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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es médico de profesión y pastor de vocación, con una maestría en Teología del Southern Baptist School for Biblical Studies. Desde el año 1998 ha sido pastor titular de la Iglesia Bautista Internacional de Santo Domingo, República Dominicana, y en la actualidad dirige su cuerpo de pastores. Adicionalmente es fundador y presidente de Ministerios Integridad Sabiduría®, una organización sin fines de lucro que tiene la visión de contribuir a cambiar la sociedad de nuestros días sembrando la Palabra de Dios por medio de recursos audiovisuales y literarios.

El Dr. Núñez es presidente y fundador del Instituto Integridad y Sabiduría, donde también es profesor de diferentes materias que componen el programa de estudios. También dirige y participa en la conducción del programa televisivo semanal Respuestas, Verdades absolutas para un mundo relativo®. Está casado con la Dra. Catherine Scheraldi.

 

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Aprendiendo a orar y esperar con la iglesia primitiva” basado en Hechos 11:27-30 / 12:25 / 13: 1-3. Este sermón es una continuación de la serie “Hasta los confines de la tierra”.

En el capítulo 13 del libro de los Hechos comienza toda una nueva etapa de desarrollo de la iglesia y la expansión del Evangelio, lo cual da cumplimiento a la promesa del Señor Jesús en Hechos 1:8. A partir de aquí, el apóstol por excelencia para llevar a cabo la última etapa de la gran comisión hasta los confines de la tierra fue el apóstol Pablo.

Como vimos la semana pasada, la iglesia de Antioquía había comenzado a tomar lo cual lleva a algunos profetas de Jerusalén a descender hacia esa ciudad. Uno de estos profetas se llamaba Agabo; es por medio de él que el Espíritu de Dios reveló que había una gran hambre que vendría sobre toda la tierra. Los hermanos que ya se reunían en la iglesia de Antioquía decidieron tomar una ofrenda para ayudar a los hermanos que habitaban en Judea lo cual nos habla del espíritu dadivoso y servicial de la iglesia primitiva que debe permear en toda iglesia que es llena del Espíritu de Dios. La llenura del espíritu puede ser una disposición interna del creyente, pero tiene una manifestación externa hacia los demás. Según Hechos 11:30, esta contribución fue enviada a Jerusalén con Bernabé y Saulo (o Pablo).

Es durante el tiempo que Saulo y Bernabé pasaron en Jerusalén que ocurre el apresamiento y liberación milagrosa de Pedro. También es durante ese tiempo que el rey Herodes cae muerto por no haber dado la gloria a Dios (Hechos 12). Después de haber llevado a cabo su misión ellos regresaron a Antioquía y llevaron consigo a Juan (o Marcos), el autor del libro de Marcos.

Hechos 13 nos da cinco nombres de profetas y maestros: Bernabé, Simón llamado Niger, Lucio de Cirene, Manaén y Saulo. Había una gran necesidad de llevar el evangelio de Jerusalén hasta el último rincón de la tierra y no sabían cómo. Por tanto, en vez dedicarse a estudiar el problema, la iglesia se dedicó a orar y ayunar hasta que el Espíritu de Dios les habló de apartar a Bernabé y a Saulo para la obra a la que Dios los había llamado.

Todos queremos ser guiados por el Espíritu como esta iglesia, pero no sabemos cómo ser guiados por el Espíritu. Romanos 8:14 dice que todos los hijos de Dios somos guiados por el Espíritu de manera que no necesitas hacer algo para que el Espíritu te guíe. Sin embargo, no todas las vidas de los hijos de Dios están siendo guiadas por el Espíritu, lo cual es una paradoja. Esto se debe a la oposición que ofrecemos a la guía del Espíritu. Dios usa la oración para ayudarme a rendir la voluntad a los propósitos de Dios y así dejar que el Espíritu tome control de mis acciones. El impulso primario de nuestra oración no debe ser lo que está en nuestro corazón, sino lo que está en el corazón de Dios. Si no pedimos conforme a Su voluntad, Él no nos oye (1 Juan 5:14) y si vivimos violando Su voluntad, mucho menos (Salmos 66:18). La voluntad tiene que ser rendida al Señor como requisito para la oración efectiva. Mientras menos oración tengo en mi vida, más oposición ofrezco a la dirección del Espíritu, por ende, menos llenura disfruto y más desobediencia caracteriza mi vida.

Cuando el Espíritu comunicó a la iglesia de Antioquía que separara a Bernabé y Saulo, no fue una decisión fácil: Dios estaba sacando de la iglesia de Antioquía a sus dos mejores maestros. Entonces, la Iglesia respondió con más oración (versículo 3). La oración engendra oración y la falta de oración da lugar a más tiempo sin oración. La oración, mi obediencia y la concesión de mis peticiones van de la mano (Hebreos 5:7).

Vemos que ellos al enviar a Bernabé y a Saulo, combinaron la oración con el ayuno. El ayuno nos ayuda a emplear tiempo extendido en oración y reflexión acerca de los propósitos de Dios. También nos ayuda a rendir la voluntad porque estamos ejerciendo el dominio propio al negarnos una de las necesidades más imperiosas: el ingerir alimentos.

Si Dios abre su trono para recibirnos en oración, más vale que respondamos a su invitación. Tú no rechazas la invitación del autor de la vida y el autor y consumador de nuestra fe. Si Cristo no envió a la iglesia al campo misionero, sin ponerla a orar primero, no nos atrevamos nosotros a plantar una próxima iglesia sin ponernos de rodillas. Si la iglesia primitiva, fue dirigida a apartar a Bernabé y a Saulo, para la obra misionera, pongámonos a orar para ver a quienes quiere apartar Dios.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “El dolor, la oración y la soberanía de Dios… todos inescrutables” basado en Hechos 12:1-19. Esta predica es una continuación de la serie de Hechos titulada “Hasta los confines de la tierra”.

El dolor es la hormona de crecimiento del cristiano y el abono de la vida de oración.La iglesia de nuestros días está enferma porque quiere planificar sin oración, quiere milagros sin fe y quiere triunfar sin glorificar a su Dios. Mientras que nuestro Dios es inescrutable, los medio a través de los cuales Él obra son claramente discernibles en Su palabra.

Jesús promete gozo a pesar de dolor, amenazas sin intimidación y tribulación continua, algo que vemos en que la tristeza de la persecución de la iglesia de Jerusalén se dio de manera paralela y con el gozo de Samaria. Poco tiempo después vimos la conversión de Cornelio y la entrada del evangelio al mundo gentil, lo cual produjo un gran gozo (Cap. 10 y 11). Ahora, en el capítulo 12, comenzamos a ver la muerte de Jacobo, el primero de los 12 que fue martirizado. En esta misma historia, Pedro, quien también formó parte de los 12, es apresado, pero es libertado de la cárcel por medio de la intervención de un ángel.

El texto de hoy comienza diciéndonos que, “por aquel tiempo el rey Herodes echó mano a algunos que pertenecían a la iglesia para maltratarlos” (Hechos 12:1). Este Herodes era Herodes Agripa I, nieto del Herodes responsable de la matanza de los niños cuando Jesús nació. Este Herodes era un individuo muy astuto e hipócrita, cuando estaba con los romanos, hacía como los romanos y cuando estaba con los judíos quería congraciarse con ellos. Cuando vio que los judíos se alegraron con la muerte de Jacobo, les echó manos a Pedro con la idea de matarlo también. En este momento, la iglesia pudo haber adoptado una actitud pesimista. Pero en vez, la iglesia primitiva oró. Ya habían perdido a muchos de sus hombres valiosos, pero no habían perdido su fe ni su confianza en el poder de la oración (v.5).

Herodes apresó a Pedro, PERO la iglesia estaba libre y reunida. Herodes, silenció la predicación de Pedro al apresarlo, PERO no a la iglesia que oraba fervientemente. La oración no garantiza los resultados: Jesús oró para que pasara esa copa amarga y después de orar lo clavaron a un madero. Pero la oración le permitió morir perdonando a sus acusadores y proyectando una sombra grande de lo grande que es la misericordia de Dios. Sin orar no puedes hacer eso; la oración nos prepara para el dolor y nos enseña a hacer lucir grande a mi Dios.

El versículo 7 nos dice que el ángel que se le apareció a Pedro le tocó en el costado, lo despertó y le dijo levántate pronto y que de inmediato las cadenas cayeron de sus manos. Pedro pasó las dos guardias y cuando llegaron a la puerta de hierro que conducía a la ciudad, se abrió por sí misma, salieron y siguieron por una calle (v.10). Es en ese momento, dice Lucas que Pedro volvió en sí y se percató de que el Señor le había enviado un ángel para rescatarlo de la mano de Herodes. En ese momento, se dirigió a la casa de María y al llegar allí, Pedro se encontró con muchos que estaban reunidos y orando (v.12). Pedro toca la puerta y sale una criada llamada Rode y al reconocer la voz de Pedro, corrió adentro y anunció que Pedro estaba a la puerta (v.14). Uno pensaría que, si estaban orando por la liberación de Pedro, al escuchar la noticia ellos la hubiesen interpretado como una respuesta a sus oraciones; pero no fue así (v.15). Esto nos da una idea de hasta dónde llega la incredulidad del humano: antes de creer que era Pedro, prefirieron creer que este era su ángel después que éste había muerto.

Cuando finalmente comprobaron que si era Pedro, el gozo produjo una gran algarabía entre ellos hasta que Pedro los hizo guardar silencio ya que no lo podían descubrir. Por esa razón, Pedro se fue a oro lugar después que él les diera instrucción de contar de contar estas cosas a Jacobo, o Santiago, y a los demás hermanos.

La sangre de los mártires es la semilla de la iglesia. Las lágrimas de la iglesia es el agua que moja la tierra donde la semilla es plantada. La oración del pueblo de Dios es el poder en medio de la debilidad. La gracia de Dios es el sustento en el desierto. El gozo de Sus hijos es experimentado en medio del gemido de toda la creación. La fe en el presente alimenta la esperanza venidera. Y el carácter de Dios, santo, bondadoso, justo, fiel, amoroso, soberano, omnipotente, es nuestra garantía.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “La gran comisión en ejecución” basado en Hechos 11 como una continuación de la serie “Hasta los confines de la tierra”.

El libro de los Hechos es un libro acerca de la iglesia: su nacimiento, su crecimiento y su expansión. Nosotros vimos en capítulos anteriores como la Iglesia inició en Jerusalén y cómo se expandió hasta Judea y Samaria a partir de una persecución (Hechos 8). Aquellos que iban huyendo, iban compartiendo el evangelio con las personas con quienes ellos entraban en contacto. De manera que la expansión de la fe cristiana, no ocurrió tanto por la predicación “profesional” de los apóstoles, sino por el testimonio personal de la obra extraordinaria del Espíritu de Dios en personas ordinarias. 

La unión de judíos y gentiles era algo que Dios estaba amalgamando. Mientras tanto, los judíos que quedaron en Jerusalén estaban en total desconocimiento de esta nueva revelación de Dios para Pedro y, en último caso, para el resto de la iglesia. Esto que le aconteció a Pedro, comenzó a correr y la noticia llegó a Jerusalén. El chisme llegó a Jerusalén primero que Pedro y eso creó un problema. Pedro no había tenido una sola oportunidad de explicar lo que Dios estaba haciendo como parte de la Gran Comisión que había iniciado, y ya estaba condenado. Al explicar lo ocurrido con Cornelio, finalmente hubo un cambio de actitud (v.18) al entender que Dios estaba haciendo algo nuevo.

Si quieres unirte a Dios en su plan de redención, primero tienes que estar dispuesto a someterte a los planes de Dios—Pedro obedeció a la visión y a la voz de Dios. Segundo, necesitas estar dispuesto a tomar riesgos—Pedro comió con gentiles. Tercero, tienes que estar dispuesto a ser rechazado y condenado como pasó con Pedro en Jerusalén. Finalmente, necesitas reconocer que Dios nunca nos pedirá permiso para saber si puede salvar a alguien de una manera que a nosotros no nos parece adecuada—como Pedro comiendo con gentiles siendo judío.

Cuando se desató la persecución, hubo creyentes que salieron corriendo yllegaron hasta ciudades que no eran predominantemente judías como Fenicia, Chipre y Antioquía. Antioquía era una ciudad crucial; era la tercera ciudad en importancia en todo el imperio romano después de Roma y de Alejandría. En aquella ciudad había 5 culturas diferentes representadas lo cual lo hacía el lugar ideal para el desarrollo de la Gran Comisión. Era una ciudad cosmopolita de mucha perversión, pero, en medio de esa corrupción, Dios planta una de las iglesias más importantes y exitosas (v.21) de toda la historia; allí nació el movimiento misionero. Estas grandes conversiones no ocurrieron por vía de la predicación de los apóstoles, ni líderes conocidos, sino por cristianos que huían de la persecución y compartían sus testimonios. Dios no necesita de grandes nombres para hacer grandes cosas porque Él por si solo es más grande que cualquier circunstancia u oposición.

A la iglesia en Jerusalén se le hacía difícil creer que una ciudad tan corrupta como la de Antioquía pudiera ser la receptora de la gracia de Dios entonces eligieron a la persona ideal para investigar: Bernabé. Al llegar, Bernabé no vio simplemente una gran cantidad de personas convirtiéndose al Señor, sino a “la gracia de Dios y al verla se regocijó” y luego “animaba a todos para que con corazón firme permanecieron fieles al Señor” (v.23). Dios estaba alcanzando a aquella población moralmente corrupta con Su gracia. Hay una sola forma de cómo esto podía ocurrir y es a través de la gracia de Dios que abre el entendimiento de los incrédulos para que puedan entender el evangelio.  

Todos quisiéramos ser como Bernabé, ya que “era un hombre bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe” (v.24). Romanos 3 dice que no hay nadie bueno, pero en múltiples ocasiones la Palabra habla de hombres que fueron justos, humildes y en este caso incluso, buenos para hablar de personas que, aunque fuesen pecadores estaban caminando irreprochablemente en la vida cristiana delante de los hombres. La clave de Bernabé para llegar a ser un hombre bueno era porque estaba lleno del espíritu Santo y de fe, rendido a la acción del Espíritu que mora en él. Todo cristiano tiene la plenitud del Espíritu de Dios morando en su interior, pero algunos tienen más rebelión, resistencia y menos grado de rendición a su acción. Mientras que otros han llegado a ser hombres y mujeres rendidos a los propósitos de Dios, a través de quienes Dios se complace en hacer fluir Su gracia y Su poder hacia los demás.

Bernabé, en su humildad, al ver a tanta gente convertida en la iglesia de Antioquía, se percató de que no tenía los dones y talentos requeridos para disimular a toda esta gente entonces salió rumbo a Tarso para buscar a Saulo, o Pablo (v.25). Llegó a Tarso y tan pronto se encontró a Saulo lo trajo a Antioquía; se reunieron con la iglesia por todo un año enseñándole a las multitudes (v.26). El texto que leímos hoy concluye diciendo que a los discípulos se les denominó cristianos por primera vez en Antioquia.

Esta semana, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Una nueva visión para una nueva misión (parte II)” basado en Hechos 10:24-48, como una continuación a la serie “Hasta los confines de la tierra”.

Cuando Pedro finalmente llega a donde Cornelio, él explica como vio un hombre con vestiduras resplandecientes quien le instruyó a buscar a Pedro quien tenía un mensaje que necesitaba escuchar: el evangelio. Hasta ese momento Pedro creía que la salvación pertenecía solamente a los judíos; pero ahora entendía que Dios no hacia acepción de personas. El mensaje que Pedro le predicó giró en torno a la persona de Jesús, exponiendo seis aspectos principales acerca de El:

1. El Señorío de Cristo

El señorío de Cristo implica que Dios Padre ha delegado en el Hijo todos los derechos de propiedad de toda la creación, los derechos de gobierno tanto en el cielo y en la tierra como debajo de la tierra. Como propietario de la creación, Él posee autoridad ilimitada sobre ángeles, potestades, poderes y dominios, caídos y no caídos junto con el poder de juzgar a todas las criaturas. Esto implica que nuestra desobediencia representa un desafío a la autoridad de Aquel que no solo murió por mí para comprar mi libertad, sino de Aquel que tiene completa autoridad para juzgarme hasta el punto de poder ejercer dicha autoridad para salvarme o condenarme.

2. El mensaje del evangelio que termina la enemistad entre Dios y el hombre (v.36)

La palabra de Dios establece que el hombre que no conoce a Cristo está en enemistad contra él (Romanos 5:10) y que el único mensaje que puede poner fin a dicha enemistad es el mensaje del evangelio que trae convicción de pecado al hombre y lo llama arrepentirse y buscar el perdón de Dios. Cuando ese hombre hace eso, él debe entender que al mismo tiempo necesita hacer entrega de su vida al Jesús reconociéndolo como su Salvador y Señor. Ese mensaje que conocemos como el evangelio está directamente relacionado a la vida, crucifixión y resurrección y aún la ascensión de Cristo a los cielos desde donde Él gobierna.

3. La vida de Cristo (v.37-39)

La vida de Jesús es importante para tu salvación y la mía porque para entrar al reino de los cielos es necesario cumplir a cabalidad con la ley de Dios y ninguna persona ha podido hacerlo, excepto Jesús. Es la obediencia de Cristo que es contada a mi favor. Durante Su vida, Jesús cumplió la ley de principio a fin, desde que nació hasta que murió: esto es lo que ha sido llamado la obediencia activa de Jesús.

4. La crucifixión de Cristo (v.39b)

Jesús termina en la cruz porque Él vino a tomar mi lugar; tomó mi lugar cuando vivió la vida de obediencia y tomó mi lugar cuando fue crucificado en un madero. Cuando El obedeció, el Padre contó Su obediencia como si fuera la mía y cuando Jesús murió cruelmente, el Padre contó el juicio que cayó sobre Él como si hubiese caído sobre mí. Esta es la razón por la que entramos al reino de los cielos. Como Jesús ya sufrió en la cruz por mis pecados, ya yo no tengo que sufrir; cada vez que pido perdón al Padre por ellos, soy perdonado.

5. La resurrección de Cristo (v.40-41)

La resurrección de Jesús al tercer día, es la evidencia de que Cristo había cumplido con la ley de Dios a cabalidad y que, por tanto, había complacido al Padre en la misión que se le había encomendado. La resurrección fue el amén del padre a un sacrificio perfecto. Esta confirma que Él es quien dijo que era: Dios encarnado y testifica acerca del hecho que Su sacrificio fue encontrado perfecto y suficiente para perdonar los pecados de aquellos por quienes Él vino a morir. Un Cristo sin resurrección representaría una humanidad sin esperanza. Hubiese debilitado Su mensaje y hubiese desacreditado toda Su vida; pero no fue así.

6. Cristo como juez de los vivos y de los muertos (v.42) 

El hombre tendrá que rendir cuentas ante Jesús al final de sus días en la tierra porque Él ha sido designado como juez de los vivos y de los muertos. Si el señorío de Cristo es completo, Él es juez al final de los tiempos (Juan 5:22-23; 2 Corintios 5:10).

 

Pedro concluye su mensaje de una manera que suena como una invitación a recibir salvación de parte de Jesús (v.43).Todo el que cree en Él, su vida, muerte, resurrección y señorío recibe perdón de pecados.

Esta semana, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Una nueva visión para una nueva misión” basado en Hechos 10:1-23 como una continuación a la serie “Hasta los confines de la tierra”.

Al pensar en la evangelización, se pudiese decir que la gran comisión ha sido la más grande visión que Dios le haya dado a Su iglesia. El evangelio había comenzado a expandirse a partir del día de Pentecostés y Dios comienza a moverse para expandir el evangelio al mundo gentil; pero primero había que cambiar a Pedro y había que tumbar la barrera de separación que existía entre judíos y gentiles.

La visión descrita en Hechos 10:1-23 fue sumamente chocante para Pedro porque, después de cientos de años de restricción alimenticia de parte de Dios, una voz proveniente del cielo le ordenó comer de todo tipo de animales. La eliminación de ciertos alimentos era una forma de Dios mantener a Su pueblo separado de la corrupción moral durante el período en que Israel estuvo rodeado de naciones paganas. Ahora que la era de la ley había quedado atrás, Dios estaba removiendo la limitación de los alimentos, usando ese evento para dar a entender que ya no habría ni judíos ni gentiles, sino que todos seríamos un mismo pueblo ante Dios.

La historia nos habla de un hombre llamado Cornelio que vivía en Cesarea. Era un centurión romano piadoso y temeroso de Dios; daba muchas limosnas y oraba continuamente. A pesar de su buena moralidad, sus obras de bien y de su creencia en el Dios creador, este hombre no tenía salvación. De este hombre y de su historia, podemos aprender varias lecciones:  

1. La moralidad, religiosidad, y buenas intenciones del hombre no pueden salvar (Hechos 10:4-8).

Se requiere un encuentro personal con la persona de Jesús; un arrepentimiento y pedida de perdón en base a la cruz de Cristo y una aceptación de Cristo como Señor y Salvador.

2. Dios escucha todas las oraciones, pero las responde conforme a Sus propósitos.

Cornelio oraba y dichas oraciones subieron hasta los cielos las cuales Dios respondió revelando el instrumento que le predicaría el evangelio a él y su familia: Pedro. 

3. La labor de predicación del evangelio nos toca a nosotros y eso es un gran privilegio.

Hubiese sido más fácil y mas rápido que el mismo ángel le predicara a Cornelio el evangelio. ¡Pero no! 2 Corintios 5:18 dice que Dios nos ha dado a los redimidos el ministerio de la reconciliación, no a los ángeles. ¡Qué enorme privilegio!

Cornelio no sabe porque el ángel le estaba pidiendo que enviara a buscar a Pedro, pero como buen soldado, él inmediatamente obedeció la orden y envió a dos de sus criados.

4. Una persona con verdadero temor de Dios busca obedecer a Dios independientemente de las circunstancias y del costo, como lo hizo Cornelio.

5. Usualmente, Dios está trabajando en mas de una persona al mismo tiempo para la realización de sus propósitos.

Dios le estaba hablando a Cornelio y a Pedro al mismo tiempo por medio de dos visiones distintas, pero unidas en propósito. Dios estaba trabajando en Cornelio para salvación y en Pedro para derribar una berrera de cientos de años (v.11-16).

6. Dios no acepta “un no” por respuesta.

En la visión, Dios ordena a Pedro a matar y a comer de los animales mostrados y Pedro responde con negación. El ángel tuvo que insistir con Pedro tres veces para que no llamara impuro lo que Dios había limpiado.

Dios no solo estaba trayendo una nueva visión para Su iglesia, sino que estaba formando un nuevo corazón en Pedro.

7. No llamemos impuro aquello que Dios ha limpiado.

En el caso de Pedro, estaba mal que llamara impuro a los alimentos que ya Dios se había declarado como limpios porque la aplicación iba más allá de la superficie: tenía que ver con no considerar a los gentiles como personas indignas.

Cuando los enviados de Cornelio llegan a Jope, se puede notar que Pedro ya había comenzado a cambiar porque él los invitó a entrar y los hospedó—algo que un judío jamás hubiese hecho. Muchas veces lo que nos impide ser hospitalario son prejuicios y una inversión de valores incorrectas con las cuales terminamos apreciando cosas que Dios no valora y rechazando a personas y relaciones que Dios ama profundamente.

8. Nuestra inversión de valores origina nuestros prejuicios como los tenía Pedro y el resto del pueblo judío contra el pueblo gentil.

Dios estaba rompiendo de una vez y para siempre con el prejuicio racial. Los judíos tenían sus valores invertidos. Ellos y nosotros tenemos que poseer una escala de valores radicalmente diferente a la del mundo o dejemos de llamarnos “el pueblo de Dios.”

Para muchos creyentes, bautizarse es un paso natural en su proceso de santificación y testimonio de su fe; para otros es sólo una opción para contemplar en algún momento. Pero, según las enseñanzas de Jesús, ¿es el bautismo es una opción o una orden? Si no me bautizo, ¿estoy desobedeciendo un mandato de las escrituras?

Escucha esta breve reflexión del pastor Miguel Núñez y medita en un tema tan importante como éste.

En celebración de este domingo de resurrección, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “La Resurrección como piedra de tropiezo” basado en Hechos 17:22-34.

Estamos más acostumbrados a escuchar acerca de la cruz como una piedra de tropiezo o como roca de escándalo (1 Pedro 2:8). Sin embargo, en la resurrección de Jesús son muchos los que han tropezado y siguen tropezando (Lucas 24:11; Marcos 16:11). Es con esto en mente que analizaremos el sermón de Pablo en el areópago de Atenas en su segundo viaje misionero. Al proclamar el evangelio en ese viaje hubo tres reacciones al escuchar de la resurrección: burla; incredulidad; y los pocos que llegaron a creer (Mateo 16:21; Mateo 17:22-23; Mateo 20:17-19).  

Creer en la resurrección no solo requiere una obra de iluminación de la mente de parte del Espíritu Santo, sino que también requiere que entendamos las 4 etapas que resumen la teología de toda la Biblia. Con eso, veamos el mensaje de Pablo ante el areópago mejor entender esas cuatro etapas.

En la primera etapa, la creación, todo fue bueno en gran manera; hasta ese momento, la muerte no formaba parte de la humanidad. En el texto, Pablo declara que Dios es Señor del cielo y de la tierra. Ese Dios no puede ser contenido en un templo porque su infinidad lo llena todo; es auto-existente y auto-suficiente. Pablo hace referencia a este hecho porque era común en la antigüedad el servir comidas y frutas a los dioses como una forma de honrarlos y alimentarlos. El Dios a quien nosotros servimos tiene en Sí mismo el poder de existir y por tanto tiene el poder de dar vida a todo lo que existe (v.25).

Después de la creación, hubo una caída—la segunda etapa de la teología bíblica. Aunque Pablo no habla específicamente de la caída del hombre, sí nos deja ver esa etapa implícitamente. Cuando Adán cae, el hombre se pierde.  En su perdición, ese hombre estaba en necesidad de encontrarse con Dios. Ciertamente, Dios no está lejos de ninguno de nosotros porque él se ha revelado en la conciencia del hombre y se ha revelado en su propia creación (Romanos 1:19-21).

Pablo después comienza a hablar de la tercera etapa, la redención (v.30-31). Pablo supo cómo confrontar a esta población religiosa: primero con su ignorancia al hablarles de que ellos adoraban a un dios desconocido, mientras que Pablo proclamaba a ese Dios que ellos desconocían quien es Creador del cielo y de la tierra. Luego Pablo les habla de que estaban perdidos y que necesitaban buscar de ese Dios (v.27) y arrepentirse ya que hay un juicio que Dios ha establecido para todo el mundo conforme a su justicia (v.30-31). De hecho, Pablo les dice que por un tiempo Dios pasó por alto sus pecados en los tiempos de ignorancia, pero que ahora Dios ha declarado en todas partes la necesidad que los hombres tienen de arrepentimiento antes de que el juicio final ocurra.

Finalmente, Pablo aborda someramente la cuarta etapa—la glorificación—cuando menciona la resurrección de los muertos. En cierta medida la resurrección de Cristo dio inicio a la etapa de la glorificación porque es la resurrección de Cristo que apunta y garantiza la resurrección de aquellos que hemos muerto en él. Pero inmediatamente vemos la incredulidad de parte de los atenienses en la resurrección.La audiencia escuchó a Pablo con cierto interés mientras que les hablaba del Dios creador, sustentador y auto-existente, en quien nosotros vivimos, nos movemos y existimos; pero cuando les habló de la resurrección, algunos se burlaron, otros lo obviaron, y pocos creyeron.

La resurrección es crucial para la fe cristiana; sin resurrección, sería es una falsedad (1 Pedro 1:304; 1 Corintios 15:17-19). De ahí el interés de desacreditar la resurrección porque si dejas de creer en la resurrección, todo el árbol de la fe cristiana se viene abajo, pero no han podido hacerlo en dos mil años de historia. Nosotros no vivimos a la luz de lo que se conocía el viernes en la noche de aquel día; sino a la luz de la resurrección del domingo. La resurrección prueba que la verdad siempre prevalece sobre la mentira. Dos mil años después de la resurrección de Cristo, la fe cristiana hoy es mas fuerte y mas grande que en cualquier otro siglo.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “El Señor confirma a Sus mensajeros” basado en Hechos 9:31-43 como una continuación de la serie “Hasta los confines de la tierra”.

Mientras que Pablo iniciaba su ministerio en Antioquía, la fe se continuó extendiendo por Judea, Galilea y Samaria; ya no se limitaba a la ciudad de Jerusalén donde ocurrió Pentecostés. La clave de este crecimiento fue que la iglesia seguía creciendo “en el temor del Señor y en la fortaleza del Espíritu Santo” (v.31). Hechos 9:32-43, vemos a cuatro personajes—Pedro, Eneas, Tabita o Dorcas en griego, y Simón el curtidor, en cuya casa, Pedro se alojó por muchos días. También vemos varias ciudades—Lida, Sarónlo, y Jope—y dos milagros: primero a un paralítico que es sanado y después a una persona muerta es resucitada.

En el texto se nos dice que Pedro comenzó a viajar por aquellas regiones. Llegó hasta una ciudad de Judea, llamada Lida para visitar a los santos, o cristianos, que vivían en aquel lugar (v. 32). Al llegar se encontró con un hombre llamado Eneas, del cual solo sabemos que había estado postrado en cama por ocho años debido a una parálisis. Es aquí que vemos el primer milagro: cuando Pedro le dice “Eneas, Jesucristo te sana; levántate y haz tu cama”. Claramente Jesucristo es quien hace el milagro a través de Pedro ya que Pedro dijo, “Jesucristo te sana”. Dios puede hacer cualquier milagro sin la intervención de ningún ser humano, pero, usualmente lo hace de esa manera como una forma de confirmar a Sus enviados y el mensaje que dichos enviados están predicando. Sabemos que Dios confirmó el mensaje y el mensajero ese día por los resultados del milagro: el paralítico sanó y se levantó y todos los que vivían en Lida y en Sarónlo lo vieron y se convirtieron al Señor. El milagro produjo una mejoría sustancial de la calidad de vida de Eneas; pero más que eso, produjo que muchos recibieran salvación.

El siguiente milagro ocurrió en otra ciudad, llamada Jope. Lucas nos dice en el relato que en aquella ciudad había una discípula llamada Tabita o Dorcas, quien era una mujer rica en obras buenas. El versículo 37 nos dice que cuando ella enfermó y murió, su cuerpo fue lavado como era la costumbre y fue puesta en un aposento alto. Cuando los discípulos se enteraron de que Pedro estaba cerca de ahí, fueron a él y le rogaron que fuera a Jope. Cuando Pedro llegó, se acercó a ella y les pidió a todos que salieran. Se arrodilló y oró y volviéndose hacia el cadáver dijo: “Tabita, levántate”. Esa frase suena muy similar a las palabras de Jesús cuando resucitó a la hija de Jairo que tenía 12 años de edad. Jesús le dijo “talita cum”, qué significa “niña levántate”. Con este otro milagro, Pedro fue confirmado como mensajero del Señor de nuevo y el mensaje de salvación que él proclamaba resultó en la salvación de muchos que creyeron en el Señor (v.42).

Desde el punto de vista humano, Pedro fue a estas dos ciudades a sanar al paralítico y a resucitar a Dorcas, pero desde el punto de vista del plan de redención de Dios, visitó esos dos lugares primordialmente para traer salvación a muchos que habitaban ahí. Dios nunca está tan preocupado por las dolencias físicas de la humanidad como lo está por la enfermedad del alma de la misma humanidad. Un milagro es un hecho que nadie puede causar o explicar de manera natural y que requiere la intervención de Dios. Visto así, el mayor milagro que una persona pudiera experimentar o ver es la salvación de un pecador lo cual requiere algo que solo Dios puede realizar y que ocurre de parte de Dios de principio a fin.

En todos los casos de milagros vemos algunas cosas en común: ninguna persona podía valerse por sí misma y ninguna tenía esperanza de que alguien pudiera sanarlos. Así es el hombre que está condenado en delitos y pecados—está espiritualmente paralizado. Él puede escuchar el evangelio, y escuchar el llamado a salvación, pero no puede moverse para responder al llamado porque está paralizado. Su mente que está en oscuridad y por tanto no se somete a la ley de Dios. Al igual, su voluntad que está esclavizada al pecado y su perspectiva de la vida que se limita al aquí y al ahora. El hombre que no conoce a Cristo es engañado por Satanás y seducido por el mundo. Este hombre no puede ser ayudado por otro humano; solo Dios puede hacer algo por él, tal y como vemos en el caso de Dorcas y el paralítico.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Hasta los confines de la tierra: Avivamiento y evangelización” basado en Hechos 1:8.

Hechos 1:8 nos demuestra que, como hijos de Dios, nuestro objetivo debería ser alcanzar los "confines de la tierra” a través de un "avivamiento vía el Espíritu de Dios" usando el "evangelismo continuo para ser testigos de Él" utilizando el "discipulado." Al examinar el Nuevo Testamento, está claro que se fuimos dados la responsabilidad de llevar a cabo la Gran Comisión, algo por lo cual la mayoría de las personas en las iglesias hoy en día no muestran pasión. La cura a este problema espiritual es un avivamiento de creyentes e incrédulos por igual. Esto es un trabajo de Dios lo cual es presenta un enigma: si un avivamiento es fruto del obrar de Dios, ¿cómo lo logramos? Orad y rogad fervientemente al Señor de la cosecha. La oración ferviente es necesaria para que El Señor de la cosecha envíe a los obreros, porque la cosecha está más allá de nuestra sabiduría y habilidades y necesitamos ayuda divina en todos los sentidos.

En Lucas 11:9-13, después de hablarle a Sus discípulos sobre la cosecha, Jesús relacionó la oración con el dar del Espíritu. Los creyentes y los no creyentes necesitan al Espíritu Santo de diferentes maneras: los incrédulos necesitan el Espíritu de Dios porque, aparte de Él, no pueden nacer de nuevo. Del otro lado, los creyentes necesitamos el Espíritu Santo porque sin Su llenura no habrá ninguna pasión por evangelizar, la gran comisión, ni el discipulado. Entonces, la oración es nuestra forma de decir: Señor, somos personas pecaminosas que necesitan misericordia.

El avivamiento es el combustible para llevar a cabo la tarea y la evangelización es el instrumento. Dios nos dio Su Espíritu para llevar a cabo Su misión global, pero si el Espíritu no se mueve primero, los incrédulos escucharán el evangelio y permanecerán sin entendimiento y vida eterna.

El gran avivamiento que es descrito en Hechos 2 sucedió Por medio evangelismo personal—ese es el instrumento. La mayoría de las personas llegan a la fe a través del compartir el evangelio de parte de alguien cercano más que de pastores en el púlpito. Sin embargo, muchas personas parecen temerosas cuando se trata de compartir el Evangelio. Ese es el problema en muchos casos: si el evangelio no se predica, y si el carácter de Dios no se muestra en la predicación, la gente no ha escuchado y visto lo suficiente sobre el carácter salvador de nuestro Dios.

El pastor Miguel Núñez predicó el sermón “De rebelde a predicador – 2da parte” basado en Hechos 9:20-31, como continuación de la serie “Hasta los confines de la tierra”. Hoy continuaremos viendo la vida de Saulo, quien fue perseguido porque se llenó del Espíritu, se bautizó, e inmediatamente comenzó a “predicar a Jesús en las sinagogas, diciendo: el es el hijo de Dios.”

En los versículos 19-25, vemos que Saulo estuvo con los discípulos en Damasco varios días.  Tan pronto Pablo recobra la vista, Saulo comenzó a predicar a Jesús en las sinagogas afirmando que Él es el hijo de Dios. No necesitaba mucho entrenamiento para poder afirmar estas cosas; siendo fariseo, conocía bien las escrituras del Antiguo Testamento. La llenura del Espíritu que recibió cuando Ananías oró por él le dio entendimiento acerca de las escrituras que ya conocía. Ciertamente, Saulo podía dar testimonio fiel de que él era nueva criatura. Todavía no sabía mucho acerca de la teología del Nuevo Testamento, pero ya tenía pasión por Jesús. La vida de Saulo comenzó bien, con pasión y terminó mejor, con mayor. Eso le dio una orientación vertical a su vida: una búsqueda del reino de Dios antes que cualquier otra cosa. Saulo, crecía en entendimiento, valentía y en su habilidad para defender la fe hasta el punto que, los judíos que vivían en Damasco no podían refutar sus argumentos.

Es cuando Saulo regresa a Damasco que los judíos tratan de deshacerse de él hasta el punto que, “vigilaban las puertas día y noche con el propósito de matarlo…” (v. 24b). Pablo estaba bajo una persecución que continuó por la mayor parte de su vida. La vida cristiana conlleva riesgos de ser malentendidos, perder relaciones, ser tildado de mente estrecha y poco educado, perder ingresos, y en los casos más extremos, riesgos de perder la vida. Lamentablemente, cuando el cristiano valora estas cosas más que Cristo, terminará negando a Su Señor. El ser discípulo de Cristo tiene un costo y si no lo estás pagando, pregúntate que estás haciendo mal (Mateo 10:34-39).

De acuerdo a 2 Corintios 11:32-33, el gobernador de la ciudad bajo el rey Aretas había dado órdenes de vigilar la ciudad y apresar a Pablo. Esto ilustra como el Señor no necesariamente nos libra de los peligros, pero si nos acompaña en medio de ellos. Cuando estamos dispuestos a ser perseguidos por causa de Cristo, demostramos que Cristo ha llegado a ser nuestro máximo valor. Pero cuando no estamos dispuestos, demostramos que tenemos ídolos en nuestros corazones que representan el máximo valor. Nuestra mejor adoración se da cuando, hemos entregado a Dios en hechos o en disposición, lo mejor de nosotros. Pablo entregó su vida y por eso, la persecución no le hizo temer el perder la vida porque ya no la poseía; se la había entregado a Cristo.

Veamos a Pablo en Jerusalén para que veamos como la vida cristiana conlleva el rechazo aún muchas veces de tus propios hermanos en la fe. Cuando Saulo llega a Jerusalén, intentó juntarse con los discípulos, pero no querían pues no creían que Saulo había nacido de nuevo. Sin embargo, así como el Señor tenía a Ananías en Damasco para interceder por Saulo, tenía a Bernabé en Jerusalén para presentarlo ante los hermanos y convencerlos de que verdaderamente era un seguidor de Jesús. Obviamente, Bernabé era un hombre sin prejuicios y con discernimiento (Hechos 4) pues pudo reconocer que la conversión de Pablo era genuina y, por tanto, el actuó como su abogado defensor.

Finalmente, veamos a Pablo en Cesarea y en Tarso. Su tiempo ahí nos enseña que, en ocasiones, el mejor curso a tomar es retirarnos de la acción (v. 30-31). Pablo fue enviado a su ciudad natal: a Tarso y duró ahí entre 7-8 años hasta que Bernabé lo fuera a buscar para que fuera a ayudar en la iglesia de Antioquía, donde pasó otro año. Después de esto es que Pablo adquiere dimensión como misionero y se va a su primer viaje.

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