigo. Ser ministro implicaba la obligación del proclamar el mensaje del evangelio tanto a judíos como a gentiles. Ser testigoimplicaba dar testimonio de la obra de la vida de Cristo en la vida de Pablo como una manera de ilustrar el mensaje de salvación que él mismo proclamaba. Junto con su llamado, Pablo recibió una promesa: el de ser librado de la persecución del pueblo judío y de los gentiles como hemos estado viendo.Esto no implicó inmunidad contra el sufrimiento, pero si implicó que Pablo no sería silenciado hasta qué el trabajo que Dios le había encomendado fuese completado.

La última revelación importante de este relato de la conversión de Pablo que no aparece en relatos anteriores tiene que ver con Hechos 26:18 el cual es relativo a la misión que Dios le estaba encomendando. Dios llamó a Pablo, al ministerio de la evangelización de los incrédulos y esto iba a implicar el abrir los ojos de los no creyentes, lo cual ocurre por medio de la predicación del evangelio.

El estado de rebelión del hombre caído es comparado con la ceguera; un hombre ciego puede tener algo en su frente y no verlo. Así es la ceguera espiritual del hombre inconverso: ese hombre escucha el mensaje de salvación y no lo entiende y escucha la promesa de vida eterna y no le interesa. En ese estado el hombre no puede ver que está perdido ni puede ver la gravedad de su pecado porque su mente le ha convencido de que tiene la razón y que el resto del mundo está equivocado.

El hombre inconverso llama al bien mal y al mal, bien; él no quiere venir a Dios porque desea permanecer en libertad cuando en realidad no es libre sino esclavo del pecado y de Satanás (2 Timoteo 2:25-26).

3. La respuesta de Pablo a su llamado (Hechos 26:19-23)

La aparición de Cristo echa a Pablo de camino a Damasco parece un cuento de hadas al hombre que está ciego espiritualmente. Pero Pablo estaba confiando en el obrar del Espíritu esperanzado en que el rey Agripa y a Festo pudieran llegar a creer el mensaje de salvación y que Pablo estaba siendo obediente a una obra encomendaba por Dios mismo.

Pablo especifica que inició predicando a judíos en Damasco y Jerusalén, pero que luego pasó a testificar a los gentiles—tanto judíos como gentiles tenían y tienen la necesidad de arrepentimiento. Esto era motivo de irritación para los judíos por dos razones. Primero, los judíos no creían que ellos necesitaban arrepentimiento sino que al ser descendientes de Abraham, ya tenían salvación. No habían entendido que la circuncisión de la carne no implica circuncisión de corazón. La segunda razón de su ira fue que Pablo estaba llamando a los gentiles hacer parte de la familia de Dios, lo cual ellos nunca hubiesen aceptado ya que pensaban que los gentiles no eran dignos de formar parte de una misma familia con ellos.

Pero Pablo explica que lo que él predicaba era consistente con el mensaje que Moisés y los profetas habían predicado (Hechos 26:21-23). Ya en el Antiguo Testamento se había profetizado que el Cristo debía de padecer y que resucitaría. Ese era el mensaje de la predicación de Pablo y como Agripa era de descendencia judía, Pablo estaba tratando de hacer conexión entre lo que ya se sabía y lo que él ahora conocía.

4. La resistencia a Dios en las respuestas de Festo y Agripa (Hechos 26:24-29)

El hombre tiende a resistir a Dios; lo vimos en la vida de Pablo mientras daba coces contra el aguijón, en las autoridades judías que acusaban a Pablo y resistían su mensaje y ahora la vemos en la vida de un gobernador y un rey (Hechos 26:24-25). La ceguera espiritual del hombre lo lleva a pensar que el mensaje de salvación de Jesús, el Cristo, es un mensaje que solo un loco puede creer (1 Corintios 1:18; 2:14). Eso pensó Festo de Pablo lo cual lo llevó a resistir a Dios.

Pablo entonces vuelve su atención al rey Agripa en los versículos 26-29 y parece que el rey recibió cierta luz. Quizás por eso Pablo le dice: “Rey Agripa, ¿crees en los profetas? Yo sé que crees.” Pero parece que Agripa se asustó y en vez de invitar a Pablo a que continuara su explicación, terminó cuestionándole de esta manera: ¿Crees que en poco tiempo me vas a persuadir de ser cristiano? A lo que Pablo responde que él quisiera que todos los que le escuchen se convirtieran y fueran como él, excepto por las cadenas.

Ciertamente Pablo tenía una pasión por los perdidos; sentía un gran peso por su condenación y tenía un gran deseo por su salvación. Lamentablemente, a nosotros nos falta esa pasión por querer alcanzar a los perdidos, no sentimos el dolor por su condenación y muchas veces tampoco nos gozamos y deleitamos en su salvación.

El relato concluye de esta manera: “Entonces el rey, el gobernador, Berenice y los que estaban sentados con ellos se levantaron, y mientras se retiraban, hablaban entre ellos, diciendo: Este hombre no ha hecho nada que merezca muerte o prisión. Y Agripa dijo a Festo: Podría ser puesto en libertad este hombre, si no hubiera apelado al César.” (v.30-32) Festo y Agripa tenían la autoridad para dejar a Pablo libre pero no tenían ni la convicción ni el coraje o el valor; temían a los judíos… temían al hombre.

¿Por qué no dejar libre a un hombre que había sido encontrado como inocente? Lo mismo ocurrió con Jesús: Pilato lo encontró inocente; la mujer de Pilato tuvo un sueño y le recomendó que lo dejara libre porque era inocente; Herodes también lo encontró inocente. Dios tenía el poder para haber liberado tanto al uno como al otro, pero no lo hizo. Jesucristo tenía que ir a la cruz para escribir el Evangelio con Su sangre; ahora, Pablo tenía que ir a Roma para seguir testificando de dicho evangelio.

11 de Agosto de 2019

Pablo, un acusado sin causa

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón Pablo, un acusado sin causa basado en Hechos 25:1-12 y como una continuación de la serie “Hasta los confines de la tierra”.

04 de Agosto de 2019

Coqueteando con la verdad

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón Coqueteando con la verdad basado en Hechos 24:24-27.

 

Hace unos días atrás, la comunidad evangélica internacional fue chocada con la noticia de qué Joshua Harris, el pastor y autor del afamado libro, I kissed dating goodbye (Yo le dije adiós al noviazgo), había anunciado su divorcio y su abandono de la fe. Éste fue un hombre que abrazó la fe bíblica, proclamó el evangelio de manera extraordinaria y, sin embargo, después de años de predicar el evangelio bíblico, acaba de anunciar que ha abandonado la fe. El anuncio, por un lado, es causa de gran tristeza y por otro lado abre nuestros ojos a ver que existe una diferencia entre aquellos que solo profesan la fe y aquellos que poseen la fe. En muchos casos la única manera de saber quién es quién es a través de la prueba del tiempo.

La prueba del tiempo no es más que la persistencia del creyente de forma consistente en los caminos de Dios hasta el final. Algunos como el apóstol Pablo han pagado el precio hasta el final. Otros han perseverado por un largo tiempo, pero no hasta el final. Otro grupo, habiendo escuchado el mensaje del Evangelio una y otra vez, nunca dieron el paso de abrazarlo y lamentablemente terminan en la condenación eterna. Ese grupo que se ha expuesto a la verdad de Cristo de manera recurrente sin abrazarla ha estado coqueteando con la verdad.

Coquetear con el evangelio de Cristo sin abrazarlo tiene consecuencias severas, dolorosas y eternas. En Hechos 24:24-27, veremos al gobernador Félix escuchando la verdad de manera recurrente pero nunca abrazándola, así como Herodes Antípas quien terminó decapitando a Juan el Bautista (Marcos en 6:20).

En el sermón pasado, vimos que el apóstol Pablo había llegado hasta Cesárea custodiado para evitar una muerte planificada por más de 40 hombres interesados en quitarle la vida. Las autoridades judías eventualmente se movilizaron hasta la ciudad de Cesárea para presentar sus quejas ante el gobernador Félix. Estas acusaciones fueron presentadas no por el sumo sacerdote Ananías, sino por un abogado de nombre Tértulo y fueron precedidas por una gran lisonja acerca de la bondad del gobernador Félix cuando en realidad este hombre fue conocido por su inmoralidad y crueldad. Por otro lado, las acusaciones mismas representaban mentiras caracterizadas por la especulación, la alteración de los hechos y en otros casos eran simplemente mentiras francas. Por su parte, el apóstol Pablo presentó su versión de los hechos de una forma más sucinta; termina presentando su propio testimonio. El gobernador Félix no pudo encontrar falta con el apóstol Pablo y decidió esperar hasta que subiera el comandante Delicias quien estaba en Jerusalén para decidir el caso de Pablo. Mientras tanto, el gobernador dio instrucciones para que mantuvieran a Pablo bajo custodia.

En Hechos 24:24-27, el gobernador Félix quiso escuchar a Pablo de nuevo pero esta vez en presencia de su mujer, Drusilla. Ella era la hija menor de Herodes Agripa, el rey responsable de decapitar al apóstol Jacobo, el hermano de Juan. El texto nos dice que Dios juzgó a Herodes Agripa un día cuando una multitud dijo que cuando él hablaba, su voz era la voz de Dios y no la voz de un hombre. Como este rey no dio gloria a Dios, un ángel del Señor le quitó la vida. Herodes Agripa repentinamente cayó muerto y fue comido por los gusanos de manera inmediata. Drusila, al mismo tiempo, era la nieta de Herodes el Grande, aquel que ordenó la matanza de todos los niños menores de dos años de edad tratando de eliminar la vida de Jesús cuando todavía era apenas un infante. De forma tal que el trasfondo familiar de Drusilla no era nada moral ni piadoso. Ella era una mujer joven, judía y que aparentemente tenía una belleza extraordinaria.

Por otra parte, el gobernador Félix era conocido por su crueldad. De hecho, era un hombre inmoral y sin escrúpulos. Drusila era su tercera esposa y él la había seducido mientras ella estaba casada con el rey Azizo. Menciono todo este trasfondo para que podamos entender delante de quien es que Pablo estaba este día cuando él fue llamado para hablarle a esta pareja.

Pablo, el hombre de corazón noble y piadoso estaba frente a una pareja de corazón perverso. Pablo, el hombre de corazón íntegro estaba frente a una pareja sin escrúpulos. Pablo, un hombre manso, estaba frente a Félix, un hombre implacable.   Pablo, el hombre que quería complacer a Dios frente a Félix, el hombre que solo le interesaba complacerse así mismo. Esta era un oportunidad intimidante para Pablo.

El texto de hoy, aunque sumamente corto, nos deja ver cuál fue la estrategia de predicación que el apóstol Pablo usó. En primer lugar, el versículo 24 nos dice que Pablo les habló acerca de la fe en Cristo Jesús. Pablo tuvo que haberle hablado de Cristo como el único camino de salvación, de la necesidad del arrepentimiento de pecados y del sacrificio de Cristo como lo único que puede limpiar al pecador de su maldad.

La pregunta que pudiéramos hacernos es, ¿cómo abordo Pablo el mensaje de salvación para esta pareja? Como vemos en Hechos 24:25, Pablo les habló de (1) la justicia, (2) el dominio propio y (3) el juicio venidero.

1. La justicia

Algunos han pensado que Pablo le habló a Félix acerca de la justicia porque él era un hombre sumamente injusto, cruel y dictatorial. Sin embargo, la mayoría de los académicos estudiosos están de acuerdo en que Pablo le hablo más bien de la justicia que nosotros necesitamos poseer para entrar al reino de los cielos. Usualmente, cuando vemos la palabra justicia en el Nuevo Testamento asociada a la salvación, está haciendo referencia al estado de perfecta santidad o al carácter justo, sin pecado que se requiere para entrar a la presencia de Dios. Por eso dijo Cristo en Mato 5:20 “que si vuestra justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.”

Para los judíos la justicia o el carácter justo tenía que ver con lo externo—sus tradiciones; consistía en actos externos de aparente piedad, mientras sus corazones estaban llenos de maldad y malas intenciones. Pero Pablo estaba listo para hablarle de una justicia que tiene que ver con un cambio de corazón que produce un cambio de valores, lealtades y prioridades y una destrucción de ídolos. Félix y Drusila tenían que entender que donde el carácter cristiano no está, Cristo no está. Cuando Pablo habló, quedó claro que para entrar al reino de los cielos se requiere la justicia perfecta del Señor Jesucristo, lo cual amerita confiar única y exclusivamente en la obra salvadora de Jesús para que Él nos otorgue Su santidad, después que Él llevó a la cruz nuestra pecaminosidad. Cuando eso ha ocurrido, eso se traduce en una vida de piedad que va a lucir como la vida de un ciudadano del reino de los cielos y no como ciudadano del reino de los hombres.

2. Dominio propio

Obviamente esta pareja no tenía dominio propio; ni Félix que vivió a expensas de los deseos de la carne, ni Drusila que usó su belleza para conseguir dinero, prestigio y poder.

El dominio propio no es fuerza de voluntad ya que la fuerza de voluntad consiste en la habilidad del ser humano para conseguir lo que desea. El problema es que el hombre caído es dominado por sus deseos pecaminosos y por ende se le imposibilita mantener una vida moralmente consistente. Entonces, lo que el dominio propio si es, es parte de fruto del Espíritu; es la habilidad dada por medio de la llenura del Espíritu a los hijos de Dios para llevar a cabo Su voluntad que es consistente con Su carácter.

Dada la vida de desenfreno que Félix había llevado, Pablo decidió disertar acerca de algo que ni el ni Drusila tenían—Pablo se jugó su vida.

3. El juicio venidero

Si Pablo le habló a Félix de este día, lo hizo con la intención de que entendiera que él quizás podía salirse con la suya ahora, pero que no debía ignorar que había una corte celestial donde todas las cosas serán juzgadas (2 Corintios 5:10; 1 Corintios 4:5). En ese juicio final, no solo se juzgarán las acciones de los hombres, sino también las intenciones del corazón. Por eso, Pablo le dice que no juzgue antes de tiempo y que le deje el juicio a nuestro Dios.

Por otro lado, Mateo 7:22-23 dice, “Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Y entonces les declararé: “Jamás os conocí; apartaos de mi, los que practicáis la iniquidad.”” Estas verdades, bien entendidas, son capaces de hacer temblar a cualquiera. Entonces, ese día, Pablo quiso que el gobernador escuchara acerca de ese día cuando toda su vida sería revisada y esto fue lo que ocurrió cuando Félix escuchó acerca de estas verdades: “Félix, atemorizado dijo: Vete por ahora, pero cuando tenga tiempo te mandaré llamar.” Félix se llenó de miedo; se sintió aterrorizado, pero aún sintiéndose así, no fue capaz de arrepentirse y de abandonar su estilo de vida. El gobernador no quiso pagar el precio a pesar de su temor.

En su comentario sobre el libro de los Hechos, Kent Hughes menciona dos posibles realidades ante la predicación del Evangelio haciendo referencia al temor experimentado por Félix:

a) Aquellos que nunca tiemblan.

b) Aquellos que tiemblan pero ignoran el temblor.

Mucha gente escucha la verdad y saben que no la han abrazado o que no viven conforme a ella pero no temen ni tiemblan ante Su Palabra. Estas personas viven en negación, distraídos por las cosas de este mundo pasajero. No tiemblan porque nunca han considerado lo intimidante que es presentarte con un corazón corrompido por el pecado ante un juez que es perfectamente justo (Job 15:15).

Otros desafían a Dios en su rebelión como Félix, quien se llenó de pavor pero, en vez de responder a la verdad escuchada, mandó a callar a Pablo y le dijo, “cuando tenga tiempo te mandaré llamar. La NTV lo dice de esta manera: “Cuando sea más conveniente, volveré a llamarte.” Félix tembló, pero ignoró el temblor.

El texto dice que Félix mandaba a buscar a Pablo para escucharlo con cierta frecuencia y conversar con él pero que al mismo tiempo tenía la esperanza de que Pablo le diera dinero para que lo sacara de la cárcel ya que le interesaba más el dinero que su salvación (Hechos 24:26). Ciertamente no hay nada nuevo debajo del sol; esta era una costumbre muy común en aquellos tiempos. Pero, Félix no conocía el corazón de Pablo quien tenía más interés en la salvación del gobernador Félix que él mismo.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez continuó con la serie Hasta los confines de la tierra predicando el sermón La VERDAD y la mentira se enfrentan basado en Hechos 24:1-23.

 

La semana anterior vimos como como Dios preservó la vida del apóstol Pablo una vez más, después de que mas de 40 judíos radicales habían hecho un juramento de no comer ni beber hasta quitarle la vida. En la narración vimos como el comandante Lisias fue movido por Dios por medio de un sobrino de Pablo para proteger la vida de Pablo, disponiendo de 470 soldados que lo acompañaron en su trayectoria de Jerusalén hasta Cesárea. Nos quedamos al final del capítulo 23, dejando a Pablo como prisionero en Cesárea, el lugar de residencia del gobernador Félix. Hoy veremos la primera parte del capítulo 24 donde Lucas narra qué ocurrió después de que Pablo llegó a Cesarea donde aguardaba juicio ante este gobernador.

El texto representa la tercera defensa que Pablo tuvo que hacer después de su llegada a Jerusalén. Pablo vivió bajo acusación todo el tiempo, pero su práctica era el no defenderse a menos que la defensa sirviera para dar testimonio de su fe. Pablo respondía a la Suprema Corte de Justicia Celestial y Eterna la cual está por encima del sol y es la única que ve cada caso como es en verdad. Es interesante ver como las acusaciones contra Pablo y Jesús fueron de la misma naturaleza. Ambos fueron acusados de violar la ley del gobierno y ambos fueron acusados de violentar la ley judía. Pero ni Jesús ni Pablo fueron intimidados por falsas acusaciones que parecían ciertas en la superficie porque cuando un hombre está anclado en su Dios que lo controla todo, no hay manera de intimidarlo.

En Hechos 24 podemos ver el comportamiento de la mentira claramente. Pablo llega a Cesarea y cinco días mas tarde, llegan Ananías, el sumo sacerdote, algunos ancianos y Tértulo como abogado, quienes presentaron sus cargos contra Pablo. Varias personalidades judías contra un solo hombre, Pablo—en el caso de Jesús fue casi toda la ciudad de Jerusalén contra Él. Los que distorsionan la verdad usualmente son mas numerosos que los que andan en la verdad dada a la inclinación pecaminosa natural del corazón del hombre.

El versículo 2 nos dice que llamaron a Pablo y que entonces, “Tértulo comenzó a acusarlo.” Nota como comienza la acusación: “Ya que por ti [Felix] hemos obtenido mucha paz, y que por providencia tuya se están llevando a cabo reformas en favor de esta nación, nosotros, por todos los medios y en todas partes, reconocemos esto con profunda gratitud, oh excelentísimo Félix. Pero para no importunarte más, te suplico que, con tu habitual bondad, nos concedas una breve audiencia.” (Hechos 24:2-4) Tértulo, el abogado de los judíos comienza con una gran lisonja hacia el gobernador Félix. La razón por la que la mentira y la lisonja frecuentemente van de la mano es porque el acusador por excelencia, Satanás y sus representantes, saben que la mentira no tiene poder para vencer la verdad. Que este abogado judío les dé las gracias a Félix por la mucha paz obtenida es la esencia de la hipocresía porque la realidad es que bajo el gobierno de Félix hubo múltiples insurrecciones debido a la crueldad de este hombre. Bajo Félix, la paz se vio amenazada varias veces. Pero la lisonja continúa, alagando sus tales reformas, las cuales no fueron creadas para favorecer al pueblo, sino a Roma o a sí mismo.

La lisonja es una especie de mentira para llevar a la persona a creer la próxima mentira: “Pero para no importunarte más, te suplico que, con tu habitual bondad, nos concedas una breve audiencia.” Es increíble que Tértulo pueda referirse a la habitual bondad de Félix cuando este hombre era conocido por su brutalidad. No hay límites para determinar hasta donde el hombre es capaz de mentir para conseguir sus propósitos. La inclinación natural del ser humano es a mentir, tanto así que la Palabra de Dios dice en Salmos 116:11 que “todo hombre es mentiroso”. Para la Biblia poder concluir de otra manera, tendríamos que andar en la verdad todo el tiempo, pero nuestra naturaleza pecadora no lo permite. Por el contrario, constantemente tomamos la verdad y la exageramos o minimizamos, la escondemos, la torcemos y la decimos fuera de contexto volviéndola mentira. Con todo esto confirmamos el veredicto de la Palabra cuando dice: “amas el mal más que el bien, la mentira más que decir lo que es justo” (Salmo 52:3).

En el texto de hoy, vemos a los acusadores de Pablo haciendo uso de la mentira y vemos a Pablo haciendo uso de la verdad para defenderse. En Hechos 24:5-6 aparecen los tres cargos contra Pablo:

Primera acusación: “este hombre es verdaderamente una plaga, y provoca disensiones entre todos los judíos por el mundo entero.” (Hechos 24:5) Esta acusación de causar disensiones era seria porque alteraría la paz romana. Por eso Pablo es comparado con una plaga o un cáncer. Pero la realidad era otra: Pablo solo predicaba el evangelio; los alborotos lo causaban ellos. De hecho, uno de esos alborotos se produjo cuando los saduceos y los fariseos se peleaban entre ellos porque Pablo mencionó la resurrección y los saduceos no creían en la resurrección y los fariseos sí.

Segunda acusación: “es líder de la secta de los nazarenos.” (Hechos 24:5b) Realmente, Roma no tenía nada que temer de los cristianos porque los cristianos están de acuerdo con someterse a las autoridades que Dios permite que asciendan al poder. Pero al presentarlos como una secta, esto trasmitía la idea de división.

Tercera acusación: “Hasta trató de profanar el templo.” (Hechos 24:6) En el capítulo 21 vimos que Pablo fue acusado de entrar al templo con Trófimo que era gentil. En realidad, ellos vieron a Pablo caminar en la ciudad con Trófimo y de ahí especularon que él entró al templo con Pablo, lo cual no fue cierto. Uno de los hábitos mas comunes del hombre es el especular, la cual es otra forma de mentira porque no corresponde a la realidad.

Tértulo luego le dice a Félix, nosotros “lo arrestamos y quisimos juzgarlo conforme a nuestra ley.” (v.6b) Esto también fue mentira ya que ellos no lo arrestaron para juzgarlo, sino que agarraron a Pablo y estaban a punto de lincharlo violentamente cuando el comandante intervino. Pero Tértulo lo dijo de esta manera en el versículo 7: “Pero interviniendo el comandante Lisias, con gran violencia lo quitó de nuestras manos.” La implicación aquí es que ellos arrestaron a Pablo para juzgarlo pacíficamente, cuando en realidad fue para matarlo y que el que causó la violencia fue el comandante Lisias.

Tértulo termina su acusación contra Pablo de esta manera: “Si tú mismo lo interrogas sobre todo lo que he dicho, podrás confirmar las cosas de que lo acusamos. Los judíos se unieron también a la acusación, asegurando que, efectivamente, así era todo.” (Hechos 24:8-9) Los judíos que acompañaron Tértulo, el abogado, se unieron a la mentira contra Pablo. Hermanos, dada nuestra naturaleza, es más fácil que las personas quieran creer la mentira a que quieran indagar la verdad antes de afirmar algo. La razón es sencilla: el ladrón juzga conforme a su corazón o condición y la condición del hombre conforme a la Palabra de Dios es que todo hombre es mentiroso.

Comparemos la lisonja de Tértulo con la defensa de Pablo, “Después que el gobernador le hizo una señal para que hablara, Pablo respondió: Sabiendo que por muchos años tú has sido juez de esta nación, con gusto presento mi defensa, puesto que tú puedes comprobar el hecho de que no hace más de doce días que subí a Jerusalén a adorar.” (v.10-11) Pablo dice: “por muchos años tú has sido juez de esta nación.” Esas son las únicas palabras introductorias de Pablo—nota la ausencia de lisonja hacia el gobernador. Inmediatamente después, Pablo invita a Félix a examinar la evidencia; Pablo llama a Félix a que lo compruebe por sí mismo. Si a penas hace 12 días que llegó a Jerusalén, en tan corto tiempo, Pablo no pudo organizar un movimiento en contra de Roma para causar problemas al régimen.

La próxima defensa inicia en el versículo 12: “Y ni en el templo, ni en las sinagogas, ni en la ciudad misma me encontraron discutiendo con nadie o provocando un tumulto. Ni tampoco pueden probarte de lo que ahora me acusan.” (v.12-13) Esto era verdad: Pablo predicaba el evangelio y ellos causaban las discusiones y los alborotos. Él no era un líder revoltoso o un rebelde contra Roma como los zelotes; por eso Roma no tiene nada que temer.

Ahora Pablo pasa a mostrar que él no tiene nada contra el judaísmo (Hechos 24:14-15). Pablo dice, ‘yo creo todo lo que es conforme a la ley; conforme a los profetas y conforme a la futura resurrección como también ellos creen. Esto prueba que no tengo nada contra el judaísmo.’

La introducción de Pablo fue corta sin lisonja y su defensa también y la defensa de Pablo también fue corta. Mientras menos verdad hay en una persona, mas palabras necesita para su defensa. La mentira necesita de muchas palabras porque no tiene fuerza ni tiene quien la respalde que no sea Satanás. La verdad tiene un poder intrínseco respaldado por Dios—por eso el hombre veraz habla poco. En general, el Señor Jesús permaneció callado cuando fue acusado (Isaías 53:7) y lo mismo hizo Pablo.

Pero en ocasiones, la verdad tiene que tronar cuando las ovejas de Cristo están en peligro. Notemos la mas grande defesa del apóstol Pablo: “Por esto, yo también me esfuerzo por conservar siempre una conciencia irreprensible delante de Dios y delante de los hombres.” (v.16) Pablo con frecuencia apelaba a que su conciencia era irreprensible delante de Dios y de los hombres y lo hacía porque entendía que hay un solo tribunal donde los casos cuentan: el tribunal de Dios. Aquí debajo, los hombres pueden decir o escribir cualquier cosa. Pero el tribunal de Dios solo aguanta o soporta la verdad, solamente la verdad y nada más que la verdad.

Pablo explica que su visita al templo solo tenía un fin religioso aprobado por la ley… él no era un infractor de la ley (Hechos 24:17-19). Más, los judíos de Asia que estuvieron presentes en Jerusalén en el templo y que acusaron a Pablo de haber profanado el templo tenían que estar presente físicamente para hacer la acusación—pero no lo estaban, lo cual representaba una violación de la ley romana. Lo que Pablo estaba diciendo es fácil hacer acusaciones desde lejos pero no es lícito, legal, ni moral.

Pablo prosigue. “O si no, que éstos mismos digan qué delito encontraron cuando comparecí ante el concilio, a no ser por esta sola declaración que hice en alta voz mientras estaba entre ellos: “Por la resurrección de los muertos soy juzgado hoy ante vosotros.” (v.20-21) Estos judíos no tenían un caso contra Pablo, pero querían aparentar que sí lo había. Pero no pudieron acusarlo porque Félix conocía acerca del cristianismo (Hechos 24:22). Félix sabía que Pablo era inocente porque, primero se reservó el fallo y lo pospuso; y segundo, quiso dar a Pablo un trato preferencial como prisionero (Hechos 24:23).

Eso lo hace la gracia de Dios cuando has dicho la verdad y has evitado la mentira. La verdad pone a Dios de tu lado; la mentira pone a Satanás de tu lado. La verdad solo se ve cuando tú eres capaz de ver las cosas por encima del sol; es por encima del sol que hay una vista real. La verdad bajó del cielo y se hizo hombre y al final de sus días aquí, ascendió a los cielos de nuevo. La mentira subió del Seol y se hizo serpiente y se arrastró sobre la tierra. Los que se identifican con la verdad, subirán a los cielos y verán a Jesús como Él es y seremos como Él es. Pero los que se identifican con la mentira descenderán al abismo porque ni los mentirosos ni los difamadores entrarán al reino de los cielos.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón El propósito de Dios prevalecerá basado en Hechos 23:11-34.

“A la noche siguiente se le apareció el Señor y le dijo: Ten ánimo, porque como has testificado fielmente de mi causa en Jerusalén, así has de testificar también en Roma. (Hechos 23:11)

En Hechos 23:11, Cristo le prometió a Pablo precisamente lo que vemos en el pasaje que estaremos analizando hoy. Los judíos habían tratado de matar a Pablo en un par de ocasiones y Pablo fue rescatado de sus manos por parte de un comandante romano que ni siquiera conocía a Pablo. Ahora, en Hechos 23:12-13, vemos a mas de 40 judíos radicales que “se comprometieron bajo juramento” a matar a Pablo y prometieron ayunar hasta que Pablo esté muerto. Ellos fueron donde los principales sacerdotes y los ancianos y le informaron de su compromiso bajo juramento. Estos líderes religiosos dieron la aprobación para matar a un hombre inocente, como eventualmente hicieron con Cristo (Hechos 23:15-20).

Las fuerzas de las tinieblas siempre usan la mentira y la trama para llevar a cabo sus planes, como vemos en el versículo 15: “Ahora pues, vosotros y el concilio, avisad al comandante para que lo haga comparecer ante vosotros, como si quisierais hacer una investigación más minuciosa para resolver su caso; nosotros por nuestra parte estamos listos para matarlo antes de que llegue.” Esta petición que el concilio religioso le hizo al comandante de traer a Pablo a ellos para hacer una investigación más minuciosa de su caso parecía piadosa pero la motivación oculta, era perversa. Cada vez que vemos la combinación de un lenguaje piadoso con una acción malvada, podemos tener por seguro que viene de parte de Satanás, tal y como lo fue en el jardín del Edén.

En este punto, Dios pudo haberle dicho a Pablo que esa conspiración iba a cooperar para bien, pero no lo hizo. Ya Cristo le había dado Su garantía cuando se le apareció; ahora le tocaba a Pablo confiar. En múltiples ocasiones parecería como que el reino de las tinieblas está ganando la batalla, así cómo ocurrió ese viernes en la noche cuando Cristo fue crucificado. Pero el domingo en la mañana apareció la tumba vacía con la declaración de que el cordero que había sido inmolado pasaría a ser el León de la tribu de Judá que rugiría desde Su trono. Como no conocemos ni controlamos el futuro, Dios quiso dejarnos saber que todas las cosas, las buenas, las malas y las peores, cooperan para bien para aquellos que aman a Dios y son llamados de acuerdo con sus propósitos (Romanos 8:28-29). Dios ha puesto Su soberanía junto con Su amor al servicio de Sus propósitos en favor de aquellos a quienes Él compró en la cruz.

Prestemos atención a lo que está ocurriendo en Hechos 23:16-21. El sobrino de Pablo, por la soberanía de Dios, se enteró de lo que estos hombres estaban tramando en secreto; fue colocado allí por Dios en el momento preciso y en el lugar preciso. Este sobrino va al cuartel, se mete de alguna forma y Pablo, el prisionero, llama a uno de los centuriones y le dice que llevara a su sobrino al comandante porque tenía algo que decirle. El centurión obedece a Pablo y lo lleva. ¿Desde cuando un prisionero le da órdenes que son obedecidas a un soldado? Nunca a menos que Dios esté involucrado. Dios domina toda Su creación; no solo la gobierna, la domina.

El comandante no conocía a Pablo hasta que su vida corrió peligro y el comandante lo llevó al cuartel y tampoco conocía a este joven sobrino. El comandante no sabía si el sobrino de Pablo estaba diciendo la verdad o no. Pero como Dios estaba ahí, el comandante creyó la versión del hijo de la hermana de Pablo. Otra vez vemos como Dios hace que todas las cosas cooperen para bien. En este caso, Dios conectó al hijo de la hermana de Pablo, al centurión y al comandante…

Hechos 23:22-24 dice, “Entonces el comandante dejó ir al joven, encomendándole: No digas a nadie que me has informado de estas cosas. Y llamando a dos de los centuriones, dijo: Preparad doscientos soldados para la hora tercera de la noche, con setenta jinetes y doscientos lanceros, para que vayan a Cesarea. Debían preparar también cabalgaduras para Pablo, y llevarlo a salvo al gobernador Félix.”

Ahora el comandante se toma el caso para él y dispuso 470 hombres para cuidar a un solo hombre que él apenas había conocido un par de días antes. 470 contra unos 40 hombres; eso era el 80% de los soldados de Jerusalén para proteger a un hombre prácticamente desconocido. ¿Cómo explicamos eso? Porque el propósito de Dios prevalecerá, aún si el infierno entero se dispone a impedirlo (Salmo 118:6-9). Pablo fue a caballo—el versículo 24 dice que prepararon cabalgaduras para el solo. Esa noche Pablo llega a Cesarea no luciendo como un prisionero, sino como un rey acompañado de casi 500 soldados.

Leamos el resto de la historia de Hechos 23:25-33: “Y el comandante escribió una carta en estos términos: Claudio Lisias, al excelentísimo gobernador Félix: Salud. Cuando este hombre fue arrestado por los judíos, y estaba a punto de ser muerto por ellos, al saber que era romano, fui con las tropas y lo rescaté. Y queriendo cerciorarme de la causa por la cual lo acusaban, lo llevé a su concilio y hallé que lo acusaban sobre cuestiones de su ley, pero no de ningún cargo que mereciera muerte o prisión. Cuando se me informó de que había una conjura en contra del hombre, te lo envié enseguida, instruyendo también a sus acusadores que presenten los cargos contra él delante de ti. Así que los soldados, de acuerdo con las órdenes que tenían, tomaron a Pablo y lo llevaron de noche a Antípatris. Y al día siguiente regresaron al cuartel dejando que los de a caballo siguieran con él, los cuales, después de llegar a Cesarea y de entregar la carta al gobernador, le presentaron también a Pablo.

Pablo había llegado a puerto seguro en manos de los soldados romanos. En el libro de los Hechos, la gran mayoría que los oficiales romanos no le hicieron oposición al cristianismo; la oposición fue hecha por las autoridades judías o religiosas que constantemente invocaban el nombre de Dios. Específicamente en Jerusalén, las autoridades judías querían quitarle la vida a Pablo. Pero el propósito de Dios prevaleció.

Finalmente, la historia termina de esta manera, Cuando el gobernador la leyó, preguntó de qué provincia era; y al enterarse de que era de Cilicia, dijo: Te oiré cuando estén presentes también tus acusadores. Y mandó que lo guardaran en el Pretorio de Herodes. (Hechos 23:34-35).

Esta historia que leímos hoy muestra claramente la armonía del amor de Dios por los suyos, el uso de Su poder para hacer que Su propósito prevalezca, el ejercicio de Su soberanía sobre toda la creación y la orquestación de los eventos de la historia para que todo coopere para el bien de aquellos que aman a Dios y son llamados conforme a Su propósito.

09 de Junio de 2019

De perseguidor a perseguido

Este domingo, el pastor Miguel Núñez continuó la serie “Hasta los confines de la tierra” con el sermón titulado De perseguidor a perseguido basado en Hechos 22:1-16.

A lo largo de la historia de la iglesia han habido grandes conversiones pero ninguna transformación ha sido mas grande y mas estratégica que la conversión del apóstol Pablo. Era un hombre conocido por su ira contra el cristianismo y por ser un perseguidor acérrimo de la iglesia; un fariseo de fariseo que eventualmente pasó de perseguidor a perseguido. Aquel que con frecuencia buscaba cristianos para encarcelarlos terminó en mas cárceles que cualquier otro líder de la iglesia primitiva. Por eso yo he titulado mi mensaje de Perseguidor a Perseguido; la conversión de Pablo fue dramática, extraordinaria, y su influencia como la de ningún otro evangelista o predicador.

El apóstol Pablo estaba afanado por llegar a Jerusalén antes del día de Pentecostés y en su travesía fue advertido por el Espíritu de Dios de que en Jerusalén le esperaban cadenas y aflicciones. Pablo, sin embargo, dirigido por el Espíritu Santo, no se dejó disuadir y continuó su viaje. Entonces, Pablo llega a Jerusalén y es hospedado por un hermano de nombre Mnasón de Chipre. Al día siguiente, Pablo fue a visitar a Santiago, la cabeza de la iglesia junto a sus ancianos y les hace un recuento de todo lo que Dios había estado haciendo entre los gentiles. Habiendo cumplido con la visita protocolar a Jacobo, Pablo se propone ir al templo. Tan pronto llegó, unos judíos de Asia (Turquía) alborotan a la multitud y lo acusaban de profanar ese lugar santo. Los soldados luego llegaron a defender a Pablo, pero mientras tanto ya ellos estaban todo golpeados. La multitud gritaba una cosa y otros gritaban otra cosa de manera que el comandante no podía ni siquiera entender la razón por la que querían matar a Pablo. Finalmente, los soldados tuvieron que cargar a Pablo porque la multitud seguía gritando que “¡muera!” Cuando estaban a punto de meter a Pablo en el cuartel, Pablo preguntó al comandante si podía decir algo y él se lo concedió. Pablo hizo señal y cuando vio que la multitud se calmó comenzó a hablar. El capítulo 22 comienza con lo que les dijo: su testimonio de conversión.

1. Pablo como perseguidor del Señor o su vida  antes de que Cristo lo interceptara (Hechos 22:1-5).

En esencia, esto es lo que Pablo dice: ustedes no tienen razón para acusarme de ser anti-judío porque yo tengo mas credenciales que cualquiera de ustedes. Pablo comienza dirigiéndose a ellos de manera respetuosa—les llama, “Hermanos y padres” en el idioma hebreo o arameo. Luego establece su ciudad de origen, Tarso de Cilicia, una ciudad de cierta importancia. Se presenta como alguien educado bajo Gamaliel, un rabino judío altamente respetado con una reputación de ser un hombre conservador y amable, y alguien quien fue criado bajo estricta conformidad a la ley de Dios y celoso de las cosas de Dios como cualquier otro. Luego agrega que él fue “Perseguidor de este Camino hasta la muerte, encadenando y echando en cárceles tanto a hombres como a mujeres.” Pablo quería acabar con lo que ellos consideraban una secta; no solo quería sacarlos de Jerusalén, sino que quería hacerlos desaparecer. Era un hombre sin misericordia.

Lo paradójico es que Pablo creía en el Dios del Antiguo Testamento, pero aún creyendo en el Dios verdadero iba camino al infierno. No basta con creer en el Dios verdadero, es necesario creer lo que ese Dios verdadero ha revelado y rechazar todo lo que no ha revelado en Su palabra. Ser cristiano no salva; quien salva es Cristo cuando tú crees lo que Él ha dicho que tienes que creer para ser salvo. Pablo siguió la ley de Dios al dedillo; cumplió con Sus mandamientos, pero iba camino a la condenación eterna. Porque la salvación no es por obras. La salvación es por obediencia perfecta a la ley de Dios; pero como nadie puede hacer eso, entonces, Dios envió a Su Hijo para que Él cumpliera lo que nosotros no podíamos cumplir. Su obediencia perfecta fue contada como mía el día que yo deposite mi fe completamente en Él y solo en Él.

2. Un encuentro extraordinario con el Señor (Hechos 22:6-11).

Pablo perseguía la iglesia; pero Cristo le pregunta a Pablo “¿Porqué me persigues a mi? (Hechos 22:8). En otras palabras, Cristo está diciendo: el que persigue mi iglesia me persigue a mi porque ella, con todos sus defectos, fue comparada a precio de sangre. Llama la atención que los compañeros de Pablo vieron la luz; pero no oyeron la voz (Hechos 22:9). Ese encuentro pone claramente en evidencia que la salvación es del Señor y es una elección soberana. Pablo vio la luz y entendió el mensaje de salvación  a pesar de que era un perseguidor de Su iglesia; los demás vieron la luz, pero quedaron sin entendimiento.

Nota la disposición de obedecer de Pablo: el llama a Jesús, ¡Señor! Una vez tiene un encuentro con Cristo, Pablo no tiene “peros” o “si esto” o “y si aquello.” El creyente que tiene “peros” con Dios no ha comprendido el señorío de Cristo. Cristo tiene que ser Señor de nuestras mentes, emociones, y voluntades.

3. La encomienda del Señor para Pablo (Hechos 22:12-16).

Dios envía a un hombre piadoso de nombre Ananías con un mensaje para Saulo, o el apóstol Pablo. Este es el mensaje, “Y él dijo: “El Dios de nuestros padres te ha designado para que conozcas su voluntad, y para que veas al Justo y oigas palabra de su boca. “Porque testigo suyo serás a todos los hombres de lo que has visto y oído.”

Pablo llenó los requisitos para ser un testigo extraordinario—Pablo vio a Cristo y oyó de Cristo. Solo personas que hayan sido testigos oculares y que hayan sido afectados, tocados, transformados por esa gloria podrían testificar correctamente. No es lo mismo hablar de algo de lo que otros te han contado, que hablar de algo que tú has presenciando. Pablo logró sacudir el mundo de su época por una verdad que a él lo había transformado. La pregunta es, ¿Qué fue lo que transformó la vida de Pablo y de otros en la iglesia primitiva? El conocer a profundidad el amor de Cristo que lo llevó a derramar sangre por ti para que hoy le honre con tu vida.

Pablo al ver y al oír, sintió una convicción que no lo dejó permanecer callado para el resto de sus días. Ese llamado a ser testigo de Su nombre no fue exclusivo para Pablo. La idea de convertirnos en testigos de Cristo es central a toda la historia del Nuevo Testamento. Para ser un buen testigo, necesitamos contemplar con detenimiento lo que ha sido narrado en la Palabra. Si solo lees la historia y le pasas por encima, quizás recuerdes los hechos; pero probablemente no haya transformación de tu vida. Hoy no podemos ver a Jesús como Pablo lo contempló, pero podemos verlo en Su Palabra. En el proceso descubrimos a Dios y nosotros somos cambiados.

4. La Protección del Señor sobre la vida de Pablo (Hechos 22:17-21).

El Señor manda a Pablo a huir de Jerusalén porque el pueblo no prestaría atención a su testimonio. Pero inicialmente, Pablo no lo cree y por eso le responde al Señor diciendo que tiene credenciales para que le creyeran y evidencias que demostrar. Pero el problema del hombre no es falta de evidencia, es falta de sumisión a la voluntad de Dios. Si hay algo que el hombre ha demostrado es cuan dispuesto él está a destruir toda su vida por un momento de placer o por hacer su voluntad. Pero verdaderos testigos de Jesús someten su mente, su corazón y su voluntad a la suya conociendo que todo lo demás, solo puede traer destrucción.

Por eso, Pablo escribe a los filipenses y dice “Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo.” (Filipenses 3:8)

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón El Misterio de la Voluntad de Dios basado en Hechos 21:1-16. Este sermón es una continuación de la serie Hasta los confines de la tierra.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Las marcas de un ministerio autentico” basado en Hechos 20:28-38.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Un Corazón Moldeado Por Dios” basado en Hechos 20:18-27.

La semana pasada estuvimos viendo el alboroto que se produjo en la ciudad de Éfeso como resultado del efecto que el evangelio tuvo sobre la población. Antes de salir de Éfeso, Pablo reunió a los hermanos y los exhortó, animó y motivó. De Éfeso, Pablo sale para Macedonia a visitar las iglesias allí fundadas: la de Filipo, Tesalónica y Berea donde también exhorta a los hermanos. De Macedonia, Pablo sale para Grecia; pero regresa nuevamente por Macedonia. Pablo sale de la ciudad de Troas y sigue viajando y unos tres días después llega a Mileto. Desde allí mandó a buscar a los ancianos de la iglesia de Éfeso para despedirse de ellos y darles su última instrucción. Pablo no había querido llegar hasta Éfeso para no perder tiempo ya que quería llegar a Jerusalén antes de Pentecostés. Ese fue el regreso de Pablo de su tercer viaje misionero.

Con esa introducción, estamos donde nos quedamos la semana anterior hasta el texto de hoy, Hechos 20:18-27. Aquí vemos la primera parte de todo lo que Pablo compartió con los ancianos de Éfeso ese día; no les habla acerca de doctrina porque ellos la conocían, sino que dedica este último encuentro para hablarles de cómo hacer ministerio. Lo hace hablándoles de cómo él ministró entre ellos durante tres años. Cuando analizas de que manera el hizo ministerio, te percatas de que el ministerio que Pablo hizo fluyó de un corazón moldeado por Dios. Así debe ser siempre; el ministerio debe ser la manifestación externa de lo que Dios ha hecho en nuestros corazones. El corazón que no ha sido moldeado por Dios, no está listo para ayudar a moldear el corazón de otro.

La primera manifestación del corazón que Dios había formado en Pablo es su humildad (Hechos 20:18-19). Hablamos mucho de humildad, pero no sabemos como luce porque con frecuencia esa es una virtud que no forma parte de la mayoría de los hijos de Dios. De hecho, muchos dicen querer esa virtud, pero se resisten cuando Dios quiere formarla en ellos. Jesús habló de que los humildes eran bienaventurados, felices, y bendecidos, también haciendo uso de otras palabras. Jesús dijo en Mateo 5:3, “Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos.”      

Stuart Scott, un líder muy conocido y respetado en este campo, escribió un libro llamado “From Pride to Humility” donde describe 24 características de un corazón humilde. Quiero mencionar cinco que nos dan una idea de cómo Pablo ministró en la iglesia de Éfeso y otras iglesias, y como Pablo quería que estos ancianos de la iglesia de Éfeso ministraran en su ausencia.

1. La humildad muestra un corazón tierno, bondadoso y paciente. Por tanto, la humildad no se irrita fácilmente y está dispuesta a esperar por el otro.

2. La persona humilde minimiza el pecado del otro en comparación con su propio pecado. Él ve que lidiar con su propio pecado es mas importante que lidiar con el pecado del otro.

3. La persona humilde siempre anda buscando como servir al otro hasta constituirse en buenos cuidadores. Pablo dice a los tesalonicenses que cuando estuvo con ellos, él fue como una madre que cuida con ternura a sus hijos.

4. La persona humilde es un buen oidor de lo que el otro tiene que decir. Considera lo que el otro dice como mas importante que lo que él tiene que decir.

5. La persona humilde mira la crítica de otros como algo bueno para su alma porque entiende que, en la crítica del otro, Dios está tratando de enseñarle algo (2 Samuel 16:10).

Pablo le dice a los ancianos de Éfeso que él sirvió con toda humildad y con lágrimas. Él se involucró con la gente de manera persona; no fue un pastor distante e insensible. En Pablo, las lágrimas fueron la expresión externa de diferentes emociones internas. En ocasiones amonestó con lágrimas en los ojos (Hechos 20:31), no con ira en sus ojos, sino con lágrimas. Le dolía el pecado del otro, aún cuando ese pecado fuera contra él mismo. Otras veces, sus lágrimas representaron la dureza del corazón del otro (Romanos 9:1-2). Al corazón le es natural juzgar, condenar, ignorar al otro; pero no le es natural llorar por ese otro y mucho menos cuando ese otro ha sido la causa de sus heridas, como era el caso con el apóstol Pablo.

Cuando Pablo les habla de cómo sirvió entre ellos, lo primero que le dice es: “vosotros bien sabéis.” En esta conversación que Pablo sostuvo con los ancianos de la iglesia de Éfeso, apela a ellos mismos como testigos de su caminar: “vosotros sois mis testigos de cómo he sido entre ustedes.” Si nosotros no somos capaces de decir esto, hay algo que no anda bien con nuestros ministerios. Nuestras ovejas deben ser los primeros en testificar bien acerca de nuestros ministerios. Los creyentes de Éfeso podían testificar que lo que Pablo decía en palabras, lo habían visto en la práctica. Luego le dice, que también sabían que su manera de ministrar fue así desde el primer día que estuve en Asia, en Éfeso (Hechos 20:18). Como inició, así terminó.

La segunda característica de un corazón moldeado por Dios es que, a la hora de enseñar, aconsejar, o amonestar, está siempre pensando en el bien del otro y no en el suyo (Hechos 20:20). A veces predicó para salvación; a veces su enseñanza sirvió de confrontación; y a veces su enseñanza fue para consolar y animar—todos fueron útil. Pablo tuvo un ministerio balanceado; lo que no hizo fue ministrar para lucrarse (Hechos 20:27). Dos veces dice Pablo no me eché para atrás a la hora de predicar; no me dejé amedrentar ni por los incrédulos, ni por las ovejas. Esto es posible cuando somos hombres y mujeres de carácter y de convicciones firmes.

Todo el consejo de Dios implica predicar los pasajes que nos bendicen y los que nos condenan; predicar los pasajes que nos animan a seguir y los que nos llaman a detenernos; y predicar los pasajes que nos consuelan y los que nos entristecen. Pablo ministró para complacer a Dios y no para complacer al hombre. Pablo tampoco hizo acepción de personas: él predicó a judíos como a gentiles (Hechos 20:20-21).

La tercera característica de un corazón moldeado por Dios es que confía en Dios independientemente de las consecuencias (Hechos 20:22-23). Pablo sabía que cuando llegara a Jerusalén pasaría por grandes dificultades; el Espíritu de Dios le había revelado tal cosa. Aún así fue a Jerusalén. Pablo era un hombre de fe y como tal, se fue a Jerusalén y allí fue apresado, tal como Dios le advirtió. La fe es un don y a la vez es un fruto del Espíritu; algo que necesitamos cultivar. Hay dos cosas que abonan nuestra fe: conocer el carácter de Dios y vivir en dependencia del Espíritu de Dios.

Del carácter de Dios necesito creer que,

1. Dios en Su omnipotencia puede hacer todo cuando Él quiera—algo puede ser una dificultad para nosotros, pero no para Dios

2. Nada ocurre sin que Dios lo haya determinado activa o pasivamente para que no terminemos quejándonos contra Dios.

3. Dios es todo sabio y cada decisión que Él toma por mi y para mi es la mejor.

4. Dios va delante y, por tanto, las cadenas y aflicciones que esperaban a Pablo eran cadenas y aflicciones que Dios había preparado de antemano para él. Dios ya estaba en Jerusalén, por así decirlo, esperando que Pablo llegara.

5. Dios está por mi sin importar lo ocurrido.

Lo otro que abona mi fe es no valore tanto mi vida y no vivir predominantemente para preservarla como si esta fuera la mejor vida que yo pudiera vivir. Pablo dice, en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo (Hechos 20:24). En otras palabras, el único valor que mi vida puede tener, dice Pablo, es en referencia a la causa de Cristo. Despegada de ella, mi vida carece de valor. El único interés de Pablo era que Cristo fuera glorificado estando en vida o muriendo decapitado, como se piensa que finalmente pasó. Por eso él podía ir a Jerusalén sabiendo que ahí encontraría dolor. Para tener esa determinación necesitamos no solo convicción de lo que creemos, sino que además se requiere vivir por una causa que sea superior al valor que le das a tu propia vida: la causa de Cristo (Hechos 20:24). Pablo entendía que después que Cristo lo salvó, él tenía una sola meta y un solo propósito: dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia de Dios.

Eso nos lleva a la cuarta característica de un corazón moldeado por Dios y es que el centro de gravedad de ese corazón es Cristo, Su evangelio, Su cruz, Su gracia… Una vez la cruz de Cristo deja de ser el centro de la vida del cristiano, él comienza a alejarse del camino. La cruz me recuerda que yo estaba condenado en mis delitos y pecados y que ahí, en el Calvario, yo fui redimido por la sangre del Unigénito de Dios. Eso me hace querer honrar a mi Dios cada día. También me recuerda que allí, Dios hecho hombre se colgó en un madero y ocupó mi lugar. Si Él hizo eso cuando yo no quería saber de Él, hoy que soy Su hijo, ¿que no querrá hacer por mi? La cruz me muestra la misericordia de Dios a favor mío y nos recuerda que hay un precio que pagar para vivir la vida cristiana a la manera de Dios.

Pablo comienza a despedirse con estas palabras en el versículo 25, “Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de vosotros, entre quienes anduve predicando el reino, volverá a ver mi rostro.” En medio de su mensaje Pablo les deja ver el peso que tiene ser embajador de Cristo: no es simplemente creer en Jesús y vivir una vida mas o menos moral, sino que implica también un compromiso de compartir el evangelio con el que no conoce a Cristo. Y de ahí las siguientes palabras: “Por tanto, os doy testimonio en este día de que soy inocente de la sangre de todos, pues no rehuí declarar a vosotros todo el propósito de Dios.” (Hechos 20:26-27).

28 de Abril de 2019

El Alboroto del Evangelio

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “El Alboroto del Evangelio” basado en Hechos 19:20-41.

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