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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es médico de profesión y pastor de vocación, con una maestría en Teología del Southern Baptist School for Biblical Studies. Desde el año 1998 ha sido pastor titular de la Iglesia Bautista Internacional de Santo Domingo, República Dominicana, y en la actualidad dirige su cuerpo de pastores. Adicionalmente es fundador y presidente de Ministerios Integridad Sabiduría®, una organización sin fines de lucro que tiene la visión de contribuir a cambiar la sociedad de nuestros días sembrando la Palabra de Dios por medio de recursos audiovisuales y literarios.

El Dr. Núñez es presidente y fundador del Instituto Integridad y Sabiduría, donde también es profesor de diferentes materias que componen el programa de estudios. También dirige y participa en la conducción del programa televisivo semanal Respuestas, Verdades absolutas para un mundo relativo®. Está casado con la Dra. Catherine Scheraldi.

 

Continuando la serie Poder En La Debilidad, el pastor Miguel Núñez predicó hoy sobre 2 Corintios 6:3-10, cuyo mensaje fue titulado:  Paradojas Del Ministerio. Este texto está lleno de propósitos, y muestra la gran paradoja que representa la vida del apóstol Pablo.

La semana pasada el mensaje fue sobre los versículos 1 y 2 de este capítulo 6, terminando en que si somos embajadores de Cristo, colaboradores de Dios, no debemos recibir el don de la salvación en vano ni rechazarlo, y debemos llevar este mensaje del evangelio hasta los confines de la tierra.

En los versículos que analizamos hoy, que muestran las dificultades y privaciones de Pablo, el apóstol nos exhorta a vivir y actuar de manera conveniente al carácter de siervos de Dios. Pablo lo hizo así con mucha paciencia en las aflicciones, actuando sobre la base de buenos principios, y con el debido carácter y conducta. Los creyentes necesitan diariamente la gracia de Dios para armarse contra las tentaciones y para soportar la buena opinión de los hombres sin enorgullecerse; y para sufrir con paciencia sus reproches. La gran paradoja del ministerio es que los creyentes nada tienen en sí mismos, pero poseen todas las cosas en Cristo. La vida del cristiano está hecha de tales diferencias, y a través de tal variedad de condiciones va nuestro camino al cielo. Ahora el tiempo se emplea en propósitos útiles, no en cosas vanas, y son enriquecidos por el evangelio, tanto para este mundo como para el venidero.  Las paradojas finales de los versículos del 8 al 10 parecen describir la vida de Pablo, desde el punto de vista de sus críticos y desde el punto de vista de Dios.

El trabajar para Dios no es garantía de bendiciones materiales como el mundo lo ve, pero si tiene las garantías espirituales, que son las promesas de Dios en Su Palabra. El apóstol Pablo vivió esa paradoja, fue el apóstol más usado por Dios, pero fue el más vituperado y vejado.

Pablo se autodenomina embajador de Cristo, colaborador de Dios, lo que hacía que hablara de su evangelio como si fuera el autor, porque está completamente identificado con la causa de Cristo. Se recomienda a sí mismo como ministro del evangelio por las vicisitudes que había vivido, sus credenciales. Es una autodefensa de su ministerio. Porque un colaborador de Dios está dispuesto a darlo todo por Su causa.

Comienza con la perseverancia. El cristiano persevera en el trabajo aunque tenga todas las restricciones y resistencias que pudieran existir. El falso maestro sale corriendo con las adversidades, y busca nuevas ovejas.  Las aflicciones, privaciones y angustias de Pablo no fueron obstáculos para amedrentar su perseverancia. Esta es una gran paradoja.

Igualmente, cuando expresa que ha recibido azotes, prisiones, en tumultos, trabajos, desvelos y ayunos. También es una gran paradoja, el ser usado por Dios y ser azotado por la vida. Hay una relación directamente proporcional en estas condiciones, la historia lo demuestra, desde Moisés, Pablo, hasta Lutero.  Pablo reconoce que todas estas experiencias de dificultades, aflicciones, etc, han sido para Dios trabajar en él. Creció en paciencia, pureza, bondad y conocimiento de Dios,  frutos del espíritu, y es que Dios no te usa grandemente hasta que no te hiere profundamente. 

La vida de Pablo fue siempre una paradoja. Era vituperado y reconocido, azotado y no muerto, entristecido pero gozoso, pobre material pero enriquecía a los demás espiritualmente, no poseía nada material pero en Cristo lo poseía todo, y todas estas cosas provenían del Espíritu Santo. El que no conoce a Cristo no posee nada, mientras que el conoce y tiene a Cristo lo posee todo.

Nuestra confianza no está en las buenas circunstancias o en mi habilidad de ver las  circunstancias, nuestra confianza esta en Cristo, en Dios y las promesas de Su Palabra.

Padre celestial, pedimos que aumentes nuestra fe y nos llenes de Tu Santo Espiritu para poder una vida parecida a la del apóstol Pablo, que supo vivir en pobreza y en abundancia, y aún siendo encarcelado, azotado, vituperado, nunca perdió el gozo de tenerte y de servirte. Bendiciones.

El Valor De Nuestra Reconciliación es el título del sermón de hoy del pastor Miguel Núñez, basado en 2 Corintios 6:1-2, el cual forma parte de la serie Poder En La Debilidad, sobre la segunda carta del apóstol Pablo a la iglesia de Corinto.

La pasada semana el sermón fue titulado Dios, El Gran Reconciliador, y estuvo basado en los versículos del 18 al 21 del capítulo 5 de esta segunda carta de Pablo a los Corintios. En dicho sermón se estableció que el texto revela 4 aspectos importantes, los cuales son:

1.- La procedencia de la reconciliación. Que todo esto procede de Dios y que el propio Dios nos reconcilio consigo mismo. El mismo Dios fue quien  tomo la iniciativa, no fue el hombre.

2.- El agente de la reconciliación, el autor de la reconciliación. Dios es el autor intelectual, pero lo hizo a través de Cristo. Cristo es el agente a través de quien se ejecutó la reconciliación. Cristo construyó un puente entre Dios y los hombres.

3.- La manera como Dios llevó a cabo la reconciliación. El texto dice que Dios no tomó en cuenta nuestras transgresiones, porque Cristo las asumió. Y,

4.-  La responsabilidad que tenemos los que hemos sido reconciliados por Dios. A los nacidos de nuevo, a los que creen en Cristo,  Dios nos ha encomendado el ministerio de la reconciliación, llevar el mensaje del Evangelio, el poder de Dios. Debemos ir hasta los confines de la tierra para predicar el evangelio. Hemos sido nombrados embajadores de Cristo.

En el texto que vemos hoy el apóstol nos exhorta a que si somos embajadores de Cristo, si somos sus colaboradores, no debemos recibir esta reconciliación en vano, y nos muestra que el día del Evangelio es un día de salvación, el medio de gracia es el medio de salvación. El ofrecimiento del evangelio es la oferta de la salvación, y la época presente es el tiempo apropiado para aceptar tales ofrecimientos. Porque no sabemos del mañana, no nos pertenece, pero ahora disfrutamos de un día de gracia; entonces, debemos aprovecharlo y no rechazarlo.

De estos versículos podemos observar 3 aspectos importantes, los cuales son:

1.- El cristiano como colaborador de Cristo. Pablo se ve como un colaborador de Dios, porque aunque sea Dios el que hace la obra, después de la reconciliación  nos nombra embajadores, colaboradores de Él. Todas las cosas que Dios ha diseñado para este mundo, es para ser hecha a través de los hombres. Fuimos ordenados a sojuzgar la tierra, ponerle nombre a toda la naturaleza y administrarla. 

2.- La exhortación a no menospreciar la gracia de Dios recibida en la salvación.  Por ser sus colaboradores debemos expandir Su obra, contribuir al ensanchamiento de Su obra, y no recibir la gracia de la reconciliación en vano, que valoremos esta gracia dispensada. Debemos cuidar y proteger esta reconciliación y salvación con nuestro testimonio de vida, esforzarnos para que nuestra actuación diaria glorifique a Dios.

3.- El llamado de Dios al incrédulo a prestar atención a la voz de Dios mientras hay una ventana de oportunidad.  Pablo hace un llamado al incrédulo para que acepte ahora, hoy, la reconciliación con Dios que es el mensaje de salvación. Dice que con la llegada de Cristo, es ahora  el tiempo de la reconciliación y de salvación. Dios en su benevolencia retiene el juicio de los hombres, otorga un plazo, una oportunidad de reconciliación. Abre una ventana de oportunidad para aceptar este llamado y no desperdiciar el mensaje de la salvación. Eran cosas que los profetas habían anunciado y que los ángeles habían dicho que querían ver, y la llegada de Cristo marcó el tiempo de la reconciliación y trajo el mensaje de la salvación.

Padre, ayúdanos a reconocer y valorar la reconciliación contigo y el mensaje de la  salvación que nos has ofrecido a través del evangelio de Cristo. Perdónanos si no hemos valorado de la manera precisa esta reconciliación y el mensaje de salvación, cambia nuestro corazón para recibir esta gracia. Amen. Bendiciones.

El pastor Miguel Núñez, después de la serie de tres mensajes del pastor Héctor Salcedo Llibre sobre el libro de Eclesiastés, retoma su serie Poder En La Debilidad sobre la segunda carta del apóstol Pablo a los Corintios, y hoy predica sobre los versículos del 18 al 21 del capítulo 5, el cual fue titulado: Dios, El Gran Reconciliador.

El mensaje anterior  terminó diciendo que si hemos nacido de nuevo creyendo que Jesucristo es nuestro Señor y Salvador, y estamos en Cristo, somos criaturas nuevas, por lo que las cosas viejas pasaron y aquí son hechas nuevas.

En los pasajes de hoy se dice que todo esto procede de Dios, y quien nos reconcilió con Él mismo a través de Cristo sin tomar en cuenta nuestros pecados, y a la vez nos ha encomendado el ministerio de la reconciliación, por tanto, somos embajadores de Cristo. Y al final, Pablo hace un llamado de reconciliación con Dios en nombre de Cristo, quien no conoció pecado, Él lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hecho justicia de Dios por Él.

El corazón del que no está regenerado está lleno de enemistad contra Dios, y Dios está justamente ofendido con él, pero nuestro Dios nos ha reconciliado consigo mismo por medio de Jesucristo. Y por Su inspiración fueron escritas las Escrituras, que son las palabras de reconciliación, mostrando que había sido hecha la paz por la cruz, y por medio de ella, Dios ruega a los pecadores que echen a un lado su enemistad, y acepten la salvación que Él ofrece.

Pablo toca tangencialmente el problema espiritual de la humanidad. En la creación, Dios le dio al hombre la dirección y administración de toda la creación, y todo esto solo con una prohibición. Sin embargo el hombre no resistió las tentaciones de violar ese pacto y al caer también cayó la relación con Dios, y comenzó un estado de enemistad entre Dios y el hombre. Fue el propio Dios quien tomó la iniciativa de restaurar esa relación, y tuvo que ser a través de encarnarse  en Jesucristo para asumir el pecado y redimir nuestros pecados.

El texto de estos pasajes revela 4 aspectos importantes:

1.- La procedencia de la reconciliación. Al principio del texto menciona que todo esto procede de Dios y que el propio Dios nos reconcilió consigo mismo. El mismo Dios fue quien  tomo la iniciativa, no fue el hombre.  El hombre no buscó a Dios, fue Dios el que salió a buscar al hombre. Para reconciliarnos unos con otros se necesita disposición del corazón, y eso lo pone Dios. Es una gracia que otorga Dios, es un don.

2.- El agente de la reconciliación, el autor de la reconciliación. Dios es el autor intelectual, pero lo hizo a través de Cristo. Cristo es el agente a través de quien se ejecutó la reconciliación. La deuda del hombre con Dios era tan grande que no la podía pagar, y la Trinidad decide que Dios sea encarnado en Cristo para que Él mismo se pague la deuda y el hombre sea liberado. Por eso dice que el mismo Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo, la creación, consigo mismo en la cruz. Cristo construyó un puente entre Dios y los hombres.

3.- De la manera como Dios llevó a cabo la reconciliación. El texto dice que Dios no tomó en cuenta nuestras transgresiones. Dios no tomó en cuenta las transgresiones porque otro las asumió. Cristo las asumió. El mismo Dios las asumió. Dice el texto que Dios mismo estaba en Cristo reconciliando el mundo consigo mismo. Cristo asumió el pecado sin ser pecador, y por eso ese tratamiento que recibió, sin embargo esto fue así para que fuéramos justicia en El, que implica tener un carácter en Él, implica ser santo en Cristo, no culpable delante de Dios, pero en Cristo. 

4.- La responsabilidad que tenemos los que hemos sido reconciliados por Dios. A los nacidos de nuevo, a los que creen en Cristo,  Dios nos ha encomendado el ministerio de la reconciliación, llevar el mensaje del Evangelio, el poder de Dios. Debemos ir hasta los confines de la tierra para predicar el evangelio. Hemos sido nombrados embajadores de Cristo.

Sabemos que Dios es el gran reconciliador, y lo hace a través de nosotros llevando Su palabra, el evangelio, a todos los hombres haciendo el trabajo de reconciliarlos con Dios. Es parte de nuestra responsabilidad y de las obras por las cuales seremos juzgados. Debemos entender este concepto, porque el mismo Dios pone ese deseo en nuestro corazón, es el mismo Dios que está en nosotros cuando asumimos el rol de embajador de Cristo reconciliando a los hombres con Dios.

Padre, ayúdanos a llevar a otros el evangelio de la reconciliación. Que podamos convencer a otros a aceptar a Cristo como su Señor y Salvador, para que su alma sea salva y tenga vida eterna. Bendiciones.

El pastor Miguel Núñez continuó hoy su serie sobre la segunda carta del apóstol Pablo a los Corintios llamada Poder En La Debilidad , con el mensaje titulado: Un Ministerio Con Ambiciones Correctas, segunda parte, ya que la pasada semana no pudo completar la exposición hasta el versículo 21,  por lo que hoy el mensaje está basado en 2 Corintios 5:11-21.

En los versículos del 9 al 17, que se expusieron hace un par de semanas, el apóstol nos habla que debemos estar preparados y aceptados, porque todos tendremos que presentarnos al tribunal de Cristo para ser juzgados por nuestros actos en este mundo. Seremos juzgados y/o recompensados por nuestras motivaciones, disponibilidad y uso de los dones espirituales.

De igual manera, Pablo nos motiva a vivir vidas piadosas y compartir el Evangelio a sabiendas de que cada quien tendrá que rendir cuentas a Dios. Nos muestra sus ambiciones y sus motivaciones, que son las de agradar a Dios, y  su  pasión y deseo era serle agradable sólo a Él, no a los hombres, para encontrarse aprobado cuando le corresponda presentarse frente a Dios a rendir cuentas. Este entendimiento, el cambio de estilo de vida y su pasión por Cristo, ha hecho que Pablo sea reconocido como el mayor de los misioneros.

En estos pasajes que vemos hoy, Pablo nos dice que al estar en Cristo somos nuevas criaturas, y toda nuestra vida anterior, nuestras reacciones y comportamiento, pasaron, y que de ahora en adelante las cosas son hechas nuevas. Y que todo esto proviene de Dios, al reconciliarnos con Él por medio de Cristo, porque el mismo Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo en el mismo momento de la crucifixión. Por tales motivos somos embajadores de Cristo, somos Sus representantes llevando la palabra y el mensaje de la reconciliación, porque al que no conoció pecado lo hizo pecado, no pecador, sólo pecado, un sacrificio por el pecado,  por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él, que fuéramos justificados gratuitamente por la gracia de Dios.

Este mensaje nos permite reflexionar sobre la muerte y resurrección de Cristo, lo que sucedió un fin de semana como éste hace 2,000 años, lo que significa para mi vida y cómo yo debo vivir.

La gracia de Dios persuadió a Pablo del poder del evangelio, tanto así que no le dejaba quieto, y debía salir a persuadir a los hombres de la verdad del Evangelio. Estaba persuadido de este poder que cambia la vida de las personas.

De igual manera reconocía el gran amor de Cristo. Ese amor lo apremia, lo constriñe, lo hace compartirlo con los demás. Se sentía obligado a compartir ese amor, para que todos experimenten ese amor a través del perdón de sus pecados y transformación de sus vidas. Debido a ese amor debemos valorar mejor lo que Cristo hizo por nosotros.

Esa transformación de nuestra vida es lo que llamamos ser una nueva criatura porque vivimos en Cristo, Cristo está en nosotros. Por eso las cosas que hacíamos antes, nuestras reacciones ya no son las mismas, todas las cosas son hechas nuevas.

El ser cristiano después de la resurrección, al nacer de nuevo, no es solamente tener una vida moralmente correcta, la nueva criatura hace todas las cosas de manera diferente, son hechas nuevas. Esa nueva criatura ha recibido gracia sobre gracia y perdón de sus pecados de parte de Dios.

Padre ayúdanos a experimentar tu amor más íntimamente, de manera que pueda vivir dedicado a ti, vivir para cumplir tus propósitos. Aumenta nuestra fe para que podamos servirte más y mejor.

El pastor Miguel Núñez continuó hoy su serie Poder En La Debilidad, con el mensaje titulado: Un Ministerio Con Ambiciones Correctas, basado en 2 Corintios 5:9-17.

Hace dos semanas el mensaje fue sobre los versículos del 1 al 8, donde Pablo habla acerca de vivir por fe y no por vista, y que debemos prepararnos para el día que nos corresponda estar frente al Señor, y que para él era preferible dejar este cuerpo de carne pecaminoso y estar presente en el Señor, porque para él vivir es Cristo y morir es ganancia.

Ahora, en los versículos a exponer, del 9 al 17, el apóstol nos habla de que estemos preparados y aceptados, porque todos tendremos que presentarnos al tribunal de Cristo para ser juzgados por nuestros actos en este mundo. Seremos juzgados y/o recompensados por nuestras motivaciones, disponibilidad  y uso de los dones espirituales.

Así mismo, nos motiva a vivir vidas piadosas y compartir el Evangelio a sabiendas de que cada quien tendrá que rendir cuentas a Dios. Pablo nos muestra sus ambiciones y sus motivaciones. Agradar a Dios, y las razones para agradarlo. Su pasión y deseo era ser agradable a Dios, no a los hombres, para encontrarse aprobado cuando le corresponda presentarse frente a Dios a rendir cuentas.

El versículo 10 muestra la obligatoriedad de rendir cuentas frente a Dios de nuestras acciones y actitudes. Será obligatorio.  Los juzgados seremos todos, cada uno de nosotros, en un lugar específico, en el cielo, frente a frente a Cristo, en quien Dios ha delegado estas funciones.  Este juicio será para todos los creyentes, y Pablo quería que Dios lo encontrara aceptado, quería serle agradable, por el temor que tenía de Dios.

En nuestros casos, deberemos rendir cuentas sobre los dones y talentos que nos han sido confiados. Nos han sido entregados recursos físicos que deben ser utilizados para la expansión del reino de Dios, hijos para que los criemos en el temor de Dios, que sean para Su gloria, nuestras profesiones para que glorifiquemos y sirvamos a Dios a través de éstas, y así con cada una de las cosas que Dios nos ha entregado.

Este juicio es para creyentes, individualmente, aún hayamos recibido salvación, pero debemos rendir cuentas cuando Dios saque a la luz todas las cosas. En ese momento seremos recompensados de acuerdo a las motivaciones de nuestro corazón.

En esta carta, el apóstol también apelaba a las conciencias de los corintios, porque quería que quedara claro que su ministerio, ante esta iglesia de Corinto, había sido totalmente abierto y honesto, quería que entendieran sus motivos y acciones tan claro como Dios lo conocía. 

Nos muestra que Cristo murió por todos demostrando ese gran amor por la humanidad, asumiendo el pecado de todos sin haber sido Él pecador. Así como nos identificamos con Su muerte, debemos identificarnos con Su vida sacrificial para con todos. Una vida egoísta y egocéntrica es inapropiada para creyentes comprados con sangre.  Por eso, a partir del momento que  participamos de la muerte de Cristo y que hemos nacido de nuevo, somos una nueva criatura, y todas las cosas son hechas nuevas. Ya no actuamos ni reaccionamos con antes.

Que el Señor nos ayude a cumplir con las responsabilidades que nos ha dado y que al final de nuestras vidas podamos ser hallados agradables a Él. Bendiciones.

Ayer domingo, el pastor Miguel Núñez continuó con la serie Poder En La Debilidad. El mensaje fue titulado: Caminando Confiadamente Hacia La Eternidad, basado en la segunda carta del apóstol Pablo a los corintios, capítulo 5, versículos del 1 al 10, pero solo se expuso hasta el 8, y la próxima semana se expondrán el 9 y el 10.

En estos versículos el apóstol Pablo les habla a los corintios acerca de la seguridad que tiene que cuando muera y deje este mundo terrenal irá a una morada celestial, con un nuevo cuerpo, no hecho por manos humanas, sino un cuerpo eterno hecho por Dios mismo para cada uno de nosotros, y como garantía que esto sucederá nos ha dado su Espíritu Santo, por lo tanto vive confiado de que así será, porque vive por lo que cree y no por lo que ve, pero mientras llega ese momento, todo lo que hagamos sea para agradar a Dios.

Por fe el cristiano está seguro que hay otra vida dichosa después de ésta, tiene esperanza, por gracia, de obtener el cielo como morada eterna. El cuerpo carne es una carga pesada, las calamidades de la vida son una carga pesada, pero los creyentes gimen cargados con un cuerpo de pecado, y debido a las muchas corrupciones remanentes que rugen dentro de ellos. La muerte nos desvestirá del ropaje de carne y acabará todos nuestros problemas de aquí abajo. Pero las almas fieles será vestidas con ropajes de alabanza, con mantos de justicia y gloria.

Nuestro deber es, y será nuestra preocupación, andar por fe hasta que vivamos por vista junto a Él. Estamos unidos al cuerpo terrenal y al Señor, cada uno reclama una parte de nosotros, pero somos de las almas que Él ha amado y ha escogido. El apóstol se anima a sí mismo y a los demás a cumplir su deber.

Es una gran paradoja en la que vivimos. Por un lado amamos a Dios y deseamos Su presencia, pero por otro lado no queremos abandonar este mundo terrenal para entrar verdaderamente en gloria, nos entristecemos cada vez que pensamos que ese momento se acerca, aún sabiendo que esta vida no ofrece lo suficiente como para apegarnos tanto a ella.

Pablo nos ofrece una esperanza para el futuro. Aunque nuestro cuerpo terrenal, el que tenemos en la actualidad, se va desgastando, luego tendremos uno glorificado, hecho personalmente por Dios.

Mi envejecimiento no debe ser de preocupación, al contrario, debo anhelar el nuevo cuerpo glorificado. Debería estar contento de que me queda poco tiempo en este cuerpo caído y se acerca el tiempo de recibir el nuevo, en el que no tendremos más enfermedades, más dolor. Este tiempo de gemir de nuestro cuerpo terrenal, dará paso al tiempo del cuerpo glorificado, por lo tanto, debemos estar gozosos porque ese tiempo se acerque y porque estaremos en la presencia del Señor.

Que Dios nos ayude a tener más fe y esperanza de vivir una vida eterna junto a Él mucho mejor que esta vida terrenal. Bendiciones.

21 de Febrero de 2016

Una aflicción leve y pasajera

Dentro de la serie de prédicas del pastor Miguel Núñez, bajo el título Poder En La Debilidad, basada en la segunda carta del apóstol Pablo a los Corintios, el mensaje de hoy es sobre los versículos del 16 al 18 del capítulo 4, el cual ha sido titulado: Una Aflicción Leve Y Pasajera.

En estos versículos el apóstol nos muestra que las perspectivas de la gloria eterna impiden que los creyentes desfallezcan bajo las aflicciones.

La gracia de la fe es un remedio eficaz contra el desaliento en tiempos de prueba.  La perspectiva de la vida y la dicha eternas eran la fortaleza y consuelo del apóstol Pablo. Lo que el sentido humano estaba dispuesto a considerar pesado, largo, doloroso y tedioso, la fe lo percibe leve y corto, momentáneo.  Para Pablo, el peso de todas sus aflicciones temporales era leve en sí, mientras la gloria venidera era una sustancia de peso y duración más allá de toda descripción.  La fe capacita para efectuar el  juicio correcto de las cosas, ya que hay cosas invisibles y cosas que se ven, y entre ellas hay una gran diferencia: las cosas invisibles son eternas, y las cosas visibles son temporales o solo pasajeras.

En este mensaje de hoy el apóstol Pablo presenta tres paradojas, que se observan claramente:

 1.- El deterioro del cuerpo mortal del creyente va experimentando un deterioro, va muriendo, pero nuestro hombre interior, nuestro espíritu, va renovándose cada día. 

Pablo ve que su cuerpo físico ha ido envejeciendo y desgastándose, sin embargo su hombre interior se ha ido fortaleciendo, ha ido creciendo, se va renovando de día a día. No debemos permitir que las experiencias que vivimos drenen nuestro hombre interior, al contrario, cada experiencia debe servirnos para crecer y fortalecer nuestro hombre interior.

2.- Las aflicciones son leves y pasajeras, y producen algo pesado  con secuencias eternas, producen una gloria que durará para siempre, y que es de mucho mayor peso que las aflicciones.

Lo que realmente tiene valor en este mundo, está relacionado con nuestra otra vida. Las aflicciones son experiencias preparativas para la vida eterna. Necesitamos tener la perspectiva de Pablo, a fin de formar la imagen de Cristo en nosotros. La perspectiva correcta de los hechos,  en nosotros produce algo pesado de gloria eterna.  Pablo llama a sus experiencias pesadas leves debido a su perspectiva de la vida y la esperanza de vida eterna.

3.- Las cosas que vemos son pasajeras, por lo que Dios nos llama a ver las cosas invisibles porque permanecen para siempre.

El apóstol Pablo exhorta a  los Corintios a ver más allá de las cosas terrenales, físicas,  que pusieran su vista y su  perspectiva  en la vida eterna.  Las cosas que no se ven, las espirituales, son tan reales como las cosas que se ven.

Pablo sabía que sus aflicciones y dolores eran leves  y  pasajeras, comparadas con el dolor y sufrimiento de las personas que mueren sin conocer a Dios, sin haber oído el evangelio de Cristo.

Muchas veces no nos dolemos por la muerte de personas sabiendo que no van a la gloria de Dios, que pasan a una eternidad de dolor y sufrimientos, porque tenemos la visión equivocada de lo que significa el amor y misericordia de Dios.

Si el apóstol pudo llamar leves y momentáneas a sus pruebas pesadas, largas y continuas, las nuestras deben ser triviales.

Entonces, no miremos las cosas que se ven, dejemos de buscar las ventajas mundanales o de temer los trastornos presentes. Pongamos diligencia en hacer segura nuestra futura felicidad.

El pastor Miguel Núñez continúa su serie El Poder En La Debilidad.  Dentro de esta serie, hoy el mensaje está basado en el capítulo 4 de la segunda carta del apóstol Pablo  a la iglesia de Corintos,  versículos del 7 al 15, cuyo título es El Poder De Dios En Vasos De Barro.

En estos versículos Pablo nos dice que humanamente hablando resulta una paradoja el que Dios escogiera a Pablo, uno de los principales perseguidores de la iglesia en sus inicios, como el principal portador de Su Palabra, de Su Evangelio, y aún así permitió que pasara dificultades extraordinarias de peligro de su vida y maltrato físico, igual que todos los apóstoles, porque  Dios lo hizo, según explicaciones del propio Pablo en el versículo 6, para ser glorificado, y que nadie se jacte delante de Dios, porque el poder reside sólo en Dios, no en él.  

Este mensaje extraordinario, el evangelio, ha sido puesto en manos de vasos débiles, de barro, que somos nosotros, para ser expuesto. No utilizó grandes oradores, utilizó gente sencilla, pescadores de profesión, para que fueran pescadores de almas.

Pablo compara su debilidad con el poder de Dios al decir que ha sido afligido, pero no aplastado,

Pablo fue afligido por las frecuentes persecuciones, por las dificultades económicas de las iglesias que lo hacían tomar ofrendas para ellas, el rechazo que sufrió en las propias iglesias que ayudó a fundar. Se sintió afligido, pero no aplastado, porque Dios lo soportaba.

Muchas veces se sintió perplejo, pero no desesperado.  Muchas veces nosotros sentimos esa inseguridad, pero es por incredulidad, no creemos que Dios nos ayudará, la falta de fe es un pecado que nos persigue. Pablo nunca se sintió abandonado por Dios.

Ha sido derribado pero no destruido.  Ha sido perseguido pero nunca abandonado por Dios.  Ha sido derribado, pero no destruido. Pablo compara la debilidad humana con el poder de Dios que levanta al caído. Porque está claro que su poder proviene de Dios, no de nosotros mismos.

Compara la muerte con la vida. Lleva la muerte de Jesús a través de sus sufrimientos al expandir el evangelio.   Una vida cristiana cómoda es inconsistente con el mensaje de Dios, con la vida de Cristo.  Cristo sufrió por cada uno de nosotros, por lo tanto no podemos acomodarnos a una vida tranquila, debemos ser cristianos radicales. En la causa de Cristo no hay nada mediocre, todo es radical.

Dice Pablo que constantemente está siendo entregado a muerte.  Es incongruente que sirviéndole a Cristo sufra persecuciones de muerte.  Pero dice que la vida de Jesús obra en su cuerpo mortal, vive en el poder de la resurrección que a su vez el poder del Espíritu Santo. Ahora ese poder de Dios obra en cada uno de  nosotros, porque en nosotros mora el Espíritu Santo.

Aunque Pablo está expuesto al peligro de la muerte, cuando predica el evangelio pone a los oyentes en la posición de pasar de muerte a vida. El resultado de que viva en peligro de muerte por predicar la Palabra de Dios, es que sus oyentes tuvieron vida eterna.

Teniendo el espíritu de fe es que el apóstol expresaba todos sus conocimientos acerca del poder de Dios y el Evangelio. La incredulidad y falta de fe es lo que mantiene al cristiano en silencio, sin hablar de Cristo en sus círculos. Sin fe no se puede vivir ni expresar el cristianismo.

Y todas estas cosas que Pablo vive, es por amor a los hermanos. Su motivación a mantener esta vida de peligros, persecuciones, dificultades económicas, es por amor a Cristo y porque éste se lo ordenó,  y por amor a los hermanos.  El quería ver el resultado de ver la gloria y gracia de Dios en continua expansión, y que el resultado de la expansión de la gracia de Dios se exprese en salvación para muchos y más gloria para Dios.

Si no estás dispuesto a vivir como Pablo, no has valorado la causa de la redención, viviendo una vida orientada a ti mismo.  En cambio, sin estas dispuesto a vivir como Pablo, en constante peligro por predicar Su Evangelio, nunca te darás por vencido y no desmayarás, porque Dios será tu sustentador.

Señor, ayúdanos a vivir en el poder de Cristo, y aumentar nuestra fe para no desmayar en la labor de anunciar Tu Palabra.  Bendiciones.

Ministrando En La Luz.  Es el titulo del mensaje de hoy del pastor Miguel Núñez, el cual está basado en los versículos del 1 al 6 del capítulo 4 de la segunda carta del apóstol Pablo a la iglesia de Corinto, y corresponde a la serie El Poder De Su Palabra.

En estos versículos, Pablo, haciendo defensa de su ministerio, nos muestra como los apóstoles trabajaron con mucha diligencia, sinceridad y fidelidad, para hacer llegar a todos la verdad de Dios, ya que Cristo, por su evangelio, hace una revelación gloriosa a la mente de los hombres, pero el designio del diablo es mantener a los hombres en la ignorancia, no se ahorra esfuerzos para mantener a los hombres fuera del evangelio o ponerlos en contra.  El rechazo del evangelio aquí se atribuye a la ceguera voluntaria y a la maldad del corazón humano. Explica que el yo no era el tema ni el fin de la predicación de los apóstoles, ellos predicaban a Cristo como Jesús el Salvador y Libertador, que salva a todos los que vayan a Dios por su intermedio.

Hace una excelente comparación entre la creación y el nuevo nacimiento, explicando que así como la luz fue el principio de la primera creación, así también, en la nueva creación, al nacer de nuevo, la luz del Espíritu es su primera obra en el alma.  El tesoro de luz y gracia del evangelio esta puesto en vasos de barro, que somos nosotros, a quienes Dios nos asignó la responsabilidad de predicar Su evangelio, para que su poder sea altamente glorificado al sostenernos, y en el bendito cambio obrado por el ministerio de estos hombres.

En esencia, Pablo defiende su ministerio y a la vez lo explica, porque en Corinto fue muy criticado. Por lo tanto veremos tres aspectos de esta defensa.

1.-  Como Pablo entendió su ministerio. Pablo tuvo dos llamados al mismo tiempo, la salvación y el ministerio. De una manera muy especial así lo entendió, ya que lo recibió por misericordia de Dios, y para él es un gran privilegio y por eso no desfallece y esa misericordia lo mantiene con fe y fortaleza en la predicación del evangelio de Cristo.

El trabajo ministerial requiere el esfuerzo de largas horas de estudio de la Palabra, escuchar problemas de ovejas, etc., por lo que es agotador mental, física e intelectualmente. Pero el Señor fortalece a sus ministros para que puedan llevar la Palabra a las ovejas y llevar sus cargas.

Pablo menciona que cuando recibió su llamado del ministerio, inmediatamente abandonó prácticas pecaminosas y cosas ocultas, ahora anda en la luz.

2.- Como Pablo entendió la verificación del ministerio. Ahora siendo ministro de la verdad, no modifica la Palabra, no la tergiversa, no la hiperboliza, la expone tal como es revelada por Dios. En su exposición se expone al escrutinio de la conciencia de cada cual.  Su predicación penetra la conciencia porque es pura verdad, y lo dice en la presencia de Dios.

3.- Como Pablo vio su ministerio y como opera el evangelio. Debido a las críticas sobre lo elevado de sus exposiciones, Pablo explica que para los que se pierden, el evangelio esta velado, no lo entienden. Sin embargo, para los creyentes es salvación.

Para los que se pierden el evangelio esta velado, porque el príncipe de este mundo, Satanás, ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que ellos no puedan ver la luz de la gloria de la Palabra de Dios. Y Satanás les distorsiona la verdad de Dios para que los hombres crean que son independientes, por lo que el pegado de autonomía, para esos hombres, es poder decir al final, yo hago lo que quiero.

Pero el evangelio refleja a Cristo, es una luz que refleja la verdad de Dios, la verdad de lo revelado por Dios a través de Su Palabra

También Pablo explica que no predica sobre él mismo, que solo predica a Jesús, su testimonio, su vida. Predica el evangelio, que es el testimonio de Cristo, porque Él es el evangelio personificado. Este es el centro del ministerio de Pablo, que recibió su llamado por misericordia, no se predica a él mismo y vive para servirle a los demás.

Para Pablo, el evangelio opera igual que la creación. Igual como Dios hizo la luz sobre las tinieblas de la tierra, así mismo Dios hace la luz sobre nuestras almas en tinieblas, hace brillar nuestro entendimiento y conocimiento de la verdad. A partir de ese momento, Dios va modificando mi vida gradualmente y lo hace por Su misericordia. Así como Dios sostiene el universo, por el poder de Su Palabra, así sostiene nuestra vida, por el poder de Su Palabra.

El universo refleja la gloria de Dios, pero no es la gloria de Dios. La gloria de Dios es Cristo, la imagen del Dios invisible, es el resplandor de la gloria de Dios, la representación exacta de Dios.

La gloria de este nuevo pacto que Pablo explica, es que nos lleva de la oscuridad de las tinieblas de nuestro corazón, a la luz brillante que refleja la Palabra de Dios.

Que el Señor tenga misericordia de todos y nos alcance, para que Su luz entre a mi alma y a través de mi vida pueda reflejar la imagen de Cristo al resto de la humanidad. Bendiciones.

Hace dos semanas el pastor Miguel Núñez predicó sobre 2 Corintios 3:6-11, habiendo leído hasta el versículo 18, pero por asuntos de tiempo no pudo concluir, solo predicó hasta el 11, como estaba previsto. Hoy el sermón abarca los versículos del 12 al 18, con énfasis en los versículos finales 17 y 18,  y el titulo del mensaje es: Transformados Por Dios.

Igual que hace dos semanas, recordamos que el principal interés del apóstol Pablo en este capítulo 3 de esta segunda carta a la iglesia de Corinto fue la defensa de su ministerio, que estaba siendo seriamente atacado por falsos maestros que habían llegado a Corinto y se habían introducido a la iglesia.

Pablo utilizo dos grandes argumentos en su defensa. Primero, que el ministerio del nuevo  pacto es más glorioso porque refleja la gloria de Cristo, y por naturaleza, la gloria le pertenece a él. Es una gloria permanente, que Cristo comparte con todos los que se vuelven hacia Él, quien tiene el poder para transformarlos. Este argumento se trató hace dos semanas. Y segundo, que se explica hoy, que el ministro del nuevo pacto no es la letra sino el Espíritu, y por medio de él los creyentes se unen a Cristo. El resultado de su ministerio no es muerte sino justificación. Libera al penitente de la Ley como instrumento de condenación y muerte.

En la comparación o contrastación que hace Pablo del antiguo pacto con el nuevo, dice que los creyentes del Antiguo Testamento tuvieron solo vistazos nebulosos y pasajeros del glorioso Salvador, como fue el caso de Job que menciona que su redentor vive, y los incrédulos no vieron más allá de la institución externa, aunque los grandes preceptos del evangelio: creer, amar y obedecer, se expresan claramente. Los que vivieron bajo la Ley tenían un velo sobre sus corazones, al igual como Moisés se colocaba un velo sobre su rostro cada vez que bajaba de la montaña donde había hablado con Dios, porque la gloria de Dios se reflejaba e iluminaba su rostro, era resplandeciente.

Este velo es quitado por las doctrinas de la biblia acerca de Cristo.  Cuando una persona se convierte a Dios, entonces es quitado el velo de la ignorancia. La condición de los que disfrutan y creen el evangelio es feliz, porque el corazón es puesto en libertad para correr en los caminos de los mandamientos de Dios. Ellos tienen luz, y con la cara descubierta contemplan la gloria del Señor, quien a través del Espíritu nos lleva de gloria en gloria.

El pacto de la gracia, el que vivimos en nuestra época y mediado por Jesucristo,  es mejor que el pacto de la ley mediado por Moisés. El pacto de la ley exigía el cumplimiento de la ley, que para los hombres es imposible, mientras que el nuevo pacto representa la gracia y la gloria de Dios.

Todavía  en esta época todos tenemos un velo en nuestro corazón, el cual es quitado inmediatamente nos convertimos a Cristo, inmediatamente llegamos a los pies de Cristo. Este velo no permite que tengamos un pleno entendimiento y conocimiento de la revelación de Dios dada a través de Su Palabra, nos mantiene el corazón endurecido y entenebrecido y por esa razón vivimos en esclavitud del pecado. Tan pronto aceptamos a Cristo como nuestro Señor y Salvador, ese velo es quitado y somos transformados para vivir en libertad.

Después de venir a Cristo tenemos la posibilidad de ser perdonados, redimidos, con un verdadero arrepentimiento, y en la medida que Dios nos santifica vamos liberándonos de la esclavitud del pecado. Por eso la meta del cristiano debe ser entregar completamente su vida a Dios para tener una vida plena y abundante, llena de Su Espíritu, porque donde está el Espíritu del Señor hay libertad.

Todos estamos en un proceso de santificación sin velo, porque ya no vivimos bajo el pacto de la ley escrita en tablas de piedras, vivimos bajo el pacto de la gracia, con la ley escrita en nuestros corazones. Vivimos frente al espejo que representa la Palabra de Dios, y es por eso que queremos imitar a la persona de Jesús.

En Cristo vemos la gloria de la gracia de Dios que es capaz de perdonar cualquier pecado, vemos la gloria del amor de Dios, vemos la gloria de la misericordia de Dios. En resumen, la gloria de Dios es la esencia del ser de Dios. La gloria de Dios es la irradiación del carácter de Dios, y todas esas virtudes son parte integral de la persona de Cristo, de la tercera persona de la trinidad, y es lo que nos transforma de gloria en gloria. La transformación de nuestro carácter, la santificación, requiere de exposición a la Palabra y de puesta en práctica, de ejecución por parte nuestra, ser hacedor de la Palabra, y somos bendecido, bienaventurado. Aunque sea en medio de tribulaciones, ya que a través de las tribulaciones se fomenta el fruto del Espíritu ( amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe mansedumbre, templanza ), contra los cuales  no hay ley,  y el fruto del Espíritu es parte de la santificación.

Después de ver y conocer el proceso de santificación y transformación de nuestro carácter, podemos dar gracias a Dios por escribir Su ley en nuestro corazón, poder decir bendita sea Tu ley.

Que Dios nos ayude en este proceso de transformación, que podamos ser mejores ciudadanos, mejores cristianos. Bendiciones.

                                                                                               

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