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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es médico de profesión y pastor de vocación, con una maestría en Teología del Southern Baptist School for Biblical Studies. Desde el año 1998 ha sido pastor titular de la Iglesia Bautista Internacional de Santo Domingo, República Dominicana, y en la actualidad dirige su cuerpo de pastores. Adicionalmente es fundador y presidente de Ministerios Integridad Sabiduría®, una organización sin fines de lucro que tiene la visión de contribuir a cambiar la sociedad de nuestros días sembrando la Palabra de Dios por medio de recursos audiovisuales y literarios.

El Dr. Núñez es presidente y fundador del Instituto Integridad y Sabiduría, donde también es profesor de diferentes materias que componen el programa de estudios. También dirige y participa en la conducción del programa televisivo semanal Respuestas, Verdades absolutas para un mundo relativo®. Está casado con la Dra. Catherine Scheraldi.

 

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Jesús es tu ejemplo… ¡Sigue Sus huellas!” basado en 1 Pedro 2:18-25.

Hoy continuamos nuestra serie sobre la primera epístola de Pedro escrita a una comunidad cristiana dispersa que estaba bajo tribulación, persecución y opresión. De 1 Pedro 2:11-4:11, el apóstol Pedro continuamente instruye a los creyentes con relación a sus obligaciones en la sociedad. En otras palabras, Pedro reconoce que, en la iglesia, no hay judíos, ni gentiles, ni hombres, ni mujeres, ni esclavos, ni libres… todos somos hijos de Dios y hermanos en Cristo. En ese sentido, todos somos iguales. Pero en la sociedad, de este lado de la eternidad, hay una jerarquía que respetar. Por tanto, en esta epístola, Pedro nos habla de someternos a nuestras autoridades.

En el texto de hoy, Pedro continúa con instrucciones similares, pero amplía su explicación de por qué deberíamos someternos a las figuras de autoridad hasta llevarnos a la razón final de porqué el cristiano debe exhibir un espíritu de sumisión a lo largo de su vida. El versículo clave, el eje alrededor del cual gira todo lo que Pedro tiene que decir en 1 Pedro 2:18-25 es el versículo 21: “Porque para este propósito han sido llamados, pues también Cristo sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan Sus pasos…”

La primera instrucción en este pasaje es para siervos o esclavos, pero como aplicación es para todos nosotros: “Siervos, estén sujetos a sus amos con todo respeto, no solo a los que son buenos y afables, sino también a los que son insoportables.” (v.18) En el imperio romano, había diferentes tipos de esclavos: unos trabajaban duramente en el campo y eran tratado de forma infrahumanas y otros eran esclavos que formaban parte del núcleo familiar y eran tratados de una forma más respetuosa. La palabra traducida como “esclavos” en este texto no es la usual, no es “duolos”, sino “οἰκέτης” (pronunciación: oikéteis) que significa “sirvientes de la casa”. A estos siervos, Pedro los llama a estar sujetos a sus amos con todo respeto. El llamado no es a una simple obediencia, el llamado es a la sumisión respetuosa, válida tanto para los amos buenos y afables como también para los que son insoportables. Si eso es cierto de los de los esclavos con respecto a sus amos, también lo es de los empleados con respecto a sus empleadores, de los ciudadanos con respecto a sus gobernantes, o a cualquier otra figura de autoridad.

Cuando Pedro llama a esta sumisión, él no está simplemente tratando de evitar una rebelión social en el imperio, sino que él tiene un principio y una razón mucho más elevada que esta. El espíritu de sumisión a las autoridades es visto con buenos ojos de parte de Dios (Romanos 13:1). Si las autoridades son constituidas por Dios, mi sometimiento a ellas es obediencia a Dios. De hecho Romanos 13:2 dice, “Por tanto, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto; y los que se han opuesto, recibirán condenación sobre sí.” Por eso Pedro dice que cuando nos sometemos con respeto a la autoridad, eso halla gracia ante Dios; sobre todo cuando sufro injustamente (v.19). En otras palabras, mi sufrimiento injusto no es pasado por alto en el reino de los cielos.

Cuando yo sufro como consecuencia de mi pecado y lo soporto con paciencia, esa conducta no tiene ningún mérito ante los ojos de Dios. El mérito o la gracia es encontrada ante los ojos de Dios cuando, habiendo hecho lo correcto, sufrimos injustamente y, a pesar de eso, soportamos dicho sufrimiento con paciencia.

El versículo 21 continúa diciendo, “Porque para este propósito han sido llamados, pues también Cristo sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan Sus pasos.” Aquí podemos encontrar dos lecciones. Primero, el sufrir bien como testimonio de mi fe cristiana es parte de mi llamado. Segundo, Cristo sufrió por nosotros y nos dejó un ejemplo para que podamos seguir Sus pasos o Sus huellas. Pedro no solamente nos dice que el sufrir bien cuando estamos siendo tratados injustamente es parte de nuestro llamado, sino que Cristo nos dejó un ejemplo.

La palabra traducida como ejemplo en el griego es “hupogrammos” la cual significa “un escrito para ser copiado.” Cristo no simplemente nos dejó una enseñanza escrita que podamos recordar, sino que nos dejó, además, un ejemplo o modelo que podamos seguir e imitar.

¿Cuál fue el ejemplo que Él nos dejó de acuerdo con el texto de hoy? Los versículos 22 7 23 dicen, “el cual no cometió pecado, ni engaño alguno se halló en Su boca; y quien cuando lo ultrajaban, no respondía ultrajando. Cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a Aquel que juzga con justicia.” Cristo llevó una vida santamente ejemplar: nació, vivió y murió sin pecado y, aún así, fue ultrajado, burlado y, eventualmente, físicamente abusado. Aún en esa condición, Él no respondió ultrajando; fue llevado al matadero como oveja que no abrió su boca… Jesús sabía que Su Padre estaba al tanto y que Él fue quien ordenó ese sufrimiento (v.23).

De este lado de la eternidad, no esperes ser tratado con justicia; este es un mundo injusto por definición. Más bien debemos encomendar nuestras vidas y nuestros testimonios a Dios quien es quien juzga con justicia todo lo que nos acontece. Llegará el Día de rendición de cuentas y llegará el día cuando Dios hará justicia y dará a cada cual lo que le corresponde. La pregunta es si tenemos la fe para esperar hasta ese día.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermon “Tu vida como testimonio para los incrédulos” basado en 1 Pedro 2:11-15 & 17.

Nuestra forma de vivir ante los hombres es de vital importancia para la fe cristiana; nuestras vidas deben ser el adorno del Evangelio. La manera como obramos ante el mundo que observa debe hacer el mensaje de la cruz atractivo para los que no creen. Sabemos que el incrédulo vive buscando razones para justificar su incredulidad y es nuestra responsabilidad no darle motivos para dicha justificación. Pedro nos dice en 2 Pedro 3:11, “Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, ¡qué clase de personas no deben ser ustedes en santa conducta y en piedad.”

Pedro nos dice que nosotros somos linaje escogido, sacerdocio real y nación santa. Fuimos elegidos en Cristo desde antes de la fundación del mundo. Nosotros no salimos a buscar a Dios, sino que en la libertad y en la sabiduría de Su voluntad soberana, Dios elijió a aquellos que formarían parte de Su pueblo. Dios nos separó y limpio de pecado al perdonarnos y ahora Él espera que nuestras vidas puedan reflejar la santidad de aquel que nos salvó. Somos un pueblo adquirido para posesión de Dios, pagados por la propia sangre de Cristo para sacarnos de la esclavitud del pecado en la que nos encontró.

Gran parte de el resto de lo que Pedro tiene que decirnos en esta carta tiene que ver con la manera como se supone que vivamos nuestra identidad en Cristo en el mundo en que nos encontramos. En el texto de hoy, Pedro tiene una recomendación negativa y una recomendación positiva en cuanto a la manera de vivir frente a los incrédulos.

Pedro nos recuerda que esta tierra no es nuestra residencia y, por tanto, nosotros no debiéramos pensarnos a nosotros mismos como ciudadanos terrenales sino como extranjeros y peregrinos. Luego él pasa a recomendar que el pueblo de Dios “se abstengan de las pasiones carnales que combaten contra el alma.” Si somos nuevas criaturas en Cristo, esa nueva criatura debe asumir un nuevo estilo de vida. Mi alma puede ser redimida, pero hasta que el cuerpo no sea levantado y transformado en gloria, dichos deseos no cesarán. Cuando surjan los deseos pecaminosos, tenemos dos opciones: abstenernos por medio del poder del Espíritu que mora en nosotros o ceder a dichos deseos, deshonrando a Dios y manchando la salvación que Cristo compró para nosotros.

Pedro nos llama a desplegar en la práctica la santidad como evidencia de que realmente somos los que Dios que somos. Para vivir de esa manera, Dios no nos ha dejado solos, sino que nos proveyó Su Espíritu para que por medio de Su poder, podamos vivir Su llamado. La fuerza de voluntad no es suficiente para contener nuestros deseos pecaminosos; vencer los impulsos de la carne requiere el poder del Espíritu de Dios.

La segunda recomendación que nos da Pedro es de practicar la abstención (v.12): “Mantengan entre los gentiles una conducta irreprochable, a fin de que en aquello que les calumnian como malhechores, ellos, por razón de las buenas obras de ustedes, al considerarlas, glorifiquen a Dios en el día de la visitación.” A Diós le importan los incrédulos porque ellos son el propósito de la gran comisión. Ellos llegan a creer por medio la predicación de la palabra, pero frequentemente comienzan a prestar atención a dicha predicación después de ver la manera de vivir de los convertidos.

¿Es tu estilo de vida atractivo para otros? ¿Quisieran otros ser como tú? ¿Desean otros copiar tu ejemplo?

Cristo nos llama a vivir de una manera tal ante los hombres que los demás puedan ver nuestras obras sin tener que hablar de ellas y así sentirse atraídos hacia el Señor de las obras, hacia Aquel quien realizó ese trabajo en tu vida. Vive tu vida delante del mundo que tu vida ejerza una influencia transformadora en la sociedad donde Dios te ha puesto.   

Sé un José, que vivió una vida de tal integridad que el faraón lo hizo su mano derecha y así preservó la nación de una hambruna de siete años, dando instrucciones de cómo guardar alimento porque esa prueba se acercaba. Sé un Daniel quien, en medio de la corte babilónica pagana, se ganó el afecto del rey hasta el punto que cuando él fue echado al foso de los leones, el rey se turbó y no pudo dormir toda la noche. Sé una Ester, cuyas acciones sirvieron para preservar la vida de toda la nación.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Tu identidad en Cristo es un estilo de vida” basado en 1 Pedro 2:1-10 como continuación de la serie sobre 1 Pedro titulada “Viviendo con una perspectiva eterna”.

En la comunidad cristiana, no podemos hacer uso de nuestros méritos porque todos hemos sido destituidos de Su gloria y ninguno calificamos por nuestras propias fuerzas, sino que somos adoptados como hijos de Dios. Una vez adoptados, Dios nos otorga privilegios que ninguno de nosotros pudo haber concebido ni soñado. Son esos privilegios no-ganados, otorgados por gracia que constituyen nuestra identidad.

Tu identidad en Cristo no es una confesión doctrinal, ni un concepto teológico, ni algo para ser disfrutado al entrar a la eternidad… ¡Nada de eso! Tu identidad en Cristo es un estilo de vida.

1 Pedro 2:1-10 representa una continuación del capítulo uno, donde Pedro nos recuerda que somos elegidos (1 Pedro 1:1), santificados por el Espíritu (1 Pedro 1:2), aceptados ante Dios, nacidos de nuevo (1 Pedro 1:3), herederos de una herencia incorruptible (1 Pedro 1:4), protegidos por el poder de Dios (1 Pedro 1:5) y Sus siervos porque fuimos redimidos de nuestra vana manera de vivir (1:18). Todo esto es lo que Dios hizo por nosotros. Luego Pedro da varios imperativos que a nosotros nos toca hacer. Debemos preparar nuestro entendimiento para la acción (1 Pedro 1:13a), ser sobrios en espíritu (1 Pedro 1:13b) y poner nuestra esperanza completamente en la gracia que se nos traerá en la revelación de Jesucristo (1 Pedro 1:13c). Además no nos debemos conformar a los deseos que antes teníamos en nuestra ignorancia (1 Pedro 1:14) y sí debemos ser santos en toda su manera de vivir porque Él es santo (1 Pedro 1:15-16).

Si Dios nos llamó a la santidad y a amarnos entrañablemente unos a otros, en nuestro caminar no debe haber malicia, engaño, hipocresías, envidias ni difamación. Nada de eso es compatible con el amor cristiano y mucho menos con nuestro llamado a ser santos. Todos llegamos a la familia de Dios experimentando todos los sentimientos típicos de una naturaleza caída, pero no podemos seguir luciendo así. La única manera de dejar esas cosas atrás es haciendo lo que se nos dice en 1 Pedro 2:2: “deseen como niños recién nacidos, la leche pura de la palabra, para que por ella crezcan para salvación”. La Palabra aplicada es el instrumento de santificación (Juan 17:17).

Habiendo dicho eso, notemos primero como Pedro caracteriza a Cristo. En 1 Pedro 2:4, Cristo es llamado “piedra viva” y nosotros, lo que hemos venido a Él, somos llamados “piedras vivas” (1 Pedro 2:5). Ahí, Pedro nos dice que Cristo, como piedra viva, fue “desechada por los hombres…" Es por esto que no debe sorprendernos cuando el mundo nos rechace y nos odie como el mismo Señor nos advirtió que lo harían (Juan 15:18; Mateo 10:22; 24:9). Lo que Cristo es, de alguna manera, nosotros somos porque estamos en Él. Los que hemos creído en Él hemos llegado a ser algo extraordinario para algo extraordinario (1 Pedro 2:9):

1. Somos linaje escogido

Dios ha escogido a un grupo de personas sin mérito alguno para pasar la eternidad con Él. Si entendiéramos completamente el estado de ruina en que la desobediencia de Adán nos dejó, viviéramos continuamente dando gracias a Dios por habernos elegido aún después de haber quedado tan corrompidos. Somos linaje escogido para salvación y para ser libres del pecado, de inseguridades y de temores; libres para amar, para ser amados y para disfrutar de las bendiciones de Dios.

2. Somos real sacerdocio

Después de la muerte de Cristo, Él nos abrió el trono de la gracia de manera que cualquiera de nosotros se puede acercar a Él con confianza. Además, con Su muerte, Cristo nos otorgó no solamente el privilegio sino también la responsabilidad de servirle mientras estamos en el mundo.

3. Somos nación santa

Nosotros somos ciudadanos de otro reino porque, como bien dijo Cristo, Su reino no es de este mundo. Por tanto, de este lado de la eternidad, debemos representar santamente al Dios que nos reconcilió con Él. Debemos representar a nuestro Dios por lo que es en cada momento, sin importar si es en privado o en público.

4. Somos pueblo adquirido para posesión de Dios

Fuimos comprados a precio de sangre, adquiridos en el mercado de esclavos; como iglesia, hemos sido esposados a Cristo y declarados libres para que el pecado no reine sobre nosotros. Antes estábamos en y éramos tinieblas, ¡Pero hoy estamos en la luz! Había oscuridad dentro de nosotros debido a nuestra iniquidad y cuando Cristo vino, Su luz brilló en nuestro interior y disipó las tinieblas.

Ahora nuestra responsabilidad es proclamar y reflejar las virtudes de Aquel que nos hizo el llamado. ¡Es un privilegio poder reflejar las excelencias de nuestro Dios!

Amados hermanos y hermanas en Cristo, vivimos en medio de un mundo en rebelión… En medio de eso, nosotros somos Su embajadores, suplicandole a los enemigos de Dios que se reconcilien con Él. El mundo es el campo de batalla, la cruz es nuestra bandera, la Palabra es nuestra arma, la iglesia es la sede donde se nos recuerdan nuestras órdenes para marchar, la oración es el lugar de descanso en medio de la batalla, el Espíritu Santo es el agente revelador y nuestro combustible, el cielo es nuestro destino y Cristo es nuestra recompensa.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “El amor genuino, la marca distintiva del cristiano” basado en 1 Pedro 1:22-25.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “De la vanidad a la gloria via la cruz” basado en 1 Pedro 1:18-21

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “La aflicción cultiva tu santidad” basado en 1 Pedro 1:13-16.

Continuamos con una serie basada en la primera carta de Pedro a judíos que estaban dispersos y se encontraban bajo persecución. Ese era un grupo que podía ser calificado simultáneamente como elegido por Dios y rechazados por el mundo. En esta carta Pedro está tratando de animar a los lectores a vivir con esperanza en medio de los peores tiempos.

Para una gran cantidad de personas, la aflicción nunca luce como bendición y, sin embargo, el salmista nos dice el salmo 119:75 que es bueno para él ser afligido. Si piensas lo contrario, no estás pensando bíblicamente. Por otro lado, frecuentemente asociamos la palabra “santidad” con un castigo o una disciplina a pesar de que la razón por la cual Cristo fue a la cruz fue para hacernos santos. Por consiguiente, cuando la santidad no me resulta atractiva, yo estoy pensando de una forma “anti-Cristo”.

Uno esperaría que, si Pedro le está escribiendo a personas que están bajo aflicción, que él pondría un énfasis en aquellos atributos del carácter de Dios más “apropiados” para personas en esa situación. En ese sentido, pensaríamos que el énfasis estaría en la gracia de Dios o en Su misericordia, amor, consolación y poder en medio de la debilidad. Sin embargo, nunca esperaríamos un llamado a la santidad en una carta escrita a personas en medio de la tribulación.

No obstante, este llamado si tiene todo el sentido del mundo. Pedro sabe que aquellos que atraviesan por la tribulación son propensos a dos debilidades típicas de la naturaleza caída: la desesperanza y la mundanalidad. La desesperanza y desesperación puede resultar como fruto del dolor y como respuesta a no poder ver una salida de una situación difícil. Por otro lado, la mundanalidad puede resultar como consecuencia de querer encontrar relajación y descanso para la carne, olvidando que la energía corporal está directamente relacionada a la energía espiritual (Isaías 40:31).

En 1 Pedro 1:13-16, Pedro está tratando de preparar a sus lectores para las circunstancias que están viviendo y las que vienen de camino. La manera como Pedro anima a sus lectores quizás no sea la esperada por nosotros; pero como estas palabras fueron inspiradas por Dios tenemos que descubrir de qué forma estas palabras pueden preparar al pueblo de Dios para atravesar tiempos duros, desafiantes, opresivos y dolorosos.

Veamos las recomendaciones de Pedro para tiempos difíciles:

1. “preparen su entendimiento para la acción.”

2. “Sean sobrios en espíritu.”

3. “pongan su esperanza completamente en la gracia que se les traerá en la revelación de Jesucristo.”

4. “Como hijos obedientes, no se conformen a los deseos que antes tenían en su ignorancia…”

5. “sean ustedes santos en toda su manera de vivir.”

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “El peor de los tiempos y el mejor de los tiempos” basado en 1 Pedro 1:1-12 como continuación de la serie “Viviendo con una Perspectiva Eterna”.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Tu sufrimiento y el carácter de Dios” basado en Filipenses 3:10.

En múltiples naciones, se siente una quietud durante esta época navideña. Aprovechemos este tiempo para reflexionar acerca de por qué, año tras año, recordamos este tiempo. Durante diez días, reflexionaremos acerca de diez personajes bíblicos y de cómo ellos anhelaban  la llegada de un salvador.

Nuestro deseo es que podamos tener la misma intencionalidad de esperar por la segunda venida del Mesías que tuvieron estos personajes la primera vez.

Sigue la serie de devocionales con el pastor Miguel Núñez todos los días de la semana hasta el 25 de diciembre aquí → https://buff.ly/3motAO5

06 de Diciembre de 2020

Un fiscal y un juez a favor tuyo

Este domingo, el pastor Miguel Núñez concluyó la serie “Llamados, justificados, preservados y glorificados” predicando el sermón “Un fiscal y un juez a favor tuyo” basado en Romanos 8:31-39.

En el mensaje anterior vimos que aquellos que Dios de antemano conoció, a esos Él llamó, predestinó, justificó y glorificó (Romanos 8:28-30). Inmediatamente después, en los versículos 31-39, el apóstol Pablo, hace siete preguntas en vista de las grandes acciones de Dios a favor nuestro.

1. ¿Qué diremos a esto?

Con esta primera pregunta, Pablo está ayudándonos a reflexionar sobre las increíbles verdades de Romanos 8:28-30. Lo que Pablo quiso decir con esta primera pregunta era, ¿Como responderemos  a esta enorme gracia de parte de nuestro Dios? En cierta manera lo que sigue es parte de la respuesta: para Pablo es inconcebible que Dios nos haya conocido, predestinado, llamado, justificado y glorificado y que nosotros no respondamos de manera apropiada a lo que Dios ya hizo por personas mortales y pecadoras, que, en un principio, eran enemigas de Dios.

2. Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?

Si el creador del universo, Señor de toda la creación, soberano sobre todo lo creado en el mundo material y espiritual y la persona en control de todas las cosas que existen y se mueven está a favor de nosotros los que hemos creído, ¿quien podría estar contra nosotros?

Pudiéramos decir que Satanás y el mundo está contra nosotros… hasta nuestra propia carne está contra nosotros. Entonces, la pregunta no es, ¿quien podrá estar contra nosotros? Sino, si el mayor poder y autoridad que existe en toda la creación está a favor nuestro, ¿Quién podría vencernos? No hay fuerza opositora que pueda competir o compararse con el Dios que es nuestro defensor.

De Satanás y sus seguidores, la palabra establece que Cristo desarmó los poderes de las tinieblas; del mundo, Jesús, dijo: “…confiad en mi, pues yo he vencido el mundo” (Juan 16:33); y la carne fue vencida en la cruz cuando Cristo logró morir sin pecado. Pablo está tratando de establecer el hecho de que el que está en Cristo no tiene nada que temer porque nada lo puede vencer.

3. El que no negó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con Él todas las cosas?

Pablo tiene una tercera pregunta; pero antes de hacer la pregunta él establece un hecho: Dios Padre nos dio a Su propio Hijo. No creo que nosotros hemos considerado lo suficiente el hecho de que Dios Padre entregó a Su unigénito, sin pecado, para ser maltratado para que hombres que han maltratado Su ley puedan recibir el trato de hijos de parte de Dios. Lo que Pablo está tratando de hacer, es remover de nuestra mente toda duda de que Dios pueda estar ausente en nuestros momentos de dificultad.

Después que Dios ha hecho eso, ¿qué es lo que Dios no estaría dispuesto a hacer por los suyos. De ahí la tercera pregunta: Si nos dio al Hijo, ¿como no nos va a dar todas las cosas? 

4. ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.

En una corte judicial, la persona que trae la acusación contra los acusados es el fiscal. Pablo está haciendo la pregunta, ¿cuál es el fiscal acusador que se levantará contra los elegidos de Dios? Satanás es el acusador por excelencia, pero Satanás no tiene derecho a hacer tal cosa. El derecho para acusar o el derecho para actuar como fiscal solo lo tiene Cristo porque como Él mismo declaró, “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra…”

Pero resulta que El Fiscal Celestial no traería una acusación contra nosotros porque nosotros somos los elegidos de Dios y Dios es quien justifica. En la corte celestial, el único posible fiscal es Cristo y Él está a favor de nosotros porque Él murió en nuestro lugar justamente para poder actuar como nuestro abogado defensor.

5. ¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

En una corte judicial, no solamente hay un acusado y un fiscal sino que también hay un Juez. En el Antiguo Testamento vemos a Dios Padre actuando como  como juez todo el tiempo, pero luego, al llegar al Nuevo Testamento, nos encontramos en Juan 5:22 con lo siguiente, “El Padre a nadie juzga, sino que ha dado todo juicio al Hijo.”

De manera que ante la pregunta: ¿Quién es el que condena? Pablo, responde que Cristo no lo hará porque Él fue quien murió por nosotros, por nuestros pecados, en sustitución nuestra. Él es también quien resucitó lo cual hizo también a favor nuestro porque con Su resurrección conquistó la muerte que reinaba desde el tiempo de Adán.

Romanos 8:34 termina recordándonos que Cristo está a la derecha del Padre desde donde intercede por nosotros. Desde aquí en la tierra, el Espíritu intercede por nosotros con gemidos indecibles, y en los cielos, el Hijo intercede por nosotros ante el padre como abogado defensor. En la corte celestial el Hijo está en control de todo el proceso judicial y eso es bueno para nosotros. Porque como se nos dice en 2 Corintios 5:10, todos compareceremos ante el tribunal de Cristo para rendir cuentas de todo cuanto hayamos hecho sea bueno o sea malo. Pero en el tribunal de Cristo, el fiscal, el juez y la persona que intercede por nosotros es la misma… CRISTO.

6. ¿Quién nos separará del amor de Cristo?

Esta pregunta obedece al hecho, de la inseguridad que muchos experimentan, pensando ¿y que si cuando yo llegue al reino de los cielos resulta que yo no llené el estándar para pasar el escrutinio de la justicia de Dios y al final soy condenado? Si Dios, desde la eternidad pasada, te conoció, te llamó, te predestinó, te justificó y te glorificó… ¿quién podría separarte del amor de Padre en Cristo? Esta pregunta es innecesaria considerando el hecho de que Dios no tiene rival.

Antes de contestar la pregunta, Pablo hace su pregunta final en términos de cosas que él ha considerado en su mente que pudieran separarnos del amor de Cristo.   

7. ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

Pablo considera siete circunstancias que pudieran actuar como enemigos nuestros para separarnos de Dios.

  • ¿Tribulación? ¿Pudiera el creyente pasar por una tribulación tan grande qué pueda vencer su fe y terminar apartándolo de Dios? Imposible, porque Pablo nos dice en 2 Corintios 1:3-4 que Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo es quien nos consuela en toda tribulación nuestra para enseñarnos a consolar a otros con el mismo consuelo que hemos recibido.
  • ¿Angustia?  No va a ocurrir. Dios me dice qué hacer en la angustia en el salmo 50:15, “Invoca Mi nombre en el día de la angustia; Yo te libraré, y tú me honrarás.” En la angustia, Dios dice “cuenta conmigo, llámame y yo te libraré.”
  • ¿Persecución? ¿Podría desatarse un persecución tal en el futuro que un hijo de Dios pudiera perderse? ¡NO! Pablo nos dice que somos perseguidos, pero no abandonados.
  • ¿Hambre? Ya Dios nos enseñó que no solo de pan vive el hombre. El apóstol Pablo también nos enseñó que él aprendió a estar contento en la abundancia y a la escasez (Filipenses 4:12).
  • ¿Desnudez? Una vez tú has sido vestido con la rectitud de Cristo, la desnudez física te importa poco.
  • ¿Peligro?  Estas calamidades se parecen a los peligros de Pablo descrito en 2 Corintios 11:26-27. En toda circunstancia, Dios le dijo a Pablo, “mi gracia te será suficiente.”
  • ¿Espada? Esta última es similar a las persecuciones de las cuales ya hablamos.

Ante todas esas circunstancias tenemos un Sumo Sacerdote ante el Padre que es capaz de compadecerse por nosotros porque Él fue tentado en todo. El que nos llamó nos da el poder para pasar por las mismas vicisitudes que el pasó cuando se encarnó y fue perseguido por los hombres… ¡Por eso vencemos!

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