Transformar vidas a la imagen de Cristo, que se multipliquen en otros, mediante la proclamación y enseñanza de la Palabra de Dios, impactando el movimiento cristiano hispanohablante y su mundo alrededor.
Ser una iglesia sin muros, fundamentada en la suficiencia de las Escrituras y formada por discípulos de íntima comunión con Dios y entre ellos mismos, que caminen en integridad de corazón y con un testimonio público que impacte su esfera de influencia, para la gloria de Dios.
Los pilares que sostienen nuestra fe y conducta.
Implica que Dios es el eje sobre el cual gira toda tu vida, hasta el punto de que Él es la pasión que te motiva a vivir y el deleite de tu alma.
La Palabra de Dios es nuestro único marco de referencia para la fe y la práctica. Ella interpreta lo que somos y hacemos como individuos y como iglesia. Por esta razón, nuestro caminar y servicio a Dios está caracterizado por obediencia a Su verdad, antes que a posiciones personales o institucionales.
Implica una vida rendida por completo a Dios para honrarlo y glorificarlo en todo lo que somos, mente, corazón y voluntad, y en todo lo que hacemos, como una continua ofrenda y sacrificio vivo, aceptable y agradable a Él.
Hacer todo lo que tenemos que hacer, cuando lo debemos hacer, de la mejor manera posible según nuestras capacidades, dones y talentos como para el Señor y no para los hombres.
Implica que he sido separado y dedicado para Dios de manera exclusiva. Es poner en práctica nuestro llamado a ser santos, como Dios es santo, procurando mantener la separación entre lo extraordinario de Dios y lo ordinario del hombre.
Es un carácter que ha sido moldeado por el evangelio de tal manera que pueda decir a otros: imítenme a mí como yo imito a Cristo. Exhibe el fruto del Espíritu en su vida, para vivir conforme a la sabiduría de Dios.
Mostrar en nuestras relaciones con los demás, en palabras y en hechos, el amor con que Cristo nos ha amado.
Fortalecer y desarrollar la familia conforme a lo revelado en la Palabra de Dios.
Se caracteriza por una disposición a obedecer el mandamiento de nuestro Señor de hacer discípulos en todas las naciones, empezando en nuestro entorno, a través de la proclamación, enseñanza, ejemplo e involucración material.
Abrazar de manera voluntaria y con convicción la visión dada por Dios a nuestra iglesia, asumiendo así la responsabilidad de apoyarla.