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18 de Marzo de 2021

El desierto nos ayuda a poner en práctica nuestra fe, ¿Pueden otros notar nuestro crecimiento espiritual?

“De modo que si alguno esta en Cristo, nueva criatura es;
las cosas viejas pasaron; he aquí, todas son hechas nuevas.”
(2 Corintios 5:17)

Este es uno de los versículos más conocidos y favoritos para los nuevos creyentes en Cristo; ¡es emocionante!  Personalmente, cuando comencé de verdad mi andar con Cristo, me sentía tan diferente; todos los aspectos de la vida, las personas, familia, amigos, relacionados, ya no los veía como antes de mi conversión.  Recuerdo muy bien, que interioricé en mi mente y corazón un consejo que me dio quien fuera mi pastor de entonces; él me dijo: cuando alguien o algo te resulte molesto, ruega al Señor de esta forma: “Padre, ayúdame a ver a [esta persona o dificultad] como Tú la ves”. Esta oración me pone en perspectiva.

Cuando nuestra conversión es genuina la gente lo nota; encontramos más de uno que se alegra y también quienes se burlen, y hasta intentarán hacer que nos devolvamos del camino, desean vernos caer; dentro de ese grupo, a veces, está nuestra propia familia y amigos cercanos.

“pero a Dios gracias, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Corintios 15:57)

Tenemos nuestro abogado defensor, Jesucristo el Dios vivo; Su muerte y resurrección nos identifica con Él por medio de la fe, somos nuevas criaturas en Él y por Él.

Hermanas, la fe no es algo que podamos fabricar a partir de lo que la Biblia llama “el hombre natural” (1 Corintios 2:14), incluso, lo que Dios pida de nosotras debemos recibirlo de Él para ofrecérselo nuevamente.  Nuestra fe inicial para creer en Cristo para salvación viene por medio de la obra del Espíritu Santo, quien nos convence de pecado, justicia y juicio.  Una vez somos hijas, nuestra fe es probada; al igual que Jesús, pasamos por el desierto.

Los desiertos son reamente duros, muy frío en la noche y de calor sofocante en el día; créanme, lo he experimentado; pero el desierto ayuda a que nuestra fe se vuelva práctica, activa y eficaz; ayuda a priorizar y a poner de primero lo que va primero: ¡nuestra relación con Dios!

Vemos y tenemos delante de nosotros el caso de Moisés, uno de los héroes de la fe. Sin embargo, como seres humanos, que, aun caminando con Dios, nos “impresionamos” con nosotros mismos. ¿Qué sucedió con Moisés? Moisés echó todo a perder, pasó de príncipe de la nación más importante de la época a cuidador de ovejas en un desierto, oficio altamente denigrante para un egipcio; pero Dios en su soberanía, lo llevó a esa posición para moldearlo y capacitarlo según los planes que tenía para con él y su pueblo elegido.

Estando en su labor, Dios lo llama desde un arbusto que estaba ardiendo: “Moisés apacentaba el rebaño de Jetro su suegro, sacerdote de Madián; condujo el rebaño hacia el lado occidental del desierto y llegó a Horeb, el monte de Dios. Y el ángel del Señor se le apareció en una llama de fuego, en medio de una zarza.” (Éxodo 3:1-2)

Moisés había pasado cuarenta años de preparación; ahora Dios le llama a una misión, a liderar a Su pueblo, sacarlo de Egipto y conducirlo a la tierra prometida. El Señor le dijo que había visto la aflicción de Su pueblo, había escuchado su clamor a causa del maltrato de los capataces egipcios, “Así que he descendido para liberarlos…” (Éxodo 3:7-8); Moisés objeta; Dios le dice: "Ciertamente Yo estaré contigo», le respondió el Señor, «y la señal para ti de que soy Yo el que te ha enviado será esta: cuando hayas sacado al pueblo de Egipto ustedes adorarán a Dios en este monte" (Éxodo 3:12).

Ahora le tocaba al pueblo de Israel pasar por el desierto y Moisés, ya estaba casi listo, porque sabemos que ese nuevo desierto hizo de Moisés un “hombre manso”.  Liderar un pueblo quejoso y rebelde por cuarenta años no fue una tarea fácil.  La queja, el oponerse a los designios de Dios es sinónimo de un corazón rebelde y causa que demos vuelta tras vuelta alrededor de la misma montaña en el desierto.  Deuteronomio 1:2: “Hay once días de camino desde Horeb hasta Cades Barnea por el camino del monte Seir.” Cades-Barnea era la puerta para la entrada a Canaan, en once días hubiesen podido llegar, pero les tomo 40 años.

Una de las objeciones de Moisés era que el pueblo de Israel no creería, Dios le dice: “Así dirás a los israelitas YO SOY me ha enviado a ustedes” (Éxodo 3:14b).  En cierto modo, el temor de Moisés no era infundado, recordemos que hacia cuarenta años su pueblo le había rechazado.

Dios da a Moisés una serie de instrucciones y le advierte: “Pero Yo sé que el rey de Egipto no los dejará ir, si no es por la fuerza. Pero Yo extenderé Mi mano y heriré a Egipto con todos los prodigios que haré en medio de él, y después de esto, los dejará ir” (Éxodo3:19-20). Sabemos cómo se glorificó Dios con las plagas y que al final los mismos egipcios dieron regalos y apresuraron a Israel a salir de su devastado país.

A medida que nuestra relación con Cristo se hace más íntima, todos los aspectos de nuestra vida se van modificando. Es maravilloso ver como un vil pecador es perdonado. La fe es la invitación favorita de Dios para confirmar su presencia en nuestra vida, y ¿Cómo la confirma? Con los desiertos “para que la prueba de vuestra fe, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo;” (1 Pedro 1:7).

A nadie le gusta ser disciplinado; es doloroso, pero nos hace bien, forma el carácter santo (Hebreos 12:14).

Dios, como buen Padre disciplina a sus hijos, porque si no lo hace, no somos hijos legítimos (Hebreos 12:7-12).

Dios les bendiga,

María del Carmen Tavarez

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