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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es médico de profesión y pastor de vocación, con una maestría en Teología del Southern Baptist School for Biblical Studies. Desde el año 1998 ha sido pastor titular de la Iglesia Bautista Internacional de Santo Domingo, República Dominicana, y en la actualidad dirige su cuerpo de pastores. Adicionalmente es fundador y presidente de Ministerios Integridad Sabiduría®, una organización sin fines de lucro que tiene la visión de contribuir a cambiar la sociedad de nuestros días sembrando la Palabra de Dios por medio de recursos audiovisuales y literarios.

El Dr. Núñez es presidente y fundador del Instituto Integridad y Sabiduría, donde también es profesor de diferentes materias que componen el programa de estudios. También dirige y participa en la conducción del programa televisivo semanal Respuestas, Verdades absolutas para un mundo relativo®. Está casado con la Dra. Catherine Scheraldi.

 

Esta semana, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Una nueva visión para una nueva misión” basado en Hechos 10:1-23 como una continuación a la serie “Hasta los confines de la tierra”.

Al pensar en la evangelización, se pudiese decir que la gran comisión ha sido la más grande visión que Dios le haya dado a Su iglesia. El evangelio había comenzado a expandirse a partir del día de Pentecostés y Dios comienza a moverse para expandir el evangelio al mundo gentil; pero primero había que cambiar a Pedro y había que tumbar la barrera de separación que existía entre judíos y gentiles.

La visión descrita en Hechos 10:1-23 fue sumamente chocante para Pedro porque, después de cientos de años de restricción alimenticia de parte de Dios, una voz proveniente del cielo le ordenó comer de todo tipo de animales. La eliminación de ciertos alimentos era una forma de Dios mantener a Su pueblo separado de la corrupción moral durante el período en que Israel estuvo rodeado de naciones paganas. Ahora que la era de la ley había quedado atrás, Dios estaba removiendo la limitación de los alimentos, usando ese evento para dar a entender que ya no habría ni judíos ni gentiles, sino que todos seríamos un mismo pueblo ante Dios.

La historia nos habla de un hombre llamado Cornelio que vivía en Cesarea. Era un centurión romano piadoso y temeroso de Dios; daba muchas limosnas y oraba continuamente. A pesar de su buena moralidad, sus obras de bien y de su creencia en el Dios creador, este hombre no tenía salvación. De este hombre y de su historia, podemos aprender varias lecciones:  

1. La moralidad, religiosidad, y buenas intenciones del hombre no pueden salvar (Hechos 10:4-8).

Se requiere un encuentro personal con la persona de Jesús; un arrepentimiento y pedida de perdón en base a la cruz de Cristo y una aceptación de Cristo como Señor y Salvador.

2. Dios escucha todas las oraciones, pero las responde conforme a Sus propósitos.

Cornelio oraba y dichas oraciones subieron hasta los cielos las cuales Dios respondió revelando el instrumento que le predicaría el evangelio a él y su familia: Pedro. 

3. La labor de predicación del evangelio nos toca a nosotros y eso es un gran privilegio.

Hubiese sido más fácil y mas rápido que el mismo ángel le predicara a Cornelio el evangelio. ¡Pero no! 2 Corintios 5:18 dice que Dios nos ha dado a los redimidos el ministerio de la reconciliación, no a los ángeles. ¡Qué enorme privilegio!

Cornelio no sabe porque el ángel le estaba pidiendo que enviara a buscar a Pedro, pero como buen soldado, él inmediatamente obedeció la orden y envió a dos de sus criados.

4. Una persona con verdadero temor de Dios busca obedecer a Dios independientemente de las circunstancias y del costo, como lo hizo Cornelio.

5. Usualmente, Dios está trabajando en mas de una persona al mismo tiempo para la realización de sus propósitos.

Dios le estaba hablando a Cornelio y a Pedro al mismo tiempo por medio de dos visiones distintas, pero unidas en propósito. Dios estaba trabajando en Cornelio para salvación y en Pedro para derribar una berrera de cientos de años (v.11-16).

6. Dios no acepta “un no” por respuesta.

En la visión, Dios ordena a Pedro a matar y a comer de los animales mostrados y Pedro responde con negación. El ángel tuvo que insistir con Pedro tres veces para que no llamara impuro lo que Dios había limpiado.

Dios no solo estaba trayendo una nueva visión para Su iglesia, sino que estaba formando un nuevo corazón en Pedro.

7. No llamemos impuro aquello que Dios ha limpiado.

En el caso de Pedro, estaba mal que llamara impuro a los alimentos que ya Dios se había declarado como limpios porque la aplicación iba más allá de la superficie: tenía que ver con no considerar a los gentiles como personas indignas.

Cuando los enviados de Cornelio llegan a Jope, se puede notar que Pedro ya había comenzado a cambiar porque él los invitó a entrar y los hospedó—algo que un judío jamás hubiese hecho. Muchas veces lo que nos impide ser hospitalario son prejuicios y una inversión de valores incorrectas con las cuales terminamos apreciando cosas que Dios no valora y rechazando a personas y relaciones que Dios ama profundamente.

8. Nuestra inversión de valores origina nuestros prejuicios como los tenía Pedro y el resto del pueblo judío contra el pueblo gentil.

Dios estaba rompiendo de una vez y para siempre con el prejuicio racial. Los judíos tenían sus valores invertidos. Ellos y nosotros tenemos que poseer una escala de valores radicalmente diferente a la del mundo o dejemos de llamarnos “el pueblo de Dios.”

Para muchos creyentes, bautizarse es un paso natural en su proceso de santificación y testimonio de su fe; para otros es sólo una opción para contemplar en algún momento. Pero, según las enseñanzas de Jesús, ¿es el bautismo es una opción o una orden? Si no me bautizo, ¿estoy desobedeciendo un mandato de las escrituras?

Escucha esta breve reflexión del pastor Miguel Núñez y medita en un tema tan importante como éste.

En celebración de este domingo de resurrección, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “La Resurrección como piedra de tropiezo” basado en Hechos 17:22-34.

Estamos más acostumbrados a escuchar acerca de la cruz como una piedra de tropiezo o como roca de escándalo (1 Pedro 2:8). Sin embargo, en la resurrección de Jesús son muchos los que han tropezado y siguen tropezando (Lucas 24:11; Marcos 16:11). Es con esto en mente que analizaremos el sermón de Pablo en el areópago de Atenas en su segundo viaje misionero. Al proclamar el evangelio en ese viaje hubo tres reacciones al escuchar de la resurrección: burla; incredulidad; y los pocos que llegaron a creer (Mateo 16:21; Mateo 17:22-23; Mateo 20:17-19).  

Creer en la resurrección no solo requiere una obra de iluminación de la mente de parte del Espíritu Santo, sino que también requiere que entendamos las 4 etapas que resumen la teología de toda la Biblia. Con eso, veamos el mensaje de Pablo ante el areópago mejor entender esas cuatro etapas.

En la primera etapa, la creación, todo fue bueno en gran manera; hasta ese momento, la muerte no formaba parte de la humanidad. En el texto, Pablo declara que Dios es Señor del cielo y de la tierra. Ese Dios no puede ser contenido en un templo porque su infinidad lo llena todo; es auto-existente y auto-suficiente. Pablo hace referencia a este hecho porque era común en la antigüedad el servir comidas y frutas a los dioses como una forma de honrarlos y alimentarlos. El Dios a quien nosotros servimos tiene en Sí mismo el poder de existir y por tanto tiene el poder de dar vida a todo lo que existe (v.25).

Después de la creación, hubo una caída—la segunda etapa de la teología bíblica. Aunque Pablo no habla específicamente de la caída del hombre, sí nos deja ver esa etapa implícitamente. Cuando Adán cae, el hombre se pierde.  En su perdición, ese hombre estaba en necesidad de encontrarse con Dios. Ciertamente, Dios no está lejos de ninguno de nosotros porque él se ha revelado en la conciencia del hombre y se ha revelado en su propia creación (Romanos 1:19-21).

Pablo después comienza a hablar de la tercera etapa, la redención (v.30-31). Pablo supo cómo confrontar a esta población religiosa: primero con su ignorancia al hablarles de que ellos adoraban a un dios desconocido, mientras que Pablo proclamaba a ese Dios que ellos desconocían quien es Creador del cielo y de la tierra. Luego Pablo les habla de que estaban perdidos y que necesitaban buscar de ese Dios (v.27) y arrepentirse ya que hay un juicio que Dios ha establecido para todo el mundo conforme a su justicia (v.30-31). De hecho, Pablo les dice que por un tiempo Dios pasó por alto sus pecados en los tiempos de ignorancia, pero que ahora Dios ha declarado en todas partes la necesidad que los hombres tienen de arrepentimiento antes de que el juicio final ocurra.

Finalmente, Pablo aborda someramente la cuarta etapa—la glorificación—cuando menciona la resurrección de los muertos. En cierta medida la resurrección de Cristo dio inicio a la etapa de la glorificación porque es la resurrección de Cristo que apunta y garantiza la resurrección de aquellos que hemos muerto en él. Pero inmediatamente vemos la incredulidad de parte de los atenienses en la resurrección.La audiencia escuchó a Pablo con cierto interés mientras que les hablaba del Dios creador, sustentador y auto-existente, en quien nosotros vivimos, nos movemos y existimos; pero cuando les habló de la resurrección, algunos se burlaron, otros lo obviaron, y pocos creyeron.

La resurrección es crucial para la fe cristiana; sin resurrección, sería es una falsedad (1 Pedro 1:304; 1 Corintios 15:17-19). De ahí el interés de desacreditar la resurrección porque si dejas de creer en la resurrección, todo el árbol de la fe cristiana se viene abajo, pero no han podido hacerlo en dos mil años de historia. Nosotros no vivimos a la luz de lo que se conocía el viernes en la noche de aquel día; sino a la luz de la resurrección del domingo. La resurrección prueba que la verdad siempre prevalece sobre la mentira. Dos mil años después de la resurrección de Cristo, la fe cristiana hoy es mas fuerte y mas grande que en cualquier otro siglo.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “El Señor confirma a Sus mensajeros” basado en Hechos 9:31-43 como una continuación de la serie “Hasta los confines de la tierra”.

Mientras que Pablo iniciaba su ministerio en Antioquía, la fe se continuó extendiendo por Judea, Galilea y Samaria; ya no se limitaba a la ciudad de Jerusalén donde ocurrió Pentecostés. La clave de este crecimiento fue que la iglesia seguía creciendo “en el temor del Señor y en la fortaleza del Espíritu Santo” (v.31). Hechos 9:32-43, vemos a cuatro personajes—Pedro, Eneas, Tabita o Dorcas en griego, y Simón el curtidor, en cuya casa, Pedro se alojó por muchos días. También vemos varias ciudades—Lida, Sarónlo, y Jope—y dos milagros: primero a un paralítico que es sanado y después a una persona muerta es resucitada.

En el texto se nos dice que Pedro comenzó a viajar por aquellas regiones. Llegó hasta una ciudad de Judea, llamada Lida para visitar a los santos, o cristianos, que vivían en aquel lugar (v. 32). Al llegar se encontró con un hombre llamado Eneas, del cual solo sabemos que había estado postrado en cama por ocho años debido a una parálisis. Es aquí que vemos el primer milagro: cuando Pedro le dice “Eneas, Jesucristo te sana; levántate y haz tu cama”. Claramente Jesucristo es quien hace el milagro a través de Pedro ya que Pedro dijo, “Jesucristo te sana”. Dios puede hacer cualquier milagro sin la intervención de ningún ser humano, pero, usualmente lo hace de esa manera como una forma de confirmar a Sus enviados y el mensaje que dichos enviados están predicando. Sabemos que Dios confirmó el mensaje y el mensajero ese día por los resultados del milagro: el paralítico sanó y se levantó y todos los que vivían en Lida y en Sarónlo lo vieron y se convirtieron al Señor. El milagro produjo una mejoría sustancial de la calidad de vida de Eneas; pero más que eso, produjo que muchos recibieran salvación.

El siguiente milagro ocurrió en otra ciudad, llamada Jope. Lucas nos dice en el relato que en aquella ciudad había una discípula llamada Tabita o Dorcas, quien era una mujer rica en obras buenas. El versículo 37 nos dice que cuando ella enfermó y murió, su cuerpo fue lavado como era la costumbre y fue puesta en un aposento alto. Cuando los discípulos se enteraron de que Pedro estaba cerca de ahí, fueron a él y le rogaron que fuera a Jope. Cuando Pedro llegó, se acercó a ella y les pidió a todos que salieran. Se arrodilló y oró y volviéndose hacia el cadáver dijo: “Tabita, levántate”. Esa frase suena muy similar a las palabras de Jesús cuando resucitó a la hija de Jairo que tenía 12 años de edad. Jesús le dijo “talita cum”, qué significa “niña levántate”. Con este otro milagro, Pedro fue confirmado como mensajero del Señor de nuevo y el mensaje de salvación que él proclamaba resultó en la salvación de muchos que creyeron en el Señor (v.42).

Desde el punto de vista humano, Pedro fue a estas dos ciudades a sanar al paralítico y a resucitar a Dorcas, pero desde el punto de vista del plan de redención de Dios, visitó esos dos lugares primordialmente para traer salvación a muchos que habitaban ahí. Dios nunca está tan preocupado por las dolencias físicas de la humanidad como lo está por la enfermedad del alma de la misma humanidad. Un milagro es un hecho que nadie puede causar o explicar de manera natural y que requiere la intervención de Dios. Visto así, el mayor milagro que una persona pudiera experimentar o ver es la salvación de un pecador lo cual requiere algo que solo Dios puede realizar y que ocurre de parte de Dios de principio a fin.

En todos los casos de milagros vemos algunas cosas en común: ninguna persona podía valerse por sí misma y ninguna tenía esperanza de que alguien pudiera sanarlos. Así es el hombre que está condenado en delitos y pecados—está espiritualmente paralizado. Él puede escuchar el evangelio, y escuchar el llamado a salvación, pero no puede moverse para responder al llamado porque está paralizado. Su mente que está en oscuridad y por tanto no se somete a la ley de Dios. Al igual, su voluntad que está esclavizada al pecado y su perspectiva de la vida que se limita al aquí y al ahora. El hombre que no conoce a Cristo es engañado por Satanás y seducido por el mundo. Este hombre no puede ser ayudado por otro humano; solo Dios puede hacer algo por él, tal y como vemos en el caso de Dorcas y el paralítico.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Hasta los confines de la tierra: Avivamiento y evangelización” basado en Hechos 1:8.

Hechos 1:8 nos demuestra que, como hijos de Dios, nuestro objetivo debería ser alcanzar los "confines de la tierra” a través de un "avivamiento vía el Espíritu de Dios" usando el "evangelismo continuo para ser testigos de Él" utilizando el "discipulado." Al examinar el Nuevo Testamento, está claro que se fuimos dados la responsabilidad de llevar a cabo la Gran Comisión, algo por lo cual la mayoría de las personas en las iglesias hoy en día no muestran pasión. La cura a este problema espiritual es un avivamiento de creyentes e incrédulos por igual. Esto es un trabajo de Dios lo cual es presenta un enigma: si un avivamiento es fruto del obrar de Dios, ¿cómo lo logramos? Orad y rogad fervientemente al Señor de la cosecha. La oración ferviente es necesaria para que El Señor de la cosecha envíe a los obreros, porque la cosecha está más allá de nuestra sabiduría y habilidades y necesitamos ayuda divina en todos los sentidos.

En Lucas 11:9-13, después de hablarle a Sus discípulos sobre la cosecha, Jesús relacionó la oración con el dar del Espíritu. Los creyentes y los no creyentes necesitan al Espíritu Santo de diferentes maneras: los incrédulos necesitan el Espíritu de Dios porque, aparte de Él, no pueden nacer de nuevo. Del otro lado, los creyentes necesitamos el Espíritu Santo porque sin Su llenura no habrá ninguna pasión por evangelizar, la gran comisión, ni el discipulado. Entonces, la oración es nuestra forma de decir: Señor, somos personas pecaminosas que necesitan misericordia.

El avivamiento es el combustible para llevar a cabo la tarea y la evangelización es el instrumento. Dios nos dio Su Espíritu para llevar a cabo Su misión global, pero si el Espíritu no se mueve primero, los incrédulos escucharán el evangelio y permanecerán sin entendimiento y vida eterna.

El gran avivamiento que es descrito en Hechos 2 sucedió Por medio evangelismo personal—ese es el instrumento. La mayoría de las personas llegan a la fe a través del compartir el evangelio de parte de alguien cercano más que de pastores en el púlpito. Sin embargo, muchas personas parecen temerosas cuando se trata de compartir el Evangelio. Ese es el problema en muchos casos: si el evangelio no se predica, y si el carácter de Dios no se muestra en la predicación, la gente no ha escuchado y visto lo suficiente sobre el carácter salvador de nuestro Dios.

El pastor Miguel Núñez predicó el sermón “De rebelde a predicador – 2da parte” basado en Hechos 9:20-31, como continuación de la serie “Hasta los confines de la tierra”. Hoy continuaremos viendo la vida de Saulo, quien fue perseguido porque se llenó del Espíritu, se bautizó, e inmediatamente comenzó a “predicar a Jesús en las sinagogas, diciendo: el es el hijo de Dios.”

En los versículos 19-25, vemos que Saulo estuvo con los discípulos en Damasco varios días.  Tan pronto Pablo recobra la vista, Saulo comenzó a predicar a Jesús en las sinagogas afirmando que Él es el hijo de Dios. No necesitaba mucho entrenamiento para poder afirmar estas cosas; siendo fariseo, conocía bien las escrituras del Antiguo Testamento. La llenura del Espíritu que recibió cuando Ananías oró por él le dio entendimiento acerca de las escrituras que ya conocía. Ciertamente, Saulo podía dar testimonio fiel de que él era nueva criatura. Todavía no sabía mucho acerca de la teología del Nuevo Testamento, pero ya tenía pasión por Jesús. La vida de Saulo comenzó bien, con pasión y terminó mejor, con mayor. Eso le dio una orientación vertical a su vida: una búsqueda del reino de Dios antes que cualquier otra cosa. Saulo, crecía en entendimiento, valentía y en su habilidad para defender la fe hasta el punto que, los judíos que vivían en Damasco no podían refutar sus argumentos.

Es cuando Saulo regresa a Damasco que los judíos tratan de deshacerse de él hasta el punto que, “vigilaban las puertas día y noche con el propósito de matarlo…” (v. 24b). Pablo estaba bajo una persecución que continuó por la mayor parte de su vida. La vida cristiana conlleva riesgos de ser malentendidos, perder relaciones, ser tildado de mente estrecha y poco educado, perder ingresos, y en los casos más extremos, riesgos de perder la vida. Lamentablemente, cuando el cristiano valora estas cosas más que Cristo, terminará negando a Su Señor. El ser discípulo de Cristo tiene un costo y si no lo estás pagando, pregúntate que estás haciendo mal (Mateo 10:34-39).

De acuerdo a 2 Corintios 11:32-33, el gobernador de la ciudad bajo el rey Aretas había dado órdenes de vigilar la ciudad y apresar a Pablo. Esto ilustra como el Señor no necesariamente nos libra de los peligros, pero si nos acompaña en medio de ellos. Cuando estamos dispuestos a ser perseguidos por causa de Cristo, demostramos que Cristo ha llegado a ser nuestro máximo valor. Pero cuando no estamos dispuestos, demostramos que tenemos ídolos en nuestros corazones que representan el máximo valor. Nuestra mejor adoración se da cuando, hemos entregado a Dios en hechos o en disposición, lo mejor de nosotros. Pablo entregó su vida y por eso, la persecución no le hizo temer el perder la vida porque ya no la poseía; se la había entregado a Cristo.

Veamos a Pablo en Jerusalén para que veamos como la vida cristiana conlleva el rechazo aún muchas veces de tus propios hermanos en la fe. Cuando Saulo llega a Jerusalén, intentó juntarse con los discípulos, pero no querían pues no creían que Saulo había nacido de nuevo. Sin embargo, así como el Señor tenía a Ananías en Damasco para interceder por Saulo, tenía a Bernabé en Jerusalén para presentarlo ante los hermanos y convencerlos de que verdaderamente era un seguidor de Jesús. Obviamente, Bernabé era un hombre sin prejuicios y con discernimiento (Hechos 4) pues pudo reconocer que la conversión de Pablo era genuina y, por tanto, el actuó como su abogado defensor.

Finalmente, veamos a Pablo en Cesarea y en Tarso. Su tiempo ahí nos enseña que, en ocasiones, el mejor curso a tomar es retirarnos de la acción (v. 30-31). Pablo fue enviado a su ciudad natal: a Tarso y duró ahí entre 7-8 años hasta que Bernabé lo fuera a buscar para que fuera a ayudar en la iglesia de Antioquía, donde pasó otro año. Después de esto es que Pablo adquiere dimensión como misionero y se va a su primer viaje.

11 de Febrero de 2018

De rebelde a predicador

Este domingo el pastor Miguel Núñez continuó con la serie “Hasta los confines de la tierra” predicando el sermón “De rebelde a predicador”. El texto, Hechos 9:1-19, narra la historia de la conversión más importante de los últimos 2000 años de la historia cristiana: la de Saulo de Tarso quien conocemos como el apóstol Pablo. No hay lugar a dudas de que estos cambios en el mundo los hizo Dios a través de Pablo.

A través del libro de Hechos se ve que Saulo era un judío que respiraba amenazas y muerte contra los discípulos del Señor. Como otros perseguidores de los hijos de Dios, Saulo creía estar sirviendo a Dios, mientras que daba muerte a aquellos que eran siervos de Dios. Saulo, específicamente, era extremadamente religioso (Filipenses 3: 5-6); creía en Jehová, pero tenía su confianza depositada en su habilidad de complacer a Dios cumpliendo la ley. Por eso es que Pablo dice que el pecado lo engañó y lo mató (Romanos 7:11) lo cual es la expresión extrema de la rebelión que existe en el corazón de cada ser humano.

Si la rebelión es la inclinación natural del corazón humano, la misericordia es la inclinación natural del corazón de Dios. Mientras el corazón rebelde de Pablo salió a perseguir a los creyentes, el corazón misericordioso de Jesús salió a perseguir a Pablo. Jesús interceptó a Pablo cuando este iba camino a Damasco en búsqueda de más cristianos. Como fruto de este encuentro con Cristo, Saulo quedó ciego temporalmente; aun así, Cristo lo instruyó a que continúe su camino hacia Damasco. Ahí se encontró con un discípulo de Jesús a quien Dios había preparado para ese día: Ananías.

Ananías tenía dudas acerca de Saulo por lo que había oído de él y le expresa esa duda al Señor. Como respuesta, el Señor no se enojó con Ananías, sino que le explica Su propósito a Saulo (v. 15-16).La elección soberana de sus instrumentos siempre ha sido la manera natural De Dios llevar a cabo la evangelización del mundo. De aquí en adelante Saulo fue el principal instrumento de Dios para llevar el Evangelio ante lo gentiles, Reyes y aún ante los hijos de Israel.

Alguien pudiera objetar y decir, ¿Cómo es posible que Dios llame a un hombre a trabajar en aras del reino y al mismo día que lo llama, le informa que el llamado es doble: uno a ser instrumento en las manos de Dios y el otro a sufrir como instrumento del mismo Dios? Cuando sufrimos por causa de Cristo, nuestro sufrimiento se convierte en un mensaje poderoso a favor de la gracia de Dios.

Ananías fue instruido que para que fuera a la calle llamada Derecha y que entrara a la casa de Judas donde se estaba quedando Saulo. Él está allí orando y mientras orabavio“en una visión a un hombre llamado Ananías, que entra y pone las manos sobre él para que recobre la vista.” Saulo recobró la vista, fue llenado por el Espíritu, bautizado y en seguida se puso a predicar a favor de Cristo. En un solo día, Saulo pasó de rebelde a predicador y de un hombre perdido a un hombre salvo. 

Este domingo, el pastor Miguel Núñez continuó con la serie “Hasta los confines de la tierra”, predicando el sermón “La evangelización bajo la dirección del Espíritu” basado en Hechos 8: 26-40. Este texto nos habla de Felipe, todavía en su tarea de evangelización, pero en esta ocasión ya no evangelizando a multitudes, sino evangelizando a una sola persona. Aquí vemos varios actores principales: Felipe, un eunuco, y Dios. De los tres, es obvio que Dios es el protagonista, no solo porque es Dios, sino porque Él es quien está dirigiendo el drama.

En el versículo 26, un ángel del Señor le habla a Felipe, ordenándole: “levántate y ve hacia el Sur, el camino que desciende de Jerusalén a Gaza.” En este camino desierto, Felipe se encontró con un eunuco etíope. Notemos como Felipe es continuamente dirigido por Dios y como no hay resistencia de parte de Felipe ni cuestionamiento e incredulidad. Él pudo haber objetado a irse porque estaba en medio de un avivamiento en Samaria del cual era la figura principal. Sin embargo, Dios lo saca de ahí para que le dedicara tiempo especial a un solo hombre que iba camino a Etiopía. Este eunuco era un alto oficial de la reina de los etíopes porque él estaba encargado de todos los tesoros de la Reina. De varias maneras, vemos a Dios dirigiendo todo: Él movió a este oficial de la Reina a ir a Jerusalén y regresar justamente durante el avivamiento en Samaria. También envió a un ángel del Señor a hablarle a Felipe y darle instrucciones de levantarse para encontrarse con este hombre.

El versículo 28 nos dice que el etíope venía leyendo una porción del profeta Isaías lo cual es significante porque, en ese tiempo, solamente personas de mucho dinero podían adquirir un rollo. El próximo versículo (29) vemos que el Espíritu dirige a Felipe a percatarse de lo que el eunuco estaba leyendo. Evangelista al fin, Felipe le pregunta si entiende lo que lee. El eunuco responde diciendo, “¿cómo podré, a menos que alguien me guíe?”, invitando a Felipe a que se sentara con él. El eunuco no entendía lo que estaba leyendo porque el hombre que no conoce a Cristo no entiende las Escrituras. Él está muerto espiritualmente y su mente está en oscuridad. La Biblia claramente nos dices que el incrédulo es incapaz de responder a la verdad del evangelio (1 Corintios 2:14).

El pasaje de Isaías que estaba leyendo era Isaías 53 que habla del sacrificio de Cristo. El eunuco no sabía a quién se refería el pasaje a lo cual Felipe le responde anunciándole el evangelio (v.35). Con toda probabilidad, Felipe le compartió el texto completo de Isaías 52 y 53 que hace referencia al sacrificio de Cristo. Este texto habla del rechazo de Jesús por parte del pueblo judío y del tremendo dolor y aflicción por el cual Él atravesó. En los versículos 36-38 vemos que el eunuco después entendió el pasaje de Isaías y recibió convicción de pecado. Romanos 10: 17 dice, “la fe viene por el oír y el oír por la palabra De Dios,” pero si el Espíritu de Dios no toma esa palabra y la aplica al corazón y a la mente del incrédulo, es imposible creer. La Palabra por sí sola no es lo que produce la fe; es el Espíritu que da vida, entendimiento y fe por medio de la Palabra. La efectividad en el evangelismo, no depende de nuestras habilidades, sino del trabajo del Espíritu. Si el Espíritu no aplica lo dicho al corazón del otro, no habrá frutos (Zac 4:6). 

Entendido el texto, convicto de pecado, el eunuco pone su fe en Cristo e inmediatamente expresó su deseo obedecer y ser bautizado, algo que la Palabra presenta como una obligación si creyó con todo su corazón y se arrepintió de sus pecados. Cuando Pedro predica su segundo sermón apostólico, él le dice a la multitud “arrepentíos y convertíos para que tiempos de refrigerio puedan venir a vosotros.” Consiguientemente, ambos descendieron al agua y Felipe bautiza al eunuco.

En los versículos 39 a 40 se puede notar como el Espíritu de Dios sigue Su tarea dirigiendo la evangelización del mundo. El Espíritu de Dios se llevó a Felipe de manera sobrenatural a otra ciudad de nombre Azoto. El texto explica que por donde quiera que Felipe pasaba, anunciaba el evangelio en todas las ciudades hasta que llegó a Cesárea. La realidad es que Felipe solamente estaba haciendo aquello para lo cual Dios nos salvó: ser testigos de Él. El espíritu de Dios vino para dar testimonio de Jesús y para empoderarnos a ser exactamente la misma cosa (Juan 15:26-27).

Serie: Vida de iglesia

¿Recuerdas en qué consiste el nuevo mandamiento que Jesús dio a Sus discípulos en Juan 13:34-35?  Y que aplica a nosotras hoy en día, también.

Te invitamos a leer esos versículos y compartir tu respuesta debajo.

En el capítulo “La iglesia de ‘los unos y los otros’” el pastor Miguel Núñez nos ayuda a entender que lo “novedoso” del mandamiento es que no solo se les llamaba a amar el prójimo como a sí mismos, sino “como Jesús los había amado”.

¿Cómo amó Jesús a Sus discípulos? ¿Debido a que ellos eran perfectos? ¿Hacían todo lo que les mandaba? O ¿no se equivocaban? ¿Nunca le fallaron?

¿Qué pasó con Tomás según Juan 20:24-31?

¿Y con Pedro, conforme registra Marcos 14:66-72?

¡Los amó hasta el fin! Según Juan 13:1.

Continúa refiriendo el pastor que para amar como Jesús nos ha amado (de manera incondicional) es necesario haber nacido de nuevo pues solo con Su amor en nuestros corazones por la morada de Su Espíritu en nuestro interior somos capacitadas a amar como Cristo ama.

Es decir, si me he arrepentido, confesado mis pecados y reconocido a Cristo como mi Salvador, ¡no tengo excusa para no amar a los miembros del cuerpo de Cristo!  ¿Te preguntarás por qué hacemos esa afirmación de manera tan categórica? 

Leamos juntas a Romanos 5:5: “…porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado.

Entre otras, ésta puede ser una de las razones por las cuales el pastor expresa lo siguiente: “El hombre carnal no conoce ese amor, no sabe cómo hacerlo y tampoco puede crearlo. La única manera de poder amar de manera incondicional es si disfrutamos la llenura de Su Espíritu. Cuando tenemos problemas en amar a una de las ovejas de Dios de esa manera, el problema no es tanto la falta de amor, sino falta de llenura del Espíritu”.

¿Seguirás evitando integrarte, pertenecer, servir en tu iglesia porque te resulta difícil amar a los miembros de Su cuerpo?

De acuerdo con la conclusión del pastor en el párrafo anterior ¿qué estamos llamadas a hacer si nos encontráramos en tal situación? Lee el mandato de Efesios 5:18, refiriéndose a este versículo dice el pastor John MacArthur: “Lo que Pablo está diciendo aquí es, literalmente: ‘Permitan al Espíritu de Dios que ya está en ustedes que los llene continuamente’… Ser lleno del Espíritu significa únicamente dejar que el Espíritu de Dios, que ya se encuentra dentro de usted, lo controle”. 

Testimonios:

Los grupos pequeños de estudio bíblico y oración es uno de los instrumentos de Dios para enseñarnos a amar a los miembros de Su familia: 

Cristina Incháustegui

1. Crecer en el conocimiento de la Palabra de Dios en un ambiente de confianza donde se pueden hacer preguntas.

2. Cultivar relaciones con mujeres que enriquecen y ayudan a la formación del carácter de Cristo en mí, como mujer.

3. Tener un tiempo a la semana para orar las unas por las otras y compartir nuestros retos en el caminar cristiano para poder ser discutidos a la luz de la Palabra.

Jannette Acevedo

1. Es una oportunidad para conocernos mejor, ya que nuestra iglesia es muy grande y a veces ni podemos vernos.

2. Es un espacio donde poder expresar con más confianza nuestras dudas y temores

3. Es un instrumento de consuelo en tiempos de tribulación, porque nos permite acompañar, o que nos acompañen más de cerca en momentos difíciles.

Claudia Humeau

1. Nos ayuda a crecer espiritualmente.

2. Es un medio de gracia por el cual somos acompañadas y acompañamos a otras en nuestro caminar cristiano, aportando lo que sabemos y nutriéndonos de lo que saben las demás.

3. Consolidamos lazos de amistad para la gloria de Dios, lo cual se hace posible por ser un grupo pequeño.

4. Somos consoladas, confrontadas, aconsejadas, guiadas, amadas, oramos las unas por las otras, lloramos, reímos y nos gozamos juntas de ser hijas del Todopoderoso, Rey, Hermoso y Santo Padre, nuestro Padre.

¡No desperdicies la oportunidad de amar y ser amada en tu grupo pequeño! Y sobre todo, recuerda las palabras de Jesús en Juan 13:35 “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros”.

 

 

Ministerio EZER

15 de Enero de 2018

Modestia... ¿Qué es eso?

"Si usted es ciego, o de otro planeta, pudiera haber pasado por alto el hecho de que la modestia ha sido enterrada." - Bárbara Hughes

Uno de los diccionarios consultados dice que la modestia es “una virtud que modela, templa y regula las acciones externas”; por tanto, ella debe servirnos para frenar nuestras acciones pecaminosas. Lamentablemente, esta virtud, como le llama el diccionario, ha comenzado a desaparecer, no solamente en la forma de hablar, sino también en el sentido de decencia en cuanto al vestir y a la conducta misma.

La generación actual se encuentra ante un problema multifactorial. Podemos observar que hay una desensibilización por parte del pueblo ante las conductas inmodestas del resto de la población. Cuando hablamos de desensibilización, nos referimos al proceso de pérdida paulatina del pudor y la pérdida progresiva de nuestra capacidad para reaccionar ante las cosas que en un tiempo atrás nos hacía ruborizar. Recordemos las palabras de Jeremías 6:15, “¿Se han avergonzado de la abominación que han cometido? Ciertamente no se han avergonzado, ni aun han sabido ruborizarse; por tanto caerán entre los que caigan; en la hora que yo los castigue serán derribados–dice el SEÑOR”.

Esa desensibilización resulta evidente en la vulgaridad que escuchamos en los famosos “talk shows”, en la lírica de las canciones populares; en la manera como las telenovelas y las películas sensuales son llevadas al interior de los hogares, aún en horarios cuando los niños están despiertos. Vemos el mismo fenómeno en los anuncios que llegan hasta nosotros, vía la televisión y los periódicos; y, finalmente, por la forma agresiva en que la pornografía y todo tipo de sensualidad llega a nosotros a través del internet.

En el mundo de hoy, es frecuente escuchar la afirmación de que no hay absolutos para juzgar el sentido de la modestia. Y así dentro del mundo evangélico, comenzamos a escuchar que no importa lo que hagas, porque Dios solo juzga la motivación del corazón, y por tanto “tú no puedes juzgarme porque solo Dios es capaz de conocer mi corazón”. Yo creo que en ambos casos estamos frente a situaciones que amenazan la misma zapata de la iglesia. Otros justifican su inmodestia alegando que si no podemos citar un capítulo y un verso de la Biblia que prohíba directamente la acción en la que están incurriendo, entonces no tenemos derecho a llamarles la atención. Yo creo que este razonamiento suena espiritual, pero no es bíblico. El argumento más débil de todos es el argumento de silencio, ya que existen un sin número de situaciones no mencionadas específicamente en la Biblia, pero que sí tienen su asidero en la palabra de Dios. La biblia puede no contener un pasaje específico para cada una de las acciones inmodestas de hoy en día, pero no es menos cierto que la palabra está repleta de advertencias en contra de la inmoralidad en todas sus formas.

Cuando alguien menciona lo que Dios juzga es el corazón, y que por tanto no debiéramos juzgarle, creo que muchas veces esa persona ha olvidado lo que Dios dice a través de Jeremías 17:9 “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”. De manera que si el corazón es engañoso, entonces el corazón por sí solo no puede ser algo confiable para dirigir mi conducta.

Otros hablan de que nosotros tenemos una libertad de conciencia para actuar en aquellas áreas donde la palabra no nos da lineamientos claros de prohibición. Pero aquí también tenemos que hacer una observación, y es que la conciencia por sí sola tampoco es algo confiable para yo determinar el curso que he de seguir. La conciencia puede ayudar, pero recordemos que la conciencia puede ser corrompida (Tito 1:15), cauterizada (1 Timoteo 4:2), puede ser débil (1 Corintios 4:8), y finalmente nuestra conciencia pudiera incluso ser mala (Hebreos 10:22).

Cuando pensamos en la inmodestia a la hora de hablar, no podemos olvidar lo que el Señor Jesús nos ordenó hace mucho tiempo atrás, cuando nos dijo que “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34). De esa misma manera, podemos afirmar que de la abundancia del corazón se viste el cuerpo. Nosotros nos vestimos según los dictámenes de nuestra conciencia. Cuando nuestra conciencia es adormecida, precisamente como fruto de haber vivido expuesto al pecado desde muy temprano, estamos frente a un individuo que más temprano que tarde va a terminar perdiendo su sentido de culpa, su sentido de vergüenza y su sentido del deber. Estas tres cosas contribuyen al llenado de nuestras responsabilidades morales.

Decía que la conciencia no puede ser la única determinante de cómo nos vamos a comportar, porque pudiera no estar bien informada. Mi conciencia puede ser informada, y necesita ser informada, por la palabra de Dios, de tal manera que pueda ayudarme a tomar decisiones en momentos de necesidad. Por otro lado, esa conciencia pudiera ser iluminada por el Espíritu Santo cuando Él mora en mí, y más aún cuando Él nos da su llenura. Tampoco podemos negar el hecho de que nuestra conciencia puede ser deformada, cuando es expuesta a malas enseñanzas. Por tanto, una conciencia deformada me va a llevar a patrones de inmoralidad y de inmodestia en múltiples áreas del quehacer diario.

En un próximo post estaremos analizando qué cosas debiéramos tener presente a la hora de determinar si algo es modesto o prudente.

 

 

Miguel Núñez

*Originalmente publicado en integridadysabiduria.org

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