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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es médico de profesión y pastor de vocación, con una maestría en Teología del Southern Baptist School for Biblical Studies. Desde el año 1998 ha sido pastor titular de la Iglesia Bautista Internacional de Santo Domingo, República Dominicana, y en la actualidad dirige su cuerpo de pastores. Adicionalmente es fundador y presidente de Ministerios Integridad Sabiduría®, una organización sin fines de lucro que tiene la visión de contribuir a cambiar la sociedad de nuestros días sembrando la Palabra de Dios por medio de recursos audiovisuales y literarios.

El Dr. Núñez es presidente y fundador del Instituto Integridad y Sabiduría, donde también es profesor de diferentes materias que componen el programa de estudios. También dirige y participa en la conducción del programa televisivo semanal Respuestas, Verdades absolutas para un mundo relativo®. Está casado con la Dra. Catherine Scheraldi.

 

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón El Propósito de Dios Prevalecerá basado en Hechos 23:11-32.

09 de Junio de 2019

De perseguidor a perseguido

Este domingo, el pastor Miguel Núñez continuó la serie “Hasta los confines de la tierra” con el sermón titulado De perseguidor a perseguido basado en Hechos 22:1-16.

A lo largo de la historia de la iglesia han habido grandes conversiones pero ninguna transformación ha sido mas grande y mas estratégica que la conversión del apóstol Pablo. Era un hombre conocido por su ira contra el cristianismo y por ser un perseguidor acérrimo de la iglesia; un fariseo de fariseo que eventualmente pasó de perseguidor a perseguido. Aquel que con frecuencia buscaba cristianos para encarcelarlos terminó en mas cárceles que cualquier otro líder de la iglesia primitiva. Por eso yo he titulado mi mensaje de Perseguidor a Perseguido; la conversión de Pablo fue dramática, extraordinaria, y su influencia como la de ningún otro evangelista o predicador.

El apóstol Pablo estaba afanado por llegar a Jerusalén antes del día de Pentecostés y en su travesía fue advertido por el Espíritu de Dios de que en Jerusalén le esperaban cadenas y aflicciones. Pablo, sin embargo, dirigido por el Espíritu Santo, no se dejó disuadir y continuó su viaje. Entonces, Pablo llega a Jerusalén y es hospedado por un hermano de nombre Mnasón de Chipre. Al día siguiente, Pablo fue a visitar a Santiago, la cabeza de la iglesia junto a sus ancianos y les hace un recuento de todo lo que Dios había estado haciendo entre los gentiles. Habiendo cumplido con la visita protocolar a Jacobo, Pablo se propone ir al templo. Tan pronto llegó, unos judíos de Asia (Turquía) alborotan a la multitud y lo acusaban de profanar ese lugar santo. Los soldados luego llegaron a defender a Pablo, pero mientras tanto ya ellos estaban todo golpeados. La multitud gritaba una cosa y otros gritaban otra cosa de manera que el comandante no podía ni siquiera entender la razón por la que querían matar a Pablo. Finalmente, los soldados tuvieron que cargar a Pablo porque la multitud seguía gritando que “¡muera!” Cuando estaban a punto de meter a Pablo en el cuartel, Pablo preguntó al comandante si podía decir algo y él se lo concedió. Pablo hizo señal y cuando vio que la multitud se calmó comenzó a hablar. El capítulo 22 comienza con lo que les dijo: su testimonio de conversión.

1. Pablo como perseguidor del Señor o su vida  antes de que Cristo lo interceptara (Hechos 22:1-5).

En esencia, esto es lo que Pablo dice: ustedes no tienen razón para acusarme de ser anti-judío porque yo tengo mas credenciales que cualquiera de ustedes. Pablo comienza dirigiéndose a ellos de manera respetuosa—les llama, “Hermanos y padres” en el idioma hebreo o arameo. Luego establece su ciudad de origen, Tarso de Cilicia, una ciudad de cierta importancia. Se presenta como alguien educado bajo Gamaliel, un rabino judío altamente respetado con una reputación de ser un hombre conservador y amable, y alguien quien fue criado bajo estricta conformidad a la ley de Dios y celoso de las cosas de Dios como cualquier otro. Luego agrega que él fue “Perseguidor de este Camino hasta la muerte, encadenando y echando en cárceles tanto a hombres como a mujeres.” Pablo quería acabar con lo que ellos consideraban una secta; no solo quería sacarlos de Jerusalén, sino que quería hacerlos desaparecer. Era un hombre sin misericordia.

Lo paradójico es que Pablo creía en el Dios del Antiguo Testamento, pero aún creyendo en el Dios verdadero iba camino al infierno. No basta con creer en el Dios verdadero, es necesario creer lo que ese Dios verdadero ha revelado y rechazar todo lo que no ha revelado en Su palabra. Ser cristiano no salva; quien salva es Cristo cuando tú crees lo que Él ha dicho que tienes que creer para ser salvo. Pablo siguió la ley de Dios al dedillo; cumplió con Sus mandamientos, pero iba camino a la condenación eterna. Porque la salvación no es por obras. La salvación es por obediencia perfecta a la ley de Dios; pero como nadie puede hacer eso, entonces, Dios envió a Su Hijo para que Él cumpliera lo que nosotros no podíamos cumplir. Su obediencia perfecta fue contada como mía el día que yo deposite mi fe completamente en Él y solo en Él.

2. Un encuentro extraordinario con el Señor (Hechos 22:6-11).

Pablo perseguía la iglesia; pero Cristo le pregunta a Pablo “¿Porqué me persigues a mi? (Hechos 22:8). En otras palabras, Cristo está diciendo: el que persigue mi iglesia me persigue a mi porque ella, con todos sus defectos, fue comparada a precio de sangre. Llama la atención que los compañeros de Pablo vieron la luz; pero no oyeron la voz (Hechos 22:9). Ese encuentro pone claramente en evidencia que la salvación es del Señor y es una elección soberana. Pablo vio la luz y entendió el mensaje de salvación  a pesar de que era un perseguidor de Su iglesia; los demás vieron la luz, pero quedaron sin entendimiento.

Nota la disposición de obedecer de Pablo: el llama a Jesús, ¡Señor! Una vez tiene un encuentro con Cristo, Pablo no tiene “peros” o “si esto” o “y si aquello.” El creyente que tiene “peros” con Dios no ha comprendido el señorío de Cristo. Cristo tiene que ser Señor de nuestras mentes, emociones, y voluntades.

3. La encomienda del Señor para Pablo (Hechos 22:12-16).

Dios envía a un hombre piadoso de nombre Ananías con un mensaje para Saulo, o el apóstol Pablo. Este es el mensaje, “Y él dijo: “El Dios de nuestros padres te ha designado para que conozcas su voluntad, y para que veas al Justo y oigas palabra de su boca. “Porque testigo suyo serás a todos los hombres de lo que has visto y oído.”

Pablo llenó los requisitos para ser un testigo extraordinario—Pablo vio a Cristo y oyó de Cristo. Solo personas que hayan sido testigos oculares y que hayan sido afectados, tocados, transformados por esa gloria podrían testificar correctamente. No es lo mismo hablar de algo de lo que otros te han contado, que hablar de algo que tú has presenciando. Pablo logró sacudir el mundo de su época por una verdad que a él lo había transformado. La pregunta es, ¿Qué fue lo que transformó la vida de Pablo y de otros en la iglesia primitiva? El conocer a profundidad el amor de Cristo que lo llevó a derramar sangre por ti para que hoy le honre con tu vida.

Pablo al ver y al oír, sintió una convicción que no lo dejó permanecer callado para el resto de sus días. Ese llamado a ser testigo de Su nombre no fue exclusivo para Pablo. La idea de convertirnos en testigos de Cristo es central a toda la historia del Nuevo Testamento. Para ser un buen testigo, necesitamos contemplar con detenimiento lo que ha sido narrado en la Palabra. Si solo lees la historia y le pasas por encima, quizás recuerdes los hechos; pero probablemente no haya transformación de tu vida. Hoy no podemos ver a Jesús como Pablo lo contempló, pero podemos verlo en Su Palabra. En el proceso descubrimos a Dios y nosotros somos cambiados.

4. La Protección del Señor sobre la vida de Pablo (Hechos 22:17-21).

El Señor manda a Pablo a huir de Jerusalén porque el pueblo no prestaría atención a su testimonio. Pero inicialmente, Pablo no lo cree y por eso le responde al Señor diciendo que tiene credenciales para que le creyeran y evidencias que demostrar. Pero el problema del hombre no es falta de evidencia, es falta de sumisión a la voluntad de Dios. Si hay algo que el hombre ha demostrado es cuan dispuesto él está a destruir toda su vida por un momento de placer o por hacer su voluntad. Pero verdaderos testigos de Jesús someten su mente, su corazón y su voluntad a la suya conociendo que todo lo demás, solo puede traer destrucción.

Por eso, Pablo escribe a los filipenses y dice “Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo.” (Filipenses 3:8)

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón El Misterio de la Voluntad de Dios basado en Hechos 21:1-16. Este sermón es una continuación de la serie Hasta los confines de la tierra.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Las marcas de un ministerio autentico” basado en Hechos 20:28-38.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Un Corazón Moldeado Por Dios” basado en Hechos 20:18-27.

La semana pasada estuvimos viendo el alboroto que se produjo en la ciudad de Éfeso como resultado del efecto que el evangelio tuvo sobre la población. Antes de salir de Éfeso, Pablo reunió a los hermanos y los exhortó, animó y motivó. De Éfeso, Pablo sale para Macedonia a visitar las iglesias allí fundadas: la de Filipo, Tesalónica y Berea donde también exhorta a los hermanos. De Macedonia, Pablo sale para Grecia; pero regresa nuevamente por Macedonia. Pablo sale de la ciudad de Troas y sigue viajando y unos tres días después llega a Mileto. Desde allí mandó a buscar a los ancianos de la iglesia de Éfeso para despedirse de ellos y darles su última instrucción. Pablo no había querido llegar hasta Éfeso para no perder tiempo ya que quería llegar a Jerusalén antes de Pentecostés. Ese fue el regreso de Pablo de su tercer viaje misionero.

Con esa introducción, estamos donde nos quedamos la semana anterior hasta el texto de hoy, Hechos 20:18-27. Aquí vemos la primera parte de todo lo que Pablo compartió con los ancianos de Éfeso ese día; no les habla acerca de doctrina porque ellos la conocían, sino que dedica este último encuentro para hablarles de cómo hacer ministerio. Lo hace hablándoles de cómo él ministró entre ellos durante tres años. Cuando analizas de que manera el hizo ministerio, te percatas de que el ministerio que Pablo hizo fluyó de un corazón moldeado por Dios. Así debe ser siempre; el ministerio debe ser la manifestación externa de lo que Dios ha hecho en nuestros corazones. El corazón que no ha sido moldeado por Dios, no está listo para ayudar a moldear el corazón de otro.

La primera manifestación del corazón que Dios había formado en Pablo es su humildad (Hechos 20:18-19). Hablamos mucho de humildad, pero no sabemos como luce porque con frecuencia esa es una virtud que no forma parte de la mayoría de los hijos de Dios. De hecho, muchos dicen querer esa virtud, pero se resisten cuando Dios quiere formarla en ellos. Jesús habló de que los humildes eran bienaventurados, felices, y bendecidos, también haciendo uso de otras palabras. Jesús dijo en Mateo 5:3, “Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos.”      

Stuart Scott, un líder muy conocido y respetado en este campo, escribió un libro llamado “From Pride to Humility” donde describe 24 características de un corazón humilde. Quiero mencionar cinco que nos dan una idea de cómo Pablo ministró en la iglesia de Éfeso y otras iglesias, y como Pablo quería que estos ancianos de la iglesia de Éfeso ministraran en su ausencia.

1. La humildad muestra un corazón tierno, bondadoso y paciente. Por tanto, la humildad no se irrita fácilmente y está dispuesta a esperar por el otro.

2. La persona humilde minimiza el pecado del otro en comparación con su propio pecado. Él ve que lidiar con su propio pecado es mas importante que lidiar con el pecado del otro.

3. La persona humilde siempre anda buscando como servir al otro hasta constituirse en buenos cuidadores. Pablo dice a los tesalonicenses que cuando estuvo con ellos, él fue como una madre que cuida con ternura a sus hijos.

4. La persona humilde es un buen oidor de lo que el otro tiene que decir. Considera lo que el otro dice como mas importante que lo que él tiene que decir.

5. La persona humilde mira la crítica de otros como algo bueno para su alma porque entiende que, en la crítica del otro, Dios está tratando de enseñarle algo (2 Samuel 16:10).

Pablo le dice a los ancianos de Éfeso que él sirvió con toda humildad y con lágrimas. Él se involucró con la gente de manera persona; no fue un pastor distante e insensible. En Pablo, las lágrimas fueron la expresión externa de diferentes emociones internas. En ocasiones amonestó con lágrimas en los ojos (Hechos 20:31), no con ira en sus ojos, sino con lágrimas. Le dolía el pecado del otro, aún cuando ese pecado fuera contra él mismo. Otras veces, sus lágrimas representaron la dureza del corazón del otro (Romanos 9:1-2). Al corazón le es natural juzgar, condenar, ignorar al otro; pero no le es natural llorar por ese otro y mucho menos cuando ese otro ha sido la causa de sus heridas, como era el caso con el apóstol Pablo.

Cuando Pablo les habla de cómo sirvió entre ellos, lo primero que le dice es: “vosotros bien sabéis.” En esta conversación que Pablo sostuvo con los ancianos de la iglesia de Éfeso, apela a ellos mismos como testigos de su caminar: “vosotros sois mis testigos de cómo he sido entre ustedes.” Si nosotros no somos capaces de decir esto, hay algo que no anda bien con nuestros ministerios. Nuestras ovejas deben ser los primeros en testificar bien acerca de nuestros ministerios. Los creyentes de Éfeso podían testificar que lo que Pablo decía en palabras, lo habían visto en la práctica. Luego le dice, que también sabían que su manera de ministrar fue así desde el primer día que estuve en Asia, en Éfeso (Hechos 20:18). Como inició, así terminó.

La segunda característica de un corazón moldeado por Dios es que, a la hora de enseñar, aconsejar, o amonestar, está siempre pensando en el bien del otro y no en el suyo (Hechos 20:20). A veces predicó para salvación; a veces su enseñanza sirvió de confrontación; y a veces su enseñanza fue para consolar y animar—todos fueron útil. Pablo tuvo un ministerio balanceado; lo que no hizo fue ministrar para lucrarse (Hechos 20:27). Dos veces dice Pablo no me eché para atrás a la hora de predicar; no me dejé amedrentar ni por los incrédulos, ni por las ovejas. Esto es posible cuando somos hombres y mujeres de carácter y de convicciones firmes.

Todo el consejo de Dios implica predicar los pasajes que nos bendicen y los que nos condenan; predicar los pasajes que nos animan a seguir y los que nos llaman a detenernos; y predicar los pasajes que nos consuelan y los que nos entristecen. Pablo ministró para complacer a Dios y no para complacer al hombre. Pablo tampoco hizo acepción de personas: él predicó a judíos como a gentiles (Hechos 20:20-21).

La tercera característica de un corazón moldeado por Dios es que confía en Dios independientemente de las consecuencias (Hechos 20:22-23). Pablo sabía que cuando llegara a Jerusalén pasaría por grandes dificultades; el Espíritu de Dios le había revelado tal cosa. Aún así fue a Jerusalén. Pablo era un hombre de fe y como tal, se fue a Jerusalén y allí fue apresado, tal como Dios le advirtió. La fe es un don y a la vez es un fruto del Espíritu; algo que necesitamos cultivar. Hay dos cosas que abonan nuestra fe: conocer el carácter de Dios y vivir en dependencia del Espíritu de Dios.

Del carácter de Dios necesito creer que,

1. Dios en Su omnipotencia puede hacer todo cuando Él quiera—algo puede ser una dificultad para nosotros, pero no para Dios

2. Nada ocurre sin que Dios lo haya determinado activa o pasivamente para que no terminemos quejándonos contra Dios.

3. Dios es todo sabio y cada decisión que Él toma por mi y para mi es la mejor.

4. Dios va delante y, por tanto, las cadenas y aflicciones que esperaban a Pablo eran cadenas y aflicciones que Dios había preparado de antemano para él. Dios ya estaba en Jerusalén, por así decirlo, esperando que Pablo llegara.

5. Dios está por mi sin importar lo ocurrido.

Lo otro que abona mi fe es no valore tanto mi vida y no vivir predominantemente para preservarla como si esta fuera la mejor vida que yo pudiera vivir. Pablo dice, en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo (Hechos 20:24). En otras palabras, el único valor que mi vida puede tener, dice Pablo, es en referencia a la causa de Cristo. Despegada de ella, mi vida carece de valor. El único interés de Pablo era que Cristo fuera glorificado estando en vida o muriendo decapitado, como se piensa que finalmente pasó. Por eso él podía ir a Jerusalén sabiendo que ahí encontraría dolor. Para tener esa determinación necesitamos no solo convicción de lo que creemos, sino que además se requiere vivir por una causa que sea superior al valor que le das a tu propia vida: la causa de Cristo (Hechos 20:24). Pablo entendía que después que Cristo lo salvó, él tenía una sola meta y un solo propósito: dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia de Dios.

Eso nos lleva a la cuarta característica de un corazón moldeado por Dios y es que el centro de gravedad de ese corazón es Cristo, Su evangelio, Su cruz, Su gracia… Una vez la cruz de Cristo deja de ser el centro de la vida del cristiano, él comienza a alejarse del camino. La cruz me recuerda que yo estaba condenado en mis delitos y pecados y que ahí, en el Calvario, yo fui redimido por la sangre del Unigénito de Dios. Eso me hace querer honrar a mi Dios cada día. También me recuerda que allí, Dios hecho hombre se colgó en un madero y ocupó mi lugar. Si Él hizo eso cuando yo no quería saber de Él, hoy que soy Su hijo, ¿que no querrá hacer por mi? La cruz me muestra la misericordia de Dios a favor mío y nos recuerda que hay un precio que pagar para vivir la vida cristiana a la manera de Dios.

Pablo comienza a despedirse con estas palabras en el versículo 25, “Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de vosotros, entre quienes anduve predicando el reino, volverá a ver mi rostro.” En medio de su mensaje Pablo les deja ver el peso que tiene ser embajador de Cristo: no es simplemente creer en Jesús y vivir una vida mas o menos moral, sino que implica también un compromiso de compartir el evangelio con el que no conoce a Cristo. Y de ahí las siguientes palabras: “Por tanto, os doy testimonio en este día de que soy inocente de la sangre de todos, pues no rehuí declarar a vosotros todo el propósito de Dios.” (Hechos 20:26-27).

28 de Abril de 2019

El Alboroto del Evangelio

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “El Alboroto del Evangelio” basado en Hechos 19:20-41.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón Dios autentifica a su mensajero como una continuación de la serie Hasta los confines de la tierra, basado en Hechos 19:10-21.

Dios ha usado muchas maneras de confirmar su mensaje y su mensajero, como utilizando señales y prodigios que han estado presentes en mayor o menor grado dependiendo de la época. Pero la señal que ha sido una constante cuando Dios está obrando es el cambio de vidas; esta es la mejor evidencia de un ministerio auténtico. En el texto de hoy vemos señales claras de un ministerio respaldado por Dios en el caso de la vida del apóstol Pablo y de lo que es un ministerio falso donde el Espíritu de Dios no tiene ninguna participación. Veamos cuatro puntos claves sobre el pasaje:

1. Notemos como Dios usó las señales y prodigios para autentificar el ministerio del apóstol Pablo. El texto no dice que Pablo hacía milagros, sino que Dios hacía milagros por medio de Pablo (Hechos 19:11). El mensajero de Dios nunca es el hacedor de los milagros como afirman muchos de los falsos maestros. El hombre de Dios es simplemente el instrumento por medio de quien Dios obra sus milagros. Notemos algo más: el texto no nos dice simplemente que Dios hizo milagros por mano de Pablo, sino que hizo milagros extraordinarios. Lucas enfatiza el hecho de que estas cosas que ocurrieron no fueron ordinarias o cotidianas; no eran obras que debíamos esperar que continuarán ocurriendo de la misma manera y con la misma frecuencia.

Éfeso era una ciudad caracterizada ampliamente por sus prácticas ocultistas y la presencia de poderes provenientes de huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales. En ese contexto, Dios obró de formas que no obró a través de otros ni en otras épocas. En esa época, las personas usaban pañuelos que tuvieron contacto físico con algo que consideraban poderoso para sanar a los enfermos, algo que obviamente es una práctica errónea. Pero el obrar de Dios para autentificar a Pablo fue tal que aún cuando la gente llevaba pañuelos que habían tenido contacto con su cuerpo a los enfermos, se sanaban.

Esto se parece a lo que leímos en Hechos 5 de que la gente ponía a sus enfermos en las calles esperanzados en que, al pasar Pedro, siquiera su sombra cayera sobre ellos, se sanarían. Imagínate el orgullo de los milagreros de nuestros días, si eso ocurriera hoy. Cuando los corintios cuestionaron el apostolado de Pablo, él apeló a estos milagros extraordinarios que Dios hizo por medio de él como una de las marcas genuinas de su apostolado (2 Corintios 12:12). Estas señales nunca volvieron a Pablo orgulloso, iracundo, aislado, elitista, ni ninguna otra cosa similar.

Ojo, esto no justifica la práctica de algunos falsos maestros que han vendido pañuelos de color verde haciendo alardes con la intención de que otra persona lo tocara y que eso le conferiría algún poder especial. Tampoco justifica la práctica de tomar pañuelos y con ellos tocar un crucifijo y esperar que estos lleven consigo algún poder milagroso. Estos milagros no eran ordinarios, no eran tan frecuentes como muchos imaginan hoy y no eran predecibles para anunciar campañas de milagros como algunos hacen hoy.

2. La ausencia del poder del Espíritu es la marca distintiva de un ministerio falso.  Este punto es importante porque es posible hacer ministerio en el nombre de Cristo en el poder del Espíritu Santo, como también es posible hacer el mismo ministerio en nombre de Cristo desprovisto del poder del Espíritu. Los falsos maestros usan el nombre de Cristo en un contexto errado; predican el evangelio distorsionado y dicen hacer grandes milagros, pero apuntan a sus personas y no a la persona de Jesús.

En la época de Jesús, vemos esto a través de los supuestos exorcistas. Estos abundaban y trataban de exorcizar a aquellos que estaban poseídos a través de una serie de magias y prácticas ocultistas. De manera que cuando ellos vieron a Pablo exorcizar a algunos poseídos, pensaron que esto era otro truco más que hacía uso del nombre de Jesús para llevar a cabo la liberación del demonio. La diferencia es que estos exorcistas quisieron hacer uso del nombre de Jesús como si tuviera un poder mágico a la hora de liberar al hombre.

En este pasaje específicos, vemos a siete exorcistas, todos hijos de un sacerdote judío llamado Sceva. Cuando estos comenzaron a lidiar con un endemoniado se percataron rápidamente de que ellos estaban lidiando con una realidad superior a su habilidad. El primero en reconocer la falsedad de estos exorcistas es el demonio mismo que respondió: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo, pero vosotros, ¿quiénes sois? El demonio se vio forzado a confesar la autoridad de Jesús y la autoridad delegada en Pablo pero cuestionó la autoridad de estos siete hijos para someterse a ellos.

Cuando Cristo ascendía a los cielos, dijo a aquellos que estaban presentes: toda autoridad me ha sido dada en los cielos y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos de todas las naciones. Nosotros no tenemos autoridad en nosotros mismos; sino que nuestra autoridad ha sido delegada por Cristo y radica primordialmente en la predicación de Su Palabra.

Entonces, el hombre endemoniado asaltó a los siete hijos de Sceva y ellos salieron corriendo, desnudos, heridos y humillados. Este texto es un recordatorio de que es una gran osadía hacer uso del nombre de Dios de forma irreverente como lo han hecho hombres como Benny Hinn, Guillermo Maldonado y su esposa, Cash Luna y muchos otros. Ministerios como esos desaparecerán en la medida en que la luz de Cristo penetre la oscuridad de nuestro continente como ha comenzado a ocurrir.

3. Cuando Dios hace Su obra evidente, el temor del Señor frecuentemente se apodera de aquellos sobre quienes Dios está obrando. Los hechos de Hechos 19:17 produjo dos efectos: primero, el nombre de Jesús fue exaltado—en otras palabras, la gente aprendió a honrar el nombre de Jesús y a respetarlo. Segundo, el temor del Señor se apoderó de la población. El temor del Señor es ese sentido de reverencia, honor, respeto y asombro que experimentamos cuando consideramos todo lo que Su persona representa. Si perdemos el temor del Señor, perdemos rápidamente el temor al pecado y esto nos lleva a alejarnos de Dios (Salmos 36:1-4).

4. La vida del que ha nacido de nuevo experimenta un cambio radical que frecuentemente conlleva un alto costo (Hechos 19:18-19). La confesión y el arrepentimiento marcan la vida del que ha nacido de nuevo y es seguido por un cambio en las prácticas de vida. Lo que caracteriza a un creyente no es el arrepentimiento de sus pecados, sino que su continuo arrepentimiento día tras día. En Hechos 19, la gente se arrepintió de sus práctica oculistas y, eventualmente, aquellos que practicaban la magia juntaron sus libros y terminaron quemándolos sin importar el valor monetario que tenían. Esa fue una evidencia de que el reino de las tinieblas había sido forzado a replegarse porque el reino de la luz invadió a la ciudad de Éfeso. Así crecía poderosamente y prevalecía la palabra del Señor (Hechos 19:20). El efecto que la Palabra tuvo sobre las poblaciones creció de manera impresionante.

Ciertamente nadie pudo haber anticipado los cambios monumentales vistos en el primer siglo simplemente por la predicación de la Palabra. Esto es especialmente cierto cuando consideramos las limitaciones del primer siglo y la persecución y opresión hacia la iglesia primitiva. Hechos es un libro asombroso sobre la extraordinaria historia de una iglesia sencilla capacitada por un Dios soberano con una Palabra omnipotente. Al ver lo que la predicación de la Palabra de Dios fue capaz de hacer en estas antiguas ciudades, los creyentes podemos tener esperanza para completar nuestra misión.

Los límites de la participación del cristiano en las actividades de su mundo no siempre están claramente definidos; sobre todo a la hora de decidir si participamos o no en ciertas ocasiones donde la Biblia no nos provee claras directrices, y donde no todo cristiano está de acuerdo. A continuación, una serie de preguntas y principios de aplicación.

1. No tome una decisión sin preguntarse de qué manera puede eso glorificar a Dios. ¿Dónde está Dios o su diseño en esto?, sería una buena pregunta. Si Dios, su diseño, su verdad, su propósito no pueden ser visto con claridad, ¿por qué quiero participar?

2. Considere siempre quién saldrá edificado o fortalecido en lo que vaya a hacer: ¿Yo? ¿Mi hermano? ¿Mi iglesia? ¿Mi carne?

3. Al iniciar una nueva actividad, piense si esta nueva tarea tiene el potencial de esclavizarme. Este es el caso del cigarrillo, el alcohol en cualquier cantidad que propicie el perder la inhibición, juegos de azar, ciertos juegos de computadoras, apuestas, el uso de tranquilizantes más allá de la prescripción médica o cualquier otra cosa o actividad. El apóstol Pablo, decía “Todas las cosas me son lícitas, pero no todas son de provecho. Todas las cosas me son lícitas, pero yo no me dejaré dominar por ninguna” (1 Corintios 6:14).

4. ¿Hay algún elemento de inmoralidad involucrado en esto? Como muchas veces se suscitan discusiones en torno a lo que es moralmente aceptable, pregúntese si otros supieran en su iglesia que usted participa en este tipo de actividad, ¿Cuál sería su reacción? ¿Tendrían ellos confianza en usted como líder?

5. Si una gran cantidad de personas de su iglesia participara de esta actividad, ¿Cuál sería el testimonio de la iglesia frente al mundo o a otros hermanos? Esto puede ayudarle a decidir.

6. ¿Cuál es la asociación de este evento con la cultura de pecado de nuestros días? Muchos conciertos seculares de música popular en nuestros días tienen una alta asociación con la cultura de pecado, y por tanto deben ser evitados. Sin embargo, ese no es el caso con los conciertos de ópera, y una gran cantidad de las obras de teatro, por ejemplo.

7. ¿Cuál es el testimonio de vida del artista(s) o del grupo musical que me gustaría ir a ver? Si se identifica como cristiano, ¿Es su testimonio y sus creencias doctrinales consistentes con el estándar bíblico?

8. Películas de cine, series de televisión, obras de teatro, dibujos animados, videojuegos y demás, con contenido de violencia, de sensualidad, con vocabulario obsceno y que usted no vería en presencia de Cristo o de sus líderes cristianos, no deben ser parte de la vida del creyente. Efesios 5:3-4 habla acerca de esto, “Pero que la inmoralidad, y toda impureza o avaricia, ni siquiera se mencionen entre vosotros, como corresponde a los santos; ni obscenidades, ni necedades, ni groserías, que no son apropiadas, sino más bien acciones de gracias”.

9. ¿Pudiera mi participación en esta actividad ser de mal testimonio para otros, y ser yo de piedra de tropiezo para una o más personas?

Todo creyente, pero sobre todo el liderazgo de la iglesia, no debe tomar decisiones en las llamadas áreas grises, sin preguntarse, ¿Cuál es la posición de mi iglesia y del liderazgo de mi iglesia? A ellos les debo respeto, lealtad y consideración. Mi participación en eventos no debe violar las normas establecidas por mi iglesia, ya que mi pacto de compromiso me lleva a apoyar las normas de la iglesia a la que asisto. De estar en desacuerdo, el sentido común, el respeto, el amor y la consideración por mis líderes debe llevarme a conversar con ellos antes de participar en algo contrario a los lineamientos de la iglesia.

En los casos donde quizás la Biblia no dicta la conducta a seguir, y donde tampoco me puedo poner de acuerdo con mis líderes, la Biblia no nos deja en silencio. Hebreos 13:17, nos advierte: “Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta. Permitidles que lo hagan con alegría y no quejándose, porque eso no sería provechoso para vosotros”. Como podemos ver, la Biblia no nos da todos los lineamientos necesarios para cada situación en particular, pero tampoco nos deja sin directrices para saber que hacer.

Esperamos haber contribuido a su discernimiento para vivir una vida que agrade a Dios.

 

 

Miguel Núñez

Este artículo fue publicado como parte de la serie ¿Como usar tu libertad cristiana sabiamente? por integridadysabudiria.org

Este domingo, el pastor Miguel Núñez continuó la serie Hasta Los Confines de la Tierra predicando el sermón El Ministerio del Espíritu Santo basado en Hechos 19:1-10.

Hechos 19:1-10 sigue narrando el tercer viaje misionero de Pablo. En esta ocasión, nos encontramos con Pablo en la ciudad de Éfeso nuevamente. Al final de su segundo viaje misionero, Pablo pasó por Éfeso por algunos días pero dijo, “volveré a vosotros, si Dios quiere”. En la providencia de Dios, Pablo regresa a Éfeso y comienza un ministerio que tuvo una duración de mas de dos años en una ciudad difícil, parecida a la ciudad de Corinto. Éfeso era una ciudad grande, comercial y próspera en los tiempos de Pablo. Era una ciudad estratégica para la plantación de iglesias en la región de Asia menor, lo que hoy es Turquía.

En el texto que leímos se hace mención de 4 personajes distintos: Apolos, Pablo, Juan el Bautista y El Espíritu Santo. De los cuatro, es obvio que el ministerio del Espíritu Santo fue y es el mas prominente. Veamos primero el ministerio del Espíritu Santo en la conversión. De acuerdo con el relato, Pablo llega a la ciudad de Éfeso y se encuentra con algunos discípulos. Al conversar con ellos, Pablo se percata de que hay algo que no está bien en su entendimiento doctrinal. Lo que marca la diferencia entre un cristiano y un no cristiano no es su profesión de fe o el conocimiento de las Escrituras, sino la morada del Espíritu de Dios que produce un estilo de vida diferente. Entonces, Pablo les hace una pregunta, “¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le respondieron: No, ni siquiera hemos oído si hay un Espíritu Santo.” (Hechos 19:2) El texto de hoy llama a estos hombres, discípulos, pero no los califica como discípulos de Jesús porque el Espíritu Santo no moraba en ellos; ni siquiera habían oído hablar del Espíritu Santo.

Ante su respuesta, Pablo hace una segunda pregunta: “Entonces él dijo: ¿En qué bautismo, pues, fuisteis bautizados?” (Hechos 19:3) Pablo estaba tratando de percatarse de donde ellos había entendido su salvación. Ante esa pregunta, “Ellos contestaron: En el bautismo de Juan. Y Pablo dijo: Juan bautizó con el bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyeran en aquel que vendría después de él, es decir, en Jesús.” Con esto, Pablo comienza a establecer la diferencia entre el bautismo de Juan el Bautista y el bautismo que nosotros practicamos hoy. Lucas no nos da los detalles de la conversación pero es obvio que Pablo incurrió en evangelismo porque inmediatamente después, en el versículo 5 nos dice que “Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.”

El bautismo en el nombre del Señor Jesús, el que practicamos hoy, ocurre después que la persona ha creído. Para que esto ocurra, el Espíritu Santo tiene que estar completamente involucrado en lo que está ocurriendo. Primero el Espíritu necesita abrir el entendimiento para que la persona que está escuchando el evangelio pueda entender su condición de pecador. Hasta que la persona no se vea como pecador en peligro de ser juzgado por Dios, nunca sentirá la necesidad de arrepentirse. Necesita entender también que lo único que puede limpiar su pecado es la sangre que Cristo derramó en la cruz y que debe depositar su confianza en Él como Salvador. Entonces, el Espíritu Santo abre el entendimiento del incrédulo, regenera el alma de la persona y entonces esa persona es nacida de nuevo y está lista para ser bautizada.

Estos hombres, que en total eran 12 (Hechos 19:7), fueron bautizados por Pablo en nombre de Jesús, el Espíritu Santo vino sobre ellos y hablaban en lenguas y profetizaban (Hechos 19:6). Esto ha llevado a muchos a pensar que el bautismo del Espíritu Santo y el hablar en lenguas es la misma cosa. De hecho, algunos piensan que la persona primero nace de nuevo a través del ministerio del Espíritu y luego tiene el bautismo del Espíritu que se manifiesta con el don de hablar en lenguas. Pero eso es contrario a las enseñanzas del Nuevo Testamento. En la época del Nuevo Testamento había cuatro grupos de personas: los judíos que recibieron el Espíritu Santo, los samaritanos que recibieron el Espíritu (Hechos 9), los gentiles piadosos, y los griegos o gentiles que recibieron el Espíritu. Todos hablaron en lenguas. Cuando uno estudia el Nuevo Testamento en detalle se percata de que Dios quiso confirmar que la salvación estaba disponible para todos los grupos de igual manera: la manifestación del don de lenguas. Ésta fue la última vez en el libro de los Hechos que vemos la manifestación de hablar en lenguas. Todos los grupos diferentes quedaron confirmados con la manifestación externa de hablar en lenguas de que la salvación es para todos. Pero eso no significa que esa confirmación está vigente después de ese momento. 1 Corintios 12:13 dice claramente: “Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu.” Entonces, si todos fuimos bautizados por un mismo Espíritu, no hay cristianos que han sido bautizado por el Espíritu Santo y otros que no lo han sido.

Ahora veamos el ministerio del Espíritu Santo en la predicación y presentación de la verdad (Hechos 19:8). La habilidad de hablar la verdad con denuedo es una función del Espíritu; es algo que Él hace por medio de Su llenura. El Espíritu de Dios nos permite hablar con valor (Hechos 4:31) en medio de la oposición, las amenazas, los riesgos y la opresión de las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestiales con las cuales batallamos sin verlas. El texto dice que Pablo estuvo en la sinagoga por tres meses, no solo hablando denodadamente, sino debatiendo. Para debatir o discutir en defensa de la Palabra, necesitamos el discernimiento de Espíritu para separar la verdad del error, para no dejarnos confundir y dejarnos engañar. Pablo también estuvo persuadiendo a aquellos que le escuchaban. No importa cuan efectivos puedan ser nuestros argumentos, cuando tiene que ver con la verdad de Dios, solo el Espíritu puede persuadir a otro. El apologista no puede convencer al otro de la existencia de Dios o del error en que se encuentra; solo el Espíritu de Dios puede hacer eso.

Después de tres meses hablando en la sinagoga, la oposición se levantó y los oyentes se endurecieron (Hechos 19:9). Al resistirse a las enseñanzas de Pablo, se resistían a la acción del Espíritu. Cuando alguien se ha endurecido contra el Espíritu, no solo rechaza el evangelio, sino que también habla en contra del movimiento cristiano. Donde quiera que Pablo fue, encontró oposición. Lo increíble es que Pablo perseveró en su ministerio a pesar de la constante oposición y la causa de Cristo triunfó a pesar de. La perseverancia en medio de la oposición es una función del Espíritu. Y así continuó Pablo por dos años en Éfeso, predicando la Palabra para que nadie pueda decir que no conocía las buenas nuevas (Hechos 19:10).

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón Tú necesitas crecer en conocimiento y entendimiento basado en Hechos 18:18-28. Este sermón es el número 50 de la serie Hasta los confines de la tierra. En esta parte de la narración, el énfasis de Lucas está en algunos eventos relacionados a la vida discipular que tiene mucho que decirnos a nosotros hoy en día.

Poniendo el pasaje en contexto, comenzamos al final del segundo viaje misionero de Pablo (Hechos 18:18-28) y el inicio del tercer viaje misionero (Hechos 18:23-28). Pablo sale de Corinto para regresar a la iglesia de Antioquía, desde donde salió en cada uno de sus tres viajes misioneros. Tenía 4 años evangelizando en el mundo romano, lo cual habla de la pasión de este hombre por los perdidos: cuatro años viajando por territorios desconocidos, siendo perseguido, burlado y maltratado, y aún así, Pablo no pone fin a su carrera como misionero.

La semana pasada, vimos que Pablo pasó 18 meses en Corinto y ahora el texto de hoy nos dice que se despidió de los hermanos y sale del puerto de Cencrea, llevándose como compañeros de viaje a Priscila y a Aquila. Tan pronto llegó Pablo llegó a Éfeso, entró en la sinagoga y una vez más debatía con los judíos, tratando de explicar que Cristo era el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento y que el Mesías profetizado no era otro que Jesús mismo (Hechos 18:19).

En Éfeso, Pablo evidentemente encontró una buena acogida porque, según Hechos 18:20, le rogaron que se quedara más tiempo, pero no consintió. Pablo prefirió no quedarse muchos días en Éfeso y siguió su viaje de regreso a la iglesia de Antioquía. Entonces, al terminar el segundo viaje misionero, Pablo estaba listo para iniciar su tercer viaje (Hechos 18:23) con la intención de “fortalecer a todos los discípulos” a los cuales ya le había predicado. Esta acción nos deja ver el corazón pastoral de Pablo que plantó iglesias en Galacia y Frigia anteriormente y, sin embargo, seguía preocupado por la condición espiritual de los discípulos. Pablo entendía que, si bien es cierto que la salvación es el evento más importante en nuestras vidas, no es menos cierto que fuimos salvados para santificación—para hacernos conforme a la imagen de Cristo.

Todos somos discípulos y todos estamos involucrados en una batalla y en una carrera. Al final de sus días Pablo habló de que él había peleado la buena batalla y de que había terminado la carrera. Fruto de pelear y de correr, nosotros nos debilitamos en el camino y necesitamos ser fortalecidos. La vida nos distrae, las decepciones nos debilitan y muchas otras veces resultamos heridos en la batalla, lo cual aumenta nuestra debilidad. Si a eso le agregamos que muchos discípulos no consumen la palabra de Dios, entonces el hijo de Dios sufre de malnutrición espiritual lo cual lo debilita (1 Corintios 11:28-29).

Cuando Pablo salió de Corinto hacia Antioquía en su segundo viaje misionero, él paso por Éfeso. Ahí, él dejó a Priscila y Aquila y luego continuó su viaje. Esto es relevante porque mientras Pablo fortalecía a las iglesias en las regiones de Galacia y Frigia, en Éfeso ocurrió algo interesante (Hechos 18:24-26): se nos introduce a Apolos, un judío  elocuente, intelectual y apasionado. Apolos predicaba “con exactitud las cosas referentes a Jesús, aunque sólo conocía el bautismo de Juan.” Aquí volvemos a ver a Aquila y Priscila: ellos le escucharon y les llamó la atención lo dotado que este hombre había sido por Dios. Cuando Apolo hablaba su conocimiento y dominio de las Escrituras lo hacía oír como un hombre que hablaba con autoridad en la Palabra. A pesar de todo esto, Apolos también tenía que crecer en conocimiento y en entendimiento: “Pero cuando Priscila y Aquila lo oyeron, lo llevaron aparte y le explicaron con mayor exactitud el camino de Dios.” (Hechos 18:26) Apolos hablaba con denuedo, que podía convencer a las personas, pero tenía un conocimiento incompleto que podía terminar llevándolos por un camino equivocado.

Nota que Aquila y Priscila no corrigen a Apolos en público; sino que tuvieron la sensibilidad de hacerlo en privado. Eso habla de la madurez y sensibilidad de esa pareja. El problema de Apolos no era herejía o un conocimiento errado de las Escrituras; lo que Apolos conocía, lo conocía bien, pero le faltaba conocimiento porque solo conocía el bautismo de Juan. Juan llamaba a la gente a bautizarse luego de arrepentirse, pero solo representaba eso. Nuestro bautismo representa una identificación con la muerte y resurrección de Jesucristo después de haber recibido el Espíritu y haber nacido de nuevo.   

Evidentemente, Apolos recibió la corrección con humildad. Cuando tú lees las credenciales de Apolos, es fácil concluir que Aquila y Priscila estaban por debajo de su preparación y, sin embargo, es esta pareja que corrige a Apolos. Es fácil decir que eres enseñable; pero no es tan fácil cuando el otro quiere corregirte—ahí entra en acción nuestro ego y mecanismo de defensa. Apolos, aceptó la corrección (Hechos 18:27-28).

Apolos quiso visitar la región de Acaya, que comprendía toda Grecia. Atenas y Corinto pertenecían a esta provincia de Acaya. Cuando Apolos quiso pasar a esa región, los hermanos en Éfeso escribieron cartas de recomendación para él. Eso demuestra que Apolos siguió con una buena reputación lo cual lo llevó a ser uno de los nuevos maestros de la iglesia. Su nuevo entendimiento de la Palabra resultó en beneficio de la gracia porque así no enseñaba incompletamente.

La realidad es ésta: si tenemos un conocimiento errado acerca de la persona de Jesús, con toda probabilidad, el resto de lo que conozca también estará errado o incompleto. El Antiguo Testamento apuntaba a la persona de Cristo y, como hemos dicho otras veces, el Nuevo Testamento gira alrededor de su misma persona. El es la piedra angular y la piedra de tropiezo. Cristo es la plomada que mide cuan correcto está tu entendimiento de las escrituras.

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