IBI top movil

bienvenido

donde estamos

En vivo

Sermones

Clases y Recursos

Vida en la IBI

La IBI ora

vision

Lo que ensenamos

Equipo Ministerial

Nuestra historia

06 de Abril de 2021

¡Desierto! ¡Gran realidad!

“Él te humilló, y te dejó tener hambre, y te alimentó con el maná que no conocías, ni tus padres habían conocido,
para hacerte entender que el hombre no solo vive de pan, sino que vive de todo lo que procede de la boca del SEÑOR”

(Deuteronomio 8:3)

Todos sabemos que en la universidad cada profesión tiene un pensum, el cual tiene un sinnúmero de materias que debemos tomar para poder graduarnos. Un domingo en la mañana, el pastor de mi iglesia dijo lo siguiente mientras exponía el mensaje: “El desierto forma parte de las materias del pensum de la vida cristiana”; me quedé pensando en esto y asentí con mi cabeza, diciendo en mis pensamientos: ¡wao!, a veces se torna tan difícil porque esa materia es práctica y la teoría que requiere va a depender de nuestra fe en Dios.

Llegaba el momento en que el pueblo de Israel entraría a la tierra prometida; estaban al término de los 40 años que tenían en el desierto; muchas cosas habían pasado,pero Dios nueva vez le había encomendado a Moisés que les enseñara los mandamientos, estatutos y decretos para que los cumplieran en la tierra que iban a poseer (Deuteronomio 6:1). Él conoce a su pueblo y sabe cuáles son sus debilidades y fortalezas;  no era la primera vez que le decía a Moisés que le hablara al pueblo;  en muchas ocasiones le hablaba de la obediencia a Dios, pero era necesario que le recordara lo que dice en Deuteronomio 8:2:  “Y te acordarás de todo el camino por donde el SEÑOR tu Dios te ha traído por el desierto durante estos cuarenta años, para humillarte, probándote, a fin de saber lo que había en tu corazón, si guardarías o no sus mandamientos;

La recapitulación de todas sus experiencias vividas durante aquel largo periodo tenía por motivo el despertar impresiones vivas de la bondad de Dios. Moisés trató de mostrarle el objeto de sus prolongadas peregrinaciones y penurias, y en ese momento la exhortación al pueblo se enfocaba en que guardara y pusiera por obra todos los mandamientos de Dios. Pero fue enfático en varias cosas:

1. A que volviera la vista al desierto por el que Dios le había traído;  no sea que al entrar a la posesión de la herencia, y tuviera riquezas, olvidara la grandeza de su Dios y de dónde lo había sacado y librado. El desierto había sido la escuela en que fue formado y alimentado durante cuarenta años, y ahora era la ocasión propicia para recordarlo.

2. Debía recordar las vicisitudes por las que, a veces, se había encontrado, enseñándole a cambiar de actitud frente a los problemas y doblegar su corazón, haciéndolo más humilde y obediente.

3. Dios le había sometido a prueba con todo ello, a fin de que confiara en sus promesas y obedeciera sus preceptos.

4. Debía recordar igualmente la continua provisión que Dios le había otorgado. El texto tiene una referencia clara al maná, pero desborda el sentido de cualquier alimento corporal, ya que las necesidades espirituales del hombre son más importantes que las corporales y solo pueden ser satisfechas mediante la Palabra de Dios, revelación de su voluntad, de su gracia y de su amor.

¿Identificamos el obrar del Señor en todas nuestras circunstancias?

¿Vemos que el Señor está obrando en todas nuestras circunstancias cuando pensamos que Él se ha olvidado de nosotras, cuando no vemos solución a nuestro  problema? Te preguntarás: ¿Por qué Dios nos lleva al desierto? ¿Por qué permitió que el pueblo de Israel durara 40 años en ese desierto?, y por qué  tengo  tanto tiempo en esta aflicción?  ¿Por qué permite que cosas que eran provisión ya no lo sean, y que la enfermedad toque nuestra puerta o que nos saquen del trabajo?

Deuteronomio 8:3, dice: “Él te humilló, y te dejó tener hambre, y te alimentó con el maná que no conocías, ni tus padres habían conocido, para hacerte entender que el hombre no solo vive de pan, sino que vive de todo lo que procede de la boca del SEÑOR”

Dios permitió que su pueblo tuviera hambre, pero suplió en todo tiempo maná del cielo, no lo tomaba de un árbol, ni venía del exterior. Milagrosamente venía del cielo, listo para comer; incluso diciéndole que no lo guardara para que tuviera que creer y tener fe de que el alimento no le faltaría. Era un maná que nadie conocía porque era especial, enviado por Dios mismo.

Amada, ese momento de dolor o de tristeza por el que estás pasando, que sientes que no termina, es parte del plan de Dios para tu vida; si caminas de la mano con Él, estás en el camino correcto; su poder nos acompaña para hacer su voluntad siempre, No nos resistamos!! A veces nos permite pasar por tiempos de sequía, escasez, calor, frio; todos ellos nos ayudan a desarrollar nuestra visión, para hacernos más fuertes. Cambiemos la actitud de angustia, de desánimo y desesperación y veamos este tiempo como la mejor plataforma para escuchar su voz, para ser moldeadas en su propósito y diseño; así también de redirección para caminar en su voluntad. Evaluemos qué Dios nos está tratando de decir cuando pasamos por temporadas que no entendemos, ¡que nos encuentre buscando su presencia!

Que podamos entender que “no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4; Deuteronomio 8:3), creer que si hizo un milagro ayer, hoy lo hará otra vez; que no olvidemos su grandeza y poder, que solo debemos creer y tener fe. El desierto es un lugar purificador donde Dios trabaja nuestras amarguras, pecados, cambios de actitudes y que nos lleva allí para que le sirvamos y adoremos, dependiendo completamente de Él en todo.

Julissa García

Visto 550 veces