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Luis Méndez

Luis Méndez

Este domingo, el pastor Luis Méndez predicó la segunda parte del sermón El qué y el cómo de la salvación basado en Tito 3:4-7.

Una de las cosas más maravillosas que podemos conocer acerca de ese Dios glorioso, es lo que Él ha hecho por nosotros: salvarnos. Habiendo estudiado la naturaleza de la salvación (qué es) la semana pasada, lo que deseamos ahora es enfocarnos en el proceso (cómo se alcanza). ¿Cómo Dios lleva a cabo el proceso de nuestra salvación? Si miramos más de cerca a esta salvación soberana, podemos observar siete aspectos incluidos en esta obra de Dios. En Tito.3:4-7 vemos que Él nos salvó por Su bondad (Tito 3:4), amor (Tito 3:4), misericordia (Tito 3:5), regeneración (Tito 3:5), Espíritu (Tito 3:5), Hijo (Tito 3:6),y gracia (Tito 3:7). En esta ocasión, estudiaremos la bondad y el amor de Dios en salvarnos.

Tito 3:4 dice, “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, 5nos salvó”. Fue la bondad que causó que Dios realizara un plan eterno de salvación. La palabra significa literalmente "una bondad de corazón" lo cual significa que Él tiene un interés especial en Su corazón hacia las personas que están en miseria. Dios es esencialmente e intrínsecamente bueno (Lucas 6:34-35) y esta bondad endulza los demás atributos de Dios: El Dios todopoderoso es el mismo Dios que es bueno y sabio; por eso el poder de Dios se convierte en una fuente de gran consuelo y ánimo para el cristiano (Salmos 34:8; Salmos 25:8).

Romanos 2:4, nos dice que Su bondad tiene un propósito, “¿O tienes en poco las riquezas de su bondad, tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento?” Dios NO es indiferente al pecado y es bueno, amable y paciente para que algunos hombres tengan tiempo de arrepentirse. Él no quiere que los hombres perezcan, sino que procedan al arrepentimiento (Salmos 31:19; Salmos 27:13).

Tito 3:4 continúa diciendo que El ama la humanidad. El amor de Dios es una de las maneras como Dios manifiesta Su bondad. La palabra que se traduce aquí como amor no es una palabra que se asocia normalmente con el amor en el Nuevo testamento; sino que es un término griego de donde obtenemos la palabra filantropía. Significa literalmente: pena, compasión. Encierra la idea de un gran afecto y no tiene ninguna clase de componente egoísta en ello. No es compasión por alguna razón equivocada, sino compasión que se expresa en un gran afecto. Su bondad causa que Él tenga un cariño fuerte, lo cual provoca que El desee actuar con pena y compasión.

El Dios glorioso muestra Su compasión especial al hombre caído de este mundo y por medio de esa bondad viene la filantropía de Dios, la compasión y el cariño ansioso de Dios de tocar la vida del pecador miserable y hacerlo bueno y mejor. En ningún lugar Su amor y la expresión de esta compasión compasiva es mejor expresada que en la parábola del hijo pródigo en Lucas 15.Dios es el padre y el hijo es el pecador indigno. El hijo se aleja del padre en una actitud de rebeldía y soberbia, pero luego de atravesar por serias dificultades y cansado de sus problemas, el decide regresar a su padre. Lucas 15:20 dice, “Y levantándose, fue a su padre. Y cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión por él, y corrió, se echó sobre su cuello y lo besó.” Ese es el corazón de Dios: no es desconfiado, reacio a recibir al picador, lejano, estoico, sin sentimientos. El corre y extiende Sus brazos alrededor del pecador porque Él cuida muy profundamente porque Él es amable. De eso nos habla el apóstol Pablo en Tito 3:4. Esa manifestación completa, visible y personal de la gracia, bondad y amor de Dios entró a este mundo con la encarnación de Jesucristo. Él era la compasión, amor y bondad en la forma humana y todos los atributos divinos del Padre por los que amó a los pecadores, se hicieron visibles en Jesús. Si alguna vez dudamos el amor de Dios a los pecadores, miremos el llanto de Jesús sobre ellos. Cuando Jesús apareció, la bondad y el amor de Dios fueron encarnados y Él nos salvó.

30 de Septiembre de 2018

El qué & el cómo de la salvación

Este domingo, el pastor Luis Méndez predicó el sermón “El qué & el cómo de la salvación” basado en Tito 3:4-7.

¿Por qué entonces algunos somos tan lentos para amar a Dios, aun cuando Dios nos ha dado tanto? Nadie nos ha dado, nos da, ni nos dará más que Dios; todo lo que tenemos y disfrutamos viene de Él. Cualquiera que sea la respuesta a esta pregunta, hay dos elementos que se combinan: Ignorancia y Dureza de Corazón. Ignoramos lo que Dios hace y ha hecho por nosotros y estamos naturalmente endurecidos para ser sensibles a las constantes muestras de Su bondad sobre nosotros. Quizás es por eso que algunos perciben que es demasiada exigencia cuando la Biblia dice que vivamos para Su gloria. Lo lamentable de eso es que mientras abrazamos ese pensamiento, la Palabra de Dios aparecerá como una palabra muerta; los juicios de Dios parecerán poco amenazantes; y Sus promesas parecerán poco alentadoras.

Pero Dios es mucho más real, de lo que nuestros sentidos pueden percibir: Dios es soberano sobre todo lo creado y Su gloria llena toda la tierra; no necesita de nada ni de nadie para reinar. Pero, aunque gobierne la creación con una justicia perfecta, también se revela también como un Dios de misericordia. Dios es quien inicia el proceso de nuestra salvación y quien completa todo el proceso.

1 Tito 3:5 dice, “El nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo.” La frase que es el corazón de este son dos palabras en español: "nos salvó”. En esas palabras sencillas se encuentra el centro de la fe cristiana. La palabra "salvó" ha llegado a ser, de forma muy particular, un término cristiano, aplicado mayormente a aspectos espirituales. Sin embargo, en el idioma griego, el verbo original que se traduce "salvó" podría significar también la liberación física o temporal. En el sentido espiritual, su uso principal en el Nuevo Testamento expresa la idea de ser salvado y rescatado del pecado; de la Culpa del pecado (pasado); del dominio y poder del pecado (presente); y del castigo por el pecado (futuro).

Ante todo, somos salvados de la ira de Dios contra el pecado. Juan 3:36 dice, “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él." Nosotros no podemos salvarnos a nosotros mismos; ningún ser humano tiene el deseo, plan o poder de hacerlo. Es así como llegamos al verso 5 y encontramos esas palabras maravillosas: "Él nos salvó"; Dios, quien es un Dios que salva (Tito 3:4); Cristo, quien es un Señor que salva (Tito 3:6). Sólo Dios quien creó todo puede salvar a la humanidad rebelde y pecaminosa y ha proporcionado para nosotros un camino de salvación. Somos salvos solamente mediante la fe en Jesús por la gracia y poder de Dios (Efesios 2:8-9 & 2 Timoteo 1:9). ¡Dios nos salva de Dios! La gracia de Dios mediante Jesús, nos salva de la ira de Dios.

¿Qué tanto necesitamos la Salvación? “Porque nosotros también en otro tiempo éramos necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos, viviendo en malicia y envidia,aborrecibles y odiándonos unos a otros” (Tito 3:3).Nuestra condición natural delante de un Dios santo no es nada alentador (1 Corintios 6:9-10; Gálatas 5:19-21; Efesios 2:1-3; Efesios 4:17-19). Nuestra condición natural delante de Dios sólo puede concebir condenación. Por eso TODOS necesitamos desesperadamente, alcanzar la salvación que el ofrece.

¿Cuál es la meta de esto? ¿Por qué razón Él nos salva? "para que, justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna” (Tito 3:7). La palabra “salvación” en su sentido espiritual lleva la esencia de no sólo de levantarnos fuera de peligro, sino también colocarnos en un estado de bendición; no sólo liberarnos de castigo sino también llevarnos a la gloria; no sólo sacarnos de la amenaza Del infierno, sino darnos la esperanza del cielo; no sólo nos libra de la ira divina sino nos trae bajo la bendición divina. Es ser llevados del reino de la oscuridad al reino del amado Hijo de Dios (Hechos 2:47). La Salvación es un concepto profundo; es la esencia de cristianismo y es, por lo tanto, el tema de nuestra predicación, testimonio, adoración, de nuestras oracionesy canciones. Así que en Tito 3:4-7, la atención de Pablo se enfoca en este elemento importante del evangelio.

Si miramos más de cerca a esta salvación soberana, Podemos observar siete aspectos incluidos en esta obra de Dios. Él nos salvó por Su (1) bondad, (2) amor, (3) misericordia, (4) regeneración, (5) Espíritu, (6) Hijo, y (7) gracia. Fue la bondad que causó que Dios realizara un plan eterno de salvación. Significa que Él tiene un especial interés en Su corazón hacia las personas que están en miseria. Dios es intrínsecamente bueno (Lucas 6:35); no tiene placer en la muerte del malvado. Él ama la humanidad lo cual significa literalmente que Dios tiene compasión para librar del dolor a alguien por causa de un gran afecto. Encierra la idea de un cariño fuerte; no tiene ninguna clase de componente egoísta en ello.

¡Si tu vida está llena de ansiedad, ven a Jesús! El podrá mostrarte continuamente su cuido especial sobre ti y te colmará de una paz que este mundo no puede dar.El mejor regalo que jamás podrás alcanzar en este mundo, es recibir la salvación que hoy Dios te ofrece en Jesús. El entender la Salvación de Dios debe hacernos más agradecidos y más humildes. La única razón por la que no estamos perdidos es porque Dios en su bondad y amor nos salvó. Una actitud de misericordia y compasión es la que todo verdadero creyente, debe exhibir en este mundo perdido.

Este domingo, el pastor Luis Méndez predicó el sermón Aprendiendo de la Tentación de Jesús, basado en Mateo 4:1-11.

Unas de las verdades más consoladoras para el creyente es que Jesús puede auxiliar a aquellos que somos tentados. Él fue tentado (Hebreos 2:18) y se complace en proveer misericordia y gracia para ayudar a aquellos que están en necesidad. Estudiar la tentación de Jesús puede ayudarnos en que nos recuerda que Jesús nos entiende en nuestras tentaciones y nos ayuda a entender cómo podemos vencerlas.

Consideremos los detalles de Mateo 4:1-11 con tres puntos relacionados con el evento de la tentación.

1. La tentación inicia en Mateo 4:1-2; después de haberse identificado con los pecadores en Su bautizo, Jesús se identifica con ellos nuevamente al ser severamente tentado. Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto justamente para ser tentado. Él no necesitaba ser tentado para crecer, pero soportó la tentación para poderse identificar con nosotros (Hebreos 2:18; 4:15) y para demostrar Su carácter santo sin pecado. El Espíritu Santo NO puede tentarnos, pero puede llevarnos a un lugar en donde seremos tentados (Santiago 1:13); el diablo es el gran tentador. La tentación de Jesús fue una directa intervención del enemigo y por tanto fue más severa. Él soportó niveles de tentación que nosotros nunca tendremos por experiencia. Mateo menciona primero al desierto y después menciona la condición física severa de Jesús después de un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches. Este es un periodo familiar de pruebas en la Biblia tanto en los días de Moisés y para Israel en el desierto: Jesús tendrá éxito en donde Israel como nación falló.

2. En Mateo 4:3-10 se registran tres tentaciones. En la primera tentación (Mateo 4:3-4), Satanás apela a los deseos de la carne. Satanás le dijo: ya que eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Esta era una tentación para que Dios usara Sus dones con propósitos personales y egoístas. La tentación no sólo estaba dirigida a ceder ante el hambre y romper el ayuno, sino que ponía en duda Su identidad como “hijo de Dios”. La idea era provocar a Jesús a considerar que Él tiene el poder y el derecho de satisfacer Sus propias necesidades. Es una invitación a que se guíe por sus deseos y no por sus convicciones. Pero Jesús responde con la Escritura, citando Deuteronomio 8:3,demostrando que toda palabra que sale de la boca de Dios debería ser más preciosa para nosotros que la misma comida y los deseos de la carne. Jesús declara que la vida es más que necesidades físicas y que la satisfacción de estas no es más importante que la obediencia a Dios.

Con la segunda tentación, Satanás apela a los orgullos de la vida. Llevó a Jesús a la Ciudad Santa y se puso sobre el pináculo del templo el cual es considerado como un lugar especialmente alto y le dijo “si eres Hijo de Dios, lánzate abajo, pues escrito está: ‘A sus ángeles te encomendara’” Satanás está tentado a Jesús a “forzar” al Padre a un evento supernatural y está retando la identidad de Jesús. Satanás apela al deseo dentro de cada hombre a sentir la aprobación de Dios y a tener esa aprobación demostrada públicamente. Satanás incluso le cita el Salmo 91:11-12. El problema fue que lo sacó fuera del contexto. Jesús conocía muy bien la Palabra y pudo discernir que estaba siendo mal aplicada entonces también responde con la Escritura citando Deuteronomio 6:16: “No tentaréis al SEÑOR vuestro Dios.

Finalmente, vemos la tercera tentación en Mateo 4:5-7 donde Satanás apela a los deseos de los ojos. Satanás llevó a Jesús al pináculo de la montaña y mostrándole los reinos del mundo y su gloria. Esencialmente, esta visión invitaba a Jesús a tomar un atajo a la cruz. Jesús vino a ganar todos los reinos del mundo y la gloria que estaban en dominio de Satanás, y Satanás se los ofrece a Jesús si se postra ante él. Esto es una revelación del corazón de Satanás; alabanza y reconocimiento son mucho más preciosos que la posesión de los reinos del mundo y gloria (Isaías 14:13-14). De nuevo, Jesús responde con la Escritura citando Deuteronomio 6:13. Jesús No cede a la oferta de tomar control de las naciones por la vía fácil (Apocalipsis 2:26-27; 3:21).

3. En Mateo 4:11 vemos e final de la tentación: El diablo le dejó y Jesús ganó por que reconoció la manera en que Satanás ataca: mentiras y engaños. En ese momento, los ángeles vinieron y leservían a Jesús. La ayuda llegó en el tiempo de Dios y en la manera de Dios. El tiempo de espera en Dios siempre será un punto crítico de vencer o ser vencidos en la tentación ya que el fracaso usualmente viene cuando nos adelantamos al tiempo de Dios

Hay cinco observaciones específicas de aplicación:

1. Tenemos el mismo adversario que tuvo Jesús; también somos tentados por Satanás (1 Pedro 5:8-9). El enemigo tiene su enfoque en los discípulos de Cristo (Apocalipsis 12:17); no debemos tratar esto con ligereza, porque el conflicto es REAL (Efesios 6:12).

2. Tenemos las mismas tentaciones: el deseo de la carne, los ojos, y la vida (1 Juan 2:15-16).

3. Tenemos las mismas herramientas para vencer. Jesús se acogió a la Palabra de Dios, también debemos hacerlo nosotros (Efesios 6:17).

4. Jesús tuvo fe en el plan de Dios (Victoria en el sufrimiento); nosotros también tenemos el escudo de la fe (Efesios 6:16).

5. Jesús oro con fe; así también debemos hacer nosotros para vencer la tentación (Mateo 26:40-41).

Unas de las verdades más consoladoras para el creyente, es que Jesús puede auxiliar a aquellos que somos tentados. Él fue tentado y se complace en proveer misericordia y gracia para ayudar a aquellos que están en necesidad. Estudiar la tentación de Jesús puede ayudarnos recordándonos que Jesús nos entiende en nuestras tentaciones y ayudándonos a entender cómo podemos vencer las tentaciones.

Este domingo, el pastor Luis Méndez predicó el sermón “Orando a nuestro padre celestial” basado en Mateo 7:7-11.

Una de las cosas más importantes que debemos recordar hacer como creyentes, es responder bíblicamente a las circunstancias ya que cada una está diseñada para acercarnos más al Señor. Entre todas las posibles respuestas que podamos exhibir, la oración viene a ser un elemento común. Oramos para dar gracias por las bendiciones y para suplicar fortaleza en medio de las aflicciones.

Cuando te detienes a considerar que Dios es: infinitamente fuerte, justo, bueno, sabio, y amoroso, las generosas invitaciones de Dios a que le pidamoscon la promesa de que él nos las dará, son realmente increíbles. ¡Dios nos invita a orar para darnos y bendecirnos! La invitación más grande se nos extiende e, incomprensiblemente, nos volteamos hacia otras cosas.

Jesús tomó mucho de su tiempo para enseñar a sus discípulos a orar porque se requiere más entrenamiento para hablar con Dios que para hablar a los hombres. Debemos ser un pueblo que sabe y experimenta el poder de hablar con Dios en la oración. En Mateo 7, el sermón del Monte, Jesús trae el tema de la oración por tercera vez. Aquí vemos tres puntos a resaltar:

1. El Mandamiento (v.7)

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

Primero el texto dice “PEDID” lo cual implica que la oración es algo que demanda acción. El diccionario de la real academia define este verbo como: “Hacer un requerimiento como un favor”; es acudir a alguien en quien tu confías y quien piensas que puede suplir a tu necesidad. Es por eso que la oración es un acto de fe. Segundo, orar también demanda pasión: el texto dice “BUSCAD” lo cual le pone un sentido de urgencia a las peticiones hechas en oración (Jeremías 29:13). Finalmente, el versículo 7 dice “LLAMAD”; ahora el término no solo envuelve una petición y sentido de urgencia, sino también la necesidad de paciencia. Estamos hablando de pedir con un sentido de tanta necesidad, al cual tu no va a renunciar fácilmente. A menos que haya una respuesta.

Este texto nos da un sentido de progresión en la petición: vemos una intensidad progresiva que va de pedid a buscad a llamad. Jesús nos llama a tener intensidad, pasión y persistencia en la oración. La repetición quiere decir, “Yo quiero que oren.” También podemos ver que cada verbo está en tiempo presente imperativo lo cual indica una acción continua. Esta necesidad de ser persistentes al orar, está ejemplificada muy intensamente en las escrituras: 2 Corintios 12:8, Mateo 26:44 & Lucas 18:1.

2. La Promesa (v.8)

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

La promesa es: ¡Dios responde a nuestras oraciones! La oración es como el pedir, en que simplemente hacemos nuestras peticiones conocidas a Dios, y todo aquel que pide, recibe. La oración es como el buscar en que buscamos a Dios, Su palabra, y Su voluntad; y el que busca, halla. Finalmente, la oración es como el llamar hasta que se nos abra la puerta, y buscamos la entrada a un palacio celestial para nuestro Gran Rey—la mejor recompensa de todas.  

La palabra “todo” en el versículo 8 quiere comunicar que los hijos de Dios superemos nuestro temor e indecisión. Para éstos son las promesas: para aquellos que reciben a Jesús, cada uno de ellos que piden recibe cosas buenas de su Padre. Esto no es una promesa abierta donde un pueda suponer que Dios me dará “todo” lo que pida. Nosotros no recibimos todo lo que pedimos y no deberíamos recibirlo y desearlo porque tendríamos que llevar una carga de sabiduría infinita que no tenemos. Dios responde a veces responde con justo lo que pedimos; pero otras veces nos da algo diferente pero mejor, o en un tiempo mejor, o en una forma mejor.

No somos infinitamente fuertes, justos, buenos, sabios, y amorosos. Por lo tanto, es una gran misericordia hacia nosotros y hacia el mundo el que no recibamos todo lo que pedimos. Debemos orar conforme a la voluntad de Dios (1 Juan 5:14), pedir en Fe (Santiago 1:6-7), y pedir sin egoísmo (Santiago 4:3).

3. La Ilustración (v.9-11)

¿O qué hombre hay entre vosotros que si su hijo le pide pan, le dará una piedra, o si le pide un pescado, le dará una serpiente?Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?

No olviden que el Sermón del monte, fue predicado en Galilea donde los alimentos más comunes eran el pescado y el pan. La costa del mar tenía una gran cantidad de rocas de piedra caliza alisadas por el agua y una variedad de serpientes que se escondían entre las rocas.Las dos ilustraciones que Jesús usó aquí resultaban sumamente familiares para ellos.

Jesús quería enseñar con esas ilustraciones que Dios es un Padre Celestial. La implicación es queÉl nunca nos dará lo que es malo para nosotros. Jesús nos motiva a orar al mostrarnos que nuestro Padre Celestial es mejor que nuestro padre terrenal y que por mucho nos dará mejores cosas que las que aquellos nos dieron. Dios siempre SABE que es lo mejor para sus hijos, está PREPARADO para dar lo que es bueno a sus hijos (2 Corintios 9:8), es PACIENTE con sus hijos (Isaías 49:15), y está CERCANO cuando sus hijos lo necesitan (Jeremías 23:23).

 

Sea en el gozo de la prosperidad o en el dolor de la aflicción, debemos abrazar la actitud que nos acerque más a Dios. Entre todas las posibles respuestas que podamos exhibir, la oración viene a ser un elemento común.Siempre será un buen momento para orar.

Este domingo, el pastor Luis Méndez predicó el sermón "Lecciones dulces de aguas amargas" basado en Exodo 15:22-27.

Este domingo, el pastor Luis Méndez predicó el sermón “Un entendimiento bíblico de la ira” basado en Santiago 1:19-20.

Si somos honestos con nosotros mismos,todos sabemos que las verdaderas batallas de la vida están dentro de nosotros, no fuera. Lo que somos en el interior es más importante que lo que ocurre en el exterior. Ahí es donde el libro de Santiago se vuelve increíblemente relevante. Este libro quiere que descubramos la libertad que viene a nuestros corazonescuando respondemos de manera correcta a las presiones de la vida.

1. Explicando el texto

Hay tres exhortaciones que podemos encontrar en el texto.

Primero, una atención especial para escuchar (v 1:19a). La sabiduría comienza cuando escuchamos más y hablamos menos. En el contexto, este tipo de escuchar está principalmente relacionado con prestar atención a lo que Dios ha dicho en Su Palabra (v.18). En el primer siglo, los creyentes no tenían todas las ventajas que tenemos hoy: no tenían copias impresas del Nuevo Testamento. De hecho, se cree que Santiago fue el primer libro escrito del NT; entonces, al momento que ellos recibían esta carta, ellos no podían leer Romanos, los cuatro evangelios, el libro de Hechos, el resto de las cartas, y el libro de Apocalipsis, ya que no se habían escritotodavía.En su mayor parte, el oír la Palabra significaba reunirse con otros creyentes lo cual implicaba escuchar, memorizar y luego meditar sobre lo que había oído. La advertencia especifica es esta:que en un mundo que avanza tan rápido con tantas presiones, seamos prontos para escuchar más a Dios.

La segunda exhortación es una advertencia especial para hablar (v. 1:19b). Hay tiempo para hablar y hay tiempo para estar en silencio (Proverbios 29:20). Cuando Santiago dice "tardo para hablar,"se está enfocando en nuestra tendencia a hablar,particularmente cuando estamos enojados y frustrados.

La última exhortación es una advertencia para enojarse (v. 19c-20). Santiago no está diciendo no se enojen; ¡Eso es poco realista! Todos vamos a enojarnos de vez en cuando. La palabra traducida “ira” se refiere a un enojo profundo no a un momento de desagrado que se olvida rápidamente.De lo que hablamos aquí, es una emoción muy particular, que somos advertidos a manejar sabiamente.

Si somos rápidos para escuchar, vamos a ser lentos para hablar. Pero si somos lentos para oír, sin duda seremos rápidos para hablar. Hablar rápido conduce a la ira rápida. Mientras más enojados estemos, más rápido hablaremos y habrá menos disposición para escuchar. Nuestro gozo en la vida está directamente relacionado a hacer aquello que más agrada a Dios. Aquí el gran problema es,que la ira es un serio impedimento a esa meta. Cuando somos gobernados por la ira, nos volvemos incompetentes para hacer lo que a Dios le agrada (Proverbios 16:32).

2. Explicando la ira

La ira pecaminosa es una fuerte emoción de enojo que surge cuando no se cumple una expectativa. La ira es pecaminosa cuando se centra más en mí que en Dios, nace de un corazón con motivación egoísta y crece y permanece en vez de ser sanada.

¡Pero no toda ira es pecado (Efesios 4:26; Hechos 17:16)! Dios está airado cada día (Salmo 7:11) y Jesús estuvo airado en numerosas ocasiones (Marcos 3:5). En estos casos,la ira está relacionada a la Gloria de Dios y Su reino; es una santa indignación. En un mundo con tantas injusticias, no es incorrecto que sintamos ira.

Entonces, la advertencia hacia nosotros es esta: debemos combatir la ira pecaminosa; es un mal que no debe ser excusado ya que es algo que nos afecta seriamente en nuestra relación con Dios y con aquellos más cercanos. Debemos buscar la ayuda de Dios y otros para esto.

3. Direcciones prácticas para combatir la ira

Primeramente, reconoce, acepta u confiesa tu pecado de ira (Efesios 4:26) ya que tenemos la tendencia a excusar o negar este mal. Pregúntate: ¿Te aíras acerca de las cosas correctas? ¿Expresas ira del modo correcto? ¿Cuánto dura tu ira y cuán controlada es? ¿Qué la motiva? ¿Está tu ira “preparada y lista” para responder a los pecados habituales de otra persona? ¿Cuál es el efecto de tu ira?

No des oportunidad al diablo y decídete a buscar reconciliación (Efesios 4:26). Considera la oportunidad que tienes para perdonar (Efesios 4). Examina tu corazón para conocer motivaciones (Santiago 1:14-15). ¿Que es eso que amas tanto que cuando no lo consigues, te enojas con otros? ¿Estás dispuesto a pecar para conseguirlo? ¡Eso es un ídolo! (Salmos 37). Finalmente, aprende a confiar en la soberanía de Dios (Salmos 37; Salmos 90).

04 de Marzo de 2018

Lo que Dios demanda de ti

Este domingo, el pastor Luis Méndez predicó el sermón “Lo que Dios demanda de ti” basado en Miqueas 6:6-8.

Miqueas era un profeta menor que vivió durante un periodo de intensa injusticia social y corrupción en Judá (Miqueas 2:1-2). Inicialmente, lo que encontramos en su libro son preguntas con el propósito de despertar el alma (Ver. 6 & 8) ya que está confrontando un mal muy común: creer que podemos vivir en una vida de pecado y aun así agradar a Dios cumpliendo algunos actos religiosos externos. Miqueas conocía el mal que hacían las personas, y sabía que no sentían un genuino amor por Dios.Las palabras de Miqueas de ese entonces sirven para recordarnos que la religión sin un amor genuino de Dios no nos sirve para nada. El legalismo nos ciega a la realidad de la frialdad espiritual y nos envuelve en justificaciones propias que nunca serán aceptadas por Dios. En Su infinita gracia y misericordia, el Señor ha permitido que el evangelio llegue a nosotros y que Su Palabra esté a nuestra disposición para que aprendamos lo que tenemos que hacer para llegar ante Su presencia. Entonces, ¿qué realmente demanda Dios de nosotros?

Miqueas 6:6-7 inicia con una pregunta para movernos a la reflexión “¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo?”. En otras palabras, ¿qué es lo que tengo que hacer para agradar a Dios, estar cerca de Él y adorarle?El profeta reflexiona sobre estas posibilidades levantando otras preguntas como, “¿me presentaré delante de El con holocaustos, con becerros de un año? (Vers.6b)”, “¿Se agrada el Señor de millares de carneros, de miríadas de ríos de aceite? (Vers.7a)” y “¿Ofreceré mi primogénito por mi rebeldía, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? (Vers.7b)”. Cada pregunta de reflexión es un ejemplo de un acto de adoración. Pero, al final de esta reflexión, la conclusión es que ninguna de estas es la manera correcta de agradar a Dios. Él está más interesado en lo que somos por dentro que en lo que hacemos por fuera.

Entonces, ¿cómo podremos agradar correctamente a Dios? El versículo 8 presenta una pregunta para movernos a la obediencia. Él nos ha declarado lo que es bueno y sólo nos demanda que practiquemos la justicia, amemos la misericordia, y andemos humildemente con Él. Si la misión es saber cómo agradarle, ¡entonces Él ya lo ha declarado! Debemos vivir actuando hacia Dios y hacia los hombres de acuerdo a los estándares que Él ha revelado en Su palabra. Al igual, debemos amar misericordia, lo cual es amar al prójimo (Miqueas 7:18-19). La misericordia tiene el poder de sanar, restaurar y fortalecer a los abatidos, enfermos o simplemente cristianos caídos. Esta fortalece la comunión y la confianza entre el que la da y el que la recibe. Finalmente, es nuestro deber andar humildemente en Su presencia. Este es el nivel más elevado del carácter; es el efecto de practicar la justicia y amar misericordia. En términos generales la humillación conlleva auto negación por dentro; pero humillarse ante Dios es aún más profundo—implica vivir para obedecerle (Isaías 57:15; Isaías 66:1-2).

Estas demandas de Dios solamente pueden ser suplidas, si te presentas a través de Cristo Jesús. Es imposible hacer esto en nuestras propias fuerzas; necesitamos que Jesús perdone nuestros pecados antes que puedas disfrutar de la paz que viene de Él. Este texto nos desafía a revisar nuestra vida de fe. Dios no se agrada con una vida de sacrificios; tenemos que presentarnos ante El Señor reconociendo que la religión y el legalismo no agrada a Dios. Dios se complace cuando le imitamos en trato de justicia; cuando demostramos el mismo amor y misericordia que Él nos demostró a nosotros a todos aquellos que nos rodean; y cuando vivimos completamente humillados a Su voluntad reconociendo y arrepintiéndonos de nuestras faltas y errores.

Este domingo, el pastor Luis Méndez predicó el sermón “Afirmando nuestra confianza y esperanza en Dios” basado en 1 Corintios 15:58.

Dios nos llama a vivir por fe y no por vista y buscar las cosas que son eternas. Ese es un llamado que solo puede alcanzarse por la fe. La fe nos ayuda a confiar, aunque las circunstancias no sean muy prometedoras y a esperar, aunque el camino parezca interminable. Hay un cansancio natural que amenaza en nuestro deseo de hacer el bien. La FE nos ayudará a tener una esperanza genuina. Necesitamos una esperanza genuina, no sólo optimismo.

La iglesia en Corinto era una iglesia cargada de problemas y divisiones; el pecado estaba siendo tolerado; abundaba la doctrina falsa, y algunas prácticas extrañas y carnales dominaban su adoración. Pablo escribió 1 Corintios para tratar de traer otra vez a los creyentes de Corinto al orden y patrón bíblico. Pablo concluye su exposición con el verso 58, el cual hemos tomado como nuestro texto de estudio hoy. Este verso se enfoca en la esperanza que gozamos como hijos de Dios y en lo que esa esperanza representa en nuestras vidas. Es una esperanza que está basada en lo que Dios ha hecho en Jesús y lo que nos promete a través de Él.

  1. EL PUEBLO DE ESTA ESPERANZA

Pablo los llama “hermanos míos amados”. Él se refiere no sólo los creyentes en Corintio, sino a los todos cristianos. Los que hemos nacido otra vez somos hermanos de la familia de Dios y somos el pueblo de esperanza. Si has creído en Jesús como Salvador y Señor, tienes esta esperanza. Los cristianos han experimentado la realidad del amor de Dios y exhiben en sus vidas el efecto de ese amor (Colosenses 3:14).

Cuando uno lee este capítulo, uno llega a entender que Dios tiene algunas cosas grandes reservadas para Su Pueblo. Ya sea que veamos la muerte, o que recibamos en vida al Señor en Su venida, somos un pueblo que posee una poderosa esperanza de un futuro brillante (1 Corintios 15:49-57).

  1. EL PODER DE ESTA ESPERANZA

La frase “por tanto” nos conecta con todo lo que Pablo ha estado diciendo en estos versos anteriores. Él nos dice que la esperanza que nosotros poseemos es un motivador a la acción espiritual para la gloria de Dios. La seguridad de nuestra salvación no significa que debemos sentarnos y descansar hasta esperar nuestra reunión con Cristo. Ya que hemos sido salvados por gracia, debemos trabajar para la gloria de Dios.

La palabra “firmes” en este versículo significa “estar asentados; y firmemente ubicado”. Nos recuerda que debemos estar arraigados y apoyados en la verdad de Dios y nuestras convicciones. Si esta vida no importa y no hay consecuencias eternas para nuestras acciones, entonces llega a ser más fácil la posibilidad de desviarnos lejos. Si no tenemos esperanza, no estaremos firmes.

La palabra “constantes” significa “no movido de un lugar; firmemente persistente; inmóvil.” No debemos permitir que nada nos mueva de nuestra determinación para servir al Señor.

La palabra “abundando” encierra la idea de “excediendo una cantidad fija; derramándose; excediendo”. Cuando consideramos lo que tenemos y quienes somos por gracia, seremos motivados para entregarlo todo por el Señor (Efesios 1:7-8).

Es imposible ir demasiado lejos con Jesús, pero lo menos que podemos hacer es dar todo lo que tenemos para Su gloria (Romanos 12:1-2). Nuestras oraciones, nuestras alabanzas y nuestras acciones de gracias deben ser depositadas con todo lo que tenemos y somos a los pies de nuestro Redentor. La frase “Estad firmes y constantes” está en el modo imperativo; señala una orden. Si queremos ser el pueblo que Dios nos redimió para ser, debemos andar en la esperanza (Mateo 5:16).

  1. LA PROMESA DE ESTA ESPERANZA

Si esta vida es todo lo que hay y no hay esperanza para la eternidad o posibilidad de una resurrección, entonces tendríamos razón verdadera para desesperar. Esto es exactamente qué Pablo dice en versos 13-19. Pablo proclama la bendita verdad de que hay una resurrección. No hay sacrificio, lucha, auto negación, ninguna prueba que resulte pasar desapercibido delante de Dios y no reciba la recompensa de beneficios eternos (Mateo 5:23). Esto nos debe dar la confianza para continuar sirviendo, orando y viviendo para Cristo a pesar de las adversidades que podamos encontrar en nuestros caminos (Proverbios 15:3).

  1. APLICACIÓN

¿Cómo vamos a responder ante los desafíos que enfrentamos? Estamos vísperas de un nuevo año con nuevos retos y nuevas oportunidades. ¿En qué consiste tu esperanza? Solo en Jesús podrás vivir confiado. Necesitas rendir tu vida a los pies de Jesús porque El promete darte una esperanza eterna. Hoy es el día aceptable; hoy es el día de salvación.

08 de Octubre de 2017

Una maravillosa invitación

El mensaje de hoy de parte de Dios para cada uno de nosotros en la IBI ha estado bajo la responsabilidad del pastor Luis Méndez, quien lo tituló: Una Maravillosa Invitación,  y está basado en Mateo 11:25-30.

Como dijéramos la semana pasada, el apóstol Mateo es de origen Judío, específicamente de Capernaum, donde servía al imperio Romano como publicano o recaudador de impuestos hasta el llamamiento del Señor. Se reconoce que fue el primero en escribir su evangelio antes que los demás evangelistas.  Aquí se reseña parte de la historia y de los sermones de Jesús, particularmente seleccionados por adaptarse mejor para despertar a la nación a tener conciencia de sus pecados.

En los versículos que vemos hoy del capítulo 11, del 28 al 30, viene del contexto que Jesús reflexiona sobre los ciudadanos de las ciudades donde había predicado y había hecho milagros, especialmente en Capernaum, a quienes el día del juicio les irá peor que a los de Tiro y Sidón por tener un corazón endurecido. Por lo que Jesús nos invita a descansar en Él.

Antes de la invitación que Jesús hace, y como corresponde a los hijos,  se muestra agradecido del Padre, y reconoce Su grandeza y poderío.  Expresa que el Padre había puesto en Sus manos todo poder, autoridad, juicio  y revelaciones,  por lo que estamos endeudados con Cristo por toda la revelación que tenemos de la voluntad y el amor de Dios a través de Su Palabra.

Entonces Jesús hace una invitación a todos, a todos los que trabajan fuerte y están cargados para que vayamos a Él. Ya sea a los mundanos que se recargan con preocupaciones estériles por la riqueza material, por los placeres y lujurias, por su propia justicia, y el creyente tentado y afligido. Cristo los invita a todos a que vayamos a Él en pos de reposo para nuestras almas.

Este es el llamado del evangelio: quienquiera que quiera, venga. Y todos los que así llegan a Cristo recibirán el regalo de la paz, reposo y consuelo en su corazón. Pero existe una condición, que todo el que va a Él debe tomar Su yugo y someterse a Su autoridad.  Aprender todas las cosas acerca de su consuelo y obediencia. Requiere negarse a sí mismo, lo que trae dificultades, pero esto es abundantemente recompensado. Es un yugo forrado con amor.

Las verdades que enseña Cristo son tales que podemos hacer aventurar nuestra alma por ellas, ya que el camino del deber es el camino del reposo.

Vamos diariamente a Él en busca de la liberación de la ira y de la culpa, del pecado y de Satanás, de todas nuestras preocupaciones, temores y dolores. Y en vano nos acercamos a Jesús con nuestros labios mientras el corazón esté lejos de Él, porque Él conoce las intenciones de nuestro corazón. Entonces, podemos venir a Jesús para hallar reposo para nuestras almas. Esta es una maravillosa invitación.

Nuestra vida en este mundo está  llena de temor y aflicciones, por lo que siempre estamos cansados, pero Jesús asegura una salida espiritual. La pregunta sería: ¿cómo respondemos a este cansancio?

La relación entre el Padre y el Hijo es de suma importancia como contexto para la invitación que Jesús nos hace. Él es el único que puede hacer esta invitación porque es el único que conoce a profundidad al Padre y éste a Él. Tiene el poder y la autoridad delegada por el Padre. Él nos hace una maravillosa invitación, una invitación de parte del Rey de reyes.

Esta invitación el pastor la divide en tres grandes grupos: la invitación como tal, la expectación y la motivación.

1.- La invitación. Tiene a alguien a quien se dirige. Esta invitación se dirige a todos los cansados y agobiados. A todos los que están cansados y cargados. A todos los están cansados de cumplir con reglas y leyes y aun así continúan cargados, sin experimentar gozo en sus corazones. La invitación es para aquellos que están cansados de luchar con sus propios pecados y problemas familiares, para todos los que están cansados y cargados. Esta invitación ofrece descanso para el alma, descanso espiritual. Cristo es la verdad, la luz y el camino, por lo que nadie puede ir al Padre si no es a través del Hijo. Es el único que puede dar descanso, mas nadie lo puede dar.  ¿Quién si no Cristo puede soportarnos en medio de nuestra tribulación?

2.- La expectación. Jesús demanda que vayamos a Él. Es imperativo, Él dice venid a mí. Por eso debemos dejar cosas atrás. Si nos movemos hacia Él, debemos dejar atrás las cosas que nos cansan o agobian. Es tener una relación personal con Él. Si nos quedamos atrás, en nuestras frustraciones, no tendremos el descanso que Él ofrece. Esta oferta conlleva aceptar Su yugo, someterse a Su voluntad, a Su regla y autoridad. Estar bajo Su yugo es someter mi voluntad a Su voluntad. Otra orden que nos da Jesús es aprender de Él. Este mandato también es imperativo, aprended de mí dice Él. Como Jesús conoce todas las revelaciones del Padre, nos invita y ordena a aprender de Él esas revelaciones a través de una relación íntima con Él.

3.- La motivación. La oferta de descanso de Jesús es para nuestra alma, porque bajo la esclavitud del pecado nuestra alma no encontrará descanso. Nuestra carga, que ahora es Su yugo, es ligera, porque Él la soporta por nosotros. Es una gran motivación para aceptar Su invitación, que de ahora en adelante Él será quien lleve nuestra carga espiritual.

La pregunta final es, ¿cómo vamos a responder a esta invitación?  La vida no tiene sentido hasta que Dios sea el centro de nuestra vida. Dios tiene un propósito en la vida de cada uno de nosotros, y hasta que no estemos con Dios ese propósito no será cumplido.

Esta invitación Jesús la hace constantemente. Es para que estemos junto Él siempre, para que caminemos junto a Él. 

El llamado a crecer y caminar en una más íntima comunión con Dios es una realidad que concierne a todo creyente. Dios nos manda a cuidar no solamente de las verdades que creemos sino también de la manera en que vivimos. En 1 Timoteo 4:16 el apóstol Pablo declara: “Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza; persevera en estas cosas, porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan”.

Ese llamado a cuidarnos es una tarea que no podemos cumplir por nosotros mismos. Necesitamos la ayuda de otros que puedan velar por nuestras vidas.

En el matrimonio, este llamado se facilita grandemente porque nuestro cónyuge representa una maravillosa provisión de Dios para cumplir con este propósito.

El reto como pareja es aprender a establecer y desarrollar una especial relación donde podamos, con la ayuda de Dios, brindar y recibir mutuamente ese necesario cuidado.

¿Cómo a aprender a cuidar de mi cónyuge? ¿Qué cosas envuelve este proceso?

En esta conferencia estaremos examinando la Palabra de Dios con el propósito de aprender a brindarnos un mejor cuidado como cónyuges.

Viernes 25 de agosto de 7:00 - 10:00 PM | Sábado 26 de agosto de 3:00 - 6:00 PM | Iglesia Bautista Internacional | RD$ 500 por pareja

Puebes comprar tu boleta en nuestra librería los miércoles y domingos, en las oficinas de Ministerios Integridad y Sabiduría los días de semana o en línea más abajo.

  

 

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