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Héctor Salcedo

Héctor Salcedo

Economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos en el tradicional Moody Bible Institute de Chicago. Como economista, cursó estudios de Maestría en Macroeconomía Aplicada en Chile a mediados de los 90's para ejercer dicha profesión durante casi 15 años en el medio económico-empresarial.

Ha laborado desde los inicios de la IBI, pasando por diversas asignaciones conforme el crecimiento lo requirió. Desde 2006 es uno de los pastores de la IBI, y desde 2009 lo ha sido a tiempo completo. Su mayor pasión es la enseñanza de la Palabra de Dios y sobretodo su aplicación práctica a la vida. Está casado con Chárbela El Hage y tiene dos hijos: Elías y Daniel.

 

Este domingo, el pastor Héctor Salcedo predicó el sermón “La Resurrección de la Esperanza” basado el Lucas 24:13-35.

Hoy es un día, ciertamente, muy especial, quizás el día más importante del calendario cristiano. Toda la historia cristiana depende del día de resurrección. Si Cristo no hubiese resucitado, todo lo que Cristo dijo no hubiese tenido valor; pero como sí ocurrió, el venció y todas Sus promesas eran ciertas. Meditemos estas cosas juntos.

En Lucas 24:13-35 vemos a Jesús, luego de Su resurrección, abordar y conversar con sus seguidores por varias horas acerca de las verdades que tienen que ver con Él en la Biblia. Es un pasaje que comienza con una nota deprimente, triste, típica de la desilusión y el fracaso y termina en una alta nota de gozo y entusiasmo.

En Lucas 24:13-17 primero vemos la muerte de la esperanza.

El versículo 13 hace referencia a Lucas 24:1 que dice “el primer día de la semana, al rayar el alba, las mujeres vinieron al sepulcro”; esto era el domingo luego de Jesús haber sido crucificado. Lucas 24:8-9 dice que las mujeres le contaron lo que vieron y lo que no vieron en el sepulcro a “los once y a todos los demás” lo cual nos deja saber que estos “dos” mencionados aquí no eran de los once, sino que eran discípulos de Jesús que habían escuchado el testimonio de las mujeres que fueron al sepulcro pero que “no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.” (Lucas 24:3)

Es evidente que estos dos no iban caminando con gran ánimo ni entusiasmo; estaban saliendo desde Jerusalén, posiblemente porque no había “nada que hacer” luego de la pascua. Ellos “conversaban entre sí acerca de todas estas cosas” que, según Lucas 24:19, eran “las referentes a Jesús el nazareno”. Mientras caminaban, “...Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos. Pero sus ojos estaban velados para que no le reconocieran.”  (v.15) El Nuevo Testamento menciona al menos 11 apariciones de Jesús luego de su resurrección y, extrañamente, en todos los casos, nunca fue reconocido de inmediato. No era que pareciera un ser celestial; sólo cuando se apareció a Pablo se podría decir que fue evidente Su divinidad. Incluso, Jesús se veía tan humano que cuando se le apareció a María Magdalena cerca del sepulcro (Juan 20:15), ella lo confundió con el jardinero.

En Lucas 24:17 comienza el intercambio con el “extraño” quién les pregunta sobre las discusiones que ellos están teniendo. “Ellos se detuvieron, con semblante triste.” (v.17) y “respondiendo, uno llamado Cleofas le dijo: ¿Eres tú el único visitante en Jerusalén que no sabe las cosas que en ella han acontecido en estos días?” (v.18). Sin duda, los seguidores de Cristo estaba irritados, decepcionados, confundidos, y en un estado de profunda incredulidad. ¿Cómo es posible que haya pasado lo que pasó? Ellos no lo podían entender. Tenían claro que Jesús era “un profeta poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el todo el pueblo” (v.19) y todo indicaba que era el Mesías al punto tal que decían, “nosotros esperábamos [pasado] que era El era el que iba a redimir a Israel.” (v.21) El problema que ellos veían era que todo parecía indicar que todo se había acabado ahí porque “ya es el tercer día desde que estas cosas acontecieron” (v.21) y nada había pasado, acorde a ellos. Algunas mujeres dijeron que vieron ángeles (Lucas 24:23) que decían que Él vivía, “pero a El no le vieron.” (Lucas 24:24) La reacción de estos discípulos demostraba que ellos sabían lo que había ocurrido sin saber por qué habían ocurrido. Tenían una lectura humana de eventos de trascendencia divina; con razón su esperanza había muerto.

En Lucas 24:25-35, Jesús hace que la esperanza vuelva a la vida.

Jesús comienza a hablar, haciéndolos reflexionar sobre lo que ellos sentían y pensaban. Teniéndolos ahí, Jesús empieza a hablarles a estos discípulos, aún sin revelar su identidad (Lucas 24:25-27). Las primeras palabras de Jesús son de reprensión—los llama “insensatos y tardos de corazón” o despistados y torpes, no porque son estúpidos sino porque están espiritualmente indispuestos a entender “todo lo que los profetas han dicho” (Lucas 24:25). En otras palabras, estos discípulos se encontraban en esta condición porque no concebían ciertas verdades sobre el Mesías que habían sido reveladas por los profetas. Y Jesús, con una paciencia típica de Él y muy diferente a la nuestra, usando lo que Moisés y “todos los profetas” habían escrito, procedió a explicarles por qué “era necesario que el Cristo padeciera todas estas cosas y entrara en su gloria” (v.26). La verdad es que todo el Antiguo Testamento apunta hacia Jesús como Salvador; Jesús es el Mesías y el cumplimiento de la profecía.

Es sorprendente el camino que Jesús toma para encender en estos discípulos el fuego de la esperanza. Aunque la evidencia es importante, El decide irse por el camino de la instrucción más que de la evidencia. Este camino sería más provechoso para su fe; Jesús quería no sólo emocionarlos, sino fortalecerlos.

Finalmente, en Lucas 24:28-35, vemos el resultado de la esperanza. A lo largo de estos versos hay una clara indicación que el estado emocional de estos discípulos era totalmente diferente a como era al inicio del relato (Lucas 24:13). Ellos “le instaron...quédate con nosotros…” (Lucas 24:29), evidencia de su disposición de compartir. Aún antes de que sus ojos “fueran abiertos” (Lucas 24:31), ellos reportan que sentían como “ardía nuestro corazón dentro de nosotros mientras nos hablaba en el camino, cuando nos abría las Escrituras.” (v.32) Este “fuego” venía de ver al Mesías en los pasajes expuestos por Jesús. Surgía un nuevo vigor, un ánimo, un entusiasmo, una esperanza que vino por la fe más que por la evidencia. Y entonces, “levantándose en esa misma hora, regresaron a Jerusalén…” (Lucas 24:34) para encontrarse con los once “que decían: Es verdad que el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón. Y ellos contaban sus experiencias en el camino, y cómo le habían reconocido en el partir del pan.” (vv.34-35)

¡Jesús resucitó!

Esta historia nos muestra que Dios tiene gloriosos propósitos en las más extrañas circunstancias de nuestras vidas. Ciertamente, Dios se glorifica aún cuándo en nosotros exista una sensación de, ¿“y cómo puede ser esto posible”? No ver a Dios en un momento dado, no significa que El no está presente, a nuestro lado. Aún aquellos momentos donde sentimos a Dios “ausente”, Él trabaja en aumentar nuestra confianza y fe. La Palabra de Dios es la más segura fuente de fe, confianza, plenitud y cercanía con Dios.

El corazón del cristiano ha de “arder” al ver su glorioso Dios revelarse en Su Palabra. Si así no ocurre, busquemos el problema no en el fuego, sino en la “leña” de nuestro corazón. ¿Qué es más característico en tu caminar cristiano? ¿Un sentido de desilusión y derrota, típico del que viene de “un entierro”, o uno de victoria y gozo, propio del que está lleno de esperanza y gloriosa anticipación?

10 de Febrero de 2019

El perdonado que no perdona

El domingo 10 de febrero, el pastor Héctor Salcedo predicó el sermón “El perdonado que no perdona” basado en Mateo 18:21-35.

Este versículo trata un tema fundamental en el cristianismo, “el perdón”. Los discípulos cercanos a Jesús lo habían escuchado enseñar sobre el perdón en múltiples ocasiones, pero no necesariamente entendían todas las implicaciones de Sus enseñanzas. De hecho, la pregunta que hace Pedro en Mateo 8:21, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?”, es una indicación de algunas de su falta de entendimiento en cuanto al tema del perdón. La razón por la cual Pedro pregunta esto aquí, es porque, sólo unos versos atrás, Jesús instruyó sobre el proceso de confrontar a un hermano cuando peca (Mateo 18:15-17).

Los rabinos entendían el perdón como algo opcional en algunos casos, y cuando se daba, estaba limitado a solo algunas ocasiones. Lo sorprendente de la respuesta de Jesús fue que dijo, “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”, refiriéndose a la necesidad de que perdonemos indefinidamente. El énfasis no está en el número de veces que se debe perdonar sino en el desprendimiento en nuestra actitud de perdón. Esto es algo chocante para la mente carnal. Jesús está indicando que Sus seguidores no llevan cuenta de las veces que perdonan y que aman como está descrito en 1 Corintios 13:5. Humanamente hablando, esto es casi inconcebible y hasta injusto. ¿Por qué tendría yo que perdonar a una persona que de manera reiterada me ha herido? Y la respuesta de Jesús fue, ¡Por qué esa es la forma como Dios los ha perdonado a ustedes! Frente a Dios pecamos, expresamos pena por nuestro pecado y buscamos el perdón de Dios, luego nos damos la vuelta y cometemos exactamente el mismo pecado. De ahí entonces la parábola de Mateo18:23-35 donde Jesús comunica de manera magistral que Dios tratará duramente con aquellos de Sus hijos que no muestren el mismo tipo de perdón que ellos han recibido de parte de Dios.

Analicemos esta parábola dividiéndola en tres “escenas”:

(1) Escena del Perdón del Rey (Mateo 18:23-27)

Pensemos en como es que Dios opera en lo que respecto al perdón. La parábola comienza diciendo, el reino de los cielos puede compararse a cierto rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Y al comenzar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos.” Esta parábola, posiblemente hace referencia la dinámica de los reyes con sus gobernadores de provincias, o sátrapas. Cada cierto tiempo, dicho sátrapas tenían que traer impuestos recolectados; en la situación descrita parece ser una en la que el gobernador cobró pero gastó lo cobrado, poniéndolo en una deuda impagable. Ante la insolvencia del siervo, aún sin juzgarle por su malversación, el rey procedió según la ley de venderlo junto a su familia, algo que no pagaría su deuda ni ínfimamente, pero era lo que correspondía legalmente. El siervo, sabiendo que no tenía justificación alguna ni los medios para pagar lo que debía, “cayó postrado” y apela a la paciencia y promete pagar la deuda. El rey típico de la época, se hubiese indignado con la promesa insensata de pagar tal deuda… pero este no era un rey típico. El rey no sólo perdona la deuda, sino que perdona la maldad y corrupción que condujo a este individuo a esta situación (Mateo 18:27). Dios, en su gracia y misericordia por nosotros, perdona ciertamente la deuda del pecado, pero no sólo eso, es que nos coloca como sus hijos amados.

(2) La Escena del Rencor del Siervo Perdonado (Mateo 18:28-31)

El siervo perdonado sale de su reunión con el rey habiendo recibido “tal alivio” y se encuentra con alguien que le debe a el. La deuda del siervo hacia el rey es incomparablemente mayor que la deuda del siervo con cualquier consiervo. Pero a pesar de que la deuda perdonada a él era incomparablemente menor, “lo echó en la cárcel hasta que pagara lo que debía” (Mateo 18:30). Esta fue una decisión propia; su consiervo le hizo la misma petición que él hizo al rey y, “sin embargo, él no quiso”. La falta de perdón es eso, una decisión que se toma de mantener al otro como nuestro deudor. Cuando vemos el perdón del rey concedido, al lado del perdón del siervo retenido, hay una especie de “repulsión” al ver tal actitud, de tristeza. Eso fue lo que experimentaron los consiervos en Mateo 18:31 y se lo dijeron a su señor, el rey.

(3) La Escena del Juicio al Siervo Rencoroso (Mateo 18:32-35)

“Entonces”, al enterarse el señor, lo manda a llamar, a rendir cuentas de su actitud hostil hacia su consiervo. Las primeras palabras del rey fueron “siervo malvado”. Esto es lo que Dios piensa de la falta de perdón: es algo malvado y perverso. En Mateo 18:33, hay una poderosa “lógica divina”: ¿No deberías tú también haberte compadecido de tu consiervo, así como yo me compadecí de ti?” La evidente respuesta es “claro que debí dar a mi hermano, el mismo trato que yo pedí para mi, de misericordia y paciencia.” Jesús presenta al rey como “enfurecido” (v.34) ante la falta de perdón del siervo, y con razón. El rey [Dios] se dispone ahora a lidiar con la maldad de su siervo “lo entrega a los verdugos hasta que pague todo lo que le debía.”

En el versículo 35, Jesús agrega, “Así también mi Padre celestial hará con vosotros, si no perdonáis de corazón cada uno a su hermano.” Esto es lo que Dios hará con todos los que nos rehusemos a perdonar a los que pecan contra nosotros. El trato del rey [Dios] con el siervo rencoroso es una indicación de que Dios no dejará sin disciplina a aquellos que se nieguen a perdonar. Los cristianos que se niegan a perdonar a otros serán sometidos al tipo más severo de disciplina, hasta que aprendan a perdonar, así como han sido perdonados.

Este domingo, el pastor Héctor Salcedo predicó la segunda parte del sermón El engaño del dinero basado en Lucas 12:13-21.

En el Lucas 12:16-21, Jesús usa una parábola para ilustrar y aclarar Su enseñanza del verso 15. Más específicamente, Lucas 12:21 expone con claridad que el problema de la avaricia, de la que Jesús quiere que nos cuidemos, tiene que ver con un “enfoque de vida”. El mensaje no es que disfrutar de lo que Dios nos provee tenga algo de perverso; el problema fue que el rico de la parábola acumuló tesoros terrenales a expensas de los celestiales. Su problema fue que la relación con su riqueza suplantó la relación con Dios; hizo de lo material su “tesoro” y su dios. Mateo 6:24 dice, “Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.”

¿Cómo evitamos eso en nuestras vidas? En la parábola hay por lo menos tres aspectos que este individuo olvidó o no tuvo en cuenta y que lamentablemente lo llevaron a acumular tesoro “aquí para él” y no “allá para Dios”.

1. Dios es el dador de todo (v.16). Contrario a lo que pasa comúnmente, la riqueza debe llevarme a la gratitud más que al orgullo. En esta parábola, es interesante que Jesús tomara como ejemplo de este hombre rico, a un agricultor quien, de todos los empresarios, debería ser el más consciente de que su riqueza no procede sólo de sus habilidades sino de la mano bondadosa de Dios. Pero a pesar de esto, ante lo abundante de su cosecha, este hombre no eleva sus ojos al cielo para atribuírselo a Dios ni emite palabra alguna de gratitud. Esta es la razón por la que se dice en Proverbios 28:11, “El rico es sabio ante sus propios ojos...” El que siente que se ha “hecho a sí mismo” y que ha logrado “el éxito” por su sola destreza llega a pensar que está bien casi en todo lo que piensa y hace. Creer esto crea un verdadero obstáculo para pensar que necesito de Dios. La riqueza más que al orgullo debe conducir mi corazón a la gratitud y a la humildad delante de Dios quién ha concedido favor. Pero se debe mencionar algo que parece paradójico: si es Dios quién da, asimismo en Dios quien quita o retiene. De la mano bondadosa de Dios proviene tanto la riqueza como la pobreza. Así como el rico tiende a olvidarse de la bondad de Dios en su progreso y eso lo enorgullece, de la misma manera el pobre tiende a olvidarse de la bondad de Dios en su pobreza y eso lo irrita.

2. Las riquezas no nos son dadas sólo para nosotros. Contrario a lo que pasa, la abundancia debería aumentar mi nivel del dar, no sólo mi nivel de vida. Ante la abundante cosecha se le presenta un “buen problema”: tiene tanto que no sabe dónde lo va a guardar; es típica la “ansiedad de la conservación” de la riqueza. En su auto-conversación, notamos un hombre enfocado en sí mismo. El avaricioso, el materialista, la persona que cuyo tesoro está aquí y no allá, vive de manera egoísta, centrado en sus deseos más que en las necesidades de los demás. De la misma forma que no vemos gratitud hacia Dios para la abundante cosecha que recibió, tampoco vemos sensibilidad y disposición a compartir hacia los necesitados.

La palabra “generosidad” en la Biblia puede traducirse como “mano abierta”; implica dar libremente, sin ser obligado. Dios es generoso (Mateo 5:43-45) y abundante (Santiago 1:5; Tito 3:6); Su mayor acto y muestra de generosidad es la cruz. Pero la generosidad no sólo es mostrada por Dios mismo en Su trato hacia nosotros sino exhortada para que la practiquemos. Él espera que Sus hijos sean “intencionalmente y gozosamente” generosos en todo y en especial con esto de los recursos materiales.

3. El que acumula tesoros en la tierra y no es rico para con Dios olvidó fue lo corta que es la vida aquí. La realidad de la muerte le quita el sentido a vivir sólo para aquí y para el ahora (Lucas 12:20). Este es el hombre que ha alcanzado “el éxito”, ha trabajado y acumulado lo suficiente para decirse a sí mismo: disfruta, descansa, come, bebe. Humanamente hablando, al menos en la historia, no vemos indicio de problema mayor. Pero hay un problema que nadie pudo anticipar: morirá el mismo día que se dispone a disfrutar de “su riqueza”. Ante la realidad de la muerte, ha quedado expuesta su pobreza; a pesar de ser un hombre materialmente “previsor” no lo fue espiritualmente. Dios lo confronta con su falta de previsión y le llama “necio” o tonto, ignorante, simple, sin sentido común, no sabio. La Palabra nos dice en Eclesiastés 7:2;4, “Mejor es ir a una casa de luto que ir a una casa de banquete, porque aquello es el fin de todo hombre, y al que vivelohará reflexionar en su corazón. El corazón de los sabios está en la casa del luto, mientras que el corazón de los necios está en la casa del placer.” Es de sabios pensar en que somos temporales, finitos y, para Dios, vive mejor el que sabe que va a morir ya que saber que nuestro tiempo es limitado nos enfoca en lo importante.

14 de Octubre de 2018

El engaño del dinero

Este domingo, el pastor Héctor Salcedo predicó el sermón El engaño del dinero basado el Lucas 12:13-15.

El dinero y las posesiones siempre han tenido un rol vital en el desarrollo de las civilizaciones a través de la historia. Se podría decir que la “motivación” de conseguir riquezas ha sido el principal motor del avance del mundo. Visto así, el dinero y el avance material es bueno. No obstante, en vista de la presencia de pecado en el corazón humano, el deseo de lucro se desborda y termina produciendo todo tipo de problemas. Tal y como pasa con todos los temas de nuestra existencia, la Palabra de Dios es nuestra lámpara, y cuando de dinero y posesiones se trata, la Biblia tiene mucho que decir. De hecho, Jesús habló en diversas ocasiones acerca de los bienes materiales y quizás resulte curioso para muchos saber que su enseñanza más frecuente implícita o explícitamente con relación al dinero y las posesiones fue “¡cuidado!”

En Lucas 12:13-15, Jesús está enseñando a una gran multitud y en medio de su discurso, es interrumpido por un hombre que le habla de una herencia diciendo, “maestro, dile a mi hermano que divida la herencia conmigo.” Llama la atención lo “inoportuno” que fue este individuo. En medio de un discurso ante miles de personas, trae un tema personal a ser mediado por Jesús. Claramente, el interés por su herencia le distrajo del hecho de que tenía enfrente a Dios mismo, enseñando asuntos que trascienden lo material (Lucas 12:12). Esta interrupción ilustra de manera precisa lo que las posesiones tienden a producir en el corazón humano; capturan nuestra atención al punto de desviarnos de Dios.

Jesús, al ser interrumpido, “pone distancia” y no pierde tiempo con asuntos que no tenían que ver con Su misión diciendo “hombre!, ¿quién me ha puesto por juez o árbitro sobre vosotros?” (Lucas 12:14). El individuo quería usar a Jesús para sus fines y Jesús no se lo permite y se mantiene al margen de la discusión. No obstante, al percatarse Jesús de lo que hay en el corazón de este individuo, aprovecha la ocasión para dejar una enseñanza de valor eterno. Lucas 12:15 dice, “Y les dijo: Estad atentos y guardaos de toda forma de avaricia; porque aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes.” No sabemos si el individuo entendió que Jesús decía esto primero por él, pero lo cierto es que la enseñanza no fue sólo para el inoportuno sino para todos.

La selección de palabras que Jesús usa en esta enseñanza es extremadamente importante; los términos apuntan a que la avaricia se mueve con sutileza, es subrepticia, es decir, que actúa de manera oculta, de forma imperceptible. Jesús nos advierte de esta inclinación de nuestro corazón, en vista de que como dice la segunda parte del verso 15: “...porque aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes.” En otras palabras, la vida plena, significativa y valiosa que el ser humano busca no se encuentra en la acumulación de posesiones de este mundo. Que tremendo error sería enfocar nuestras vidas en cosas materiales que al final no producen en nosotros los resultados deseados.

Nada de esto significa que ser rico es malo, pecaminoso o perverso. El problema no es la cantidad sino nuestra actitud hacia lo material; cuando pienso que lo que necesito para sentirme satisfecho es tener más cosas o cuando mi contentamiento depende de algo que no es Dios. Contra esto es que Jesús está advirtiendo. Lamentablemente, el mundo en el que vivimos opera otorgando a lo material un nivel de importancia que está muy por encima al que la Palabra de Dios le da y nosotros no estamos ajenos a esta influencia. Si nos exponemos, aunque sea mínimamente, a los medios de comunicación es fácil percibir que el mensaje claro y alto que se escucha es que “más es mejor”. Es por esta fuerza que tienen las ideas avariciosas y materialistas en el corazón humano y la naturaleza sutil de este pecado que Jesús advierte enfáticamente de que estemos atentos y en guardia para no ser seducidos (1 Timoteo 6:9-10; Mateo 13:22; Lucas 18:18-24; Proverbios 30:7-9).

 

23 de Septiembre de 2018

Padres controlados por el Espíritu

Este domingo el pastor Héctor Salcedo predicó el sermón “Padres controlados por el Espíritu” basado en Efesios 5:18-6:4.

Sin duda, la familia es vital, fundamental en el orden divino. Pero lamentablemente, el pecado hace que las familias, incluso las “cristianas”, mal funcionen. Por un lado, las esposas luchan con someterse a sus maridos como al Señor y en lugar de ser ayudas idóneas, introducen pesar, cuestionamiento, crítica y manipulación a la relación matrimonial. Por su parte, los esposos no aman de manera servicial a sus esposas. Se nota un desdén para liderar, una negligencia para involucrarnos en los asuntos emocionales de nuestras familias. En este ambiente, los hijos tampoco funcionan bien ya que esposos que no funcionan según el diseño de Dios, difícilmente ejercen su paternidad según el diseño de Dios.

Efesios 6:4es quizás el versículo más específico con respecto a la crianza de toda la Biblia y el más completo en cuanto a lo que nos corresponde hacer como padres. Iremos frase por frase y “desempacando” todo lo que encontramos aquí con relación a la crianza.

Primero, debemos determinar el quien de la crianza (Efesios 6:4). En el original, la palabra para “padres” está en masculino. No obstante, esta palabra también era usada para referirse a ambos padres (Hebreos 11:23). Pablo convoca a Papá y Mamá a involucrarse en la tarea de criar a sus hijos. En varios pasajes, la Biblia asume que la formación de los hijos recae en ambos padres, no es la iglesia, ni el colegio, ni el terapeuta. Según el diseño bíblico para la familia la mujer será la que más tiempo pase con sus hijos, pero esto no implica que ella es la responsable de la crianza de los hijos. Es decir, el hombre, aunque quizás esté menos tiempo en la casa, está llamado a estar pendiente y a participar de las decisiones de crianza. Ambos padres involucrados, el hombre como cabeza, responsable de los asuntos de la crianza, ayudado cercanamente y proactivamente por su esposa. Esta dinámica incluye todo tipo de decisiones, grandes y pequeñas.

Un aspecto de vital importancia es que el primer aporte que haga los padres a una buena crianza es un matrimonio que funcione según el diseño de Dios. No es casual que antes de este verso de crianza, Pablo se habló sobre el funcionamiento de la relación matrimonial (Efesios 5:22-5:33). Les habló a las esposas de su sometimiento en todo a sus maridos como al Señor. Les habló a los esposos de su amor entregado y sacrificado como Cristo lo hizo por su iglesia. En otras palabras, un matrimonio malo boicotea una crianza saludable.

Segundo, se habla de la forma de la crianza en Efesios 6:4 donde dice, sean sensibles a como se sienten sus hijos, consideren el efecto emocional que tiene su método de crianza. Esto era algo extremadamente chocante para la cultura a la que Pablo le escribe donde los padres romanos tenían la total autoridad sobre sus y podían hacer lo que ellos quisieran. El mandato es contracultural y, de hecho, todo el contexto en el que este pasaje se encuentra, resulta transformador para las relaciones de subordinación de la familia y de la sociedad del momento. Dios quiere que en todas nuestras relaciones prime el trato humilde los unos con los otros. En el caso específico de los padres, se le llama a un trato tal que no genere ira en sus hijos (Colosenses 3:21).

La idea es que los padres pueden crear un ambiente de tanta exigencia, tan demandante, tan crítico, que los hijos sientan que es imposible agradar a los padres o que agradarlos no hace ninguna diferencia o que, de hecho, que disgustar a los padres es divertido.El espíritu del mandato de Pablo es prevenir que provoquemos una ira que no es necesaria producir y que pudimos haber evitado con el simple hecho de cambiar la forma como procedemos con nuestros hijos.

El tercer aspecto qué hacer de la crianza es el que hacer de la crianza (Efesios 6:4). En sentido general, hoy en día se entiende que criar a nuestros hijos es proveerles económicamente, educarlos académicamente y divertirlos lo más que se pueda. Pero a partir de este pasaje, es claro que la crianza para los padres cristianos es algo que tiene un contenido muy específico. Fíjense que estamos llamados a criar [levantar] a nuestros hijos en la disciplina [“entrenamiento”] e instrucción [“enseñanza”] [“que proviene”]del Señor.

Nuestro rol fundamental es conducir a nuestros hijos de tal forma que conozcan y amen al Señor. El problema es que, como padres, no podremos hacer esto bien y de manera consistente a menos que no estemos llenos del Espíritu. La llenura del Espíritu produce en el creyente un estado de sujeción mutua que incluye padres dispuestos a criar a sus hijos de la forma amorosa y comprometida que Pablo instruye. Una buena crianza bíblica comienza con mi santificación como padre y mi rendición al control de Dios en mi vida por medio de Su Palabra.

22 de Abril de 2018

El propósito del matrimonio

Esta semana, el pastor Héctor Salcedo predicó el sermón “El propósito del matrimonio” basado en Génesis 2:24-25.

El tema del matrimonio es uno que siempre genera enorme interés; es como si la gente siempre está buscando respuesta a sus problemas con su conyugue. Lo más importante en saber es que el matrimonio es mucho más significativo, sublime, e importante de lo que nosotros suponemos. Es una institución que nace en la mente de Dios (Gen. 2:18), con el objetivo de crear de dos seres una unidad relacional que reflejara la imagen misma del Dios trino (Gen. 1:27), que le permitiera al ser humano completar los propósitos para los cuales Dios lo creó (Gen. 2:18) y que sea el hermoso reflejo de la relación que existe entre Cristo y su iglesia (Ef. 5:32).

¿Cómo entiende Dios, que el matrimonio debe funcionar? Génesis 2:24 es el pasaje por excelencia sobre el matrimonio. Si queremos saber lo que se supone debe ocurrir en la relación matrimonial debemos ir a Génesis 2:24 y su contexto. Ahí hay al menos cuatro condiciones que deben cumplirse para que un matrimonio funcione como Dios quiere.

1. Debe ser una relación complementaria (Génesis 2:18)

Dios crea una “ayuda idónea” así creando una estructura de funciones. La mujer fue creada para ayudar al hombre a hacer lo que Dios le ha llamado a hacer (1 Cor.11:9; 1 Tim. 2:13). La mujer, creada del ADN masculino, a imagen de Dios, se coloca por diseño de Dios debajo de la autoridad de su esposo en la relación matrimonial.  Es posible que esto le sea chocante a la mujer, sobre todo en nuestros días, pero es importante recordar que el matrimonio no se trata de nosotros como de reflejar una realidad más grande.

En el caso del hombre, esto puede inflar su orgullo y “darle licencia” para el autoritarismo dentro de la casa; pero recuerda, Dios creó a la mujer porque el hombre necesita ayuda. Además, en el rol de cabeza no se trata del hombre; él está llamado a reflejar a Cristo mismo en su trato hacia su iglesia, su novia (Ef. 5:25; Ef. 5:28-29).

2. Debe ser una relación autónoma y prioritaria (Génesis 1:24a)

A menos que los casados no dejen a sus padres, no hay forma de que la nueva estructura familiar se afiance. El nuevo esposo debe ser autoridad; el padre no puede seguir siendo autoridad ni sobre su hijo(a), pues boicotearía la autoridad del nuevo esposo. La nueva esposa debe ser ayuda idónea y la madre no puede seguir siendo ayuda idónea de su hijo ni hacerlo por su hija, pues boicotearía el rol de la nueva esposa. El matrimonio refleja a Cristo en Su unión con Su iglesia, y para Cristo unirse a la iglesia el padre lo tuvo que entregar y el hijo dejar su gloria en aras de unirse.

Además de autónoma, el matrimonio ha de ser una relación prioritaria por encima de todas las demás relaciones humanas. El matrimonio implica “dejará el hombre...” lo cual conlleva que mi conyugue es ahora la relación en la que debe invertirme de manera más intensa.

3. Debe ser una relación de unidad total (Génesis 2:24b)

La palabra “unirá” implica literalmente “se pegará a su mujer” así produciendo “una sola carne”. Esta implicación va mucho más allá del aspecto físico-sexual: la unidad ha de producirse en todos los aspectos de nuestras vidas. Dios quiere comunicar esto de una manera tan clara, que crea a la mujer precisamente del mismo cuerpo de Adán.

En Efesios 5:28-29, Pablo le dice al hombre que debe cuidar a la mujer como si fuera "su propio cuerpo...". Una vez más, esto puede parecerme radical, pero es la mejor forma de reflejar adecuadamente lo que el matrimonio está supuesto a reflejar, que es la unión de Cristo con su iglesia.

4. Debe ser una relación segura y por ende transparente (Génesis 2:25)

“Y estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban.”

Antes de la caída en pecado de Génesis 3, no había nada que esconder y por tanto nada que temer. La razón para no sentir vergüenza NO era porque tenían cuerpos perfectos; la no vergüenza era una evidencia de esa seguridad que da la conciencia tranquila y una relación segura.

Mantener la transparencia requerirá disposición a confesar, reconocer nuestras faltas y tener una disposición a perdonar.

25 de Febrero de 2018

Morir para vivir

Esta semana el pastor Héctor Salcedo predicó el sermón “Morir para vivir” basado en Mateo 16:21-28.

Al leer la Palabra de Dios, hay algo que es evidente de manera inmediata: Dios no piensa como el ser humano. Los valores de Dios, Sus reacciones emocionales, e intereses son distintos a los nuestros (Isaías 55:8-9). Una forma como Dios nos enseña esto es a través de las paradojas que nos presenta la Biblia como que en ocasiones Dios usa la muerte para traer vida.

En Mateo 16:21-23 vemos el momento en que Jesús comenzó a claramente informarles a Sus discípulos sobre Su destino próximo en la cruz y Su resurrección, justamente luego de que finalmente estaban seguros de la identidad de Jesús (Mateo 16:16-17). Esto les choca a los discípulos e inmediatamente, “Pedro comenzó a reprenderle…” [v.22]. Pedro acababa de afirmar la identidad de Jesús como Cristo, y ahora tiene la osadía de censurar a Jesús. Los discípulos conocían la identidad de Jesús, pero no su misión y, de hecho, no la aceptaron cuando Jesús la informó. En la mente de los discípulos, Dios no podía tener un plan que incluía que el Mesías sufriera y muera y esta sique siendo una confusión de muchos hoy en día. No contemplan que dentro de los planes de Dios puede incluir sufrimiento intenso y en ocasiones mortal; que Dios puede usar la aflicción y el dolor para llevar a cabo Sus propósitos. Pero Dios no es como nosotros, y no piensa como nosotros (Mateo 16:23).

Mateo 16:24-25 relata otra paradoja: la del discípulo de Jesús: “¡En morir a mí, a mi yo, está mi vida!” Luego del intercambio con Pedro, Jesús se percató que los discípulos pensaban que el sufrimiento no iba con el plan de Dios; que ni el Mesías ni sus seguidores iban a sufrir. Pero, cómo ya vimos, el Mesías vino a sufrir y a morir por nuestro rescate. De hecho, la “descripción de puesto” para el discípulo de Jesús es, “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mateo 16:24b).Jesús es claro y directo con lo que se espera de un discípulo: que olvide su causa personal, se enfoque en los planes de Dios y se someta a la Palabra.

Hay dos aspectos en la frase “niéguese a sí mismo” (v. 24) que son importantes. Por un lado, hay una negación del yo que consiste en desistir de mis esfuerzos de “salvarme por mis propios medios”; la expresión del verso 25, “el que quiere salvar su vida [alma] la perderá” se dirige en parte a esto (Mateo 5:3; Lc. 18:9;13). El otro aspecto en que el discípulo debe “negarse a sí mismo” es en el enfoque de su vida: ya el discípulo no vive para él sino para aquel que murió por él (2 Corintios 5:15). En vista de esto, hemos de negarle a nuestra naturaleza carnal sus peticiones de tal forma que honremos al que murió por nosotros (Gálatas 5:16-17).

Otro componente de la descripción de puesto del discípulo es “tome su cruz” (v. 24). Esto significa enfrentar dolor, sacrificio y aún la muerte de manera voluntaria para hacer avanzar la causa del Señor. El tomar la cruz está de alguna manera conectado con negarme a mí mismo en el hecho de que llevar a cabo la obra que Dios me ha encomendado implica la negación a ciertos deseos o planes que tengo. Los planes de Dios deben ser prioritarios sobre los míos ya que la voluntad de Dios siempre persigue lo significativo y lo eterno mientras que la nuestra va detrás de lo ligero y terrenal. A veces lo que Dios nos pide no nos atraerá “terrenalmente”; pero si somos capaces de “verlo con la fe”, comenzaremos a experimentar un gozo aún por aquellas cosas que “no nos gustan”.

La última paradoja que presenta el texto es la paradoja de la vida terrenal: “Mi mejor vida aquí la vivo cuando me enfoco en la vida allá.” Mateo 16:26-28 nos presenta una idea que es difícil de digerir: que, al Mesías lo van a matar y que a sus seguidores le correspondía vivir una vida de negación, sacrificio y obediencia. Es duro, si tú crees que la vida se trata de lo que hay aquí y nada más; pero si hay otra vida después de esta, entonces, ¡la vida del discípulo es la que garantiza la entrada a la gloria y la mayor cantidad de recompensas eternas posibles! Vale la pena.

19 de Enero de 2018

La iglesia y yo (4ta parte)

(Sermón pastor Héctor Salcedo)

Durante esta semana, dentro de la serie “Vida de iglesia” hemos estado aplicando las enseñanzas de los sermones “La iglesia y yo” del pastor Héctor Salcedo con el propósito de que entendamos que permanecer en nuestra iglesia local como simples observadoras, guardándonos a cierta distancia, sin permitir que nadie nos conozca ni asumir ningún compromiso, no es bíblico, por el contrario, es desobediencia a Su mandato, es privarnos de la bendición y privilegio de experimentar “los unos a los otros” de que nos habla el Nuevo Testamento.

Aunque la serie continúa, hoy concluimos con la revisión de los sermones. Habiendo visto cómo luce una mujer que ha entendido el llamado de Dios a involucrarse y pertenecer a su iglesia local, hoy observemos cómo se ve una vida que llega hasta el último nivel de compromiso que es entregarse a servir. 

Los dones y talentos que me han sido dados debo ponerlos al servicio de la iglesia y de los hermanos de la congregación.  Dios siempre tiene un propósito en la vida de cada una de Sus hijas. Para contribuir no debo esperar ser nombrada, lo puedo hacer sin que nadie me lo pida. Puedo involucrarme en el servicio sin que nadie lo indique, como es el orar los unos por los otros que es un mandato de Cristo también, servir en cualquier área, ministrar palabras de consuelo, ánimo y exhortación a otras hermanas.

¿Cómo luce una mujer cristiana entregada al servicio en su iglesia local?

  1. 1. Habiendo estudiado Su Palabra, sabe que Dios la ha dotado, le ha puesto algo que puede y debe dar para beneficio de la iglesia.
  2. 2. Ha entendido que no se trata de lo que recibe o logra en la iglesia, ni de que se sienta bien, sino que, Dios la ha hecho parte de ese cuerpo local para colaborar y ayudar al funcionamiento y dinámica de la iglesia.
  3. 3. Entiende que la vida cristiana se caracteriza por ser una por vida de servicio.
  4. 4. Persigue vivir las palabras de Jesús en Marcos 10:43-44 “Pero entre vosotros no es así, sino que cualquiera de vosotros que desee llegar a ser grande será vuestro servidor,y cualquiera de vosotros que desee ser el primero será siervo de todos”.
  5. 5. Conoce que es miembro del Cuerpo de Cristo y que, como tal, Dios le ha impartido dones para ministrar a otros para el bien común (1ª Corintios 12:4-31)
  6. 6. Sabe que toma tiempo cultivarlo, y por eso comienza a servir en aquellas cosas que entiende atraen sus afectos, donde va encajando y es usada por Dios, siendo confirmado por el cuerpo de Cristo.
  7. 7. Además, sabe que hay muchos miembros que componen ese cuerpo y que, para su funcionamiento adecuado, cada miembro debe trabajar de manera coordinada con los demás.
  8. 8. Cree que Dios la ha colocado en el cuerpo según Le agradó y por eso no considera que haya tareas mayores o menores, pues todas son asignadas por Él.
  9. 9. Reconoce que uno de los propósitos de Dios en que haya miembros débiles que sean los más necesarios es que no haya división en el cuerpo sino que los miembros tengan el mismo cuidado unos por otros, y así, sufran y se regocijen los unos con los otros.

Testimonios de mujeres de diferentes edades y etapas de la vida que se han entregado al servicio en la Escuela Bíblica Dominical de niños:

Deborah Lora Sape:

  1. 1. Como seguidora de Cristo y que he sido transformada, debo en agradecimiento al Señor dar mi vida para servir en algún ministerio de la iglesia considerando los dones y talentos que Él me ha dado.
  2. 2. Servir en el Ministerio de la Escuela Dominical es un privilegio, porque cada domingo recibimos a niños sedientos de la Palabra de Dios y somos usadas como instrumento para instruir Sus enseñanzas.
  3. 3. Los niños aprenden viendo y es importante modelarles una vida que agrade a Dios.

Elaine García (joven soltera):

  1. 1. Al prepararnos para exponer la lección a los niños podemos ver cómo al escudriñar la Palabra, ésta siempre tiene algo que recordarnos o enseñarnos.
  2. 2. A través de la EBD, el Señor me permite recordar que Él controla todo y que dependemos de Él, pues, en ocasiones se dan situaciones que nos toman por sorpresa y escapan de nuestras manos, sin embargo, podemos descansar en el Señor al confiar que Él provee a nuestras necesidades.
  3. 3. Por medio de la EBD, Dios nos permite crecer en amor, no solo al percatarnos de Su gracia al permitirnos servir a otros, sino también por las personas que sirven junto a nosotras. Nos muestra la importancia y el valor que tiene el orden y el trabajo en equipo.

Heidy de Almonte (sirve junto a su esposo como profesora):

  1. 1. Nos ayuda a entender mejor las necesidades de nuestros niños y a aportar a su crecimiento espiritual.
  2. 2. Es una forma de mostrar obediencia al llamado de la Gran Comisión enseñando la verdad de Cristo a nuestros niños y por medio de ellos a sus padres.
  3. 3. Es una manera de hacer un ministerio como pareja, lo cual nos une en un mismo propósito; a la vez forma nuestro carácter y nos da herramientas para aplicarlas en la crianza de nuestros hijos.

Recordar que somos un cuerpo y por lo tanto debemos ayudarnos unos a los otros. Es un privilegio pertenecer a una iglesia que sirva la palabra de Dios pura

Pregunta de reflexión: ¿Que sería de tu iglesia si todos tuvieran la misma actitud que tú tienes hacia ella?

Oración: Padre celestial, fortalece nuestra fe. Pedimos perdón por el poco involucramiento en la iglesia, por mi actitud. Ayúdame a cambiar de actitud y poner mis dones y talentos al servicio de la iglesia para hacer Tu voluntad.

 

 

Ministerio EZER

 

 


Primera parte del sermón:  https://youtu.be/q8HcbkM-98A

Segunda parte del sermón: https://youtu.be/Gnhk_qPOJh8

18 de Enero de 2018

La iglesia y yo (3ra Parte)

(Continuación de la segunda parte sermón pastor Héctor Salcedo)

¿Te animas a comentarnos cómo esta serie ha ido impactando tu vida? ¿Cuáles resoluciones has tomado con lo aprendido? ¿Cómo te ha movido a orar por algunas áreas de tu vida?

¡Tu testimonio puede edificar a muchas!

En los artículos anteriores de esta serie aprendimos cuál podría ser la definición de Jesús de qué es la iglesia, basada en sus propias afirmaciones de Mateo 16:13-18 y Mateo 18:15-20 (lee los textos para una mejor comprensión):

Un grupo de personas redimidas por Cristo, propiedad de Cristo, y llamadas por Cristo a ser diferentes al mundo que tiene una garantía de victoria por encima de todo, con el deber mutuo de velar los unos por los otros en su caminar de santidad.

Además, algunas metáforas bíblicas sobre la iglesia e iniciamos a revisar cómo luce una mujer cristiana comprometida con la iglesia de Cristo cuando se involucra con la misma.

¿Te evaluaste a ti misma?

¿Cómo estuvieron tus resultados?

¿Qué piensas hacer con los mismos?

¿Cuáles pasos el Señor te ha indicado que debes dar? 

Recuerda que cada vez que el Señor te muestra un área donde no has estado andando bien no es para que te quedes allí culpándote sino porque te está extendiendo Su amorosa mano para que salgas del lugar donde te has estancado. ¿Le confesarás tu pecado, tomarás Su tierna mano y seguirás adelante con Él?

Sigamos ahora con nuestra autoevaluación para saber cómo luce nuestro nivel de compromiso con la amada de Cristo, Su Novia, la iglesia de la cual somos parte y donde tenemos un rol que jugar.

2) Pertenecer formalmente a la iglesia

  1. a) ¿Has formalizado tu membresía en la iglesia?
  2. b) ¿Sabes que perteneces a ese cuerpo? ¿Actúas como si así fuera?
  3. c) ¿Cuál es tu nivel de participación en la vida de la iglesia?
  4. d) ¿Conoce la iglesia quién eres?
  5. e) ¿Saben tus pastores y líderes cómo ministrar correctamente a tus necesidades?
  6. f) ¿Estás esperando hasta encontrar la iglesia perfecta?
  7. g) ¿No quieres comprometerte?
  8. h) ¿Compartes tu caminar con otros creyentes?
  9. i) ¿Crees que formalizar tu membresía en la iglesia no es bíblico? Lee los versículos que se mencionan más adelante.

La iglesia no es un evento para espectadores; es un caminar donde nos acompañamos, requiere que visite más allá de los domingos, pero también una disposición de conocer, de darme a conocer, de compartir mi vida.  “Amaos los unos a los otros”, “perdonaos los unos a los otros” donde primero se practica es en la iglesia, se aprende, pero también se pone en práctica. Responsabilidad mutua de ayudarnos a crecer los unos a los otros. Eso no se logra quedándonos en la periferia.

Formalizar esa pertenencia no es un simple papel, es una declaración de compromiso frente a ese cuerpo de Cristo, de dar y darme a esa iglesia local. Dar me hace bien, pues,

Indicaciones en la Palabra de que sí había un registro o conteo de personas en las iglesias (Hechos 2:41, Hechos 4:4), en Romanos 16 Pablo escribe recomendando a Febe para que la reciban en la iglesia del lugar donde se iba a mudar; así mismo lo vemos en 2ª Corintios 3:1; en 1ª Timoteo se habla de la lista de viudas, en Hebreos 13:17 se habla de que los pastores deben dar cuentas de las ovejas; pero ¿cómo van a dar cuenta de alguien si no saben quiénes son?  ¿cómo pueden saber por quién orar, si nos mantenemos en anonimato?

Testimonio de María Luisa Pedemonte

Durante años pospuse hacerme miembro de la iglesia y me mantuve asistiendo como si se tratara de buscar una orden en la ventanilla de comida para llevar; solo recibiendo del Señor. Al integrarme a grupos pequeños de estudios bíblicos de mujeres, fui conociendo otras hermanas mientras el Señor me impulsaba a darle la prioridad a Él, pues, ya que tengo vida por Él, debo vivir para Él.

Algunas razones por las cuales te invito a integrarte formalmente en tu iglesia local:

  1. a) ¿Por qué solo asistir como si la iglesia fuera un restaurant de comida para llevar, sin preocuparme cómo camina Su obra? No estamos aquí solo para ser servidas sino para servir. Por la salvación en Cristo ya soy miembro de Su cuerpo, no integrarme me convierte un miembro disfuncional; permanezco como un adorno mientras al cuerpo de Cristo le hace falta lo que puedo dar; soy una pieza en ese rompecabezas y debo ocupar mi lugar cumpliendo el propósito para el cual Dios me ha llevado allí.
  2. b) El dolor por malas experiencias anteriores no debe impedirte formalizar tu participación en una nueva iglesia de sana doctrina;
  3. c) No tengas miedo de desterrar los ídolos que no quieres dejar y pon al Señor en primer lugar; vence el miedo al compromiso, a formar parte y a tener que conocer personas de la iglesia.

Y tú, ¿pudiste identificar cuál es tu excusa a la falta de conexión con tu iglesia o para no formalizar tu participación en tu iglesia local,?

 

 

EZER

17 de Enero de 2018

La iglesia y yo (2da parte)

(Segunda parte sermón pastor Héctor Salcedo)

Con estos sermones el pastor Héctor Salcedo persigue arrojar luz de Su Palabra para que hagamos las correcciones en nuestra manera de pensar sobre ser miembros del cuerpo de Cristo, ya que las cosas o situaciones que suceden en la iglesia deben ser importantes para nosotras como hijas de Dios.

En el sermón cuya reseña mediante una serie de preguntas se publicó ayer, el pastor nos trajo una definición de iglesia basada en las afirmaciones de Jesús sobre la misma; en virtud de esas afirmaciones que encontramos en Mateo 16:13-18 y Mateo 18:15-20 la que copiamos nuevamente para edificación de todas:

Un grupo de personas redimidas por Cristo, propiedad de Cristo, y llamadas por Cristo a ser diferentes al mundo que tiene una garantía de victoria por encima de todo, con el deber mutuo de velar los unos por los otros en su caminar de santidad.

En la segunda parte del sermón que puedes ver en este enlace https://youtu.be/Gnhk_qPOJh,  el pastor reflexiona que el concepto de Jesús de la iglesia junto con las metáforas con que la Biblia llama  a la iglesia, debería producir en nosotras un gran entusiasmo, un cambio en nuestra manera de pensar y de actuar con respecto a la misma, veamos algunas de esas metáforas (no hablan de lo que la iglesia es en su totalidad pero en conjunto, sí):  

-       La Novia de Cristo: nos habla de la devoción de Cristo a Su iglesia (Efesios 5)

-       El Ejército de Dios (2ª Timoteo 2:3-4)

-       Pueblo escogido, real sacerdocio, nación santa (1ª Pedro 2:9-10) 

-       Templo de Dios (1ª Corintios 3:16)

-       Viñedo donde somos las ramas, Cristo es la Vid y el Padre, el Viñador (Juan 15) 

-       Ovejas del Buen Pastor (1ª Pedro 2:25)

-       Reino de Dios (Colosenses 1:13)

-       La familia de Dios (Efesios 2:19)

-       El Cuerpo de Cristo (1ª Corintios 12)

Saber que soy parte de Su Novia a Quien Él ama, que he sido llamada a luchar por Su causa, y todo lo demás que implica cada una de esas metáforas ¿me anima a hacer vida de iglesia? ¿infunde en mí el deseo de colaborar, de contribuir a Su causa, a la extensión de Su Reino del cual ya soy parte por Su gracia?

No es lo mismo una iglesia grande (edificio grande, grandes actividades) que una gran iglesia (los que llegan se comprometen, se aman unos a otros, contribuir al caminar de santidad de los demás).

¿Cómo me dedico a hacer de mi iglesia una gran iglesia? ¿Me conformo con que sea una iglesia grande? ¿Cuál trae gloria a Dios? 

¿Cómo luce una mujer cristiana comprometida con la iglesia de Cristo?

1) Involucrada en la vida de la iglesia:

  1. a. Es intencional en involucrarse en la vida de la iglesia porque sabe que Cristo la ha hecho parte de esa familia. 
  2. b. Estudia y vive Hechos 2:41-42 donde se narra la vida de la iglesia en sus inicios. 
  3. c. Desde su conversión, sabe que el bautismo es obligatorio, ya que es un testimonio del cambio que se ha producido en su vida.  No lo pospone, no busca excusas, no tiene temor de testificar que ha entregado su vida a Cristo y ha decidido seguirlo a Él.
  4. d. Pone en práctica esos versículos haciendo lo que hacían los cristianos en las reuniones, tiene koinonía, es decir, asiste a las reuniones de Santa Cena, a compartir el pan y el vino tal como Cristo lo había ordenado para Su recordación y edificación. 
  5. e. Es relacional porque sabe que ha sido creada a imagen y semejanza de Dios. 
  6. f. Se involucra en la vida de la iglesia y en la de los hermanos, conoce sus dificultades, sus temores, etc. para ayudar físicamente si se puede, o a través de la ministración del consuelo de Dios. 
  7. g. Ora a Dios para amar a los hermanos como Dios la ama a ella a pesar de ser pecadora. Procura oportunidades de ministrarles Su amor. 
  8. h. Por esa razón asiste a grupos pequeños (niños, jóvenes, matrimonios, etcétera), con los cuales pueda involucrarse.

Testimonio e invitación de Mayra Beltrán de Ortiz (sobre las reuniones de oración comunitaria)

  1. a. No sabemos orar y necesitamos al cuerpo de Cristo para todo, incluyendo la oración.
  2. b. La Palabra nos exhorta a orar con y por los hermanos:
  3.     Santiago 4:2-3: "No tenéis, porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís con malos propósitos, para gastarlo en vuestros placeres."
  4.     Santiago 5:16: "Por tanto, confesaos vuestros pecados unos a otros, y orad unos por otros para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede lograr mucho."
  5.     Efesios 6:18: “Con toda oración y súplica orad en todo tiempo en el Espíritu, y así, velad con toda perseverancia y súplica por todos los santos”.
  1. c. La oración comunitaria nos edifica y nos unifica.
  2. d. En medio de pruebas y situaciones difíciles escucho a otros levantarme al Trono de la gracia.
  3. e. Al interceder por otros, me acerco a ese hermano, a su situación y soy edificada en el amor por el otro.
  4. f. Promuevo que más personas se unan a la oración comunitaria.
  5. g. Nos acercamos más a Dios y a nuestros hermanos.
  6. h. Nos permite practicar el amar a Dios por sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotras mismas.
  7. i. Lloramos y gozamos con el otro, al elevar acciones de gracias cuando Dios ha respondido. 
  8. j. Me siento más unida al cuerpo de Cristo, siento más amor por mis hermanos.

¿Y tú, qué esperas para involucrarte en tu iglesia local? ¡Recuerda que Cristo no murió para que corras la carrera cristiana sola!

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